The Batman

El héroe posmoderno

Vivimos de los mitos, esas historias que podemos ver una y otra vez, la lucha eterna entre la luz y la oscuridad, el bien y el mal. Entre los superhéroes —nuestra mitología actual—, el hombre murciélago sigue siendo el más sugerente, quizá porque no es un superhombre con poderes especiales sino solo un hombre con pericia (y dinero), que se enfrenta a los crímenes de su ciudad. Por eso aceptamos ver su historia de nuevo, aunque la calidad de las películas anteriores establezca un estándar muy alto. La versión del director Matt Reeves (Cloverfield, Dawn of the Planet of the Apes) consigue ser original a la vez que icónica y —se dice fácil— no decepciona, sino todo lo contrario.

Batman con un aire más orgánico y algo retro. El superhéroe que evoluciona con su público

Esta versión de Batman es más oscura, se aleja del omnipresente cine de superhéroes situándose más cerca del film noir y el thriller psicológico. Busca un tono más realista, cercano al de las cintas del superhéroe dirigidas por Christopher Nolan, aunque más pesimista, más oscuro. A este estilo contribuye la fotografía de Greig Fraser, donde resalta el color rojo en la oscuridad, y la banda sonora que se permite combinar desde canciones de Nirvana hasta usar el Ave Maria de Schubert como leitmotiv, sin dejar de hacer referencia a los temas de las anteriores versiones de Batman desde esta música original de Michael Giacchino.

Al quitarse la máscara Bruce Wayne revela la pintura en sus ojos: un detalle estético y psicológico

Robert Pattinson —quien desde hace unos años ya no tiene que demostrarle a nadie que es más que un rostro bonito de Twilight— encarna a un Bruce Wayne/Batman más joven pero también más humano, más frágil y más atormentado que sus predecesores. Es, sobre todo, un detective, que debe valerse de su inteligencia para vencer al Acertijo (Paul Dano), un villano que podría ser el asesino de Se7en o de la saga Saw (está inspirado en el asesino del Zodiaco), más cercano al Joker demente de The Dark Knight (2008) y afortunadamente muy lejano del estrambótico Acertijo que interpretó Jim Carrey en Batman Forever (1995). El resto del reparto también es de primer nivel, desde el siempre excelente Jeffrey Wright como el primer Comisionado Gordon afroamericano, hasta un irreconocible Colin Farrell que con mucho maquillaje encima encarna a un Pingüino gángster.

Esta versión del Pingüino está inspirado en el Fred Corleone de El Padrino

En momentos la cinta se enreda en demasiadas explicaciones sostenidas solo por diálogos, lo que contribuye a que sus tres horas de duración puedan sentirse excesivas. También por algunos momentos que parecen conclusivos, pero aún no son el final. Por otro lado, hay secuencias de acción o tensión espectaculares, que cumplen del todo para satisfacer al público. El conjunto es una película tan entretenida como con voz propia, con secuela garantizada y que demuestra que los temas que plantea son los de siempre pero más actuales que nunca: la violencia, la corrupción y la necesidad de justicia que todos anhelamos y esperamos que llegue aunque sea envuelta en la noche.

Zoë Kravitz, amiga de Pattinson de hace tiempo, interpreta a Gatúbela con gran química entre sus personajes

(2022) EE.UU.
DIRECCIÓN Matt Reeves
GUION Matt Reeves y Peter Craig
FOTOGRAFÍA Greig Fraser
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO Robert Pattinson, Zoë Kravitz, Paul Dano, Colin Farrell, Jeffrey Wright, Andy Serkis, John Turturro, Peter Sarsgaard

El callejón de las almas perdidas

Monstruos humanos

Unos años después de la era de la Gran depresión en Estados Unidos y unos antes de la Segunda Guerra Mundial, el joven Stanton Carlisle (Bradley Cooper) se une a un circo ambulante, en el que pronto aprende los trucos para engañar al público con supuestos poderes mentales. En el circo se enamora de su colega, la bondadosa Molly (Rooney Mara) y deciden marcharse juntos y montar un número de mentalismo en los elegantes salones de la sociedad norteamericana. Cuando Stanton conoce a la ambiciosa psicoanalista Lilith Ritter (Cate Blanchett) su alcance y su ambición empiezan a crecer y a acercarlo cada vez más al abismo.

Bradley Cooper, también productor de la cinta, acogió con entusiasmo esta interpretación

La última película de Guillermo del Toro es adaptación de una novela que a su vez había sido llevada al cine en 1947. Son conocidos los temas y géneros predilectos del cineasta mexicano, si bien en esta cinta no se adentra en el mundo de la fantasía sino que se mantiene de este lado de la realidad para criticar a los charlatanes y supuestos espiritistas —con los que lidió personalmente cuando lo contactaron para «ayudar» a localizar a su padre cuando éste fue secuestrado en México en 1998. Sin embargo, las huellas de su cine están ahí: una cinta de época y un acercamiento a un mundo mágico —en este caso, el oscuro mundo de los circos ambulantes, que se parecían más a esto que a la versión ingenua y edulcorada de The Greatest Showman— pero que pronto se torna en un retrato violento y pesimista de la naturaleza humana, de la que Del Toro tiene una visión sumamente oscura, si bien siempre rescata a un personaje en quien encarna el bien (Molly en este caso).

Pocos repartos pueden darse el lujo de que sus personajes secundarios sean interpretados por Toni Collette o Willem Dafoe

El talento del director mexicano, junto con los colaboradores que atrae su renombre, logran una cinta con manufactura de primera calidad (merecidas nominaciones de la Academia a Mejor fotografía, Diseño de producción y Vestuario, que no terminan de explicar que se le haya nominado a Mejor película igualmente). Lo mismo puede decirse de los actores, destacando Bradley Cooper a cuyo personaje se sigue toda la cinta y que sale airoso al encarnar a un protagonista despreciable, y a Cate Blanchett que se adapta al registro de su personaje y de la época hasta el punto de que uno cree estar viendo a una femme fatale de las que inauguraron ese arquetipo.

La australiana Cate Blanchett demuestra una vez más por qué es una de las mejores actrices de su generación

Sin ser tan explícita como otras de sus películas y pasándose de metraje (le sobra media hora), la cinta es entretenida. Un director que dice ser amoral plantea una película muy moral que refleja hasta dónde pueden llevar los caminos fatídicos de la ambición y recuerda que «ningún hombre puede escapar de Dios». La historia refleja cómo una sociedad sin religión termina buscando respuestas en lo más absurdo y para liberarse de sus culpas caen en manos de embusteros. El final es de antología: sorprendente pero inevitable, como deben de ser.

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Guillermo del Toro
GUION Guillermo del Toro y Kim Morgan basados en la novela de William Lindsay Gresham
FOTOGRAFÍA Dan Laustsen
MÚSICA Nathan Johnson
REPARTO Bradley Cooper, Cate Blanchett, Rooney Mara, Toni Collette, David Strathairn, Willem Dafoe, Ron Perlman, Richard Jenkins, Mary Steenburgen

Macbeth

Fair is foul and foul is fair

Shakespeare nunca se agota. Como todo clásico, sus tramas que exploran las pasiones humanas con versos poderosos pueden interpretarse una y otra vez con distintas visiones, pues en eso consiste el teatro. Y un paso más es cuando se lleva a la pantalla, plasmando en imágenes sus historias inmortales. De las muchas versiones de Macbeth en cine tienen un lugar destacado las de Orson Welles (1948), Akira Kurosawa (Trono de sangre, 1957) y Roman Polanski (1971). Más recientemente, Michael Fassbender y Marion Cotillard encarnaron a la patológicamente ambiciosa pareja protagonista bajo la dirección de Justin Kurzel. Ahora nada menos que Joel Coen (esta vez sin su hermano) toma el texto y entrega una pieza que brinca al podio de las adaptaciones de una de las tragedias más celebres de Occidente.

Dos actores ganadores del Oscar en el orgullo de todo actor: interpretar Shakespeare

Lo más llamativo de esta adaptación es su estética. En blanco y negro y con una relación de aspecto 4:3, transcurre en escenarios no realistas con una geometría minimalista que podrían haber salido de la mente del arquitecto Luis Barragán. Los contrastes lumínicos y el tipo de planos están fuertemente influenciados por el expresionismo alemán y algo del cine de Bergman. Sin embargo, esto es solo el escenario donde fluye la acción que sigue el texto original del dramaturgo isabelino, tan bello y complejo como difícil de seguir para un público poco atento o poco dispuesto. Si bien pueden perderse las sugerentes metáforas de los elaborados versos a veces necesariamente veloces, la trama se sigue tanto por lo conocido de la historia como por la claridad de las imágenes, que apuestan por innovar a partir del texto, como en la perturbadora y genial interpretación de las tres brujas.

By the pricking of my thumbssomething wicked this way comes

La otra originalidad de esta versión es el reparto. Los Macbeth no son los jóvenes nobles ambiciosos de la mayoría de las versiones (quizá pensados así por Shakespeare) sino que están en torno a los sesenta años, y eso da un toque muy distinto a esta historia de ambición y muerte. Además, tanto Macbeth como Macduff son afroamericanos. Denzel Washington, sin renunciar a su acento neoyorkino ni a un estilo directo y poco ceremonioso, es un excelente Macbeth, probando que todo actor angloparlante debe tener el honor de interpretar a un personaje shakesperiano alguna vez. Frances McDormand —por cierto, esposa de Joel Coen y también productora de la cinta— conserva su estilo desenfadado de mujer fuerte asociado a su persona y que la hace una Lady Macbeth muy adecuada. Los demás actores cumplen igualmente, aún en papeles pequeños. En fin, un clásico instantáneo, un gusto exquisito para el público culto y una sugerente aproximación para el espectador aún no familiarizado con la obra de Shakespeare, que por algún lado hay que empezar.

Los escenarios oníricos refuerzan lo universal y perenne de esta historia sobre las pasiones humanas desbordadas

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Joel Coen
GUION Joel Coen basado en la obra teatral de William Shakespeare
FOTOGRAFÍA Bruno Delbonnel
MÚSICA Carter Burwell
REPARTO Denzel Washington, Frances McDormand, Alex Ross, Corey Hawkins, Bertie Carvel, Brendan Gleeson, Harry Melling, Moses Ingram, Kathryn Hunter

El poder del perro

La procesión va por dentro

Poderoso western producido por Netflix y dirigido por la neozelandesa Jane Campion, quien no había figurado en la carrera de los Óscares desde El piano (1993) cuando ganó la estatuilla al Mejor guion. Campion adapta una novela de Thomas Savage sobre dos hermanos que regentan un rancho en Montana a inicios del siglo anterior. Cuando uno de los hermanos, el apacible y conciliador George (Jesse Plemons) se casa con una amable viuda del pueblo (Kirsten Dunst), el otro hermano, el popular y cruel Jim (Benedict Cumberbatch), le hará la vida imposible a la recién llegada y a su hijo adolescente (Kodi Smith-McPhee), un joven delicado e inteligente que no cumple con el prototipo de masculinidad del Salvaje Oeste.

El británico Benedict Cumberbatch quizá se lleve al Óscar por interpretar a un contradictorio vaquero americano

Si se echa un repaso a la vida del novelista Thomas Savage se puede saber qué esperar de la trama, pues tiene muchos elementos autobiográficos. Savage creció en un rancho cerca de Montana, criado por una madre alcohólica y aterrorizado por el cruel hermano de su padrastro. Años después, Savage abandonó a su esposa e hijos para vivir un romance homosexual con un ilustrador de cuentos para niños veinte años más joven que él. Todos estos elementos están presentes en la película, que se inscribe en el giro del western que se aleja de la figura masculina prototípica del género clásico para explorar la homosexualidad, en la estela de la conocida Brokeback Mountain (Ang Lee, 2005).

La fotografía de Ari Wegner captura la fuerza de los paisajes rurales que todo western pide

Sin embargo, los grandes méritos de la película de Campion no van en la línea de la trama, sino en el modo de contarla, que está cargado de tensión —para ello resulta clave la música de cuerdas de Jonny Greenwood— y que acierta en no mostrar —nada es explícito— sino solamente implicar, dejar las escenas sin contar lo más importante, para que sea el espectador el que reconstruya, el que arme e imagine. Hay mucha violencia, sí, pero es violencia psicológica, de la que involucra al espectador hasta tener que recordarse que no hay nada que temer, que solo está viendo una película.

La relación entre los personajes principales evoluciona entre silencios y acciones no mostradas

Su otra gran virtud son las actuaciones que muestran también solo la punta del iceberg de unos personajes con fuertes tormentas interiores. Benedict Cumberbatch podría llevarse el Oscar este año por esta interpretación de un personaje con muchas capas, un vaquero feroz que se graduó de Estudios Clásicos en una de las mejores universidades; un macho alfa homofóbico que oculta su propia inclinación. Kirsten Dunst da un paso importante de ser una actriz joven y bella a ser una actriz de carácter. Jesse Plemons suma éste a los proyectos que sabe elegir con tanto acierto, si bien su personaje no es tan central; y el joven Kodi Smith-McPhee (el inolvidable niño de La carretera) interpreta a un muchacho tan brillante y afable como críptico e insensible. Un giro de trama final pone la cereza en una de las mejores películas del año pero que requiere paciencia y que no dice nada bueno de la naturaleza humana. No sorprende que el título metafórico hable más bien de un perro, aunque esté citando el Salmo 22: «Apresúrate, Señor, a socorrerme / libra de la espada mi alma / del poder del perro mi vida».

Puede haber mucho sufrimiento dentro de las paredes de un rancho familiar

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Jane Campion
GUION Jane Campion basada en la novela de Thomas Savage
FOTOGRAFÍA Ari Wegner
MÚSICA Jonny Greenwood
REPARTO Benedict Cumberbatch, Jesse Plemons, Kirsten Dunst, Kodi Smith-McPhee, Thomasin McKenzie

Don’t Look UP

Apocalipsis en la posverdad

Tras casi dos años de pandemia, quizá hacer una película sobre el fin del mundo no sea lo más adecuado. O sí. Porque la premisa de que dos científicos descubren que un meteorito va a impactar la tierra y aniquilar a toda la raza humana es ideal para mostrar el absurdo de cómo reacciona a ello una sociedad inmersa en la era de la posverdad: algunos lo utilizan para ganar más poder, otros para ganar más dinero. Muchos son manipulados hasta el punto de negar los datos o la existencia del meteorito que puedes ver viniendo hacia ti con tus propios ojos.

¿Qué haces cuando los datos te dicen que el fin del mundo es 100% seguro?

Adam McKay, proveniente de la comedia más boba, sorprendió con un giro hacia un cine ácido, cargado de crítica hacia la sociedad actual, con gran agilidad narrativa y comedia negra. Así lo hizo con La gran apuesta, en la que se centró en la crisis financiera del 2008 y sus causantes, y después con Vice en la que arremetió contra la figura del ex-vicepresidente norteamericano Dick Cheney. En ambas tuvo un reparto estelar y cosechó premios y nominaciones, Óscar incluido. Esta vez repite el modelo con una trama que, si bien es ficción, está impregnada de críticas a la actualidad, específicamente a la norteamericana y con un sesgo bastante marcado —la historia la escribió junto con David Sirota, un periodista que entre otras cosas escribía los discursos de campaña del candidato demócrata Bernie Sanders— en el que no es difícil ver trasuntos del manejo de la pandemia del COVID por parte del gobierno de Donald Trump, o de su actitud y la de algunos de sus partidarios respecto al cambio climático, una causa de la que es embajador internacional Leonardo DiCaprio, protagonista de la cinta.

Acertada la crítica a los medios de comunicación como parte del problema y no de la solución

Más allá de la crítica política, la cinta da en el clavo de muchos de nuestros problemas en una era de sobreinformación y confusión, en la que no importa la verdad sino los juegos de poder y de dinero. Son geniales —y aterradores cuando pensamos que no se separan tanto de la realidad— roles como el de la Presidente de Estados Unidos, del partido republicano, interpretada por Meryl Streep, así como su hijo de pocas luces (y jefe de gabinete) interpretado por Jonah Hill, o el del magnate tecnológico que interpreta Mark Rylance, una mezcla de Steve Jobs, Mark Zuckerberg, Elon Musk y Jeff Bezos. Son solo parte de un elenco de estrellas encabezado por el mencionado DiCaprio y Jennifer Lawrence (los científicos protagonistas) y que incluye hasta a Timothée Chalamet.

La tecnología que esclaviza más que ayuda y que se presenta como salvadora de la humanidad

Con referencias cinematográficas obvias como las de Armageddon y el cine de catástrofes de Roland Emmerich, quizá en su intención y tono se acerque más a Melancholia de Lars Von Trier. El cine de McKay cumple siempre en risas y en ritmo, con la ventaja de que esta vez no se mete tanto en complicaciones financieras como en La gran apuesta o en intrigas políticas tan específicas como en Vice. Si bien centrada en la sociedad estadounidense —como en otras cintas del fin del mundo, por «mundo» siempre hay que entender Estados Unidos— destaca mucho la reflexión que lleva de fondo y que sale natural: cuando tienes la muerte inevitable en las narices, uno vuelve a lo esencial, buscar a la propia familia y rezar reconociendo que en realidad lo teníamos todo y no lo supimos valorar.

Con todo, la crítica más dura es para la clase política: «no son tan listos como para ser tan malvados como se les atribuye»

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Adam McKay
HISTORIA Adam McKay y David Sirota
FOTOGRAFÍA Linus Sandgren
MÚSICA Nicholas Britell
REPARTO Leonardo DiCaprio, Jennifer Lawrence, Meryl Streep, Cate Blanchett, Rob Morgan, Timothée Chalamet, Jonah Hill, Mark Rylance, Tyler Perry, Ron Perlman, Ariana Grande

Spider-Man: No Way Home

Regalo a los fans

Antes de vernos inundados del cine de superhéroes, cuando solo existían las viejas películas de Superman con Christopher Reeve y las películas de Batman que Tim Burton empezó bien y Joel Schumacher terminó mal, salió en el año 2002 una película que inauguraría este género como tal. Spider-Man. Peter Parker fue interpretado por Tobey Maguire y se enfrentaba al villano conocido como el Duende Verde, alter ego del científico Norman Osborn, interpretado por Willem Dafoe. Diecinueve años, siete películas y tres Spidermans después, el ciclo se cierra.

Este Spiderman no es solitario como sus predecesores: como en Harry Potter, en el trío protagónico de amigos reside la verdadera fuerza del héroe

Última entrega de la trilogía del superhéroe arácnido interpretado por Tom Holland: una versión del personaje más joven (estudia bachillerato) y de vis más cómica que sus predecesores. Es el Spiderman que se inserta en el universo Marvel, al que conocimos en Civil War, vimos morir en Infinity War y resucitar en Endgame. La tendencia marvelita de cruzar personajes esta vez nos lleva a que Peter Parker visite al Doctor Strange para que le ayude, pues su vida es un desastre desde que su identidad salió a la luz pública. El hechizo de Strange abre el multiverso y los villanos de todas las anteriores cintas de Spiderman empiezan a aparecer…

La intervención de Doctor Strange y sus poderes dan pie a los mejores efectos visuales de la cinta

Es sabido que el cine de superhéroes, y especialmente el de Marvel, no hace obras de arte cinematográficas sino narrativas trepidantes llenas de efectos —»parque de atracciones» las llamó polémicamente Scorsese— que son piezas de un universo narrativo más grande. En este caso, una oportuna mezcla de derechos de las películas de este superhéroe permitió que Sony fusione la versión de Marvel/Disney de su personaje con las cintas anteriores, lo cual es algo que ha vuelto locos a los fans y que apela a la nostalgia de cualquier persona menor de 40 años que no haya vivido debajo de una piedra. Superado eso —y que el gran Willem Dafoe recupere para su Duende Verde un lugar de honor entre los villanos del cine de superhéroes— la cinta no es especialmente fuerte, aunque tiene momentos dramáticos bien logrados que dan una evolución al personaje, así como un mensaje bastante claro de profunda raigambre cristiana: amar a los enemigos. 

Estamos ante la versión tuneada del superhéroe, desde que su amigo Tony Stark mejoró su traje en películas anteriores

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Jon Watts
GUION Chris McKenna y Erick Sommers basados en el comic de Stan Lee y Steve Ditko
FOTOGRAFÍA Mauro Fiore
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO Tom Holland, Zendaya, Jacob Batalon, Benedict Cumberbatch, Marisa Tomei, Jon Favreau, Willem Dafoe, Alfred Molina, Jamie Foxx, Thomas Haden Church, Rhys Ifans, J.K. Simmons

House of Gucci

Culebrón de ricos

La triste historia real de cómo la familia Gucci perdió la propiedad de su legendaria marca de lujo ciertamente da para una película. Todo empezó cuando Maurizio Gucci, joven heredero con poco interés en el negocio familiar, se enamoró de Patrizia Reggiani, una advenediza al lujoso mundo de los Gucci que llegó dispuesta a todo por escalar dentro de la familia y el negocio. Hoy Reggiani cumple una sentencia por el asesinato de Maurizio Gucci y, como los grandes culebrones que además tienen que ver con ricos y famosos, este tenía su interés. Además, para contar esta historia se reunieron grandes talentos tanto detrás de la cámara (Ridley Scott) como delante: Adam Driver, Jeremy Irons, Al Pacino, Jared Leto y, claro, Lady Gaga.

La caracterización de los personajes es de lo mejor de la cinta

Siendo una película entretenida y con aciertos cinematográficos (impecable fotografía, excelente banda sonora con canciones populares), su gran problema es la falta de unidad. No parece haber claridad con qué se está buscando, a pesar de que el veterano Ridley Scott es uno de los grandes directores vivos, aunque ciertamente sus fuertes más bien han sido la ciencia ficción (Blade Runner, Alien) y el cine de época violento (Gladiador, Cruzada o la reciente El último duelo) y no tanto el cine de este tipo que se antoja a territorio Scorsese: ambición, lujo externo y decadencia moral. 

Un irreconocible Jared Leto en el papel del incomprendido e incompetente Paolo Gucci

Falta de unidad, decíamos. Así, la protagonista es Patrizia Reggiani pero a la vez toda la película se empeña en desprestigiarla y acusarla. Maurizio Gucci pasa de presa a jefe y de jefe a víctima, aunque sus motivaciones nunca se justifican. El drama de Aldo Gucci (Al Pacino) encarcelado por su propio hijo no se aprovecha bien, y la interpretación esperpéntica de Jared Leto —irreconocible bajo un maquillaje de primera— es desconcertante dentro del conjunto. Los peores momentos son los de Salma Hayek, que interpreta a una vidente de la televisión que se convierte en confidente y cómplice de Reggiani. La escena en que van disfrazadas a contratar a los sicarios parece un sketch cómico de mala televisión.

Salma Hayek —pareja real del actual dueño de la marca Gucci— tiene un papel relevante en la conspiración

Y todo esto no parece ser culpa de los actores, que hacen muy bien lo suyo: destaca Adam Driver en lo que ha sido quizá el mejor año de su carrera, y Lady Gaga está que ni pintada para el personaje principal (aunque no es lo mismo que ser buena actriz, ojo). Más bien es una falta de balance en el tono general que no encuentra la línea que quiere seguir ni la historia que quiere contar, a pesar de que las escenas se suceden y la cinta avanza. Más allá de conocer la triste historia de los Gucci no hay personajes que cambien y evolucionen. Puede haber sorpresa, pero no hay catarsis, y eso —ya lo decía Aristóteles— nos deja sin satisfacción emocional.

Hay miradas que matan

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Ridley Scott
GUION Becky Johnston y Roberto Bentivegna basados en el libro de Sara Gay Forden
FOTOGRAFÍA Dariusz Wolski
MÚSICA Harry Gregson-Williams
REPARTO Lady Gaga, Adam Driver, Al Pacino, Jared Leto, Jeremy Irons, Salma Hayek, Jack Huston, Camille Cottin, Reeve Carney

Una película de policías

Oríllese a la orilla

El mexicano Alonso Ruizpalacios (Güeros, Museo) presenta esta interesante pieza producida por Netflix, un documental con estrategias de ficción, que se adentra en el complejo mundo de la policía de la Ciudad de México. La primera mitad es extraordinaria, sumamente entretenida, retratando a la capital mexicana con imágenes cinematográficas de gran calidad y música de cine de aventuras (los créditos iniciales no tienen desperdicio) y a sus personajes policías en todo tipo de peripecias, con una agudeza que será curiosa para el público internacional y entrañable para el público mexicano, especialmente para el de la capital. El modo de hablar de estos policías es tan acertado como hilarante.

Los personajes cuentan su testimonio rompiendo la cuarta pared

La segunda mitad es un poco más floja, aunque interesante en su tesis de explicar el proceso de la propia película. Ahí los realizadores cargan más las tintas para denunciar la corrupción tristemente célebre del cuerpo policial mexicano y la película se esfuerza más en este mensaje que en conservar su fuerza inicial. Todo sea dicho, es de admirar el compromiso de los actores protagonistas, Raúl Briones y Mónica del Carmen, que queda reforzado por sus testimonios. Hay que seguirle la pista a Alonso Ruizpalacios, que de ser un director ya afianzado en el prestigioso mundo de la ficción (Güeros ganó los principales premios mexicanos, los Arieles, y Museo fue protagonizada por Gael García Bernal) se decide a experimentar con el documental de un modo tan original.

Los actores se prepararon durante meses como policías para preparar la película

(2021) México
DIRECCIÓN Alonso Ruizpalacios
GUION David Gaitán y Alonso Ruizpalacios
FOTOGRAFÍA Emiliano Villanueva
SUPERVISIÓN MUSICAL Javier Nuño y Joe Rodríguez
REPARTO Mónica del Carmen, Raúl Briones, Leonardo Alonso

Noche de fuego

Infancia robada

México. En un pequeño pueblo de la sierra, la vida gira en torno al narcotráfico. Las habitantes son en su mayoría mujeres, que ganan dinero de recolectar la goma de las amapolas (de donde se produce el opio y la heroína). Los hombres se marcharon al norte o se unieron al narco o visten uniformados pues son soldados. Las niñas usan el pelo corto y tienen escondites en sus casas para ocultarse el día en que lleguen a robarlas. En medio de eso, tres amigas viven su tránsito de la niñez a la adolescencia.

Un gran casting dio con las tres niñas protagonistas, que nunca habían actuado en cine

Esta cinta mexicana es el primer largometraje de ficción de la directora salvadoreña Tatiana Huezo. Es una película tan bella y tan terrible como su acertado título. Como en la también reciente Sin señas particulares, la mirada es femenina y la violencia es elíptica, implícita, lo que la hace quizá más desgarradora. Con una excelente fotografía de Dariela Ludlow, el tono es cercano al documental y no se centra en el conflicto externo del narcotráfico —aunque su amenaza es continua— sino en la historia de crecimiento de las protagonistas. Habría que hablar más de las directoras haciendo cine mexicano de calidad hoy. Natalia Beristáin, Alejandra Márquez Abella, Yulene Olaizola, Fernanda Valadez, Tatiana Huezo. Por lo pronto, Noche de fuego tuvo una mención especial en el Festival de Cannes y fue enviada a representar a México en los Oscares. Más que merecido.

Las dificultades de la educación rural también es retratada

(2021) México
DIRECCIÓN Tatiana Huezo
GUION Tatiana Huezo basada en la novela de Jennifer Clement
FOTOGRAFÍA Dariela Ludlow
MÚSICA Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman
REPARTO Marya Membreño, Mayra Batalla, Ana Cristina Ordóñez González, Alejandra Camacho, Giselle Barrera Sánchez, Camila Gaal, Blanca Itzel Pérez, Memo Villegas

tick, tick…BOOM!

Homenaje hasta Broadway

Jonathan Larson revolucionó el mundo del teatro musical con Rent, una obra que llevó a Broadway a la «generación MTV» en los 90’s, adentrándose en temas socialmente ascendentes como el VIH y las crisis de los jóvenes con un estilo de vida que padecía las consecuencias del «todo se vale» que conquistó la generación anterior. Antes de alcanzar ese éxito, Larson moría en su apartamento a los 35 años, un día antes del estreno de Rent. Su obra anterior era un original monólogo, tick, tick…BOOM!, en el que desde un punto de vista autobiográfico Larson reflexionaba sobre sus problemas como un joven aspirante a autor de teatro musical y sus intentos por llevar al escenario Superbia, una obra que había pasado años escribiendo.

La vida es dura para un artista que no está dispuesto a renunciar a su sueño

Otro astro de Broadway, Lin-Manuel Miranda —autor y protagonista del musical In the Heights y del exitosísimo Hamilton— esta vez se pone detrás de la cámara para homenajear a Larson, cuya obra lo inspiró. El guionista Steven Levenson escribe esta película que mezcla el musical homónimo con la propia vida de Larson. El resultado es una película atractiva para el gran público —las canciones de Larson son buenas, aunque éstas no lo sean tanto como las de Rent— y una joya para los entendidos del teatro musical, llena de cameos de estrellas del teatro y guiños para quien conoce bien la escena de Broadway. La dirección de Lin-Manuel es correcta, sin que destaque especialmente (¿cuántos talentos tiene este hombre, excelente compositor, dramaturgo, actor, cantante, productor y ahora director de cine?). Destaca la actuación de Andrew Garfield, quien no solo resulta ser también buen cantante, sino que logra generar gran empatía con el personaje de Larson, que como buen artista obsesivo podría resultar insoportable, a pesar de que la película destaca sus virtudes y disimula sus defectos, como todo buen homenaje. Al ser una película que habla sobre el propio medio del entretenimiento tendrá una buena racha en la época de premios.

Varias estrellas de Broadway hacen un cameo en la película

(2021) EE.UU.
DIRECCIÓN Lin-Manuel Miranda
GUION Steven Levenson basado en el musical de Jonathan Larson
FOTOGRAFÍA Alice Brooks
CANCIONES Jonathan Larson
REPARTO Andrew Garfield, Alexandra Shipp, Robin de Jesus, Bradley Whitford