La habitación

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Lenny Abrahamson
GUION Emma Donoghue, basada en su novela
MÚSICA Stephen Rennicks
FOTOGRAFÍA Danny Cohen
REPARTO Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, William H. Macy, Sean Bridgers, Tom McCamus

Psicología de un secuestro

Excelente película sobre una joven secuestrada por varios años que, durante su cautiverio, da a luz a su hijo (y del secuestrador) al que cría protegiéndolo de ese entorno tan adverso. La historia arranca cuando el pequeño Jack cumple 5 años. Todo el mundo que conoce es esa habitación y su única relación ha sido con su madre (quien lo obliga a esconderse cuando “El viejo Nick” -el secuestrador- viene de “visita”). Ante la posibilidad de valerse de su hijo para el escape de ambos, ella tiene que revelarle que existe todo un mundo por descubrir.

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Varios elementos hacen que la ya de por sí atractiva historia de La habitación resulte en una película excepcional. El primero es el guion escrito por la misma autora de la novela en que se basa, Emma Donoghue. Hábilmente, no se centra en la trama del secuestro y el escape -aunque la tensión y  el drama de semejante situación están presentes- sino en el proceso psicológico de un niño en pleno desarrollo (aún es “plástico”, moldeable, como se dice en la película) que se ve sometido a asumir que su realidad no es la que pensaba y que el verdadero mundo está fuera. Ahí lo acertado es la focalización, pues se nos cuenta todo desde la perspectiva del niño. Su voz en off nos hace conscientes de su concepción del mundo y cómo esta va cambiando… Con riesgo de alargarme, no quiero dejar de poner un botón (diálogo) de muestra. Oímos la voz de Jack:

I’ve been in the world 37 hours. I’ve seen pancakes, and a stairs, and birds, and windows, and hundreds of cars. And clouds, and police, and doctors, and grandma and grandpa. (…) The world’s like all TV planets on at the same time, so I don’t know which way to look and listen. There’s doors and… more doors. And behind all the doors, there’s another inside, and another outside. And things happen, happen, HAPPENING. It never stops. Plus, the world’s always changing brightness, and hotness. (…) When I was small, I only knew small things. But now I’m five, I know EVERYTHING!

El reto de contar esta historia no hubiera sido posible sin grandes actuaciones. Lo es la de Brie Larson, cuya carrera nunca le había presentado una oportunidad como ésta, de la que sale airosa y con (al menos) una nominación al Oscar. Consigue transmitir todo lo que implica ver la propia vida cortada y luego recuperada a través de la misión de salvar otra vida (la de su hijo). Pero quien sin duda se lleva la película es el pequeño Jacob Tremblay, con una actuación espectacular, mérito compartido con el director Lenny Abrahamson (también nominado), pues si dirigir niños es complicado, conseguir que Jacob transmita todo lo que hace en pantalla es un auténtico arte.

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El planteamiento me recordó dos películas: la poco lograda Espacio interior (México, 2013), centrada también en la perspectiva subjetiva de un secuestro y su escape, y la aclamadísima La vida es bella (Italia, 1997), por aquello de disfrazar una realidad terrible para proteger a tu hijo. Quien no busque una trama de secuestro llena de altibajos sino una auténtica historia de vida, disfrutará enormemente esta inteligente película, que con una buena dosis de esperanza da una visión amplia y profunda de lo que implica uno de las actos humanos más heroicos: salvar una vida.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Spotlight

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Tom McCarthy
GUION Tom McCarthy y Josh Singer
MÚSICA Howard Shore
FOTOGRAFÍA Masanobu Takayanagi
REPARTO Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d’Arcy James, Stanley Tucci

La verdad os hará libres

En el año 2001, el grupo de investigación “Spotlight” del periódico Boston Globe sacó a la luz pública una serie de abusos sexuales por parte de varios sacerdotes católicos de la diócesis de Boston, con el agravante de que los responsables dentro de la Iglesia en esa ciudad conocían esos hechos y no los habían hecho públicos ni llevado ante la autoridad civil. Son los hechos reales que recrea Tom McCarthy (ese actor que saltó al otro lado de la cámara para ofrecer historias tan humanas como The Visitor, Win Win o Up) en una película medida, puntual, atrapante y poderosa.

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Co-escrita por Josh Singer (The West Wing, The Fifth Estate), Spotlight es un thriller periodístico, ensamblado a base de diálogos, escenas de escritorio y papeles. Acertadamente focalizado en los cuatro periodistas de Spotlight, deja los tremendos hechos en la frialdad del dato y la declaración. El tono que marca la dirección de McCarthy, ayudado de la música del experimentado Howard Shore, es tan contenido como eficaz, parecido a lo que vimos en Foxcatcher el año pasado. Algo hecho posible gracias al gran elenco de la película: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, Stanley Tucci… quienes encarnan a una serie de personajes complejos que nos adentran en temas tan importantes como el derecho a la información, o más específicos –pero igualmente interesantes– como la jerarquía periodística o la competencia entre los medios de comunicación, de paso rompiendo una lanza a favor del periodismo de investigación, tan minusvalorado en la época actual del ciberperiodismo. Pero claramente no es ese el tema más importante de la película.

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Por el argumento que aborda –abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes católicos– podría pensarse que estamos ante una película ideológica, que busca atacar concretamente a la Iglesia católica. No me lo parece. Desde luego no la defiende, pero pienso que se limita a recordar esos hechos reales y cómo fueron apareciendo a los ojos de unos periodistas, de una ciudad y del mundo. Más allá de algunas tomas simbólicas –por ejemplo, la iglesia frente al parque con juegos para niños, señalada explícitamente por uno de los personajes–, que hacen hincapié en el peso moral y político de la Iglesia católica en Boston en esos años, la película no se recrea morbosamente ni con saña en lo que denuncia.

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No puede pedírsele a esta película una visión más enriquecida del terrible problema que retrata. Hacerlo implicaría señalar que el abuso sexual a menores es un problema de toda la sociedad –donde más se da numéricamente es en las escuelas y en las propias familias, lo que no quita que en la Iglesia resulte especialmente grave y escandaloso– o que son acciones de unos pocos dentro de una institución que ha hecho y sigue haciendo tanto bien, tanto espiritual como material, en todo el mundo; cosas que la película, evidentemente, no presenta. Ciertamente, en ese sentido se da una visión bastante reducida de la Iglesia, e incluso se sugiere que estas conductas pueden ser un “fenómeno psiquiátrico” derivado del celibato sacerdotal (aunque quien lo sugiera sea un personaje ex sacerdote, al que solo oímos por teléfono, y del que uno de los periodistas cuestiona si es digno de tanta credibilidad como le da otro de ellos). Los protagonistas tampoco son presentados como héroes, aunque hayan emprendido semejante misión –“no vamos tras un sacerdote, vamos tras el sistema”, dice el editor jefe–; y se duelen al reconocer que en su día tuvieron indicios de los hechos y no los siguieron. Al final, simplemente tenemos el comportamiento valiente de aquellos que buscan la verdad. Y los buenos nunca deben temerle a la verdad, ni dentro ni fuera de la Iglesia.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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The Martian

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Riddley Scott
GUION Drew Goddard basado en la novela de Andy Weir
MÚSICA Harry Gregson-Williams
FOTOGRAFÍA Dariusz Wolski
REPARTO Matt Damon, Jessica Chastain, Jeff Daniels, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Sean Bean, Michael Peña, Kate Mara

I will survive

Dicen que en gustos se rompen géneros. La historia espacial de un Matt Damon astronauta que se queda en un planeta extraño y debe ser rescatado por un equipo que incluye a Jessica Chastain, puede resultar muy distinta según el género cinematográfico desde el que se haga. De un enfoque poético-científico-filosófico puede salir, por ejemplo, Interstellar, mientras que desde un enfoque social-comunicacional-simpático puede salir la agradable The Martian.

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Un equipo espacial abandona a uno de sus miembros –creyéndolo muerto– en medio de una tormenta en Marte. El sobreviviente consigue hacer contacto con la Tierra y el rescatarlo se vuelve un asunto político y de interés humano a nivel mundial. Mientras tanto, el astronauta debe enfrentarse a sobrevivir los años que tomará la misión de rescate, haciendo uso de su entrenamiento y de su buen humor. Y hablo del género que adopta porque podríamos estar ante una frustrante tragedia –el protagonista solo se viene abajo una vez, lo que resulta al menos poco verosímil– y, sin embargo, estamos ante una historia vitalista y bastante entretenida.

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La compleja trama –se trata de un auténtico reparto coral, que desde la NASA, California, China y la propia nave del equipo que huyó de Marte, gira en torno al protagonista abandonado en el planeta rojo– funciona ágilmente de la mano del guionista Drew Goddard (creador de la estupenda Daredevil de Netflix) y, cómo no, del curtidísimo Riddley Scott. El Globo de Oro a la mejor comedia y siete nominaciones al Oscar ratifican la calidad de una ficción espacial que también es toda una lección magistral de compañerismo, lealtad, manejo de personas, crisis de comunicación, dirección de instituciones, psicología y hasta física y bioquímica.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Puente de espías

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Steven Spielberg
GUION Matt Charman, Joel Coen, Ethan Coen
MÚSICA Thomas Newman
FOTOGRAFÍA Janusz Kaminski
REPARTO Tom Hanks, Mark Rylance, Alan Alda, Amy Ryan, Austin Stowell,

Un padre de familia en la Guerra Fría

No hay quien discuta la calidad de los filmes históricos de Steven Spielberg. Desde La lista de Schindler o Rescatando al Soldado Ryan hasta Munich o Lincoln más recientemente, su experimentada factura no decepciona. En Puente de espías (con guion de los hermanos Coen) se sitúa en la Guerra Fría para contar la historia de James B. Donovan (Tom Hanks), un prestigioso y noble abogado, padre de familia, al que se le encomienda defender en juicio a un espía ruso -con toda la polémica que eso implica- pues la Constitución de los Estados Unidos confiere el derecho a una defensa a cualquier persona juzgada. Cuando los rusos capturan a su vez a un piloto norteamericano, el abogado se verá siendo puente en uno de los conflictos más delicados de la historia reciente.

ST. JAMES PLACE

La trama gira en torno a los valores universales por encima de los intereses políticos, una fórmula clásica que Spielberg sabe manejar de sobra, y que el mejor modo de que funcione es con el rostro de su viejo amigo Tom Hanks por delante. A eso se añaden detalles originales, principalmente el curioso personaje del espía ruso Rudolf Abel (Mark Rylance, que alcanzó la nominación al Oscar), bien conseguido por estar lejos del cliché: es extremadamente apacible, con dotes artísticas y a su vez un hombre de familia.

Dicho todo esto, es una película más bien lenta, que no termina de aportar nada a la fórmula del “buen ciudadano americano” que defiende los valores estadounidenses contra los propios políticos y al que hemos visto en pantalla una y otra vez desde el Mr. Smith de Frank Capra a finales de la década de 1930. Tampoco es novedosa en su versión histórica de la Guerra Fría. Una película de mucha calidad cinematográfica, pero que quizá no sería relevante en absoluto si no llevara los nombres de Spielberg y Hanks.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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