Iron Man 3

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Shane Black
GUION Drew Pearce y Shane Black
MÚSICA Brian Tyler
FOTOGRAFÍA John Toll
REPARTO Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Ben Kingsley, Guy Pearce, Don Cheadle, Jon Favreau, Paul Bettany

No pierde el estilo

Finalmente se completa la trilogía de Iron Man, tras la participación del personaje en la exitosa The Avengers. El esperado resultado no decepciona, aunque tampoco se trate de una completa novedad. Esta vez Jon Favreau, director de las dos primeras, cede la silla de director —aunque no está claro si en muy buenos términos— quedándose como productor ejecutivo y con su papel secundario del guardaespaldas Happy. El relevo lo toma Shane Black, una leyenda del guion en el género de acción (la saga Arma letal, entre otros) que solo había dirigido Kiss Kiss, Bang Bang (2005), también con Robert Downey Jr., y que cumple con su función sobradamente.

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Esta vez ha surgido un terrorista islámico conocido como El Mandarín que amenaza la seguridad nacional con unas misteriosas y poderosas bombas. El Coronel Rhodes —quien también dispone de un traje como el de Iron Man, y sirve al ejército como Iron Patriot— pretende ocuparse del terrorista mientras Tony Stark/Iron Man resuelve sus problemas personales, pero el asunto resultará estar ligado con el pasado del propio Stark.

El guion es bueno, pues funciona con dosis de entretenimiento ininterrumpido —secuencias como el rescate aéreo masivo son de disfrute máximo—, y consigue adaptar los aspectos del cómic a una película de superhéroes de hoy. Así, El Mandarín —archienemigo de Iron Man en el cómic, chino originalmente y con diez anillos de poder— es aquí un terrorista de Medio Oriente con un genial detalle revelador en la historia. Menos conseguido está el recurso de la poderosa tecnología que permite a los malos regenerarse e incluso escupir fuego; cosas así cada vez chirrían más en la era de los caballeros oscuros y los hombres de acero de Christopher Nolan.

Y una vez más el alma de la película es Robert Downey Jr. y su Tony Stark: irónico, impredecible y todo un héroe de corazón sin falsas superficialidades con el que el público de hoy ha conectado tan bien. Ahora se añaden aspectos como sus crisis de ansiedad tras lo ocurrido en The Avengers, su contacto con un simpático niño (un símbolo del héroe corriente que todos podemos ser) y su ya más madura relación con Pepper Potts (Gwyneth Paltrow). El resto del reparto son el gran Don Cheadle como el Coronel Rhodes/Iron Patriot, Guy Pearce en un papel que le sienta bastante y un Sir Ben Kingsley que sorprende, por decirlo así.

Completamos así este ciclo con Tony Stark y Iron Man, del que prefiero quedarme no tanto con la reflexión sobre la responsabilidad que lleva el avance de la ciencia —que está presente— sino la propia evolución del personaje, resumida al final en una bella metáfora de una mariposa que dejó de ser oruga.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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G.I. Joe: Retaliation

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Jon Chu
GUION Rhett Reese y Paul Wernick
MÚSICA Henry Jackman
FOTOGRAFÍA Stephen F. Windon
REPARTO Dwayne Johnson, Bruce Willis, D.J. Cotrona, Byung-hun Lee, Adrianne Palicki, Ray Park, Jonathan Pryce, Ray Stevenson, Channing Tatum

Sigue la acción comedia

Debo admitir que no soy el mayor fan de las películas de acción, y mucho menos del boom que está teniendo la técnica del 3D desde el estreno de Avatar. Sin embargo, así como hay películas en las que no se justifica el empleo de esta técnica ⎯incluso me atrevería a decir que sobra⎯ en este caso es la excepción. Incluso se podría decir que es de los pocos puntos fuertes que tiene G.I. Joe: Retaliation.

Se conoce que esta entrega es la secuela de G.I. Joe: The Rise of the Cobra, pero poco tiene que ver con la primera. Es más, al inicio se resume velozmente lo ocurrido en la anterior y si no fuese por unos cuantos actores que aparecen en la primera, esta segunda podría verse casi como un borrón y cuenta nueva. Incluso la forma de narrar la historia, la imagen, los efectos, el tono de Retaliation es diferente. Es verdad que los efectos especiales tienen un papel muy importante en ambas películas, pero en la primera son tan espectaculares que te alejan completamente de la realidad, en este segundo caso el espectador llega a disfrutarlos. Y es que en los efectos y en la edición del sonido se puede observar un gran trabajo, la película merece la pena ser vista por estos dos campos.

Como comentaba anteriormente no soy gran amante de las películas de acción, lo que no quiere decir que no las vea, quizás se podría ejemplificar que no las espero con ansias como es el caso de otros géneros. Lo que sí puedo decir es que este género de comedia mezclado con acción es muy difícil de conseguir. Quizás el caso que mejor ejemplifica esto sea RED, una película que juega en el límite de estos dos géneros sin caer en lo absurdo, y un caso opuesto sería A Good Day To Die Hard que simplemente no lo consigue. Retaliation parece despegar bien, las primeras escenas entre Dwayne Johnson y Channing Tatum sacan una sonrisa; sin embargo, comienza a perder fuerza y luego ya cambia su ritmo: todo se vuelve más veloz, menos cuidado; disparos, peleas, y se pierde el sentido. Un final que llega de pronto, sin una espectacular escena de acción, y es una pena porque sí ocurren grandes enfrentamientos como es el caso de una pelea en unos nevados, que seguro no deja indiferente. Y es que a gran parte de las personas que ven este tipo de películas les gusta que los impresionen con persecuciones inimaginables, ⎯y Retaliation las tiene, pero no sabe mantener al espectador entretenido⎯ y al final uno se queda con sabor agridulce, más amargo que dulce.

Juan Manuel Meneses

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One Day

(2011) EE.UU.
DIRECCIÓN Lone Scherfig
GUION David Nicholls basado en su novela
MÚSICA Rachel Portman
FOTOGRAFÍA Benoît Delhomme
REPARTO Anne Hathaway, Jim Sturgess

Que se acaben los días

Lo único que se sabe sobre la fórmula para que una película sea un éxito es que no se sabe. Ahora bien, cuando se innova y las formas de contar una misma historia varían, esta tiene mayor posibilidad al menos de sorprender a la audiencia. One Day, adaptación de la novela de David Nicholls, se arriesga en la narración y sorprende. Pero las sorpresas no siempre son buenas, y en este caso no termina de encajar.

Emma (Anne Hathaway) y Dexter (Jim Sturgess) se conocen un 15 de julio en la noche de graduación de la universidad a finales de los ochenta. Pensaban pasar la noche juntos, pero la situación no se da bien y prefieren quedar como amigos. Su amistad va creciendo con los años y sólo vemos lo que les ocurre los 15 de julio de cada año, hasta el 2011.

En efecto, es una historia de amor contada en breves cápsulas y a largo plazo. Quizá resulte más real que a lo que estamos acostumbrados: que todo ocurra en cuestión de días y ya sea amor eterno. Aquí se aprecia la lucha, desánimos, otros amores… en fin, la vida; simplemente es más real. El problema es que se hace demasiado larga, muy pesada, y hay años pues que simplemente no ocurre nada y la relación ni mejora ni empeora. Llega un momento en que estoy seguro que el espectador desea que los años pasen de cinco en cinco.

A pesar de esto, el público sigue viendo la película por las actuaciones de los protagonistas: pocas veces se puede apreciar el amor de esta forma en la gran pantalla, es casi como si se pudiese ver “la chispa” en sus miradas. La directora Lone Scherfig, tenía el listón bien alto después de haber dirigido An Education, y esta vez no produce el mismo efecto, y eso que el binomio entre Dex y Em es más creíble que el de Jenny y David en An Education. Es una pena que el ritmo de la película no esté a la altura de los actores, porque este film podría haber sido el siguiente The Notebook, y simplemente no lo consiguió.

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En cuanto al reto artístico de situar distintas épocas no tan lejanas entre sí, se cumple de forma muy correcta el paso del tiempo y las modas, cosa que no es fácil de conseguir. Jim Sturgess parece otro desde los ochenta hasta la llegada del nuevo milenio. Y por suerte a Anne Hathaway le llegó el 2000, deben verla para que me crean.

No es la película de amor épico que se esperaba, quizás tampoco el mejor regreso de la directora Lone Scherfig. Sí es una propuesta diferente, con un muy buen elenco, el esfuerzo no se suele valorar mucho en el cine, pero aquí debería hacerse una excepción.

Juan Manuel Meneses

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Matilda

(1996) EE.UU.
DIRECCIÓN Danny DeVito
GUION Nicholas Kazan y Robin Swicord basado en el cuento de Roald Dahl
MÚSICA David Newman
FOTOGRAFÍA Stefan Czapsky
REPARTO Mara Wilson, Danny DeVito, Rhea Perlman, Pam Ferris

Un clásico… ¿infantil?

Muchas veces recordamos películas de la infancia con amigos, compartimos nuestras escenas favoritas, incluso alguno todavía recuerda algún diálogo. Sin embargo, algunas de esas películas las volvemos a ver y simplemente ya no producen esa magia que antaño producían. El caso de Matilda no es este, y si creen lo contario recomiendo que la vuelvan a ver.

Matilda (la después desaparecida Mara Wilson) es una niña que nació en la familia equivocada: su padre, madre y hermano mayor simplemente no la entienden. Ella quería leer, y su familia solo ver televisión, ella buscaba la justicia a pesar de su corta edad, su padre simplemente no conocía el significado de esa palabra. Y con ese planteamiento ya se podría tener una gran historia, si le añadimos que Matilda desarrolla unos sorprendentes poderes, todo cambia. Es ahí donde se encuentra la magia, y es que a pesar de que pasen los años, todos en algún momento hemos querido tener sus habilidades.

La dirección y actuación de Danny DeVito es buena, está claro que no es su mejor papel, sin embargo, entretiene en todo momento y tiene alguna que otra intervención memorable. Mara Wilson con su cara entre triste y dulce hace de este un papel entrañable y consigue que la audiencia le tome cariño enseguida, en momentos es muy infantil y en otros muy madura, quizá eso no lo termina de dominar. Pero realmente la que todos recordarán será la actuación de Pam Ferris en el papel de la Directora Trunchbull: no es la mujer más atractiva que digamos, ni la más femenina, pero Ferris lo sabe, lo acepta y cumple su papel. Y ahí radica su éxito.

No hay que olvidar que es una adaptación de un cuento del autor inglés Roald Dahl, que se caracteriza por crear historias para niños con un toque mágico y un poco bizarro: ahí tenemos Charlie y la fábrica de chocolate o James y el durazno gigante. No solo se modificó la acción de Inglaterra a Estados Unidos, sino que se esperó que el autor falleciera para adaptar el film, las razones no se saben. Ahora bien, se hable del cuento o de la película, se nota que la historia es un tanto oscura, hay asesinatos, maltratos a niños, asuntos familiares complicados, el poder del dinero… temas que quizá de entrada sorprendan a los niños. Quizás lo que se pretende es que el público infantil se quede con la magia, y que aprendan de los valores de Matilda, y el público adulto se fije en la profundidad de los temas que se trata. Se podría decir que Matilda es una película que satisface a niños y adultos que llevan despierto “el niño interior”.

Juan Manuel Meneses

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Jack Reacher

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Christopher McQuarrie
GUION Christopher McQuarrie basado en el libro de Lee Child
MÚSICA Joe Kraemer
FOTOGRAFÍA Caleb Deschanel
REPARTO Tom Cruise, Rosamund Pike, Jai Courtney, Richard Jenkins, Robert Duvall

Gélido héroe de acción

Un excelente francotirador mata a cinco personas, aparentemente elegidos al azar. Una vez arrestado, solo pide que llamen a Jack Reacher, que él tiene las respuestas. Jack Reacher (Tom Cruise, por supuesto) es un hombre «fantasma»: no está apegado a nada e incluso la ropa que lleva puesta es la única que tiene. Jack fue compañero del ejército del presunto asesino, que ya ha sido acusado de otro asesinato en la guerra, pero en esta ocasión las piezas no encajan, y Reacher tendrá que descubrir realmente quién fue el asesino.

No puedo escribir esta crítica sin antes confesar que no he leído la novela en que se basa (One Shot de Lee Child), así que me ceñiré a lo visto en la gran pantalla. Al considerar esta película por su género y su protagonista podría pensarse que quizá es solo un entretiempo hasta que Tom Cruise realice su próxima Misión Imposible. Sin embargo, y a pesar de ser una película de acción, no me recordó al ya emblemático personaje de Ethan Hawke. Y es que me parece un muy buen papel, irónico cuando debe, inteligente, gracioso por momentos, y su sarcasmo resulta muy bien actuado: consigue que el espectador sienta gran empatía con el personaje.

El elenco lo completan algunas caras muy conocidas y otras que poco a poco se están haciendo su hueco en la industria como es el caso de Jai Courtney (A Good Day to Die Hard) o de Rosamund Pike, que ha conseguido quitarse el sello de “chica Bond” y la que le esperan algunos estrenos interesantes en este año. Ahora bien, creo que hasta se pueden escuchar suspiros entre el público en el momento en que aparece Robert Duvall;  el veterano es uno de esos actores que todos quieren, y en este caso hace un gran papel. Ya tiene una edad y quizás por eso resulta complicado ser objetivo con él, pero entretiene y cumple de sobra con su papel secundario.

La película, aun dirigida y adaptada por Christopher McQuarrie (ganador de un Oscar por el hábil guion de Sospechosos habituales), por momentos recuerda a la serie de televisión CSI y no precisamente a sus mejores episodios. Y es que a la historia le falta un toque más espectacular, incluso al desenlace final. Como es una película de acción hay dos cosas que nunca pueden faltar: una persecución automovilística y una pelea mano a mano donde veamos sufrir al villano. Aquí las dos parecen un poco metidas con calzador, es más, la persecución resulta poco espectacular y la pelea –a pesar de que llueve y es sin música como para añadirle dramatismo– simplemente no termina de convencer.

Quizá la historia pretenda ir más allá y hacer una crítica social: que actualmente la humanidad vive ”esclava” de objetos materiales y no sabe disfrutar realmente de la vida, pero no es muy atinada poniendo como modelo a un fantasma como este Jack Reacher. Llama la atención que el protagonista en ningún momento dé muestras de afecto físicas, ni siquiera un beso; como mucho vemos una palmada de ánimo. En fin, no hay que descartar que estemos ante el inicio de una franquicia de Jack Reacher, lo cual no me disgusta: está bien ver (de vez en cuando) películas que entretengan y te hagan pasar un buen rato, aunque no consigan mucho más que eso (que no es poco).

Juan Manuel Meneses

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A Good Day to Die Hard

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN John Moore
GUION Skip Woods
MÚSICA Marco Beltrami
FOTOGRAFÍA Jonathan Sela
REPARTO Bruce Willis, Jai Courtney, Mary Elizabeth Winstead, Sebastian Koch, Yuliya Snigir

Un placer culpable

Una constante de la industria cinematográfica son las sagas o continuaciones que van ganando éxito y atraen a muchos a las salas de cine, de las que conocemos un sinfín de ejemplos, desde la recientemente popular Twilight hasta el ahora esperadísimo nuevo Episodio de Star Wars. Die Hard es uno de estos casos, que con más o menos aciertos, ha conseguido mantener su popularidad durante más de veinticuatro años. Aunque muchos nos preguntamos cómo lo ha conseguido últimamente, pues es una saga que ha perdido fuerza y seriedad con el pasar del tiempo.

No pretendo destruir la película como han hecho muchos críticos, pero tampoco se puede alabar un film por los recuerdos que se tienen de versiones anteriores. Intentando apegarme a la realidad de esta película, empiezo por el guión. Simplemente no es bueno, los diálogos resultan un tanto ridículos y la historia no termina de tomar forma: ocurren muchos giros y termina pareciendo ser una película complicada lo que en realidad es una trama bastante básica. Ahora bien, al ir a ver una película de acción no siempre la historia es lo más importante, puede ser una excusa para los disparos, explosiones, persecuciones; y en esto sí A Good Day to Die Hard cumple con un diez. Balas hay de sobra, se destruyen mil y un coches, y los efectos especiales son muy buenos, así que entretiene.

Si fuese otra película de acción ni se hablaría de las actuaciones, pero al tratarse del John McClane de Bruce Willis hay que hacer una excepción. Por qué se perdió el realismo al hablar de este personaje no lo tengo muy claro, quizás empezó a perderse en la tercera entrega y ya en la cuarta se exageraron sus hazañas, ahora en esta quinta me recuerda a Chuck Norris y toda la fama sobrehumana que se ha creado alrededor de este personaje. Sus hijos (Willis, y McLane con él, ya tiene una edad) son interpretados por Mary Elizabeth Winstead y Jai Courtney. De Winstead alegra que se haya utilizada a la misma actriz de la película pasada, un cierto valor agregado a la producción. Y Courtney podría considerarse una promesa de las películas de acción, me recuerda, quizás por el corte de pelo y la actitud a Jason Statham. Quizá sea la apuesta para seguir la saga.

Es cierto que no es la película esperada, es más, resulta decepcionante por momentos. Sin embargo, es entretenida, hay mucha acción, y en ocasiones hasta humor como ha sido la constante en Die Hard. Que se haya estrenado ahora y no en el verano, como cabría esperar, resulta una alternativa para ir al cine y no pensar demasiado comparándola con las películas de la temporada de premiaciones. Quizá sea un poco arriesgado pedirlo, pero pienso que John McClane se merece una última película que recuerde los motivos por los que el personaje ha dejado su huella en el cine, y no esta evolución que está cada vez más cerca de la sátira.

Juan Manuel Meneses

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Lincoln

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Steven Spielberg
GUION Tony Kushner basado en el libro de Doris Kearns Goodwin
MÚSICA John Williams
FOTOGRAFÍA Janusz Kaminski
REPARTO Daniel Day-Lewis, Sally Field, Tommy Lee Jones, David Strathairn, Joseph Gordon-Levitt, James Spader, John Hawkes, Hal Holbrook, Jackie Earle Haley

Un político enorme

La historia de Estados Unidos –sin ser una de las más ricas, ni mucho menos– siempre ha sido una fuente de grandes películas. Cuando es Steven Spielberg el que toma en sus manos un proyecto para rendir honor a su admirado Abraham Lincoln, podemos esperar incluso más que una gran película. Y ciertamente no desmerece el Lincoln de Spielberg, aunque no deje de ser el relato político de la aprobación de la 13ª enmienda (la que abolió la esclavitud) y del fin de la Guerra de Secesión estadounidense.

Estamos ante un relato histórico que, a través de los últimos y grandes momentos de la vida de Lincoln, consigue mostrarnos al hombre destacando, en primer lugar, su temple y buen ánimo. En momentos incluso parece un poco idealizado ese Lincoln que parece estar por encima del bien y del mal y que toma decisiones contra todo pronóstico con una sabiduría y una tranquilidad al menos cuestionable. Las sombras del personaje son pocas, pero de alguna manera están ahí: su a veces conflictiva relación con su mujer (aunque más bien la confictiva es ella, irritante Sally Field que no merecía nominación al Oscar) o la distancia con su hijo mayor (una subtrama poco encajada con el resto). Una vez más, ante el trabajo de Daniel Day-Lewis uno solo puede quitarse el sombrero y admirar cómo este británico se ha transformado realmente en Abraham Lincoln y nos ha dejado conocerlo de pleno.

Pero si algo es este Lincoln es todo un político. Llaman la atención los métodos que utiliza para conseguir la aprobación de la 13ª enmienda, cuestionables pero que sin duda lograron un bien necesarísimo que él tenía muy claro. La esclavitud es un tema presente en toda la historia, pero sin caer en sentimentalismos como quizá lo esperaríamos de Spielberg. Quizá el personaje que vaya más en esa línea sea Thaddeus Stevens (el mejor Tommy Lee Jones en años), un abolicionista de fuerte carácter y gran corazón. Se suma todo un elenco de estrellas, algunas de ellas casi desaprovechadas, como Joseph Gordon-Levitt como el hijo de Lincoln o el gran John Hawkes en un papel de comparsa. Lucen más James Spader como el encargado de los tejemanejes de los republicanos o Hal Holbrook como otro personaje político clave.

Efectivamente, la trama es netamente política y toda una lección de historia, no por eso poco disfrutable: el también nominado Tony Kushner (guion) consigue hacer accesible y entendible la cuestión política en juego y su gran trascendencia. A la empresa hay que sumar el experimentado y oscarizado equipo habitual de Spielberg, como John Williams (con una música que tiene un toque del Estados Unidos del siglo XIX en sus vetas alegres), la fotografía de Janusz Kaminski (que quizá abusa un poco de los contraluces) o el vestuario de Joanna Johnston (aunque me intrigue el porqué estaba de moda usar cobijas en los hombros en todo momento).

En definitva, correctísima obra de Spielberg que canta las glorias de uno de los momentos clave de la historia de su país y del hombre que la consiguió, sin ser una mirada demasiado ingenua pero tampoco necesariamente crítica. Al menos las clases de historia han ganado un gran instrumento. Y quizá una retahila de premios de la Academia.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Beasts of the Southern Wild

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Benh Zeitlin
GUION Lucy Alibar, Benh Zeitlin
MÚSICA Dan Romer, Benh Zeitlin
FOTOGRAFÍA Ben Richardson
REPARTO Quvenzhané Wallis, Dwight Henry, Levy Easterly

La fantástica realidad

En un mundo postapocalíptico, sin todas esas comodidades que ofrece este siglo, aún las más básicas como una cama o un techo (el autor empezó a filmar a partir de las inundaciones de Nueva Orleans), vive la pequeña heroína de Beasts of the Southern Wild, Hushpuppy (Quvenzhané Wallis). No tiene ninguna de esas comodidades; sus posesiones se limitan a unas cuantas mascotas, un padre enfermo con un carácter muy variante que le quiere enseñar a sobrevivir, el cariño de unas poco personas y –lo más importante– mucha imaginación e inocencia.

Es muy extraño que el primer trabajo de un director, en este caso Benh Zeitlin, tenga tan buenas críticas y premios y sea realmente tan bueno, no solo porque trabaja con una actriz de 9 años –cosa siempre complicada– sino que ninguno de sus actores es conocido, es más, es el primer papel de la mayoría. Entre ellos destaca Dwight Henry en el papel de Wink, el padre de Hushpuppy. Wink es muy variante, siempre reacciona abruptamente y en ocasiones el espectador puede llegar a odiarlo, pero es que creía que siendo duro era la forma de enseñarle a sobrevivir a su hija. Siempre le dice que es fuerte y que debe cuidar del “Bathtub” (nombre del lugar donde viven).

Ahora bien, la historia puede tener sus más y sus menos, más un cuento (o un corto) que un largometraje. Sin embargo la película tiene a un personaje al cual el espectador va a adorar. Esa es la gran Hushpuppy. Una increíble actuación, tan fuerte y tan madura que sorprende que venga de una niña de tan solo 9 años. Ella tiene dos misiones: salvar a su padre, y evitar que los glaciares se descongelen, porque eso liberaría a unos enormes animales de la época de las cavernas que acaban con todo a su paso. Quizás estos animales podrían representar a la sociedad actual que acaba de cierta forma con lo natural, lo “salvaje”.

Un relato, como se ve, fantástico pero muy a su estilo (también por ser cine independiente), no como estamos acostumbrados a ver en otras películas: aquí no hay leones que hablan ni ningún tipo de súper fuerza salvadora. Pero nuestra heroína cree que sí existe y la representa como a su mamá, le pide en todo momento que la cuide, se la representa con dibujos o como la luz del faro que se ve al otro lado del mar; es la esperanza de Hushpuppy, lo que la hace moverse. Y Wink es su acompañante, una voz que le dice lo correcto, pero no siempre se quiere obedecer. Incluso el medio de transporte no es cualquier bote: es el balde de una camioneta vieja con un motor, mezclando fantasía y realidad en todo momento en su particular estilo como quizá vimos en La carretera y con la influencia de los ya mencionados hechos de Nueva Orleans.

Toda la película va acompañada de la voz en off de la protagonista, que en ocasiones resulta muy madura, pero sin ella mismo darse cuenta. Se plantea temas muy importantes con mucha naturalidad e inocencia que le quitan un poco de dureza al filme, pues todo desde los ojos de un niño se ve más esperanzadamente. Además la fotografía resulta estupenda con planos en su mayoría cámara en mano que le da ese toque realista a la historia. Me atrevería a decir que hay escenas que son una delicia a la vista como el momento de los fuegos artificiales.

Y, sin duda, es una película que da mucho qué pensar con la metáfora de las “bestias del sur salvaje”: ¿vivimos en una sociedad cerrada, que arrolla todo a su paso si es que no gusta?, ¿se obliga a la gente a pensar de alguna manera? ¿Nos habremos olvidado de disfrutar del lado “salvaje” de las cosas?

Juan Manuel Meneses

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Amor

(2012) Austria
DIRECCIÓN Y GUION Michael Haneke
MÚSICA Cecile Lenoir
FOTOGRAFÍA Darius Khondji
REPARTO Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert

Eso, amor

“Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad.
Amarte y respetarte todos los días de mi vida.”

Al pensar en una pareja que defina la palabra “amor” uno normalmente pensaba en una parejita romántica al estilo Romeo y Julieta. Ahora bien, al pensar en una pareja que se ama en la realidad, seguramente a partir de ahora vengan a la mente Georges y Anne. Una pareja de ancianos que se enfrentan juntos a la tarea cotidiana de envejecer.

El director austriaco Michael Haneke nos presenta su última producción, Amour (el título, como la película, está en francés). Un film que a nadie ha dejado indiferente, y es que los personajes que utiliza son conocidos por todos. Pues si algo hay universal es justamente el amor, y estos son dos enamorados, con un pasado exitoso, muy cultos, conocedores de música clásica, con un nivel económico bueno, y que a pesar de su avanzada edad todavía se tenían el uno al otro y, dentro de lo posible, se valen por ellos mismos. Sin embargo, Anne sufre una embolia; todavía lúcida y activa, tiene paralizada la mitad del cuerpo, su enfermedad va avanzando y sus recuerdos comienzan a perderse. Además, deja claro que ella quiere vivir hasta que no se convierta en una carga para nadie y le aterran los doctores. Mientras, Georges intenta cuidar de ella, al principio cree que puede solo con todo el trabajo, luego contrata a una enfermera y debe soportar que la mujer que ama comience a desaparecer y ya no tenga con quien compartir sus recuerdos ni realizar las actividades cotidianas.

Las actuaciones de Emmanuelle Riva (nominada al Oscar) y Jean-Louis Trintignant son perfectas, es como si ambos actores han alcanzado la madurez de la actuación, y como espectadores tenemos la suerte de poder vivirla y compartirla con ellos. La película transcurre en su departamento que se convierte en un personaje más. Nos sentamos con ellos a desayunar, a comer, leemos los periódicos, incluso nos despertamos por una pesadilla a altas horas de la madrugada. Pero ellos no dejan que nadie más forme parte de esa vida (solo el espectador, que observa y es mudo); el vecino que los quiere ayudar solo consigue entrar una vez al apartamento y de forma veloz se retira, la hija de la pareja aparece poco y desea formar parte de sus vidas, ayudar, pero Georges no quiere su ayuda. El joven promesa del piano, ex alumno de Anne, y una de las enfermeras sí son bien recibidos, pero el alumno quizá solo porque les recordaba quiénes habían sido (en el momento en que intenta ahondar en lo ocurrido a Anne se le pide que cambie el tema y que toque el piano) y la enfermera simplemente porque era necesaria para que vivan. Y es que los demás les representaban otra época, otra forma de pensar que no terminaba de encajar con la vida y el apartamento de Anne y Georges en el que ya ni escuchaban música y todos los muebles se mantenían de la época, como si pretendieran de esa forma detener el tiempo.

Es una historia tan bien contada, que a pesar de que la escena de inicio sea una elipsis al futuro del relato, no hace falta que se repita para que se entienda lo que ocurre, y es que no hace falta verlo todo. Solo se ve lo que ocurre en el departamento y lo que sus habitantes nos cuentan. Nunca conocemos al doctor, ni vemos el hospital, ni la tienda de flores o el mercado, solo como observadores confiamos en lo que ellos nos dicen.

Ahora bien, no olvidemos que esta historia está contada en nuestra época y por quién está contada. Y aunque no se parezca nada a lo que Haneke ha hecho con anterioridad (quien lea entienda), él sigue siendo el mismo. Y su visión del dolor no deja de ser la del hombre de hoy: como algo malo, incompatible con ese mismo amor. En esta línea, no diré que es una película que va a gustar a quien la vea, tampoco puedo afirmar que será entretenida y que el espectador pasará un momento agradable. Lo que sí puedo asegurar es que va a ser una película difícil de olvidar, es más, Haneke consigue crear un temor que nos va a perseguir y es llegar a conseguir el amor que se tienen Anne y Georges.

Juan Manuel Meneses

Todos los datos de Amour