CODA

Auténtica inclusión

CODA son las siglas de «Child Of Deaf Adults», hijo o hija de adultos sordos, una categoría no obvia pero central para quien tiene el reto de ser una persona que puede escuchar pero que crece en un ambiente adaptado a personas sordas. Ruby (Emilia Jones) ha crecido en un ambiente así, al ser sordos sus padres y su hermano mayor. En el colegio se metían con ella de chica, pues no sabía modular su voz y «hablaba como los sordos». Con el tiempo se convirtió en intérprete entre su familia y el resto de la comunidad en el pequeño pueblo pesquero en que viven, un rol cada vez más imprescindible en su dinámica familiar y que impide que Ruby persiga su verdadero sueño que su familia jamás podrá apreciar: ser cantante. Y es que «coda» también significa «adición brillante al período final de una pieza de música».

La vida cotidiana con unos padres sordos, a los que hasta al médico hay que acompañar, refleja los retos de unos y otros

Estamos ante el remake de una película francesa que enmienda algunas críticas que recibió aquella respecto a la inclusión. Así, en esta versión la directora Sian Heder solo contrató a actores sordos para interpretar a los personajes sordos, lo cual además de haber sido un reto tiene un efecto que se siente auténtico y armónico. Al tratarse de una comedia con un mensaje positivo, los conflictos a partir de la discapacidad auditiva de varios de los personajes se tratan con franqueza y con bastante humor, a pesar de no reducir el drama que estos implican. Una película agradable y positiva pero no sobresaliente cuya nominación al Oscar a Mejor película solo se entiende al considerar los estándares que la Academia adoptó recientemente sobre dar peso a la inclusión de minorías en las películas que opten a esa categoría.

El público latino reconocerá al cómico mexicano Eugenio Derbez en un papel central que también rompe estereotipos

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Sian Heder
FOTOGRAFÍA Paula Huidobro
MÚSICA Marius De Vries
REPARTO Emilia Jones, Troy Kotsur, Marlee Matlin, Daniel Durant, Ferdia Walsh-Peelo, Eugenio Derbez

Drive My Car

Las heridas de la vida

Película japonesa que ha arrasado con todos los premios principales como película extranjera, además del premio de guion así como del jurado ecuménico en el Festival de Cannes. Nominada al Oscar a Mejor película además de a Mejor película extranjera, que es una moda que ha adquirido la Academia para elegir una favorita entre las películas extranjeras de antemano. En todo caso algo bien merecido, si bien se trata de una cinta minimalista, con poca acción y de un ritmo lento (los créditos iniciales aparecen nada menos que a los 40 minutos, dentro de las tres horas de duración) y muy contemplativo, en el que los procesos trágicos van por dentro y casi no afloran, algo muy en sintonía con la cultura japonesa.

En nuestras sociedades individualistas a veces la única conexión posible surge de la necesidad del trayecto

El protagonista, Yûsuke Kafuku, es un talentoso director teatral que perdió a su esposa tras descubrir un terrible secreto. Kakufu es contratado para montar una obra de teatro en otra ciudad, pero su proceso creativo y ritual de repasar sus líneas en los largos trayectos en automóvil se ve alterado cuando los productores lo obligan a tener un chofer: una joven discreta que carga también con sus propias heridas.

La película se toma su tiempo para mojar lentamente, como la humedad

La cinta es una bella armonización de intertextos, por un lado el relato corto del eterno-casi-Premio-Nobel japonés Haruki Murakami, de donde procede el título y la trama pero que la cinta amplía por mucho. Por otro, la mítica obra teatral de Antón Chéjov, Tío Vanya, que es la pieza que los personajes están montando y que se recomienda conocer para entender la película a fondo. Dentro de la historia, el personaje de Kakufu invita a sus actores a fundirse con el texto lentamente, como él mismo hace, a pesar del dolor que eso le implica, y como de algún modo el director Ryûsuke Hamaguchi pretende que hagamos también nosotros como espectadores, hasta alcanzar la deseada catarsis de sanación junto a sus personajes. La espera vale la pena.

El teatro en el cine: la cinta apela al público culto a través de un protagonista culto también

(2021) Japón
DIRECCIÓN Ryûsuke Hamaguchi
GUION Ryûsuke Hamaguchi y Takamasa Oe a partir del relato corto de Haruki Murakami
FOTOGRAFÍA Hidetoshi Shinomiya
MÚSICA Eiko Ishibashi
REPARTO Hidetoshi Nishijima, Tôko Miura, Toshiaki Inomata, Reika Kirishima, Park Yu-rim, Jin Dae-yeon

Belfast

El prisma de la infancia

No es ningún secreto que cuando Kenneth Branagh vio Roma de Alfonso Cuarón quiso hacer algo semejante. Una película que fuera en cierto modo autobiográfica, partiendo de sus recuerdos de infancia. Branagh es un actor bien conocido (muchos lo ubicarán por ser el rostro del vanidoso Gilderoy Lockhart en la segunda película de Harry Potter, o más recientemente el del detective Hercule Poirot) y un director prolífico: desde sus múltiples adaptaciones cinematográficas de Shakespeare (con quien está obsesionado) hasta películas de Disney como La Cenicienta, de Marvel como la primera Thor, o las recientes adaptaciones de novelas de Agatha Christie, Asesinato en el Oriente Express y Muerte en el Nilo, entre otras. Branagh pasó los primeros 9 años de su vida en su natal Belfast, de donde salió con su familia a causa del conflicto violento entre protestantes y católicos que peleaban por la independencia de Irlanda del Norte respecto del Reino Unido, un conflicto muy fecundo cinematográficamente.

El joven protagonista y su temprano amor por el cine

Como en toda película, aquí es decisivo el punto de vista. Branagh no centra su filme en el complejo problema político-social, ni toma una visión ajena como la de la protagonista de Roma. Belfast está contada desde los ojos de la infancia. Ahí resulta crucial la interpretación del pequeño Jude Hill, de 11 años, a quien sigue la película y que muestra muy bien las ilusiones, dudas y miedos de un niño de su edad. Los demás personajes son naturalmente mostrados con cierta admiración y nostalgia: la madre fuerte sufriente (Caitriona Balfe), el padre valeroso y de convicciones firmes (Jamie Dornan), la abuela sabia y dulce (Judi Dench) y el abuelo socarrón pero profundo (Ciarán Hinds). En ese sentido es cercana a Minari, nominada el año anterior.

Unos padres jóvenes y enamorados

La cinta es en blanco y negro, lo cual le da una estética particular y refuerza la intención nostálgica. Momentos específicos de color hacen resaltar aspectos como la impresión del niño protagonista frente al cine, aunque su inclusión en el arranque con tomas de la Belfast actual le dan un aire de anuncio de agencia de viajes. Las múltiples canciones del también norirlandés Van Morrison subrayan el patriotismo que transpira toda la cinta, y dan un toque alegre y ligero a los acontecimientos que suceden en un entorno tan conflictivo. En fin, el conjunto es una película bella y con valores familiares, mirada desde unos ojos infantiles que aún no han sido manchados.

Abuelos nominados: la octava nominación al Oscar de Judi Dench (87 años) y la primera de Ciarán Hinds (69 años)

(2021) Reino Unido
DIRECCIÓN Y GUION Kenneth Branagh
FOTOGRAFÍA Haris Zambarloukos
REPARTO Jude Hill, Caitriona Balfe, Jamie Dornan, Judi Dench, Ciarán Hinds, Lewis McAskie

Licorice Pizza

Cosas de juventud

Este es el noveno largometraje —como las sinfonías— de Paul Thomas Anderson. PTA es uno de los cineastas vivos más importantes: sus 11 nominaciones al Oscar lo respaldan, si bien no está claro que algún día le den uno, por no ser un hombre que siga la agenda social del momento (a la que juega la Academia) sino nada más —y nada menos— que un hombre de Cine. Sí, en este caso con mayúscula. Sus películas, filmadas siempre en celuloide, tienen ese aire clásico de cuando el «Nuevo Hollywood» era nuevo, con directores como Francis Ford Coppola o Martin Scorsese. Sus guiones, siempre de su autoría, no siguen la estructura narrativa clásica, ni falta que les hace. PTA se recrea en detalles, en momentos sublimes, en personajes únicos.

Este director tiene la capacidad de convertir a personas reales en personajes cinematográficos

Licorice Pizza es la obra más personal del director. Como Alfonso Cuarón en Roma, Tarantino en Once Upon a Time… in Hollywood o este año Kenneth Branagh en Belfast, PTA toma como referencia su memoria y juventud y nos lleva de viaje al Valle de San Fernando, en California, en el verano de 1973, donde transcurrió su adolescencia. Y nos cuenta la historia de cómo un adolescente se enamora de una chica mayor que él, en una trama episódica, sin especiales transformaciones ni especiales conclusiones. También es personal por la implicación suya y del equipo: PTA dirige, escribe y hace la dirección de fotografía (compartiendo el crédito con su ayudante Michael Bauman). Los protagonistas son dos debutantes que el propio director convenció para actuar: Cooper Hoffman es el hijo del difunto Philip Seymour Hoffman, tremendo actor y amigo personal de PTA; y Alana Haim es la hija de una familia amiga del director desde su infancia (la madre fue su profesora) a quien ha dirigido en algunos videos musicales de su banda, y por cierto actúa toda la familia representándose a ellos mismos en pantalla.

La película resuma cariño hacia el californiano valle de San Fernando, donde fue filmada y donde transcurre la acción

Las referencias cinematográficas son constantes y abundantes. En primer lugar dentro de la propia historia: Sean Penn interpreta a Jack Holden, referencia al actor William Holden que efectivamente en esos años vivía de su fama y haciendo desplantes temerarios como el de su episodio en la película; Bradley Cooper es Jon Peters, productor y novio entonces de Barbra Streisand, que parece que tampoco era tan distinto al estrambótico retrato que de él se hace en una de las mejores secuencias del filme. Son algunas de las muchas figuras reales que salen en la película, como el político Joel Wachs interpretado por el cineasta Ben Safdie. Las referencias también son en el estilo y la trama, desde a American Graffiti (ópera prima de George Lucas que se estrenó justo en el verano de 1973 y que es homenajeada hasta en el formato de los créditos iniciales) hasta Taxi Driver, cuando la protagonista trabaja en una campaña política y es aparentemente acosada por un hombre misterioso. Las referencias son también externas y para conocedores de la escena angelina: uno pestañea y se pierde un cameo de John C. Reilly disfrazado de Frankenstein, o del papá de Leonardo DiCaprio, George DiCaprio, vendiendo camas de agua.

La interpretación demencial de Bradley Cooper es de lo más divertido de la cinta

«Licorice pizza», literalmente «pizza de regaliz», es como la gente joven llamaban a los discos de vinilo en esa época, por su forma y textura. Es un título que hace referencia a una época y a una generación. Pudo haberse llamado «Soggy Bottom» (el nombre de la empresa de camas de agua del protagonista, que incluso fue uno de los títulos de trabajo de la producción) o «Pinball Palace», otro de sus emprendimientos hacia el final de la cinta. El traslado a esa época de los primeros 1970’s se vuelve definitivo con el excelente soundtrack, que incluye a Nina Simone, The Doors, Paul McCartney o David Bowie, entre otros, completado convenientemente por la música original de Jonny Greenwood, el miembro de Radiohead que ha hecho la música de la mayoría de cintas de PTA y este año también la de El poder del perro, que le valió su segunda nominación al Oscar. En fin, una cinta que confirma una máxima del séptimo arte: que cuando algo personal —incluso muy personal— está bien hecho por un artista se convierte en algo universal, que mucha gente puede apreciar y disfrutar. Finalmente todos hemos sido jóvenes.

Con las actuaciones de varios adolescentes, la película es una oda a la juventud

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Paul Thomas Anderson
FOTOGRAFÍA Paul Thomas Anderson y Michael Bauman
MÚSICA Jonny Greenwood
REPARTO Cooper Hoffman, Alana Haim, Sean Penn, Bradley Cooper, Ben Safdie, Skyler Gisondo, Mary Elizabeth Ellis, John Michael Higgins, Harriet Hansom Harris, Christine Ebersole, Tom Waits, Nate Mann, Joseph Cross

West Side Story

El clásico vuelve a bailar

Qué arriesgado es hacer un remake de un clásico, y más queriendo mantener todos sus elementos principales —en este caso, la música inmortal de uno de los mejores musicales jamás hechos— e incluso haciendo referencia explícita a la película original. Ahora, si eres Steven Spielberg la cosa cambia bastante. El icónico director es un auténtico fan de West Side Story desde su niñez, y acariciaba el sueño de alguna vez hacer él esa película. Finalmente lo hizo y el resultado es sorprendente, pues no es una actualización de la película original 60 años después, sino que la hizo con todo amor a ese clásico y con los medios disponibles hoy, logrando algo que, por polémico que sea decirlo, en conjunto es mejor que la película original.

Técnicamente impecable, como comprueban sus nominaciones a Mejor fotografía, diseño de producción y vestuario

Es sabido que la historia parte de Romeo y Julieta de Shakespeare: el amor súbito entre dos adolescentes pertenecientes a dos bandos enemistados, familias rivales en la obra isabelina, y en el musical grupos sociales opuestos en el Nueva York de los años 50. Tony es uno de los fundadores de una banda de chicos caucásicos, los Jets, que reformado tras salir de la cárcel busca llevar una vida tranquila y ser alguien de bien, aunque su amigo Riff lo sigue llamando a tomar su lugar al frente de los Jets. María es la hermana de Bernardo, el líder de los Sharks, que representan a la comunidad puertorriqueña y enemigos a muerte de los Jets. El amor repentino entre Tony y María, que se conocen en un baile, dispara la tragedia.

Hay gran química entre los protagonistas, a pesar de la no ideal marcada diferencia de estatura

A los elementos originales del musical, la música de Leonard Bernstein y las letras de Stephen Sondheim, Spielberg aplica su talento y experiencia y la de su equipo habitual de colaboradores. Tony Kushner adaptó la historia a un guion más ágil y fresco. Janusz Kaminski desde la cinematografía emula el look de la cinta original, a la vez que se permite algunos virtuosismos con la cámara, más notables en las escenas de baile o de pelea. Spielberg le pidió al director de orquesta Gustavo Dudamel que hiciera lo propio frente a la Filarmónica de Nueva York y luego con la Filarmónica de Los Ángeles. El reparto lo conforman principalmente profesionales de Broadway, con excepción de los protagónicos en los que brillan Ansel Elgort (Baby Driver) y la revelación de Rachel Zegler como María en su primera película a partir de un casting de 30 mil chicas. Aunque se llevan la película las dos Anitas: Rita Moreno, quien interpretó a Anita (mejor amiga de María y novia de Bernardo) en 1961 y aquí hace de Valentina, un personaje que era varón (Doc) en aquella versión y Fray Lorenzo en la obra de Shakespeare, y que constituye el homenaje a la película original; y la talentosa afro-latina Ariana DeBose, a quien le preocupaba que su piel fuera demasiado oscura para el papel, y que hoy está nominada al Oscar a Mejor actriz de reparto por su espléndida interpretación.

Una de las más marcadas —y más acertadas— diferencias con el original fue trasladar el número «America» de la azotea a las calles

De paso esta versión ajusta algunas deudas sociales que la versión clásica había dejado: mientras muchos de los personajes latinos no eran tales, incluso varios de ellos siendo maquillados para verse morenos, Spielberg quiso solamente incluir actores latinos en esos papeles. Se incluyen breves diálogos en español, que a propósito no van subtitulados en inglés, con afán de hacer una película bicultural. Por otro lado, aquí sí cantan los protagonistas, mientras en aquella versión eran sustituidos con otras voces. Incluso se adapta el personaje de Anybodys, originalmente una chica que quería ser parte de los Jets y aquí un personaje transgénero interpretado por el actor no binario Iris Menas. En fin, a pesar de su lamentable fracaso en taquilla que no alcanzó ni el gasto de presupuesto (le afectó una mezcla entre el aumento de casos de covid por la variante ómicron en su estreno, y el ser seguida por Spiderman: No Way Home el siguiente fin de semana), es una película excelente dentro de su género (musical clásico) y que se sostiene en un tema tan poderoso como el enamoramiento con el telón de fondo de la enemistad social y el racismo que, tristemente, sigue siendo hoy tan actual como en 1961 o incluso más, incluso más.

Rita Moreno (Anita en el original, Valentina en este) tuvo gran parte en el proyecto, también como productora

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Steven Spielberg
GUION Tony Kushner basado en la obra teatral de Arthur Laurents
FOTOGRAFÍA Janusz Kaminski
MÚSICA Leonard Bernstein
REPARTO Ansel Elgort, Rachel Zegler, Ariana DeBose, David Alvarez, Mike Faist, Rita Moreno, Corey Stoll, Brian D’Arcy James, Josh Andrés Rivera, Iris Menas

The Batman

El héroe posmoderno

Vivimos de los mitos, esas historias que podemos ver una y otra vez, la lucha eterna entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Entre los superhéroes —nuestra mitología actual—, el hombre murciélago sigue siendo el más sugerente, quizá porque no es un superhombre con poderes especiales sino solo un hombre con pericia (y dinero), que se enfrenta a los crímenes de su ciudad. Por eso aceptamos ver su historia de nuevo, aunque la calidad de las películas anteriores establezca un estándar muy alto. La versión del director Matt Reeves (Cloverfield, Dawn of the Planet of the Apes) consigue ser original a la vez que icónica y —se dice fácil— no decepciona, sino todo lo contrario.

Batman con un aire más orgánico y algo retro. El superhéroe que evoluciona con su público

Esta versión de Batman es más oscura, se aleja del omnipresente cine de superhéroes situándose más cerca del film noir y el thriller psicológico. Busca un tono más realista, cercano al de las cintas del superhéroe dirigidas por Christopher Nolan, aunque más pesimista, más oscuro. A este estilo contribuye la fotografía de Greig Fraser, donde resalta el color rojo en la oscuridad, y la banda sonora que se permite combinar desde canciones de Nirvana hasta usar el Ave Maria de Schubert como leitmotiv, sin dejar de hacer referencia a los temas de las anteriores versiones de Batman desde esta música original de Michael Giacchino.

Al quitarse la máscara Bruce Wayne revela la pintura en sus ojos: un detalle estético y psicológico

Robert Pattinson —quien desde hace unos años ya no tiene que demostrarle a nadie que es más que un rostro bonito de Twilight— encarna a un Bruce Wayne/Batman más joven pero también más humano, más frágil y más atormentado que sus predecesores. Es, sobre todo, un detective, que debe valerse de su inteligencia para vencer al Acertijo (Paul Dano), un villano que podría ser el asesino de Se7en o de la saga Saw (está inspirado en el asesino del Zodiaco), más cercano al Joker demente de The Dark Knight (2008) y afortunadamente muy lejano del estrambótico Acertijo que interpretó Jim Carrey en Batman Forever (1995). El resto del reparto también es de primer nivel, desde el siempre excelente Jeffrey Wright como el primer Comisionado Gordon afroamericano, hasta un irreconocible Colin Farrell que con mucho maquillaje encima encarna a un Pingüino gángster.

Esta versión del Pingüino está inspirado en el Fred Corleone de El Padrino

En momentos la cinta se enreda en demasiadas explicaciones sostenidas solo por diálogos, lo que contribuye a que sus tres horas de duración puedan sentirse excesivas. También por algunos momentos que parecen conclusivos, pero aún no son el final. Por otro lado, hay secuencias de acción o tensión espectaculares, que cumplen del todo para satisfacer al público. El conjunto es una película tan entretenida como con voz propia, con secuela garantizada y que demuestra que los temas que plantea son los de siempre pero más actuales que nunca: la violencia, la corrupción y la necesidad de justicia que todos anhelamos y esperamos que llegue aunque sea envuelta en la noche.

Zoë Kravitz, amiga de Pattinson de hace tiempo, interpreta a Gatúbela con gran química entre sus personajes

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Matt Reeves
GUION Matt Reeves y Peter Craig
FOTOGRAFÍA Greig Fraser
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO Robert Pattinson, Zoë Kravitz, Paul Dano, Colin Farrell, Jeffrey Wright, Andy Serkis, John Turturro, Peter Sarsgaard

El callejón de las almas perdidas

Monstruos humanos

Unos años después de la era de la Gran depresión en Estados Unidos y unos antes de la Segunda Guerra Mundial, el joven Stanton Carlisle (Bradley Cooper) se une a un circo ambulante, en el que pronto aprende los trucos para engañar al público con supuestos poderes mentales. En el circo se enamora de su colega, la bondadosa Molly (Rooney Mara) y deciden marcharse juntos y montar un número de mentalismo en los elegantes salones de la sociedad norteamericana. Cuando Stanton conoce a la ambiciosa psicoanalista Lilith Ritter (Cate Blanchett) su alcance y su ambición empiezan a crecer y a acercarlo cada vez más al abismo.

Bradley Cooper, también productor de la cinta, acogió con entusiasmo esta interpretación

La última película de Guillermo del Toro es adaptación de una novela que a su vez había sido llevada al cine en 1947. Son conocidos los temas y géneros predilectos del cineasta mexicano, si bien en esta cinta no se adentra en el mundo de la fantasía sino que se mantiene de este lado de la realidad para criticar a los charlatanes y supuestos espiritistas —con los que lidió personalmente cuando lo contactaron para «ayudar» a localizar a su padre cuando éste fue secuestrado en México en 1998. Sin embargo, las huellas de su cine están ahí: una cinta de época y un acercamiento a un mundo mágico —en este caso, el oscuro mundo de los circos ambulantes, que se parecían más a esto que a la versión ingenua y edulcorada de The Greatest Showman— pero que pronto se torna en un retrato violento y pesimista de la naturaleza humana, de la que Del Toro tiene una visión sumamente oscura, si bien siempre rescata a un personaje en quien encarna el bien (Molly en este caso).

Pocos repartos pueden darse el lujo de que sus personajes secundarios sean interpretados por Toni Collette o Willem Dafoe

El talento del director mexicano, junto con los colaboradores que atrae su renombre, logran una cinta con manufactura de primera calidad (merecidas nominaciones de la Academia a Mejor fotografía, Diseño de producción y Vestuario, que no terminan de explicar que se le haya nominado a Mejor película igualmente). Lo mismo puede decirse de los actores, destacando Bradley Cooper a cuyo personaje se sigue toda la cinta y que sale airoso al encarnar a un protagonista despreciable, y a Cate Blanchett que se adapta al registro de su personaje y de la época hasta el punto de que uno cree estar viendo a una femme fatale de las que inauguraron ese arquetipo.

La australiana Cate Blanchett demuestra una vez más por qué es una de las mejores actrices de su generación

Sin ser tan explícita como otras de sus películas y pasándose de metraje (le sobra media hora), la cinta es entretenida. Un director que dice ser amoral plantea una película muy moral que refleja hasta dónde pueden llevar los caminos fatídicos de la ambición y recuerda que «ningún hombre puede escapar de Dios». La historia refleja cómo una sociedad sin religión termina buscando respuestas en lo más absurdo y para liberarse de sus culpas caen en manos de embusteros. El final es de antología: sorprendente pero inevitable, como deben de ser.

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Guillermo del Toro
GUION Guillermo del Toro y Kim Morgan basados en la novela de William Lindsay Gresham
FOTOGRAFÍA Dan Laustsen
MÚSICA Nathan Johnson
REPARTO Bradley Cooper, Cate Blanchett, Rooney Mara, Toni Collette, David Strathairn, Willem Dafoe, Ron Perlman, Richard Jenkins, Mary Steenburgen

Macbeth

Fair is foul and foul is fair

Shakespeare nunca se agota. Como todo clásico, sus tramas que exploran las pasiones humanas con versos poderosos pueden interpretarse una y otra vez con distintas visiones, pues en eso consiste el teatro. Y un paso más es cuando se lleva a la pantalla, plasmando en imágenes sus historias inmortales. De las muchas versiones de Macbeth en cine tienen un lugar destacado las de Orson Welles (1948), Akira Kurosawa (Trono de sangre, 1957) y Roman Polanski (1971). Más recientemente, Michael Fassbender y Marion Cotillard encarnaron a la patológicamente ambiciosa pareja protagonista bajo la dirección de Justin Kurzel. Ahora nada menos que Joel Coen (esta vez sin su hermano) toma el texto y entrega una pieza que brinca al podio de las adaptaciones de una de las tragedias más celebres de Occidente.

Dos actores ganadores del Oscar en el orgullo de todo actor: interpretar Shakespeare

Lo más llamativo de esta adaptación es su estética. En blanco y negro y con una relación de aspecto 4:3, transcurre en escenarios no realistas con una geometría minimalista que podrían haber salido de la mente del arquitecto Luis Barragán. Los contrastes lumínicos y el tipo de planos están fuertemente influenciados por el expresionismo alemán y algo del cine de Bergman. Sin embargo, esto es solo el escenario donde fluye la acción que sigue el texto original del dramaturgo isabelino, tan bello y complejo como difícil de seguir para un público poco atento o poco dispuesto. Si bien pueden perderse las sugerentes metáforas de los elaborados versos a veces necesariamente veloces, la trama se sigue tanto por lo conocido de la historia como por la claridad de las imágenes, que apuestan por innovar a partir del texto, como en la perturbadora y genial interpretación de las tres brujas.

By the pricking of my thumbssomething wicked this way comes

La otra originalidad de esta versión es el reparto. Los Macbeth no son los jóvenes nobles ambiciosos de la mayoría de las versiones (quizá pensados así por Shakespeare) sino que están en torno a los sesenta años, y eso da un toque muy distinto a esta historia de ambición y muerte. Además, tanto Macbeth como Macduff son afroamericanos. Denzel Washington, sin renunciar a su acento neoyorkino ni a un estilo directo y poco ceremonioso, es un excelente Macbeth, probando que todo actor angloparlante debe tener el honor de interpretar a un personaje shakesperiano alguna vez. Frances McDormand —por cierto, esposa de Joel Coen y también productora de la cinta— conserva su estilo desenfadado de mujer fuerte asociado a su persona y que la hace una Lady Macbeth muy adecuada. Los demás actores cumplen igualmente, aún en papeles pequeños. En fin, un clásico instantáneo, un gusto exquisito para el público culto y una sugerente aproximación para el espectador aún no familiarizado con la obra de Shakespeare, que por algún lado hay que empezar.

Los escenarios oníricos refuerzan lo universal y perenne de esta historia sobre las pasiones humanas desbordadas

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Joel Coen
GUION Joel Coen basado en la obra teatral de William Shakespeare
FOTOGRAFÍA Bruno Delbonnel
MÚSICA Carter Burwell
REPARTO Denzel Washington, Frances McDormand, Alex Ross, Corey Hawkins, Bertie Carvel, Brendan Gleeson, Harry Melling, Moses Ingram, Kathryn Hunter

El poder del perro

La procesión va por dentro

Poderoso western producido por Netflix y dirigido por la neozelandesa Jane Campion, quien no había figurado en la carrera de los Óscares desde El piano (1993) cuando ganó la estatuilla al Mejor guion. Campion adapta una novela de Thomas Savage sobre dos hermanos que regentan un rancho en Montana a inicios del siglo anterior. Cuando uno de los hermanos, el apacible y conciliador George (Jesse Plemons) se casa con una amable viuda del pueblo (Kirsten Dunst), el otro hermano, el popular y cruel Jim (Benedict Cumberbatch), le hará la vida imposible a la recién llegada y a su hijo adolescente (Kodi Smith-McPhee), un joven delicado e inteligente que no cumple con el prototipo de masculinidad del Salvaje Oeste.

El británico Benedict Cumberbatch quizá se lleve al Óscar por interpretar a un contradictorio vaquero americano

Si se echa un repaso a la vida del novelista Thomas Savage se puede saber qué esperar de la trama, pues tiene muchos elementos autobiográficos. Savage creció en un rancho cerca de Montana, criado por una madre alcohólica y aterrorizado por el cruel hermano de su padrastro. Años después, Savage abandonó a su esposa e hijos para vivir un romance homosexual con un ilustrador de cuentos para niños veinte años más joven que él. Todos estos elementos están presentes en la película, que se inscribe en el giro del western que se aleja de la figura masculina prototípica del género clásico para explorar la homosexualidad, en la estela de la conocida Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005).

La fotografía de Ari Wegner captura la fuerza de los paisajes rurales que todo western pide

Sin embargo, los grandes méritos de la película de Campion no van en la línea de la trama, sino en el modo de contarla, que está cargado de tensión —para ello resulta clave la música de cuerdas de Jonny Greenwood— y que acierta en no mostrar —nada es explícito— sino solamente implicar, dejar las escenas sin contar lo más importante, para que sea el espectador el que reconstruya, el que arme e imagine. Hay mucha violencia, sí, pero es violencia psicológica, de la que involucra al espectador hasta tener que recordarse que no hay nada que temer, que solo está viendo una película.

La relación entre los personajes principales evoluciona entre silencios y acciones no mostradas

Su otra gran virtud son las actuaciones que muestran también solo la punta del iceberg de unos personajes con fuertes tormentas interiores. Benedict Cumberbatch podría llevarse el Oscar este año por esta interpretación de un personaje con muchas capas, un vaquero feroz que se graduó de Estudios Clásicos en una de las mejores universidades; un macho alfa homofóbico que oculta su propia inclinación. Kirsten Dunst da un paso importante de ser una actriz joven y bella a ser una actriz de carácter. Jesse Plemons suma éste a los proyectos que sabe elegir con tanto acierto, si bien su personaje no es tan central; y el joven Kodi Smith-McPhee (el inolvidable niño de La carretera) interpreta a un muchacho tan brillante y afable como críptico e insensible. Un giro de trama final pone la cereza en una de las mejores películas del año pero que requiere paciencia y que no dice nada bueno de la naturaleza humana. No sorprende que el título metafórico hable más bien de un perro, aunque esté citando el Salmo 22: «Apresúrate, Señor, a socorrerme / libra de la espada mi alma / del poder del perro mi vida».

Puede haber mucho sufrimiento dentro de las paredes de un rancho familiar

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Jane Campion
GUION Jane Campion basada en la novela de Thomas Savage
FOTOGRAFÍA Ari Wegner
MÚSICA Jonny Greenwood
REPARTO Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smith-McPhee, Thomasin McKenzie

Don’t Look UP

Apocalipsis en la posverdad

Tras casi dos años de pandemia, quizá hacer una película sobre el fin del mundo no sea lo más adecuado. O sí. Porque la premisa de que dos científicos descubren que un meteorito va a impactar la tierra y aniquilar a toda la raza humana es ideal para mostrar el absurdo de cómo reacciona a ello una sociedad inmersa en la era de la posverdad: algunos lo utilizan para ganar más poder, otros para ganar más dinero. Muchos son manipulados hasta el punto de negar los datos o la existencia del meteorito que puedes ver viniendo hacia ti con tus propios ojos.

¿Qué haces cuando los datos te dicen que el fin del mundo es 100% seguro?

Adam McKay, proveniente de la comedia más boba, sorprendió con un giro hacia un cine ácido, cargado de crítica hacia la sociedad actual, con gran agilidad narrativa y comedia negra. Así lo hizo con La gran apuesta, en la que se centró en la crisis financiera del 2008 y sus causantes, y después con Vice en la que arremetió contra la figura del ex-vicepresidente norteamericano Dick Cheney. En ambas tuvo un reparto estelar y cosechó premios y nominaciones, Óscar incluido. Esta vez repite el modelo con una trama que, si bien es ficción, está impregnada de críticas a la actualidad, específicamente a la norteamericana y con un sesgo bastante marcado —la historia la escribió junto con David Sirota, un periodista que entre otras cosas escribía los discursos de campaña del candidato demócrata Bernie Sanders— en el que no es difícil ver trasuntos del manejo de la pandemia del COVID por parte del gobierno de Donald Trump, o de su actitud y la de algunos de sus partidarios respecto al cambio climático, una causa de la que es embajador internacional Leonardo DiCaprio, protagonista de la cinta.

Acertada la crítica a los medios de comunicación como parte del problema y no de la solución

Más allá de la crítica política, la cinta da en el clavo de muchos de nuestros problemas en una era de sobreinformación y confusión, en la que no importa la verdad sino los juegos de poder y de dinero. Son geniales —y aterradores cuando pensamos que no se separan tanto de la realidad— roles como el de la Presidente de Estados Unidos, del partido republicano, interpretada por Meryl Streep, así como su hijo de pocas luces (y jefe de gabinete) interpretado por Jonah Hill, o el del magnate tecnológico que interpreta Mark Rylance, una mezcla de Steve Jobs, Mark Zuckerberg, Elon Musk y Jeff Bezos. Son solo parte de un elenco de estrellas encabezado por el mencionado DiCaprio y Jennifer Lawrence (los científicos protagonistas) y que incluye hasta a Timothée Chalamet.

La tecnología que esclaviza más que ayuda y que se presenta como salvadora de la humanidad

Con referencias cinematográficas obvias como las de Armageddon y el cine de catástrofes de Roland Emmerich, quizá en su intención y tono se acerque más a Melancholia de Lars Von Trier. El cine de McKay cumple siempre en risas y en ritmo, con la ventaja de que esta vez no se mete tanto en complicaciones financieras como en La gran apuesta o en intrigas políticas tan específicas como en Vice. Si bien centrada en la sociedad estadounidense —como en otras cintas del fin del mundo, por «mundo» siempre hay que entender Estados Unidos— destaca mucho la reflexión que lleva de fondo y que sale natural: cuando tienes la muerte inevitable en las narices, uno vuelve a lo esencial, buscar a la propia familia y rezar reconociendo que en realidad lo teníamos todo y no lo supimos valorar.

Con todo, la crítica más dura es para la clase política: «no son tan listos como para ser tan malvados como se les atribuye»

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Adam McKay
HISTORIA Adam McKay y David Sirota
FOTOGRAFÍA Linus Sandgren
MÚSICA Nicholas Britell
REPARTO Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Cate Blanchett, Rob Morgan, Timothée Chalamet, Jonah Hill, Mark Rylance, Tyler Perry, Ron Perlman, Ariana Grande