La Odisea

Nolan, traductor

Hay películas que son sólo entretenimiento, otras tantas que nos hablan de nosotros mismos de distintas maneras, pero hay otras que son un baluarte, una aportación, patrimonio de la humanidad. Ésta que nos ocupa es una de ellas, pero permítaseme explicar antes de que piensen que he perdido toda objetividad. Lo digo porque lo que aquí hace Christopher Nolan —el director vivo con mayor proporción entre calidad y popularidad de sus películas, quizá solo al lado de Spielberg— es entregarnos de nuevo, en todo su esplendor, una de las narraciones primigenias de la civilización occidental, quizá la narración por excelencia, que es más antigua que la Biblia, ojo. El viaje de Ulises u Odiseo, la Odisea. Y así, más que una adaptación, lleva a cabo una traducción del poema homérico, oral en su origen, después escrito y hoy cinematográfico (que es un lenguaje propio). Veamos.

Para transmitirnos el mito, se utilizan los elementos cinematográficos de toda película, que el genio de Nolan (y su presupuesto de 250 millones de dólares) logró que sean de la mayor calidad posible, trabajando con sus colaboradores habituales lo que hace que también imprima su propio estilo (y cómo el clásico de clásicos puede ser una película tan de Nolan es parte de lo que el cine permite). Para las imágenes se alía de nuevo con el suizo Hoyte Van Hoytema armado con cámaras IMAX cargadas de puro celuloide. De hecho es la primera película grabada enteramente con cámaras IMAX en celuloide (un formato mucho más grande, añadiendo más imagen por arriba y por abajo que si se ve en formato normal). Para la música recurre al sueco Ludwig Göransson, quien utiliza sólo instrumentos antiguos mediterráneos y muchas, muchas percusiones. Tanto Van Hoytema como Göransson ganaron el Óscar por su última colaboración con Nolan, Oppenheimer. Y el sonido. Y el vestuario. Y las locaciones. Y el diseño de producción (cada casco, cada espada). Y los efectos, tan renuentes al CGI. En fin, no acabaríamos.

Los actores del star system de Hollywood son parte del lenguaje cinematográfico, o de cierto lenguaje cinematográfico. Es como escribir con una tipografía ya conocida. Times New Roman. Nolan lo sabe y lo usa muy bien, además de lo que eso ayuda para la mercadotecnia. Matt Damon, el hombre, el héroe, Good Will Hunting, el soldado Ryan, un rostro conocido y familiar para todo quien se sienta a ver una película, es Odiseo. Tiene además la edad para interpretar al héroe en el rango de tiempo en que transcurre la historia. Anne Hathaway es la abnegada Penélope y Tom Holland el joven Telémaco, el hijo fiel. Tiene mucho peso en la película lo que está sucediendo en Ítaca en ausencia de Odiseo, lo que hace más emotivo el conflicto, con Robert Pattinson interpretando a un deleznable Antínoo, líder de los pretendientes de Penélope.

Esta versión es además plenamente actual, aunque cuente la narración más antigua, y así es como transmite el mito al público de hoy, parte importante de la traducción de Nolan. De esta forma, el brazo derecho de Odiseo, Euríloco (ambos griegos), puede ser interpretado por un actor de ascendencia india, Hamish Patel; o la bella Helena de Troya (y su hermana gemela) puede ser una actriz keniana (nacida en México, de hecho, LUPITA Nyong’o); el rapero Travis Scott puede ser el bardo que entona la narración de la guerra de Troya (¿son hoy los raperos nuestros bardos?), y hasta el actor trans Elliot Page puede ser un soldado clave contra los troyanos (Sinón, mismo que no aparece en la Odisea, por cierto, sino en la Eneida). En fin. En esa misma línea, los personajes femeninos tienen aquí mucho más peso y relieve que en el poema homérico. No sólo Penélope, noble reina, que tiene aquí una inconformidad con el supuesto «trono vacío» (¿no es ella reina?), sino personajes como Circe o Calipso que en el mito son más bien villanas y aquí se comprenden y muestran sus razones.

Otro tanto habría que decir de los dioses, tan importantes en la narrativa de la Odisea. En su estilo realista, Nolan los tiene presentes en los diálogos y acciones de los mortales que muestra en pantalla, pero casi no los representa más que en sus manifestaciones a través de las fuerzas de la naturaleza. Con excepción de Atenea, deidad predilecta de Odiseo, interpretada por Zendaya con justa sobriedad. Está, en fin, presente, la influencia de otras películas. Nolan se ha referido a los clásicos del cine que recrean historias mitológicas, aunque su estilo, de nuevo, es más realista. Muchos momentos, recuerdan a La Pasión de Mel Gibson, por la locación, la música y el ritmo, incluso con uno de sus actores en un pequeño papel. La película muestra los motivos archiconocidos de esta historia, tanto que algunos son metáforas de nuestro día a día —el caballo de Troya, el canto de las sirenas—, pero presentándolos de forma original y nueva, con un estilo realista, y así logra que el espectador se emocione incluso sabiendo lo que va a ocurrir (como les sucedía a los oyentes griegos hace milenios).

Por último, es sabido lo que le gusta a Nolan mezclar los tiempos y las perspectivas, como ha hecho en todas sus películas. Ésta no es la excepción y ayuda a la agilidad del relato, que salta de los acontecimientos en Ítaca, a flashbacks de la toma de Troya, a la estancia de Odiseo con Calipso, a las aventuras en el viaje. Y así logra presentar al público de hoy en su idioma (el cine) este relato inmortal, haciendo relucir sus temas universales: la familia, la lealtad, el hogar, el destino, la piedad, el liderazgo (hoy tan de moda, pero pocos ejemplos de líderes como Odiseo) y, desde luego, la guerra. Quizá el tema principal al final de la película es ciertamente una censura de la guerra y de lo que ésta hace a los hombres, cómo los transforma para mal. Un mensaje también atemporal pero también muy actual, que hace a esta película tan importante como imponente. Gracias, qué duda cabe, al gran Homero —o a esa tradición narrativa que llamamos Homero— y a su traductor a la pantalla grande (ah, y vale la pena que sea muy grande).

(2026) Reino Unido
DIRECCIÓN Christopher Nolan
GUION Christopher Nolan adaptando La Odisea de Homero
FOTOGRAFÍA Hoyte Van Hoytema
MÚSICA Ludwig Göransson
REPARTO Matt Damon, Anne Hathaway, Tom Holland, Robert Pattinson, Himesh Patel, John Leguizamo, Charlize Theron, Samanta Morton, Zendaya, John Bernthal, Lupita Nyong’o, Ben Safdie, Elliot Page, Bill Irwin, Travis Scott

Las ovejas detectives

El buen pastor

No es secreto que una de las estrategias más socorridas del mercado audiovisual hoy es buscar sagas o aludir a productos ya probados o conocidos que atraigan al público (lo que, desde luego, limita mucho la originalidad, pero eso es otra historia). Una de esas fórmulas ha sido el whodunit con muchos personajes involucrados con un toque de comedia que inauguró (ahí sí originalmente) Rian Johnson con su Knives Out, protagonizadas por Daniel Craig como el detective Benoit Blanc (que por lo mismo ha tenido ya dos secuelas con la misma fórmula) y donde se insertan también las recientes adaptaciones de novelas de Agatha Christie con Kenneth Branagh como el detective Hercule Poirot. En este subgénero se inserta esta película con un toque especial —las epónimas ovejas del título— pero que sorpresivamente logra mucho más que resolver un misterio, permitiendo una interesante reflexión sobre la muerte, el dolor y cómo lidiamos con ello en nuestra sociedad de mentalidad existencialista.

En las afueras de un pequeño poblado inglés, George Hardy (Hugh Jackman) cuida amorosamente a su rebaño de ovejas, incluso leyéndoles cada noche novelas de misterio. Cuando él mismo es asesinado, las propias ovejas se dan a la tarea de descubrir al asesino y el misterio detrás de la vida y muerte de su querido pastor. Como suele suceder en este tipo de películas, parte del éxito está en tener un reparto estelar de actores y es el caso, empezando con el propio Hugh Jackman cuya persona ya se asocia a los hombres rudos y bondadosos (desde Jean Valjean hasta Wolverine) y donde destaca Emma Thompson como su abogada. En este caso se extiende también a los actores que hacen las voces de las ovejas, donde hay otro ramillete de estrellas.

Con todo, lo más interesante es la reflexión en torno a la muerte. Estas ovejas pensantes y parlantes tienen la costumbre de olvidar (literalmente) aquello que les causa dolor o las contraría, como si nunca hubiera pasado —toda una metáfora del clima de posverdad en el que vivimos: «si no lo recuerdo, dice literalmente una joven oveja, entonces no es verdad». Así, no recuerdan a sus antepasados ni su muerte, y sólo saben que «se convierten en nubes». Sin embargo, la muerte de su abnegado pastor las pone en la disyuntiva de no olvidarlo, por justicia y por resolver el crimen, lo cual las adentra en el proceso del luto y de entender la muerte. Siempre en tono simpático, incluso aprenden sobre Dios en la doctrina católica («es un pastor, pero también un cordero, pero también es pan…»). Desde luego, subyace un fuerte mensaje animalista, donde ser carnicero es ser el peor villano. En fin, con un guion simpático y bien engranado, que no carece de fuertes momentos emotivos, estamos ante una película de calidad para toda la familia.

(2026) Reino Unido
DIRECCIÓN Kyle Balda
GUION Craig Mazin basado en la novela de Leonie Swann
FOTOGRAFÍA George Steel
MÚSICA Christophe Beck
REPARTO Hugh Jackman, Emma Thompson, Nicholas Braun, Molly Gordon, Nicholas Galitzine, Julia Louis-Dreyfus, Bryan Cranston, Chris O’Dowd, Patrick Stewart, Brett Goldstein, Bella Ramsey, Brett Goldstein, Regina Hall, Rhys Darby, Tosin Cole, Conleth Hill, Kobna Holdbrook-Smith, Hong Chau