Amor

(2012) Austria
DIRECCIÓN Y GUION Michael Haneke
MÚSICA Cecile Lenoir
FOTOGRAFÍA Darius Khondji
REPARTO Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert

Eso, amor

“Prometo serte fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad.
Amarte y respetarte todos los días de mi vida.”

Al pensar en una pareja que defina la palabra “amor” uno normalmente pensaba en una parejita romántica al estilo Romeo y Julieta. Ahora bien, al pensar en una pareja que se ama en la realidad, seguramente a partir de ahora vengan a la mente Georges y Anne. Una pareja de ancianos que se enfrentan juntos a la tarea cotidiana de envejecer.

El director austriaco Michael Haneke nos presenta su última producción, Amour (el título, como la película, está en francés). Un film que a nadie ha dejado indiferente, y es que los personajes que utiliza son conocidos por todos. Pues si algo hay universal es justamente el amor, y estos son dos enamorados, con un pasado exitoso, muy cultos, conocedores de música clásica, con un nivel económico bueno, y que a pesar de su avanzada edad todavía se tenían el uno al otro y, dentro de lo posible, se valen por ellos mismos. Sin embargo, Anne sufre una embolia; todavía lúcida y activa, tiene paralizada la mitad del cuerpo, su enfermedad va avanzando y sus recuerdos comienzan a perderse. Además, deja claro que ella quiere vivir hasta que no se convierta en una carga para nadie y le aterran los doctores. Mientras, Georges intenta cuidar de ella, al principio cree que puede solo con todo el trabajo, luego contrata a una enfermera y debe soportar que la mujer que ama comience a desaparecer y ya no tenga con quien compartir sus recuerdos ni realizar las actividades cotidianas.

Las actuaciones de Emmanuelle Riva (nominada al Oscar) y Jean-Louis Trintignant son perfectas, es como si ambos actores han alcanzado la madurez de la actuación, y como espectadores tenemos la suerte de poder vivirla y compartirla con ellos. La película transcurre en su departamento que se convierte en un personaje más. Nos sentamos con ellos a desayunar, a comer, leemos los periódicos, incluso nos despertamos por una pesadilla a altas horas de la madrugada. Pero ellos no dejan que nadie más forme parte de esa vida (solo el espectador, que observa y es mudo); el vecino que los quiere ayudar solo consigue entrar una vez al apartamento y de forma veloz se retira, la hija de la pareja aparece poco y desea formar parte de sus vidas, ayudar, pero Georges no quiere su ayuda. El joven promesa del piano, ex alumno de Anne, y una de las enfermeras sí son bien recibidos, pero el alumno quizá solo porque les recordaba quiénes habían sido (en el momento en que intenta ahondar en lo ocurrido a Anne se le pide que cambie el tema y que toque el piano) y la enfermera simplemente porque era necesaria para que vivan. Y es que los demás les representaban otra época, otra forma de pensar que no terminaba de encajar con la vida y el apartamento de Anne y Georges en el que ya ni escuchaban música y todos los muebles se mantenían de la época, como si pretendieran de esa forma detener el tiempo.

Es una historia tan bien contada, que a pesar de que la escena de inicio sea una elipsis al futuro del relato, no hace falta que se repita para que se entienda lo que ocurre, y es que no hace falta verlo todo. Solo se ve lo que ocurre en el departamento y lo que sus habitantes nos cuentan. Nunca conocemos al doctor, ni vemos el hospital, ni la tienda de flores o el mercado, solo como observadores confiamos en lo que ellos nos dicen.

Ahora bien, no olvidemos que esta historia está contada en nuestra época y por quién está contada. Y aunque no se parezca nada a lo que Haneke ha hecho con anterioridad (quien lea entienda), él sigue siendo el mismo. Y su visión del dolor no deja de ser la del hombre de hoy: como algo malo, incompatible con ese mismo amor. En esta línea, no diré que es una película que va a gustar a quien la vea, tampoco puedo afirmar que será entretenida y que el espectador pasará un momento agradable. Lo que sí puedo asegurar es que va a ser una película difícil de olvidar, es más, Haneke consigue crear un temor que nos va a perseguir y es llegar a conseguir el amor que se tienen Anne y Georges.

Juan Manuel Meneses

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