No se aceptan devoluciones

(2013) México
DIRECCIÓN Eugenio Derbez
GUION Guillermo Ríos, Leticia López Margalli, Eugenio Derbez
MÚSICA Carlo Siliotto
FOTOGRAFÍA Martín Boege, Andrés León Becker
REPARTO Eugenio Derbez, Loreto Peralta, Jessica Lindsey, Daniel Raymont

Papá soltero

A estas alturas ya es conocido que la película de Eugenio Derbez, No se aceptan devoluciones, ha roto récords en el mercado nacional y —más meritorio— en Estados Unidos. Quizá viene a la cabeza Nosotros los Nobles; en efecto, cine mexicano distinto del cliché que teníamos hasta ahora del cine mexicano. Derbez, el comediante vivo más famoso de México y hombre fuerte de Televisa, la televisora más poderosa del país, se atreve a saltar de su éxito televisivo a la pantalla grande y se anima incluso a co-escribir y dirigir esta cinta. Y acierta. Sobre todo porque es una película concebida para ser vendida. Cosa nada despreciable, después de todo el cine es una industria, y Derbez y sus asesores televisos saben lo que hacen.

Valentín Bravo (irónico nombre parlante) es un miedoso. Mujeriego e irresponsable, reside en Acapulco donde un día un antiguo amor toca a su puerta para dejarle a una bebé —su hija— de nacionalidad estadounidense como su madre. La paradoja es que Valentín tiene que dedicarse a ser stuntman, es decir, doble de acción en Hollywood, pues es el único trabajo que consigue al tener que quedarse en Estados Unidos a criar a su hija. Así, estamos ante una cinta padre e hija con rasgos que nos son familiares: el papá amoroso pero catastrófico y una hija encantadora (excelente actriz revelación la pequeña Loreto Peralta) que es mucho más lista que él. La reaparición de la madre seis años después reclamando sus “derechos” desata el conflicto.

El guion mezcla hábilmente la comedia simpática —el fuerte de Derbez— con la historia sentimental a partir de las relaciones familiares, incluido un toque dramático que se inserta con bastante acierto. No se descuidan los temas de fondo, especialmente el miedo de Valentín, eje de la historia, y su relación con su hija. Se muestran, de paso, las consecuencias de una actitud muy actual de libertad sin responsabilidad y egoísmo, en este caso presente en la mamá de la niña, que la abandona siendo una bebé y vuelve cuando se le antoja tener una hija, como Valentín le echa en cara. Queda subrayado el valor del sacrificio por amor y lo que significa la paternidad realmente. Eso sí, con el humor presente hasta en los momentos más impensados, como cuando Valentín se queja de los condones de oferta al tener a su bebé en brazos, cuando en el juicio defiende la custodia de su hija con la letra de “Cuando calienta el sol” o cuando Sammy le da la noticia del fallecimiento de su padre (quien conozca a Sammy, imagine).

La película la dirige Derbez con corrección, y está sostenida por la simpática actuación de su “hija” y sus ya conocidos dotes histriónicos. Está bien apoyado por un dinámico soundtrack (botón de muestra: “Ella es bonita”, de Natalia Lafourcade), una luminosa y colorida fotografía y una atinada dirección artística y de vestuario: la casa en que viven padre e hija y sus combinaciones de ropa siempre iguales (por no hablar de pijamas), dan el tono adecuado a la historia. Sobra algún efecto digital poco conseguido, sobre todo el que distrae en el emotivo clímax.

Derbez supo apostar a su fiel público mexicano (en México la gente acude a ver “la de Derbez” simplemente) y a un amplio público latino en Estados Unidos muchas veces olvidado y que en esta película se sentirá identificado (el propio Valentín cruza ilegalmente y no consigue aprender una palabra de inglés en seis años). Sin reinventar el cine ni ponerse “artístico”, a unos y otros ofrece una película amena, divertida, bien hecha y con su lagrimita, ¿hay mejor negocio?

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de No se aceptan devoluciones

Now You See Me

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Louis Leterrier
GUION Boaz Yakin, Edward Ricourt, Ed Solomon
MÚSICA Bryan Tyler
FOTOGRAFÍA Mitchell Amundsen, Larry Fong
REPARTO Jesse Eisenberg, Mark Ruffalo, Woody Harrelson, Mélanie Laurent, Isla Fisher, Dave Franco, Michael Caine, Morgan Freeman

Nada por aquí

El planteamiento es apetecible: cuatro talentosos ilusionistas -el listillo arrogante Daniel Atlas (Jesse Eisenberg), el mentalista experimentado Merritt McKinney (Woody Harrelson), la escapista Henley Reeves (Isla Fisher) y el mago callejero Jack Wilder (Dave Franco)- son convocados para unir fuerzas y montar un espectáculo excepcional en el que roban un banco “por arte de magia” y reparten el dinero al público. Sin evidencias en su contra y con dos espectáculos más por delante, son seguidos de cerca por un impulsivo agente del FBI (Mark Ruffalo) y una francesa enviada por la Interpol (Mélanie Laurent).

Quizá el conjunto promete demasiado para luego no pasar de ser una película entretenida, aunque bien realizada. El director Louis Leterrier, experto en cine de acción, consigue bien las persecuciones y, sobre todo, la espectacularidad de los números de magia, al más puro estilo de Las Vegas. La historia no deja de desconcertar al enfocarse en los grises perseguidores más que en los atractivos perseguidos, aunque esto se justifique con un final que sorprende aunque resulta un poco forzado por no estar bien sembrado en la historia.

El atractivo reparto hace lo suyo, aunque la intensa trama de hechos no les da mucho espacio para lucirse. El personaje de Jesse Eisenberg es muy parecido a su Mark Zuckerberg de The Social Network y ver a los magníficos Michael Caine y Morgan Freeman como los malos de la película desconcierta tanto como el verlos juntos en pantalla sin Batman. En fin, no mucho queda tras las dos horas de película salvo la constante referencia al ego de los protagonistas, que es lo que mueve a todos en la historia, sin que eso tampoco tenga especiales consecuencias. Como un truco de magia, es agradable de ver, y ya: “nada por aquí, nada por allá”.

 Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Now You See Me

Espacio interior

(2013) México
DIRECCIÓN Kai Parlange Tessmann
GUION Pierre Fraveau, Kai Parlange Tessmann, Vicente Leñero
MÚSICA Javier Umpiérrez
FOTOGRAFÍA Juan José Saravia
REPARTO Kuno Becker, Ana Serradilla, Juan Carlos Colombo, Roberto Sosa, Hernán Mendoza, Gerardo Taracena, Rocío Verdejo

La verdadera libertad

En agosto de 1990, en la Ciudad de México, un prestigioso arquitecto de 33 años, padre de siete hijos, fue secuestrado. Al contrario de lo que sucede con la mayoría de los secuestros, que acaban rápido, el suyo duró 257 días. Casi tan sorprendente como su desenlace fue el modo en que vivió su secuestro: como hiciera Viktor Frankl en el campo de concentración nazi, este arquitecto descubre que su libertad interior es lo único que sus captores no pueden quitarle y apoyado en su fe católica y en el amor a su familia hace de su secuestro una experiencia de vida: reza, escribe, dibuja, hace deporte, tiene un horario, se preocupa por sus secuestradores, prepara un escape…

14707-espacio_interior_07

Esta historia real –hecha pública por su protagonista, quien da conferencias y autorizó un libro recientemente, aunque no ha querido aparecer ligado a esta película– pedía a gritos ser contada. Otra cosa es que fuera fácil hacerlo, pues finalmente es la historia de un hombre encerrado nueve meses en un cuarto de 3×1 metros. El reto lo asumió como ópera prima el director mexicano Kai Parlange Tessmann, quien centra su historia en la experiencia vital del secuestrado.

Para bien o para mal, esta no es una película de secuestro. No seguimos las negociaciones entre la familia y los secuestradores, ni el sufrimiento o los planes de unos y otros. Simplemente acompañamos a este hombre en su espacio interior, acertado título, tomado de una conferencia que dio el protagonista poco antes de su secuestro. Sin embargo, no es un experimento cinematográfico de cámara encerrada al estilo de Buried (Rodrigo Cortés, 2010). Los flashbacks y fantasías del protagonista enriquecen la historia y están bien manejados narrativamente los paralelismos con el maratón y con la profesión del arquitecto secuestrado. Cuando lleva poco más de una hora se vuelve un poquito repetitiva, pero vale la pena esperar al desenlace.

Como es lógico, en esta historia mucho caía en el actor protagonista, y Kuno Becker sorprende positivamente, pues hasta ahora su mejor trabajo había sido la correcta pero facilona Gol (2005) y su último trabajo como el General Ignacio Zaragoza en Cinco de Mayo: la batalla (2013) dejaba mucho, pero mucho, que desear. Kuno peleó por el papel y se implicó en el proyecto, y esa dedicación luce. Le acompaña un reparto que casi se siente desaprovechado: Ana Serradilla es su mujer, a quien vemos en recuerdos y sueños, Juan Carlos Colombo es el padre del protagonista y también participa Roberto Sosa con pocos minutos en pantalla; de los secuestradores –Hernán Mendoza (Después de Lucía), Gerardo Taracena (Apocalypto) y Rocío Verdejo (Matando cabos)– no vemos nunca el rostro descubierto ni oímos su voz.

Estamos pues ante una acertada plasmación de una historia que merecía ser contada, aunque quizá sería más interesante con la sal de la trama criminal –finalmente es un secuestro– que los realizadores no quisieron o no pudieron contar. Una película buena –¡otra más!– que demuestra que el buen cine mexicano no debe ser solo de historias sórdidas en mundos miserables, pues aún en una situación tan terrible como ésta, destaca la grandeza del ser humano. Y esta vez sin imaginaciones optimistas: es una historia, tal como se cuenta, real. Tan real como que sucedió.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Espacio Interior

Man of Steel

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Zack Snyder
GUION David S. Goyer (historia de Christopher Nolan y David S. Goyer)
MÚSICA Hans Zimmer
FOTOGRAFÍA Amir Mokri
REPARTO Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Russell Crowe, Kevin Costner, Diane Lane, Laurence Fishburne

Publicamos dos críticas, pues los dos autores de este blog queríamos dar nuestra opinión. No nos repetimos, y ambas valen la pena. Lo garantizamos.

¿Triunfo de la publicidad o del cine?

En ocasiones creemos conocer una historia o saber mucho de un personaje, sin embargo cuando nos la vuelven a contar parece que lo que conocíamos no era tan cierto. Y esto es lo que ocurre con este querido superhéroe: quizás una parte de mí no terminaba de recordar que era un marginado en el colegio –quizás por recientes recuerdos de la serie Smallville se recuerda a un Clark Kent que se supo superar poco a poco y adaptarse– sin embargo, aquí vemos que su vida de anonimato fue lamentable, incluso en momentos los consejos de Jonathan Kent no parecen ser los mejores.

A pesar de esto y quizás gracias a su madre, Martha Kent, Clark consigue convertirse en el héroe que todos conocen y quieren. El problema es que es un ser poco humano, creo que es lo que más le falta a la historia, hay excesiva acción y le falta más lado humano. No me malinterpreten, sé que es Superman, pero no es una historia que te llega o te permite sentirte identificado como espectador.

Por otra parte, las actuaciones tampoco son las mejores, quizás los que cumplen mejor su papel son Diane Lane como Martha Kent, Russell Crowe en el papel de Jor-El y Michael Shannon como el gran villado General Zod. Shannon consigue que el espectador le sienta odio, y a la vez una cierta empatía, como que se podría identificar con su locura: tiene sentido lo que busca, nació para hacer exclusivamente eso, que su raza perdure. Diane Lane ha sabido “envejecer” con dignidad y hacer estos papeles que van muy de acuerdo a su edad, y es una madre increíblemente real y auténtica. Sin embargo, grandes nombres como el de Amy Adams no cumplen el papel, simplemente no es Lois Lane: le falta fuerza, es una Lane que actúa y se defiende, salvo que cuando conoce a nuestro héroe se vuelve débil y pierde cualquier credibilidad que tuvo al principio del filme.

Hasta ahora parece todo un tanto fatalista. Sin embargo, cuando se ven películas tan esperadas como ésta, de la que se han realizado muchas versiones anteriores, es complicado no ser detallista, y verle “peros” a todo. La música, por otro lado, es un tema muy cuidado a lo largo del filme que acompaña a las escenas de gran manera, y ayuda a que no se vuelvan tan pesadas las excesivas escenas de pelea y acción durante el filme. Hubiese sido excelente unos 10 minutos menos de la batalla final. Eso sí, los efectos en todo momento resultan impecables y todo un deleite para la audiencia.

Detalles como que la “S” realmente es un símbolo de esperanza en su planeta de origen añaden credibilidad a la historia. Más discutible resulta que “Superman” sea la palabra prohibida… En fin, no sé si se consigue romper la supuesta “maldición” de las películas de este superhéroe, si nos fijamos en el éxito de taquilla sí, a pesar de que ayude la excesiva publicidad que se hizo del filme. Si es por los críticos unos dirán que sí, otros no. ¿Henry Cavill superó a Christopher Reeve?, ¿quién ha sido el mejor Clark?  Mi mejor consejo es que la vean y si se entretienen y pasan un gran momento en el cine la “maldición” simplemente deja de importar.

Juan Manuel Meneses

Una «S» que significa esperanza

El estreno de El hombre de acero era una gran expectación, y no solo para los fans del superhéroe más celebre de la historia. Y es que ahora el intento –tras la mítica saga protagonizada por Christopher Reeve y la poco exitosa Superman Returns de Bryan Singer– venía por parte de Christopher Nolan, celebrísimo creador de la última trilogía de Batman. Nolan es el productor y el guion es de David S. Goyer (coautor de la historia de las películas de Batman de Nolan) así que, aunque el director sea Zack Snyder –y es de agradecer por los tremendos efectos y las grandes secuencias de acción– los autores de la historia de El hombre de acero son los mismos padres del Caballero Oscuro.

Así, si el film de Singer en 2006 se centró en lo que ha hecho de Superman un icono de la cultural popular (“es un pájaro, es un avión, no, es… ¡Superman!”), Nolan intenta responder de algún modo a las preguntas acerca del hombre de acero, hacerlo más cercano y humano como ya hizo con Batman. El problema es que de entrada hay mayor posible cercanía con un huérfano millonario que aprende a luchar que con un extraterrestre criado entre humanos.

Dicho esto, el resultado es más que decente. Más que en los humanos desconcertados a su alrededor, la historia se centra en Kal-El/Clark Kent (la palabra “Superman” se menciona solo en un diálogo): sus orígenes en Krypton, con gran relevancia de su padre, Jor-El –interpretado por un acertadísimo Russell Crowe– y su lucha por contener sus poderes mientras espera encontrar el sentido de su vida guiado por los consejos de su padre adoptivo Jonathan Kent (Kevin Costner) y el amor de su madre Martha Kent (Diane Lane). Este enfoque permite explorar temas como las políticas de natalidad (punto de inflexión en el derrumbe de la civilización en Krypton), el amor por encima de la superioridad de razas, los riesgos de una evolución que prescinda de la moral y, sobre todo, la libertad, el bien y la esperanza ligados a la vocación de un ser llamado a cambiar el mundo. Y esto, claro, mezclado con grandes secuencias de acción.

La interpretación de Henry Cavill, medianamente desconocido y que bastante hizo con disimular su acento inglés, cumple con los mínimos. Un poco más hace Amy Adams con su Lois Lane bastante aguerrida, ganadora de un Pullitzer y de armas tomar (literalmente). Michael Shannon sale airoso de tener que interpretar a un malo-malísimo y el peso lo ponen Russell Crowe (con escenas de acción incluidas) y todo tipo de secundarios famosos, incluido Laurence Fishburne.

Es cierto que la batalla final se alarga demasiado, y que contar la infancia de Clark en flashbacks resulta un poco desconcertante. Con todo, El hombre de acero, sin llegar a ser una gran película, tampoco es “una más de superhéroes”. Un acercamiento difícil pero bastante aceptable a un Superman más humano y dramático en los tiempos que corren. (Y la esperanza –con una “S” que eso significa en la película– de que con Batman la segunda superó, con creces, a la primera. A ver.)

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Man of Steel

El gran Gatsby

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Baz Luhrmann
GUION Baz Luhrmann y Craig Pearce basado en la novela de F. Scott Fitzgerald
MÚSICA Craig Armstrong
FOTOGRAFÍA Simon Duggan
REPARTO Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Joel Edgerton, Elizabeth Debicki

Los años veinte están aquí

De la mano de Baz Luhrmann llega la sexta adaptación cinematográfica de El gran Gatsby, la famosa novela de Scott Fitzgerald que ha sido identificada como una advertencia al sueño americano y una de las más grandes novelas de la literatura de Estados Unidos. Un reto nada fácil y con resultados discutibles aunque vaya por delante que el director australiano, autor de películas como Romeo + Julieta o Moulin Rouge –muy presente en esta de Gatsby– consigue transmitir toda la esencia de la novela con su particular estilo.

La historia del misterioso y joven millonario que ha organizado su modo de vida y su fortuna para recuperar al amor de su vida es una trama que a Luhrmann claramente le atraía. De hecho, la película tiene muchas similitudes con la nominada al Oscar Moulin Rouge: un amor prohibido y apasionado, ambientes festivos llenos de excesos y ambientes de miseria y decadencia, y todo contado como los recuerdos de un joven escritor antes lleno de ilusiones y ahora desencantado por la vida. La realización es también bastante similar con su colorida fotografía y sus secuencias poco realistas como las fiestas de Gatsby, los acelerados viajes en coche, la miseria del “Valle de las cenizas” en que viven los pobres, o detalles como “los ojos que todo lo ven”: un viejo billboard que es un símbolo también en la novela de Fitzgerald.

Mención aparte merece la música, pues Luhrmann apuesta por un soundtrack de nuestra época con canciones del rapero Jay-Z, Beyoncé y Fergie, entre otros, con lo que busca –y consigue– crear un ambiente emocional más que ser fiel a la época, tal como hizo en Moulin Rouge en la que homenajeaba al cancán como aquí rinde honores al charleston. Si bien algunos hubieran preferido solo música al estilo de los años veinte, ese no hubiera sido Luhrmann, y aunque sí escuchamos a Cole Porter en algún momento, no tendríamos el efecto sublime que consigue Lana Del Rey cantando el tremendo single “Young and Beautiful”.

Todo esto dicho, quizá el mayor acierto del buen Baz fue su logrado casting. Desconcierta un poco ver el familiarísimo rostro de Leonardo DiCaprio cuando al fin nos presentan al famoso Gatsby, pero ese desconcierto dura poco y deja lugar a ese fabuloso personaje que permite a DiCaprio hacer, a mi gusto, la mejor interpretación de su carrera, con olor a Oscar. Contraparte perfecta es la maravillosa Carey Mulligan: aunque se dice que el papel era ya de Scarlett Johansson, no puedo imaginar mejor Daisy –esa mujer dudosa, enamorada y atormentada– que Mulligan. Más anecdótica es la actuación de Tobey Maguire, como el pasivo narrador vecino de Gatsby, aunque aquí le es natural esa ingenuidad que desesperaba en su Peter Parker/Spiderman. También acertados, finalmente, son la debutante Elizabeth Debicki y un Joel Edgerton que se pone en igualdad de condiciones con DiCaprio en la escena clave de la película.

Así, aunque en algún momento sea un poco lenta y no sea un plato que vaya a gustar a todos, pienso que Baz Luhrmann y sus actores pueden estar satisfechos, que quien no vaya con ánimos de comparar su novela favorita disfrutará mucho –y sufrirá un poquito–, y que el fiestero Scott Fitzgerald habrá sonreído un poco dondequiera que esté.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de El gran Gatsby

Nosotros los Nobles

(2013) México
DIRECCIÓN Y GUION Gaz Alazraki
MÚSICA Benjamín Shwartz
FOTOGRAFÍA José Casillas
REPARTO Gonzalo Vega, Karla Souza, Luis Gerardo Méndez, Juan Pablo Gil, Ianis Guerrero, Carlos Gascón

Nobleza obliga

Hace poco le escuché a un cineasta mexicano que el cine de México a veces pecaba de ser demasiado local. Ponía como ejemplo el reciente éxito de Nosotros los Nobles de Gaz Alazraki. No coincido del todo, pues, aunque efectivamente los personajes —y el humor— estén basados en una realidad mexicana, la historia de fondo plantea una realidad universal: la diferencia entre ricos y pobres, aunque ésta en México sea más acentuada que en otros países.

nosotros-los-nobles-645x430

Germán Noble es un adineradísimo empresario viudo que, tras la muerte de su mujer, se ha preocupado de que sus hijos naden en la abundancia. Los tres jóvenes se han convertido así en unos malcriados que representan los estereotipos de niños ricos de la sociedad mexicana: Javi, el hijo de empresario que heredará la empresa de su padre sin tener ni idea de negocios —ni de nada—; Barbie (por Bárbara), la “princesa” increíblemente egoísta y superficial y Cha, que quiere vivir un estilo de vida hippie sin prescindir de las comodidades del dinero (un hipster). Ante las escandalosas vidas de sus hijos, Germán decide darles una lección y fingir un fraude fiscal que los lleva a vivir en la destartalada casa del abuelo y a tener que trabajar en “otros ambientes”.

Quizá el principal rasgo de esta película es que no es un ejemplo del cine mexicano que habitualmente trasciende fronteras (González Iñárritu, y más recientemente Michel Franco o Carlos Reygadas), que muestre situaciones sórdidas y trágicas, sino que es una comedia desenfadada sin llegar a ser “telenovelesca”. Va en la línea del cine de Luis Estrada (La ley de Herodes, Un mundo maravilloso, El infierno) pero sin la sátira política, aunque mucha sátira social. Finalmente es una comedia, y la comedia siempre tiende a ser más local: aunque sea un tema universal, el espectador mexicano se reirá el doble con esta película, qué duda cabe.

Nosotros los Nobles se ha convertido en la película mexicana más taquillera de la historia y quiero pensar que no solo es por sus chistes sobre la realidad mexicana (aunque también; como decía Lope, “el vulgo es necio y como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”). La película de Alazraki va más allá y plantea el drama tan actual de los problemas de la incomunicación familiar. Efectivamente, no toda la culpa es de los hijos. De paso se resalta también el valor del trabajo y su necesidad para ser una persona plena. Y todo con buenas dosis de entretenimiento —secuencias como la huida de la mansión o las aventuras de Javi al volante de un “microbús”—y con unos personajes que se vuelven entrañables al descubrir lo que es la verdadera nobleza.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Nosotros los Nobles

Iron Man 3

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Shane Black
GUION Drew Pearce y Shane Black
MÚSICA Brian Tyler
FOTOGRAFÍA John Toll
REPARTO Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Ben Kingsley, Guy Pearce, Don Cheadle, Jon Favreau, Paul Bettany

No pierde el estilo

Finalmente se completa la trilogía de Iron Man, tras la participación del personaje en la exitosa The Avengers. El esperado resultado no decepciona, aunque tampoco se trate de una completa novedad. Esta vez Jon Favreau, director de las dos primeras, cede la silla de director —aunque no está claro si en muy buenos términos— quedándose como productor ejecutivo y con su papel secundario del guardaespaldas Happy. El relevo lo toma Shane Black, una leyenda del guion en el género de acción (la saga Arma letal, entre otros) que solo había dirigido Kiss Kiss, Bang Bang (2005), también con Robert Downey Jr., y que cumple con su función sobradamente.

foto-iron-man-3-10-255-1

Esta vez ha surgido un terrorista islámico conocido como El Mandarín que amenaza la seguridad nacional con unas misteriosas y poderosas bombas. El Coronel Rhodes —quien también dispone de un traje como el de Iron Man, y sirve al ejército como Iron Patriot— pretende ocuparse del terrorista mientras Tony Stark/Iron Man resuelve sus problemas personales, pero el asunto resultará estar ligado con el pasado del propio Stark.

El guion es bueno, pues funciona con dosis de entretenimiento ininterrumpido —secuencias como el rescate aéreo masivo son de disfrute máximo—, y consigue adaptar los aspectos del cómic a una película de superhéroes de hoy. Así, El Mandarín —archienemigo de Iron Man en el cómic, chino originalmente y con diez anillos de poder— es aquí un terrorista de Medio Oriente con un genial detalle revelador en la historia. Menos conseguido está el recurso de la poderosa tecnología que permite a los malos regenerarse e incluso escupir fuego; cosas así cada vez chirrían más en la era de los caballeros oscuros y los hombres de acero de Christopher Nolan.

Y una vez más el alma de la película es Robert Downey Jr. y su Tony Stark: irónico, impredecible y todo un héroe de corazón sin falsas superficialidades con el que el público de hoy ha conectado tan bien. Ahora se añaden aspectos como sus crisis de ansiedad tras lo ocurrido en The Avengers, su contacto con un simpático niño (un símbolo del héroe corriente que todos podemos ser) y su ya más madura relación con Pepper Potts (Gwyneth Paltrow). El resto del reparto son el gran Don Cheadle como el Coronel Rhodes/Iron Patriot, Guy Pearce en un papel que le sienta bastante y un Sir Ben Kingsley que sorprende, por decirlo así.

Completamos así este ciclo con Tony Stark y Iron Man, del que prefiero quedarme no tanto con la reflexión sobre la responsabilidad que lleva el avance de la ciencia —que está presente— sino la propia evolución del personaje, resumida al final en una bella metáfora de una mariposa que dejó de ser oruga.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Iron Man 3

Lincoln

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Steven Spielberg
GUION Tony Kushner basado en el libro de Doris Kearns Goodwin
MÚSICA John Williams
FOTOGRAFÍA Janusz Kaminski
REPARTO Daniel Day-Lewis, Sally Field, Tommy Lee Jones, David Strathairn, Joseph Gordon-Levitt, James Spader, John Hawkes, Hal Holbrook, Jackie Earle Haley

Un político enorme

La historia de Estados Unidos –sin ser una de las más ricas, ni mucho menos– siempre ha sido una fuente de grandes películas. Cuando es Steven Spielberg el que toma en sus manos un proyecto para rendir honor a su admirado Abraham Lincoln, podemos esperar incluso más que una gran película. Y ciertamente no desmerece el Lincoln de Spielberg, aunque no deje de ser el relato político de la aprobación de la 13ª enmienda (la que abolió la esclavitud) y del fin de la Guerra de Secesión estadounidense.

Estamos ante un relato histórico que, a través de los últimos y grandes momentos de la vida de Lincoln, consigue mostrarnos al hombre destacando, en primer lugar, su temple y buen ánimo. En momentos incluso parece un poco idealizado ese Lincoln que parece estar por encima del bien y del mal y que toma decisiones contra todo pronóstico con una sabiduría y una tranquilidad al menos cuestionable. Las sombras del personaje son pocas, pero de alguna manera están ahí: su a veces conflictiva relación con su mujer (aunque más bien la confictiva es ella, irritante Sally Field que no merecía nominación al Oscar) o la distancia con su hijo mayor (una subtrama poco encajada con el resto). Una vez más, ante el trabajo de Daniel Day-Lewis uno solo puede quitarse el sombrero y admirar cómo este británico se ha transformado realmente en Abraham Lincoln y nos ha dejado conocerlo de pleno.

Pero si algo es este Lincoln es todo un político. Llaman la atención los métodos que utiliza para conseguir la aprobación de la 13ª enmienda, cuestionables pero que sin duda lograron un bien necesarísimo que él tenía muy claro. La esclavitud es un tema presente en toda la historia, pero sin caer en sentimentalismos como quizá lo esperaríamos de Spielberg. Quizá el personaje que vaya más en esa línea sea Thaddeus Stevens (el mejor Tommy Lee Jones en años), un abolicionista de fuerte carácter y gran corazón. Se suma todo un elenco de estrellas, algunas de ellas casi desaprovechadas, como Joseph Gordon-Levitt como el hijo de Lincoln o el gran John Hawkes en un papel de comparsa. Lucen más James Spader como el encargado de los tejemanejes de los republicanos o Hal Holbrook como otro personaje político clave.

Efectivamente, la trama es netamente política y toda una lección de historia, no por eso poco disfrutable: el también nominado Tony Kushner (guion) consigue hacer accesible y entendible la cuestión política en juego y su gran trascendencia. A la empresa hay que sumar el experimentado y oscarizado equipo habitual de Spielberg, como John Williams (con una música que tiene un toque del Estados Unidos del siglo XIX en sus vetas alegres), la fotografía de Janusz Kaminski (que quizá abusa un poco de los contraluces) o el vestuario de Joanna Johnston (aunque me intrigue el porqué estaba de moda usar cobijas en los hombros en todo momento).

En definitva, correctísima obra de Spielberg que canta las glorias de uno de los momentos clave de la historia de su país y del hombre que la consiguió, sin ser una mirada demasiado ingenua pero tampoco necesariamente crítica. Al menos las clases de historia han ganado un gran instrumento. Y quizá una retahila de premios de la Academia.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Lincoln

Life of Pi

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Ang Lee
GUION David Magee basado en la novela de Yann Martel
MÚSICA Mychael Danna
FOTOGRAFÍA Claudio Miranda
REPARTO Suraj Sharma, Irrfan Khan, Rafe Spall, Gérard Depardieu

Una historia para creer

El proyecto de adaptar al cine una galardonada novela que buscaba ser principalmente una reflexión a partir del naufragio de un niño y un tigre de bengala, era más que ambicioso. Sin embargo, donde otros pudieron ver un insensato riesgo, el talentoso Ang Lee (Crouching Tiger, Hidden Dragon; Brokeback Mountain) vio su oportunidad para contar esta bella historia que habla sobre el poder de las historias.

Pi –personaje de singular nombre, aun proviniendo de la India– cuenta a un escritor la historia de su “aventura maravillosa”: cómo siendo un adolescente naufragó con su familia –y el zoológico que transportaban– y sobrevivió en la única compañía de un tigre de bengala. Entre Big Fish –por lo fantástico del relato y la dudosa credibilidad de su narrador– y Slumdog Millionaire –niño de la India que cuenta su pasado–, la película es básicamente una historia de naufragio a partir de la cual se construye una interesante parábola.

El director taiwanés decidió, además, estrenarse en el uso del 3D con un resultado bastante bueno sin ser imprescindible. Muchas de las escenas son contemplativas, y lo estético tiene una importante carga. Aunque quizá el gran reto para Lee fueron sus protagonistas: el novato Suraj Sharma –típico caso de acompañé a mi hermano al casting y se quedaron conmigo– y el fabuloso tigre (en realidad grabaron con cuatro) que daría vida al representativo felino con el nombre de Richard Parker, uno de los animales que más ha transmitido en pantalla en la historia del cine, a pesar de que –o, más bien, justo por eso– en ningún momento deja de ser un peligroso tigre, como se nos recuerda en la película (nada de amistad ñoña entre niño y fiera, esto es mucho más profundo). Mención aparte merece la música de Mychael Danna, una de las 11 nominaciones a los Oscars de la película.

Volviendo al título, Pi cuenta cómo en su infancia se sentía tanto hindú como católico y musulmán. Su relación con Dios queda, de este modo tan particular, muy patente desde el inicio de la película. Y su historia se nos presenta, sin ambages, como una que “hará creer en Dios”. Con secuencias intensas como la del naufragio y desgarradoras como la de la segunda tormenta, el resultado es ciertamente bello e invita a reflexionar de la manera más hermosa y eficaz que el ser humano ha encontrado hasta ahora: contando una historia.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todos los datos de Life of Pi