Star Wars: El despertar de la Fuerza

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN J.J. Abrams
GUIÓN J.J. Abrams, Lawrence Kasdan y Michael Arndt
MÚSICA John Williams
FOTOGRAFÍA Daniel Mindel
REPARTO Harrison Ford, Mark Hamill, Carrie Fisher, Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Lupita Nyong’o

30 años después (o gracias, J.J. Abrams)

En 1949, el antropólogo Joseph Campbell (1904-1987) publicaba un libro que sería decisivo para la cultura occidental. Se titula The Hero with a Thousand Faces y en él Campbell hace una comparación de los grandes mitos, las principales religiones y las narraciones más emblemáticas de civilizaciones muy distintas entre sí, encontrando los elementos que tienen en común. Dicho sin mucha precisión, dio con aquellas claves que toda historia requiere para que las personas conecten con ella. Años después, un joven cineasta llamado George Lucas leyó la obra de Campbell y diseñó una historia en un universo creado por él —hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana— que seguía fielmente el modelo de Campbell, también conocido como “el viaje del héroe”. Incluso llevó al antropólogo a su rancho a una proyección de la película, que el viejo profesor aprobó con agrado. Se llamaba Star Wars. Episode IV: A New Hope, y dio origen a una de las sagas que más han influido en la cultura popular en la historia del cine.

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Completados seis episodios en dos épocas distintas, George Lucas decidió dejarlo por la paz. Pero su universo narrativo —y con él sus pingües beneficios económicos— continuaba lleno de posibilidades. Es por eso que Disney adquirió los derechos y encomendó la continuación de la saga a un joven director que tenía cartas suficientes para aceptar el reto: J.J. Abrams (Lost, Super 8, Misión Imposible III, Star Trek). La presión era mucha, tanta como el número de fans —y no tan fans— dispuestos a juzgar si estaría al nivel de esta saga; un juicio del que el mismo Lucas no salió muy bien parado en la opinión de muchos con la segunda trilogía, los episodios I, II y III. Por suerte, Abrams y la gente de Disney, profesionales del cine donde los haya, no olvidaron que el guion es lo primero, la clave del éxito de cualquier película. Y así, Abrams se sentó a trabajar la historia con Lawrence Kasdan, conocedor del universo de Lucas (colaboró en el guion de los episodios V y VI) y —atención— con Michael Arndt: un talentoso guionista que saltó a la fama cuando ganó el Oscar por el guion de Little Miss Sunshine, salido entero de sus manos, y que después fue llamado a colaborar en películas como Toy Story 3 y Hunger Games: Catching Fire. El resultado, digámoslo ya, no solo alcanzó las expectativas. Es fabuloso.

[A partir de aquí, spoilers…]

Volvemos, pues, al universo de Star Wars y de qué manera. Han pasado 30 años —los mismos que han pasado fuera del relato— y las cosas han cambiado un poco. La Fuerza es un mito para muchos. Frustrado por la rebelión de su principal discípulo al intentar entrenar una nueva generación de jedis, Luke Skywalker ha desaparecido. Lo buscan buenos y malos por igual: su hermana Leia y sus amigos, por un lado; y por otro el Lado Oscuro, que esta vez ha tomado la forma de la Primera Orden, un núcleo de poder que de las cenizas del Imperio ha ido ganando fuerza —lucen las filas de stormtroopers alineados cual soldados nazis— y que como único obstáculo temen al desaparecido Skywalker.

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Hábilmente, toda la trama gira en torno de la búsqueda de Luke y, por tanto, de un mapa que revela su localización —un macguffin nada desdeñable— confiado, cómo no, a un simpático droide que se comunica con sonidos: BB-8, quizá el mejor personaje de la película, digno sustituto de R2-D2. En pos del mapa encontramos nuevos personajes y viejos conocidos. Los primeros, claros protagonistas de esta nueva saga —y a quienes se aplica nuevamente la estructura de “el viaje del héroe”—, son Ray (Daisy Rydley), una habilísima chatarrera de un sistema periférico en la que la Fuerza resulta excepcionalmente fuerte; y FN-2187 (John Boyega), rebautizado Finn, nada menos que un stormtrooper con una objeción de conciencia que lo lleva a pasarse al otro bando. Aunque con menos protagonismo, también se introduce a Poe Dameron (Oscar Isaacs), el mejor piloto de la Resistencia, la guerrilla fiel a la República que lucha contra el creciente ascenso de la Primera Orden. (Fuera de la historia, pero no hay que dejar de mencionarlo, se trata de una mujer, un afroamericano y un latino: un mensaje que, aunque venga de una galaxia muy lejana, por fortuna es muy claro).

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Ahora bien, al hablar de Star Wars siempre hay que partir de que estamos ante una historia de familia. De hecho, ahí radica gran parte de su éxito, pues toca fibras potentes y comunes a toda la raza humana. Lo ha sido desde el principio (pensemos en Luke, su padre “perdido” y después revelado, su hermana Leia, etc). Y el Episodio VII entra de lleno: Kylo Ren (Adam Driver), la joven promesa del Lado Oscuro, con todo y máscara negra y voz artificial al más puro estilo Darth Vader, al que idolatra, es nada menos que Ben Solo, el hijo de Han Solo y Leia, ese joven padawan que se rebeló ante el entrenamiento de Luke tentado por el Lado Oscuro como hiciera su abuelo Anakin en su día.

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Y es una historia de familia tanto como es una historia de libertad. La libertad que ha definido en los distintos miembros de la familia Skywalker el ser una gran arma para el bien o para el mal, un binomio muy explícito en la película, y en la que se debaten sus personajes —sobre todo Ben Solo/Kylo Ren— como se debatiera Anakin en los episodios II y III, o el propio Luke cuando es tentado en una de las anagnórisis más celebres de la historia del cine: cuando Darth Vader se revela como su padre (join me and together we will rule the galaxy!). Un dilema que en el clímax de esta nueva entrega toma proporciones de tragedia griega. O superiores incluso, pues Ben Solo mata a su padre como Edipo Rey (dolorosísimo spoiler), pero a diferencia de éste no lo hace llevado por el destino sino por su propia libertad.

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La envoltura de todo esto es muy buena. Hasta el punto de que no importa que sea básicamente otra vez el Episodio IV (un droide con un mensaje muy importante para la Resistencia termina en un planeta fronterizo donde lo encontrará un personaje de baja extracción pero destinado a grandes cosas que, ayudado por otros, se convertirá en pieza clave para dar un golpe decisivo al Lado Oscuro al destruir una terrible y poderosa arma que destruye planetas, para terminar con una victoria pírrica, pues el Lado Oscuro queda herido pero no destruido y en el camino se perdió al mentor: aquella vez, Obi Wan, esta vez, Han Solo). Tanto la historia como la estética es más cercana a la primera trilogía, cosa que se agradece, y por supuesto que emociona escuchar de nuevo los acordes de John Williams —quien añade también nuevas melodías— o volver a ver en pantalla al Halcón Milenario, a Han Solo y la ahora Generala Leia Organa, a Chewbaca, C-3PO, R2-D2 y a Luke Skywalker. Incluso Yoda tiene una especie de “sustituto” en el personaje de Maz Kanata (Lupita Nyong’o).

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Con todo, se le pueden criticar algunas pinceladas. Principalmente la evolución poco sutil de los personajes en la trama: el dilema de Kylo Ren, aunque efectivo, es muy de libro; tanto como el súbito cambio del stormtrooper Finn apenas comenzar la película o el repentino dominio de la Fuerza que adquiere Ray, hasta el punto de vencer a Kylo Ren quien supuestamente ha entrenado durante años (al propio Luke le costó meses de entrenamiento con Yoda en el sistema Dagobah, y el propio maestro le aclaró que aún no estaba listo). Chirría también un poco el nuevo maestro oscuro, el Supremo Líder Snoke (Andy Serkis), de quien aún no tenemos datos pero cuesta pensar cómo se explicará su origen sin que resulte forzado (y el que se parezca tanto al Voldemort de Harry Potter no ayuda).

En fin, no falta el humor y en buenas dosis, el toque perfecto para una película que es entretenimiento puro y del bueno, pues toca las teclas de muchas emociones y vuelve a confirmar que los grandes temas y las estructuras narrativas que los siglos han confirmado siguen igual de estables. El mérito está en haberlo detectado, construyendo en torno a eso un guion tan ágil como profundo. Desde luego que la Fuerza ha despertado y nos quedamos con ganas de más. Estoy seguro de que George Lucas desde su rancho y Joseph Campbell desde un poco más lejos, pueden decir con millones de fans y no tan fans: “gracias, J.J. Abrams”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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