La soledad del héroe
Spider-Man es garantía. Lo demuestran las cuatro trilogías previas (la segunda de ellas incompleta, la animada aún por completarse y una trilogía completa en que el héroe es interpretado por Tom Holland, además de sus películas corales con los Avengers y ahora ésta) así como los 932 millones de dólares que hizo en taquilla ésta en su primer fin de semana, que es el récord de estreno de cualquier película hasta ahora. Quizá sea por la empatía que genera este joven divertido y aparentemente inseguro que va haciendo comentarios mientras se mueve con agilidad y combate a los malos. O quizá sea por su triste historia, huérfano, que pierde a su tío y eventualmente a su tía. Ésta última entrega mete el dedo en la llaga de este joven que cae tan bien y a quien vemos sufrir porque ahora está más solo que nunca y sufriendo más que nunca.

Como es sabido, las películas de superhéroes tienen tramas en secuencia. Y la última película del héroe arácnido había terminado con un conjuro para que todos se olvidaran de él y preservar así su identidad, con el sacrificio de que en ese olvido participan también su novia MJ y su mejor amigo Ned (al parecer los únicos dos seres vivos a los que aún les importaba Peter Parker, algo ya un poco triste de por sí). Así, nuestro protagonista vive en la absoluta soledad entregado de lleno a su labor de superhéroe, debe lidiar con la evolución de su mutación (que también lo hace sufrir y pone en riesgo a los otros cuando se descontrola) y, para colmo, el nuevo enemigo a vencer es uno que consigue meterse en la mente de las personas. Todo ello hace de esta una historia más introspectiva —no sé si llegue a ser un «estudio de personaje» pero sí ahonda en el conflicto interior del héroe— y, todo hay que decirlo, quita algo de la fuerza de las cintas anteriores: la amistad entre Peter, MJ y Ned (a la Harry, Ron y Hermione), que en parte se suple con el añadido de nuevos personajes; y las secuencias de acción, que aquí se reservan sobre todo para el doble tercer acto, al que vale la pena llegar pues es de gran intensidad.

El director Destin Daniel Cretton y el director de fotografía Brett Pawlak, que llegan al universo del arácnido de hacer juntos la serie de Marvel Wonder Man, logran un estilo visual más dinámico y atrapante que en las cintas anteriores del superhéroe. Nueva York y su gente cobran así protagonismo como el contexto del solitario protagonista. Teniendo al frente al matrimonio más exitoso del momento (Tom Holland y Zendaya, que entre ésta y La Odisea van por dos billion dollars en menos de un mes) saltan al reparto distintos rostros procedentes de las series más exitosas del streaming. Liza Colón-Zayas de The Bear, Tramell Tillman de Severance, Sadie Sink de Stranger Things y Jon Bernthal que llega con todo y el personaje puesto: el antihéroe Frank Castle alias «Punisher» que en su estilo violento y agresivo logra un dúo contrastante y divertido con nuestro Spidey, además del Dr. Bruce Banner / Hulk (Mark Ruffalo) para que no falten los clásicos cruces entre personajes de Marvel. Y por cierto que, sin spoilers, lo que siembran aquí para las películas que vendrán es prometedor.

(2026) EE.UU.
DIRECCIÓN Destin Daniel Cretton
GUION Chris McKenna y Erick Sommers basados en el comic de Stan Lee y Steve Ditko
FOTOGRAFÍA Brett Pawlak
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Jon Bernthal, Sadie Sink, Mark Ruffalo, Tramell Tillman, Liza Colón-Zayas, Marisa Tomei































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