Elvis

La tragedia de un ícono

Varias veces se había planteado el proyecto de hacer una biopic del icónico Rey del Rock and Roll. Finalmente, el reciente éxito de las películas biográficas de Freddy Mercury y de Elton John hizo casi inevitable esta película que tomó entre manos el australiano Baz Luhrmann, director con un estilo muy marcado que firma con Elvis su sexto largometraje. El muy deseado rol protagónico (fueron considerados Harry Styles, Ansel Elgort y Milles Teller) recayó en Austin Butler quien hace el papel de su carrera logrando un gran parecido al Elvis real, incluso cantando en la primera mitad de la cinta, si bien la solera recae en Tom Hanks que, muy maquillado, interpreta al manipulador manager del artista.

El mito de Elvis comenzó con sus bailes, para muchos escandalizantes en esa época

Elvis Presley creció en un barrio de afroamericanos, en una familia unida aunque de pocos recursos, y desde muy joven incursionó en la música country —la más popular en los primeros años 50’s— mezclándola con los ritmos que escuchó en su infancia como el gospel o el blues, eso sí, con mucho ritmo y una transformación en el escenario que volvía locas a las muchachas. Tempranamente fue «descubierto» por el Coronel Tom Parker, un astuto embaucador de circos ambulantes que primero pensó en Elvis como una atracción de feria, hasta que se dio cuenta de lo que tenía entre manos. La película, como era de esperar, glorifica al cantante y demoniza al manager, a la vez que recorre con detalle la carrera de Elvis, mezclándola con los principales cambios sociales de esa época en Estados Unidos como la inconformidad de la comunidad afroamericana (y el asesinato de Martin Luther King) o la liberación sexual y de costumbres de la juventud, y el protagonista es mostrado como un abanderado de ambas causas.

El personaje de Tom Hanks es tanto o más protagonista que el propio Elvis

Como muchas películas biográficas, la cinta es un poco larga pues necesariamente abarca un largo periodo de tiempo. Las fechas son un poco confusas, si bien el estilo del director enfatiza con el montaje algunas constantes en la vida del protagonista: su cercanía con su madre, su afán de autenticidad, su entrega a su público. Visualmente es grandiosa y casi barroca, como suele ser el cine de Baz Luhrmann, con tomas rocambolescas que se apoyan en lo digital, música continua y voces en off y un diseño de producción y de vestuario que es de Oscar. La banda sonora explota, naturalmente, los éxitos del Rey, además de la música orquestal que acompaña las escenas más dramáticas e incluso música de esta década que de modo anacrónico subraya algunos ambientes, como también hizo el director en Moulin Rouge o más recientemente en El Gran Gatsby.

La cinta explica por qué el Rey del Rock se centró en Las Vegas y nunca salió de EE.UU.

Elvis tiene ya su biopic y es una bastante decente, que reivindica su figura como la de muchos artistas que dejaron un legado cultural a pesar de sus complicaciones con la fama y los intereses de quienes los rodean. Es también un espectáculo visual y sonoro que será más atractivo para los interesados en la vida de este ícono de la cultura estadounidense o de la evolución de la sociedad en ese país durante el siglo pasado.

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Baz Luhrmann
GUION Baz Luhrmann, Jeremy Doner, Sam Bromell, Craig Pearce
FOTOGRAFÍA Mandy Walker
MÚSICA Elliott Wheeler
REPARTO Austin Butler, Tom Hanks, Olivia DeJonge, Richard Roxburgh, Helen Thomson, David Wenham, Kodi Smit-McPhee, Dacre Montgomery

Thor: amor y trueno

Una de dioses

Thor aparece en esta su cuarta película como personaje central, y su octava en el Universo Cinematográfico de Marvel, del que esta es la 29º película (pero ya quién las cuenta). El repunte de su fama se lo debe el arrogante dios del trueno a su cinta anterior, Thor: Ragnarok, en la que se dio un exitoso giro hacia la comedia gracias a Taika Waititi, quien la escribió y dirigió, y que ahora vuelve al frente de la nave. Si Ragnarok fue divertidísima, absurda, brillante —no tenía nada que perder— esta es un poco más floja al intentar conciliar conflictos más profundos y líneas argumentales más serias, pero el toque de Waititi se mantiene y el humor, la acción y el entretenimiento no decaen.

Nadie se resiste a volver al MCU, ni siquiera Natalie Portman

Dejamos al superhéroe, tras la batalla definitiva contra Thanos en Avengers: End Game, gordo y uniéndose a los Guardianes de la Galaxia. En ese punto lo retoman aquí, vacío y sin un propósito claro, lo que vendrá a ser cambiado por el regreso de su ex novia, Jane Foster (Natalie Portman) —convertida ahora en una versión femenina de Thor, tal como había sucedido en los cómics— y por la aparición de un villano que viene dispuesto a eliminar a todos los dioses del universo. La comedia no falta, ya sea en el personaje del arrogante Zeus (un ridiculísimo Russell Crowe con barriga, faldita y un acento extranjero); en el ya conocido Korg que interpreta el propio Waititi; en las cabras que obsequian a Thor (que gritan como las de los videos virales de cabras que gritan) o los cameos de Matt Damon, Melissa McCarthy y Sam Neil. Algunos detalles son muy buenos como la estética fantasiosa ochentera (también evidente en las canciones y en los créditos), el fragmento en blanco y negro, o el papel de los niños asgardianos.

Zeus, por supuesto, rodeado de bellas jóvenes

Se intentan insertar conflictos, como dije, más serios, y es ahí donde la película no termina de cuajar. Jane tiene un cáncer avanzado que es lo que la lleva a buscar salud en Asgard y encuentra su llamado como portadora del mítico martillo Mjölnir. Por su parte, el villano Gorr (interpretado nada menos que por Christian Bale, un camaleón de la pantalla) es un fanático religioso traicionado por sus dioses que, en venganza, decide eliminarlos a todos (con una espada que se lo permite). Irónicamente, en un universo repleto de dioses, se concluye que tener un sentido religioso es de gente ilusa, aunque el mensaje es que la verdadera fuerza es el amor: cómo se entienda eso es otra cosa, pero al menos los valores universales siguen siendo los de los finales felices.

Christian Bale aceptó estar de nuevo en una película de superhéroes por insistencia de sus hijos

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Taika Waititi
GUION Taika Waititi y Jennifer Kaytin Robinson
FOTOGRAFÍA Barry Idoine
MÚSICA Michael Giacchino y Nami Melumad
REPARTO Chris Hemsworth, Natalie Portman, Christian Bale, Tessa Thompson, Taika Waititi, Russell Crowe

El hoyo en la cerca

Miedo al otro

Una de las características más evidentes y problemáticas de la sociedad mexicana son las diferencias sociales, que han generado en muchos ámbitos un clasismo y racismo profundo y sistémico. El cineasta Joaquín del Paso busca abordar ese tema en su segundo largometraje, El hoyo en la cerca, y lo hace con una trama en la que un grupo de adolescentes mexicanos adinerados acuden a un campamento con cariz religioso en el que los organizadores los inducen a temer al otro —los pobladores de las zonas rurales aledañas al campamento— para así reforzar a la élite y protegerla.

No los típicos niños mexicanos, sí un grupo social muy marcado

El retrato que hace Del Paso es por un lado muy real y por otro muy falso. Es muy real porque se ve que el cineasta conoce ese mundo por experiencia propia y lo retrata a detalle: el modo de relacionarse de adolescentes de esa edad y contexto, el bullying, los insultos al alumno becado (el único moreno, llamativamente distinto al resto), los modos de hablar y de vestir de los profesores, los rezos en común, la labor social que regala prendas en desuso a unos pobres agradecidos. Sin embargo, se siente falso en las motivaciones de los personajes, y en distintas tramas —es una cinta coral— que se pierden sin resolverse. Hay una inquietud constante, muy lograda por la música y porque se intuye que algo anda mal, si bien nunca se desvela ni concluye nada y todo queda en un conjunto de episodios finalmente inconexos.

La amenaza externa es un motivo continuo, tanto narrativa como formalmente

La trama sigue por un lado a uno de los niños que es bueno y quiere ayudar, aunque el sistema y los acontecimientos hacen de él otra víctima. Otro niño que aparentemente sufre algún abuso —la cinta nunca es clara en lo que pasa realmente, una sutileza que se agradece aunque confunde— y decide huir, y será quien tenga un final trágico aunque tampoco explicado. No está claro el punto de vista que se quiere mostrar, si el de los niños o los profesores, el de los niños víctimas o el de los niños hostiles. Y luego todo deviene en un frenesí a lo El señor de las moscas, pero sin haber estado debidamente sembrado. Si bien visualmente tiene una factura excelente, y un tempo adecuado de suspense que intriga y promete, en su afán por denunciar una situación social a toda costa pierde el norte.

Pintados, los niños se sienten guerreros

La crítica está muy clara, con la metáfora un poco tosca del hoyo en la cerca, que representa una grieta hacia la clase privilegiada que quiere aislarse de lo externo y hacerse fuerte. El lugar del campamento se llama Los Pinos, como la residencia presidencial en México hoy asociada a los presidentes «neoliberales», y los niños se apellidan como esos mismos presidentes: Salinas, Peña… La religión se muestra como algo superficial y nocivo, de algún modo misterioso relacionado con el poder y la clase alta. Una frase advierte a la llegada de los alumnos: “Todo lo que no te lleva a Dios es un estorbo –arrójalo y tíralo”. Si bien nunca queda claro cómo es que eso, igual que los rezos colectivos (supuestamente el rosario y la Misa) conectan con el mensaje de poder y elitismo que se muestra como evidente, al menos para los profesores. Claramente Joaquín Del Paso —quien sale en la película como el papá de uno de los campamentistas, que a su vez asistió de joven— fue uno de esos niños, que ahora quiere denunciar esos ambientes, pero que tampoco entiende la motivación, buena o mala, de sus personajes (los profesores en este caso) y los muestra incomprensibles y extraños.

Los profesores, casi todos extranjeros, personajes malvados sin motivación clara

Un problema clásico de algunos guiones es que el objetivo de plasmar un mensaje sea más fuerte que la necesidad de contar una historia concreta. Así sucede aquí y además cabe preguntarse que si esta denuncia quiere señalar algo, a quién se lo está señalando. No parece que a las clases desfavorecidas, que no figuran en la película (el personaje del «becado» es otro que parece que se va a desarrollar… y no). Tampoco a estas élites católicas, porque no hay hacia dónde reflexionar, no hay catarsis ni personajes que aprendan algo para que lo aprenda el público con ellos. En ese sentido, cae en el mismo error que Nuevo Orden, de Michel Franco, con la que tiene varias similitudes en su supuesta denuncia social. Parece pues que el objetivo es generar odio y miedo sin mayores reflexiones ni explicaciones. Si esa es la propuesta, tanto social como artísticamente, no convence en lo absoluto.

(2021) México-Polonia
DIRECCIÓN Joaquín del Paso
GUION Lucy Pawlak y Joaquín del Paso
FOTOGRAFÍA Alfonso Herrera Salcedo
MÚSICA Kyle Dixon y Michael Stein
REPARTO Enrique Lascurain, Jacek Poniedzialek, Lucciano Kurti, Valeria Lamm, Yubáh Ortega Iker Fernández, Erik David Walker, Raúl Vasconcelos, Takahiro Murokawa

Todo en todas partes al mismo tiempo

Lo que queremos ver en un cine (o donde sea)

Las grandes películas son entretenidas pero a la vez profundas. Específicas pero universales. Así, con buena dosis de originalidad y sátira, es este segundo largometraje de los Daniels, Daniel Kwan y Daniel Scheinert, cineastas autodidactas que experimentaron mucho con los géneros breves de videoclip y cortometraje —lo cual es el mejor modo de aprender— antes de sorprender en 2016 con Swiss Army Man, que reseñamos en esta página. Esta vez mantienen su gran atractivo visual con una trama que mezcla, de un modo original, los que por otro lado son los principales temas que vemos en cine últimamente: un conflicto generacional intrafamiliar y, claro, el multiverso. Con ello logran la mejor película del año hasta ahora.

Un cine que se exige en innovar visualmente

La trama sigue a unos personajes muy normales y aparentemente poco proclives a aventuras cinematográficas: una familia china inmigrante en Estados Unidos que debe poner en orden las facturas de su negocio de lavandería. La protagonista es Evelyn, la madre, a quien se le revela la existencia del multiverso —una variedad de universos en los que otras versiones de ella misma viven variaciones de su vida si hubiera tomado decisiones distintas— y la necesidad de que ella adopte habilidades de esas otras versiones para salvar al multiverso. A partir de ahí se explota la acción, la comedia y las muchas referencias cinematográficas, unas más obvias (Matrix o 2001: Odisea del Espacio), otras menos (Paprika); unas más dramáticas (el cine de Won Kar-Wai en general) y otras de risa loca (Ratatouille).

El multiverso abre muchas posibilidades de diseño de producción y de vestuario

El de los Daniels se ha catalogado como cine maximalista (corriente reaccionaria al minimalismo) y ciertamente lo es. El excelente diseño de producción de Jason Kisvarday carga todo de detalles, hace de cada rincón un lugar especial y un manjar a los ojos en su cotidianidad, lo cual es recogido en cada universo por la cámara de Larkin Seiple. Muy destacables son los efectos especiales, característicos de los Daniels por su plasticidad y su realismo visual a la vez que absurdo: trabajan con un equipo de solo cinco personas que llevan a cabo todo los efectos, la mayoría de ellos no generados con computadora sino hechos con trucos reales y juegos de cámara.

El reparto más sorprendente, por inesperado

El reparto también fue un riesgo, y uno que se agradece mucho. Michelle Yeoh es una estrella, pero no una que esperábamos que a sus 60 años hiciera una cinta donde fuera una heroína de acción. Desde luego esto es un nuevo pico, quizá el más alto, de su carrera. Ke Huy Quan, actor infantil en Los Goonies, desde entonces desaparecido y convertido en experto en secuencias de acción, recibe la oportunidad de su vida al interpretar al inútil pero noble Waymond, el esposo de Evelyn. Stephanie Hsu se luce con el rol de la hija, con el giro más sorprendente, y el veterano James Hong también cumple a la maravilla. Ahora bien, ver a Jamie Lee Curtis como una fastidiosa burócrata capaz de convertirse en luchadora ya es más de lo que podíamos pedir.

Cuando crees que lo has visto todo. Una pelea entre las sesentonas Jamie Lee Curtis y Michelle Yeoh

No hay duda de que quienes hicieron esta película lo pasaron muy bien haciéndola. Y uno lo pasa muy bien viéndola. Escuchar las risas o contener el aliento en una sala de cine es una experiencia colectiva por la que el cine debe existir, y por suerte aún hay cintas que lo brindan. La productora A24 sigue apostando por cine muy original y en este caso su éxito se vio confirmado en taquilla, ya se verá si en premios. La cinta también es muy clásica en su estructura (por algo funciona) y entre tanta violencia y complejidad cósmica (es una metáfora de nuestras mentes digitales tras internet, según afirman los directores) porta también varios valiosos mensajes. Por ejemplo: «Sé amable, especialmente cuando no sepas qué esta ocurriendo».

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Daniel Kwan y Daniel Scheinert
FOTOGRAFÍA Larkin Seiple
MÚSICA Son Lux: Rafiq Bhatia, Ian Chang, y Ryan Lott
REPARTO Michelle Yeoh, Ke Huy Quan, Stephanie Hsu, Jamie Lee Curtis, James Hong

Lightyear

Pereza infinita… y más allá

En la ya familiar falta de apuesta por planteamientos originales por parte de la casa Disney, ahora el spin-off le tocó a Toy Story nada menos que con la que se pretende haya sido la película original en la que se inspiró el juguete del astronauta Buzz Lightyear. Se trata de una producción de Disney con Pixar, lo que en tiempos de John Lasseter significaba una altísima calidad en la animación y en el guion. Y ciertamente la animación cada vez es más impresionante —algo que se agradece y no hay que dar por supuesto— pero la historia y los personajes de Lightyear son más oscuros y con un conflicto menos atractivo, y no se diga para un público infantil a quien se supone que va dirigida la cinta especialmente (Andy incluido).

El diseño visual del personaje es, eso sí, impecable

Y es que el conflicto inicial del obsesivo guardián espacial Buzz Lightyear es conseguir la fusión cristálica para lograr la hipervelocidad que permita a una colonia humana abandonar un planeta hostil. Exacto, pero hay más. Tan solo en el primer acto de la película transcurren 84 años (hice mis cuentas) mismos en los que Buzz no envejece más que unos días puesto que se encuentra haciendo continuos intentos viajes jugando con la velocidad, con una necedad cósmica que deja perplejo. Soy de letras, pero a mí me costó entender la física del asunto, espero que a los niños no tanto. Como su contraparte en juguete, el protagonista está obsesionado con hacer las cosas bien y cumplir su misión, con una personalidad parecida a la del envarado Capitán América interpretado en incontables películas por Chris Evans, que aquí da voz a Lightyear.

Alisha Hawthorne vive su vida, envejece y muere en los primeros 30 minutos

Y para que este conflicto funcione hay que empatizar con la antigua compañera de Buzz, la comandante Alisha Hawthorne, quien ni siquiera le importó lo suficiente al protagonista como para calcular que con un par de sus viajes supersónicos ya no la iba a alcanzar con vida, como pasó. En el ínter, la buena mujer se casó, tuvo un hijo (de quien no sabemos quién es el padre, lo cual no es importante para la trama, sí lo es que se casa con una mujer y supongo que embarazarse en un supuesto así también lo hace posible la fusión cristálica o algo de eso). Ese hijo a su vez tuvo una hija que, ya mayor, será la compañera de Buzz el resto del filme. El resto del «equipo» está conformado por dos de los personajes menos atractivos que ha hecho Pixar, una anciana ex convicta y un hombre de quien lo único que conocemos es su torpeza supina, y que básicamente son calcos en animación de los actores que les dan voz, Dale Soules y Taika Waititi, respectivamente (busque usted sus fotos en internet si no los conoce y compruébelo). El conjunto solo lo salva el gato robot Sox, un adorable droide de comentarios cerebrales y lleno de convenientes deus ex machina que es el único que aporta algo a la misión más allá de buenos sentimientos.

El escuadrón al completo

La continua acción puede ser entretenida, así como algunos guiños simpáticos al personaje en la original Toy Story, pero tanto el escenario como los conflictos son oscuros y un tanto complejos, más propios de un público adulto, con resonancias de Interestellar y de Gravity. Un Buzz que no se resigna a que ya es muy tarde para salvar a una comunidad que ya no quiere ser salvada porque lleva tres generaciones viviendo en ese planeta gris, horrible, lleno de insectos y plantas asesinas. La revelación del conflicto principal y del villano ya ni la cuento, pero sí es más digna de psicoanálisis que de una gesta heroica espacial. Incluso visualmente todo es gris, todo es oscuro.

Increíbles diseños de naves y equipo espacial, a caballo entre los juguetes y la ciencia ficción

Disney dirá que el fracaso de esta cinta (se dio un batacazo en taquilla y es la cinta de Pixar peor evaluada en IMDB) se debe a la polémica por incluir a una familia LGBT. Desde luego no fue la mejor estrategia con un asunto que no aportaba nada a la historia y que hizo que la cinta incluso se prohibiera en varios países de Asia, pero en fin, supongo que la ideología va primero. No creo que Andy hubiera visto esta cinta en 1995, ni que le hubiera gustado y menos que hubiera pedido en su cumpleaños el juguete. El famoso beso, de verdad que es lo de menos.

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Angus MacLane
GUION Angus MacLane, Matthew Aldrich, Jason Headley
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO (voces) Chris Evans, Keke Palmer, Peter Sohn, Taika Waititi, Dale Soules, James Brolin, Uzo Aduba

El milagro del Padre Stu

Encontrando el rumbo

Esta película cuenta la historia real de Stuart Long, un hombre apasionado que pasó del boxeo amateur a la actuación amateur para luego convertirse al catolicismo para poder salir con una chica católica y finalmente decidirse a ser sacerdote católico antes de padecer una grave enfermedad. Desde luego una vida interesante, pero llena de retos para ser llevada a la pantalla. Por un lado, por la cantidad de cosas que pasaron en la vida de este hombre, difíciles de condensar de un modo fluido en un largometraje de dos horas; por otro lado, la centralidad de un conflicto espiritual, siempre difícil de contar con imágenes; por no obviar que puede convertirse en una «película católica», que busque convencer de un mensaje más que contar una historia. Pero una serie de buenas decisiones la hace salir airosa de todos esos escollos.

La simpatía de Mark Whalberg se gana a la audiencia desde el inicio

La cinta es el primer largometraje de Rosalind Ross, quien lo escribe y lo dirige. Sin quitarle mérito, Ross es la actual pareja de Mel Gibson, quien también figura en la cinta y además de ser un gran actor (uno de los más grandes hace un par de décadas) se ha convertido en una de las figuras católicas más importantes de Hollywood (entre otras famas no positivas). Otra figura similar es Mark Wahlberg, un actor católico que no necesariamente se involucra en proyectos de esta temática, pero que en este caso se metió hasta las cejas: es también productor de la cinta, que terminó por solventar desde su bolsillo, y al protagonizarla es sin duda el principal gancho y, todo sea dicho, la principal virtud de la cinta. A pesar de esta clara intención positiva (y del pésimo título que se le puso en español), no es una película «católica» o moralizante, los personajes no son ejemplares, dicen malas palabras, hay mucho humor también con los asuntos religiosos y eso junto con la historia y la excelente selección de música country ayudan a hacerla una buena película y muy normal (amén de la sobreabundancia de planos cerrados de los personajes, una decisión de fotografía que llega a ser cansada).

El fracaso de la figura paterna del protagonista es uno de los temas centrales de la cinta

Mark Wahlberg demuestra el tremendo actor que es a varios registros en una película que gira en torno a él y se lo pone en bandeja, y que bien le valdría una nominación al Oscar si no fuera por la temática de esta película tan poco afín a los gustos de la Academia. Mel Gibson y Jacki Weaver también están a la altura de sus trayectorias como los padres de Stu, ateos, separados y extrañadísimos de la decisión de su hijo. La mexicana Teresa Ruiz aguanta el tipo en un reparto de esta altura que hasta incluye al ícono del cine Malcolm McDowell como el rector del seminario. En fin, un buen ejemplo de cómo se puede hacer cine que aborde estos temas sin ser mojigato, siendo entreteniendo y con personalidad, con la historia potente de un hombre que también encontró su rumbo con Dios sin perder su personalidad.

La película resalta la «buena taquilla» de un sacerdote sincero y simpático

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Rosalind Ross
FOTOGRAFÍA Jacques Jouffret
MÚSICA Dickon Hinchliffe
REPARTO Mark Wahlberg, Mel Gibson, Jacki Weaver, Teresa Ruiz, Malcolm McDowell

The Northman

Mito y violencia

Antes de Hamlet estuvo Amleth. La leyenda escandinava del joven príncipe que debe vengar a su padre el rey, asesinado por el tío que se queda con el reino y con la madre, en la cual se basó Shakespeare para su archiconocida obra. Es esta leyenda la que retoma este proyecto de Robert Eggers que mantiene la línea estética y de género de sus dos primeros largometrajes: La bruja y El faro. Cuenta la historia de Amleth quien de niño huye cuando su tío asesina a su padre y que, tras criarse con unos fieros guerreros, buscará volver para vengarse. De paso, abre una puerta a varias figuras importantes del cine escandinavo: el escritor islandés Sjón (Bailando en la oscuridad, Lamb) escribe el guion junto con Eggers, y protagonizan Alexander Skarsgård (también productor de la cinta y proveniente de la familia sueca de actores más conocida de Hollywood: su padre fue el villano en la reciente Dune, entre otros papeles, y su hermano es el payaso Pennywise de las nuevas It), el danés Claes Bang (The Square) y hasta la islandesa Björk, además de actores consentidos de Eggers como Anya Taylor-Joy y Willem Dafoe, a quienes se suman Nicole Kidman e Ethan Hawke. Nada menos.

La violencia de la cinta es naturalista a pesar de estar en un contexto mítico

El conjunto es una cinta visualmente notable, a ratos predecible pero también bastante desconcertante en muchos puntos (basta conocer las otras cintas de Eggers para saber que eso es una constante suya). Esto último no es un demérito, sino que hace a la película original y no solo una versión de Hamlet o de El Rey León al estilo de la serie Vikingos. Por el contrario, muchas veces se siente como un estudio antropológico de esa era, a la cual se acerca con apertura y sin querer imponer cánones actuales, más bien nos presenta un mundo pagano pero de profundas creencias religiosas, donde se cree en rituales, espíritus, oráculos, brujos, brujas y demonios. Varias secuencias se detienen en estos aspectos, por otro lado muy bien documentados, que tampoco son del todo necesarios para la trama. La música y la fotografía son excelentes, aunque en servicio de esta visión ya mencionada, a caballo entre la investigación antropológica, la recreación mitológica (esa secuencia de la valquiria) y la abundante, cruda y desenfrenada violencia. Las referencias cinematográficas van desde la rusa Ven y mira hasta Conan y el cine de Lars Von Trier. Una experiencia cinematográfica interesante, mientras uno no espere una película convencional.

Es la tercera participación en cine de la cantante islandesa Björk a lo largo de 22 años

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Robert Eggers
GUION Sjón & Robert Eggers
FOTOGRAFÍA Jarin Blaschke
MÚSICA Robin Carolan & Seb Gainsborough
REPARTO Alexander Skarsgård, Anya Taylor-Joy, Nicole Kidman, Ethan Hawke, Claes Bang, Willem Dafoe, Björk, Gustav Lindh

CODA

Auténtica inclusión

CODA son las siglas de «Child Of Deaf Adults», hijo o hija de adultos sordos, una categoría no obvia pero central para quien tiene el reto de ser una persona que puede escuchar pero que crece en un ambiente adaptado a personas sordas. Ruby (Emilia Jones) ha crecido en un ambiente así, al ser sordos sus padres y su hermano mayor. En el colegio se metían con ella de chica, pues no sabía modular su voz y «hablaba como los sordos». Con el tiempo se convirtió en intérprete entre su familia y el resto de la comunidad en el pequeño pueblo pesquero en que viven, un rol cada vez más imprescindible en su dinámica familiar y que impide que Ruby persiga su verdadero sueño que su familia jamás podrá apreciar: ser cantante. Y es que «coda» también significa «adición brillante al período final de una pieza de música».

La vida cotidiana con unos padres sordos, a los que hasta al médico hay que acompañar, refleja los retos de unos y otros

Estamos ante el remake de una película francesa que enmienda algunas críticas que recibió aquella respecto a la inclusión. Así, en esta versión la directora Sian Heder solo contrató a actores sordos para interpretar a los personajes sordos, lo cual además de haber sido un reto tiene un efecto que se siente auténtico y armónico. Al tratarse de una comedia con un mensaje positivo, los conflictos a partir de la discapacidad auditiva de varios de los personajes se tratan con franqueza y con bastante humor, a pesar de no reducir el drama que estos implican. Una película agradable y positiva pero no sobresaliente cuya nominación al Oscar a Mejor película solo se entiende al considerar los estándares que la Academia adoptó recientemente sobre dar peso a la inclusión de minorías en las películas que opten a esa categoría.

El público latino reconocerá al cómico mexicano Eugenio Derbez en un papel central que también rompe estereotipos

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Sian Heder
FOTOGRAFÍA Paula Huidobro
MÚSICA Marius De Vries
REPARTO Emilia Jones, Troy Kotsur, Marlee Matlin, Daniel Durant, Ferdia Walsh-Peelo, Eugenio Derbez

Drive My Car

Las heridas de la vida

Película japonesa que ha arrasado con todos los premios principales como película extranjera, además del premio de guion así como del jurado ecuménico en el Festival de Cannes. Nominada al Oscar a Mejor película además de a Mejor película extranjera, que es una moda que ha adquirido la Academia para elegir una favorita entre las películas extranjeras de antemano. En todo caso algo bien merecido, si bien se trata de una cinta minimalista, con poca acción y de un ritmo lento (los créditos iniciales aparecen nada menos que a los 40 minutos, dentro de las tres horas de duración) y muy contemplativo, en el que los procesos trágicos van por dentro y casi no afloran, algo muy en sintonía con la cultura japonesa.

En nuestras sociedades individualistas a veces la única conexión posible surge de la necesidad del trayecto

El protagonista, Yûsuke Kafuku, es un talentoso director teatral que perdió a su esposa tras descubrir un terrible secreto. Kakufu es contratado para montar una obra de teatro en otra ciudad, pero su proceso creativo y ritual de repasar sus líneas en los largos trayectos en automóvil se ve alterado cuando los productores lo obligan a tener un chofer: una joven discreta que carga también con sus propias heridas.

La película se toma su tiempo para mojar lentamente, como la humedad

La cinta es una bella armonización de intertextos, por un lado el relato corto del eterno-casi-Premio-Nobel japonés Haruki Murakami, de donde procede el título y la trama pero que la cinta amplía por mucho. Por otro, la mítica obra teatral de Antón Chéjov, Tío Vanya, que es la pieza que los personajes están montando y que se recomienda conocer para entender la película a fondo. Dentro de la historia, el personaje de Kakufu invita a sus actores a fundirse con el texto lentamente, como él mismo hace, a pesar del dolor que eso le implica, y como de algún modo el director Ryûsuke Hamaguchi pretende que hagamos también nosotros como espectadores, hasta alcanzar la deseada catarsis de sanación junto a sus personajes. La espera vale la pena.

El teatro en el cine: la cinta apela al público culto a través de un protagonista culto también

(2021) Japón
DIRECCIÓN Ryûsuke Hamaguchi
GUION Ryûsuke Hamaguchi y Takamasa Oe a partir del relato corto de Haruki Murakami
FOTOGRAFÍA Hidetoshi Shinomiya
MÚSICA Eiko Ishibashi
REPARTO Hidetoshi Nishijima, Tôko Miura, Toshiaki Inomata, Reika Kirishima, Park Yu-rim, Jin Dae-yeon