Brooklyn

(2015) Irlanda, Reino Unido
DIRECCIÓN John Crowley
GUION Nick Hornby, basado en la novela de Colm Tóibín
MÚSICA Michael Brook
FOTOGRAFÍA Yves Bélanguer
REPARTO Saoirse Ronan, Emory Cohen, Domhnall Gleeson, Jim Broadbent, Julie Walters

Tener un hogar

Unir la emoción del trabajo, del esfuerzo, de la aventura
y del camino hacia lo nuevo con el gozo y el descanso;
ser libres y estar seguros; arriesgar y ganar;
aventurarse y estar en casa -tener un hogar-:
aquel que sea capaz de realizar esa síntesis,
se puede decir que, en verdad, vive.

Rafael Alvira, Filosofía de la vida cotidiana

En el panorama actual de tantas películas pretenciosas -aunque no por eso malas- en las que si la experiencia visual no te tiene al borde del asiento parece no ser lo suficientemente buena, es una muy agradable experiencia la que otorga Brooklyn, una película emotiva y sutil, tan clásica como que aborda la persecución del sueño americano por parte de una joven irlandesa en los años cincuenta del siglo pasado.

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El tema de la película es la homesickness: nostalgia, añoranza del hogar, que no tiene una traducción en una palabra al castellano (en inglés es una sickness, una enfermedad que, como dicen en la película, “crees que te matará pero luego se pasa a alguien más y desaparece”); ese sentimiento tan humano que incluso el lenguaje lo quiere cercano:  decimos ‘extrañar’ en Hispanoamérica, mientras que en España resulta más adecuado hablar de ‘tener morriña’, por no mencionar el ‘saudade’ portugués… Todo el que haya salido solo de su país, desde una estancia académica hasta un cambio de rumbo vital definitivo, se sentirá identificado y profundamente conmovido con la historia de Eilis.

La producción es irlandesa-inglesa (europea, por tanto, lo suficientemente distanciada de Hollywood sin dejar de ser accesible) y la correcta dirección de John Crowley toma como materia prima una adaptación de una novela reciente del irlandés Colm Tóibín, hecha por Nick Hornby (quien escribiera el guion de An Education,  así como la novela About a Boy, en la que se inspiró la maravillosa película homónima del 2002) que dio lugar a un guion nominado al Oscar. Aunque quien lleva el peso es la fabulosa Saoirse Ronan, que con Brooklyn cosechó su segunda nominación al Premio de la Academia. Realmente da vida a una Eilis apocada al principio y siempre coherente, que encuentra el amor en el hijo de italianos Tony: un Emory Cohen con el que tiene una química capaz de atraparnos a pesar de que la trama no tenga demasiadas peripecias.

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En fin, sin ser una película extraordinaria (en el sentido de “fuera de lo ordinario”, todo lo contrario), Brooklyn provoca la lagrimita y deja con corazón cálido una historia inspirada en la de tantos inmigrantes. Ojalá nos haga comprender solo un poco más la de tantas personas desplazadas de su hogar no el siglo pasado sino hoy mismo que, quizá con mucho más drama, también viajan con la esperanza de encontrar un hogar.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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