Isla de perros

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN Wes Anderson
GUION Wes Anderson, Roman Coppola, Jason Schwartzman y Kunichi Nomura
FOTOGRAFÍA Tristan Oliver
MÚSICA Alexandre Desplat
REPARTO (voces) Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum, Bob Balaban, Liev Schreiber, Scarlett Johansson, Frances McDormand, F. Murray Abraham, Greta Gerwig, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Koyu Rankin

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El inconfundible estilo del cineasta texano Wes Anderson permite la interesante dicotomía de que realice películas de acción real así como animaciones en stop motion con una misma línea visual y estética. Son bien conocidos sus planos simétricos, tomas cerrados en ángulo cenital, largos travellings y una rica paleta de colores en lo estético, así como su humor irónico en las aventuras de sus excéntricos personajes. Isla de perros es su segunda incursión en esta técnica de animación después de la fabulosa Fantastic Mr. Fox a la que, digámoslo ya, no alcanza su más reciente película.

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El futuro. Ante la sospechosa proliferación de la gripe canina, el alcalde de la ciudad japonesa de Megasaki decide expulsar a todos los perros a una isla-basurero. El joven Atari logra llegar a la isla en busca de su mascota, aventura a la que se unirán cinco simpáticos canes, mientras que en Megasaki comienza la resistencia… Wes Anderson incide en una cultura ajena desde su mirada muy occidental como había hecho con la India en The Darjeeling Limited y la Centroeuropa de entreguerras en The Grand Budapest Hotel. (Esperemos no tarde en descubrir el colorido México, pues podría salir algo interesante).

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Es clave el reparto de voces, conformado por los habituales colaboradores de Wes Anderson, a los que se unen algunas estrellas como Bryan Cranston como Chief, el perro protagónico, un callejero rebelde; o Greta Gerwig como la estudiante de intercambio Tracy Walker, parte activa de la resistencia y enamorada de Atari. El grupo canino interpretado por Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum y Bob Balaban es de lo más divertido, así como las intervenciones puntuales de Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Harvey Keitel… todos perros. Por cierto, muy acertada la mezcla lingüística, que mantiene los diálogos japoneses —con sus necesarias traducciones dentro de la historia— mientras los perros hablan en inglés sin entenderse con los humanos. El guion contiene los elementos constantes de Anderson, también guionista de sus películas, como el amor adolescente, la rebelión contra la autoridad, o la inmadurez de los adultos frente a la sabiduría intuitiva de los niños (a los que se suman, en esta ocasión, los perros).

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En este su noveno largometraje, Wes Anderson no decepciona, pero tampoco se supera y no estamos ante una de sus mejores. Por varios motivos. Dentro de su cuidadísima estética visual, hay algunos momentos de saturación, cuando letras en inglés y kanjis en japonés se unen a los ya cargados planos haciendo que uno no sepa a dónde mirar. Como a veces le sucede, el ritmo afloja un poco a la mitad de la historia y la música de Alexandre Desplat, siendo genial, se vuelve algo repetitiva. El tercer acto no es tan intenso como los de otras tramas suyas y eso también se resiente.

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Con todo, hay momentos y elementos estupendos —la secuencia con la canción I Won’t Hurt You; el arco del personaje de Chief; los gatitos que acompañan siempre a los villanos; la asistente Yoko-Ono a quien da voz la misma Yoko Ono; y las múltiples referencias cinematográficas (el apellido del alcalde Kobayashi saca una sonrisa a quienes hemos visto y re-visto The Usual Suspects) especialmente al cineasta japonés Akira Kurosawa— y el resultado global es bastante bueno, destacando la elaborada producción que una animación con esta técnica exige. Finalmente, quizá no sea tan memorable puesto que el tema de la película —la opresión de quienes odian a los perros— no es actual sino todo lo contrario, pues vivimos en la época en la que más preocupación ha habido por los animales, y por estos animales, al menos en Occidente (el título original Isle of Dogsque se pronuncia igual que I love dogs, no es inocente).

 

Avengers: Infinity War

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN Anthony Russo y Joe Russo
GUION Christopher Markus y Stephen McFeely
FOTOGRAFÍA Trent Opaloch
MÚSICA Alan Silvestri
REPARTO Josh Brolin, Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Don Cheadle, Benedict Cumberbatch, Chris Pratt, Bradley Cooper, Vin Diesel, Zoe Saldana, Pom Klementieff, Dave Bautista, Tom Hiddleston, Tom Holland, Chadwick Boseman, Danai Gurira, Karen Gillan, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Sebastian Stan, Anthony Mackie, Peter Dinklage, Benicio del Toro

En busca del balance

Lo dicen los números. A pesar de la enorme variedad de películas que se hacen hoy en todo el mundo —nunca antes había habido tanto cine y, me atrevo a decirlo, tan bueno— esta década pasará a la historia del séptimo arte como la del cine de superhéroes. Heredero del cómic y sustituto pop de la mitología, este es sin duda el género cinematográfico que más gente está llevando a las salas y, por lo mismo, al que más se le invierte.  En esa tesitura aparece “el evento cinematográfico de la década”: cumpliendo 10 años —en 2008 se estrenó la primera Iron Man reviviendo la carrera de un rehabilitado Robert Downey Jr.— y con 18 películas de sus superhéroes encima, Marvel Studios —que en el ínterin fue comprada por Disney— junta a (casi) todos esos superhéroes en la primera parte de lo que pretende ser el final de un ciclo. El nombre, aunque tomado de un cómic, no puede ser más ambicioso: Avengers: Infinity War. Nada menos.

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El riesgo de incluir en una sola película a casi veinte personajes importantes —la mayoría tienen sus propias películas, incluso trilogías completas— era grande. Así, la apuesta de Marvel Studios fue asumir que el público ya conoce a estos personajes y sus backstories. Ciertamente no es una película que se sostenga narrativamente por sí misma. Y así está pensada: estamos ante un caso más —cada vez más frecuentes— de películas que, celosas de las narrativas amplias de las series, son un trozo de historia como dije en su momento, como la trilogía de El Hobbit o los finales de sagas como Harry Potter Los juegos del hambre, que constan de dos partes. De esta forma, sin perderse en recapitulaciones, consigue tocar adecuadamente los conflictos de cada uno de estos personajes: Tony Stark queriendo sentar cabeza, un Capitán América rebelde, un Bruce Banner sin Hulk, Wanda y Vision enamorados, un Groot adolescente, un Quill/Star Lord dolido, un Thor frustrado, un Loki leal…

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Así pues, esta entrega cumple y mucho, pues es sobre todo sumamente entretenida. Excelentes secuencias de acción. Guiños a los fans. Humor por todas partes, incluso con riesgo de exagerar. Sin embargo, el verdadero mérito de esta película es que, a pesar de lo cómica y entretenida que es, ha apostado por la tragedia. Y no solo por su trágico final (del que muchas razones, internas y externas a la trama, invitan a pensar que no es definitivo, por cierto). Los guionistas se centraron no en la historia de Tony Stark, ni del Capitán América, ni de Hulk, ni de Thor… el personaje central es el villano, Thanos. Este ser morado y colosal no es el típico megalómano ambicioso. Thanos ama. Thanos llora. Es un malo que se antoja shakesperiano, convencido de que su cruzada es buena: eliminar a la mitad de la población del universo para tener los recursos mejor repartidos; para encontrar el balance. Busca recolectar las seis gemas del infinito y con su poder hacer esta criba con un chasquido, al azar y sin dolor. En sus palabras: “lo llamo misericordia”. Brutal. Un argumento contra la sobrepoblación que está hoy en los labios de muchos. Y no precisamente de los que consideramos villanos.

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Disney/Marvel no ha hecho más que empezar. Tiene aún varias historias de superhéroes en la chistera. El dinero se sigue moviendo y la gente va en tropel a los cines (Infinity War es la película más cara jamás hecha y es ya la película más taquillera de la historia en su primer fin de semana). Muchos amantes del buen cine pueden indignarse de que sea algo insulso, entretenimiento fácil, una red de películas que dependen unas de otras donde se espera la escena post-créditos que anunciará la siguiente aventura. Grandes actores siguen rindiéndose ante el dinero y a ser inmortalizados en una figura de acción. Por suerte, hoy hay suficiente oferta para todos los públicos, y el cine de superhéroes tiene mucho y parece insaciable. Esperemos que gente como los hermanos Russo (los directores) y buenos guionistas sigan ahí para asegurarse de que sepa bien.

 

 

Un lugar en silencio

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN John Krasinski
GUION Bryan Woods, Scott Beck y John Krasinski
FOTOGRAFÍA Charlotte Bruus Christensen
MÚSICA Marco Beltrami
REPARTO John Krasinski, Emily Blunt, Millicent Simmonds, Noah Jupe

Tensión sin ruido

Hacer una buena película a partir de una premisa insulsa no debe ser sencillo. Y, ciertamente, la premisa de la invasión de unas criaturas feroces —y ciegas— que destruyen a cualquier otro ser vivo en cuanto lo escuchan no parecería sostenerse con facilidad. Sin embargo, Un lugar en silencio (título original A Quiet Place; el título ibérico Un lugar tranquilo arruina la referencia al silencio… y de tranquilo no tiene nada) consigue exprimir esa tensión al máximo centrándose en una familia que ha conseguido sobrevivir a base de no hacer, literalmente, ningún ruido. Hasta ahora. image3-1520777936La película, protagonizada y bien dirigida por John Krasinski (mejor conocido por su personaje de Jim en la serie cómica The Office: ya se ve que a los cómicos les está funcionando pasarse al suspense; a Jordan Peele ya le valió un Oscar a mejor guion por Get Out) juega muy bien con la ausencia de diálogos de los personajes —salvo los breves mensajes en señas— y consigue crear una tensión que mantiene al espectador al borde del asiento: aunque es una película más bien breve, no hay un momento de respiro. image4-0Con un gancho inicial de manual, se limita durante el resto de la trama al juego de no hacer ruido, manteniéndolo en los límites narrativos donde semejante planteamiento puede sostenerse. Su estética de un mundo distópico gris y desolado, junto con el énfasis en el mensaje familiar —da gusto ver una familia feliz y unida en el cine, la esposa en la cinta es la actriz Emily Blunt, esposa de Krasinski en la vida real— recuerdan la ignorada The Road, mientras que la figura del padre protector y la ambientación remiten más bien a Señales de M. Night Shyamalan. Una eficaz película de suspense que de paso rompe una lanza en pro de la unidad familiar y la apertura a la vida aún en circunstancias complicadas.