Los Increíbles 2

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN y GUION Brad Bird
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO (voces en inglés) Craig T. Nelson, Holly Hunter, Samuel L. Jackson, Bob Odenkirk, Catherine Keener, Sarah Vowell, Huck Milner, Brad Bird

Súper familia

Catorce años después del clásico de Disney-Pixar que nos presentó a esta fabulosa familia de superhéroes, su secuela retoma la acción en el mismo momento en que aquélla terminó, con los protagonistas enfrentando a un nuevo villano. La prohibición legal de los superhéroes aún vigente los fuerza a seguir inactivos, hasta que son contactados por dos hermanos millonarios interesados en recuperar el prestigio de los superhéroes. Esta vez será Helen/Elastigirl quien deba dar el primer paso en su nueva misión, por lo que Bob/Mr. Increíble tendrá que quedarse en casa a cuidar a los niños…

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La vigésima película de Pixar no solo cumple con el alto estándar de calidad del guion y de factura de animación a los que el estudio nos tiene acostumbrados, sino que en muchos aspectos los supera, al entregar una historia más compleja y profunda, sí de animación para toda la familia pero no «infantil» ni mucho menos. Nuevamente es Brad Bird quien escribe y dirige, que además de la primera Los Increíbles, escribió y dirigió Ratatouille también para Pixar, antes la espléndida El Gigante de Hierro, y películas no animadas como Tomorrowland o Misión Imposible: Protocolo Fantasma (esta última solo la dirigió).

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Se notan los años invertidos en un guion excelente que aprovecha a estos personajes entrañables que reflejan los roles de la familia clásica: Bob, el padre protector (su superpoder es la fuerza); Helen, la madre flexible (su superpoder es la elasticidad); Violet, la adolescente insegura (puede hacerse invisible y crear campos defensores); Dash, el niño inquieto (supervelocidad) y Jack Jack que como todo bebé está lleno de posibilidades (la trivia de IMDb le atribuye hasta 17 poderes distintos). La historia luce con una estupenda animación y un diseño retro que hace homenaje al género de aventuras de los 60’s —época en que se transcurre la trama—, con cameo de Jonny Quest incluido.

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Amén de las excelentes secuencias de acción y del humor —la desternillante escena en el restaurante donde trabaja el crush de Violet, o el combate del bebé Jack Jack contra un mapache son ejemplos geniales— que hacen de esta una película muy entretenida y de mucho disfrute, la trama plantea algunos temas de plena actualidad como la justicia o injusticia de las leyes; la importancia de la opinión pública y la percepción social; la dependencia actual de las pantallas (el villano Screenslaver, literalmente «pantalla-esclavizador», es para reflexionar) o el papel de la mujer en la familia en una sociedad cada vez más volcada al feminismo: Elastigirl se luce tanto en su trepidante persecución como en su defensa de la importancia de ser ama de casa. Si algo se le puede reprochar es que sigue la misma estructura narrativa que su primera parte, con un giro de la trama final también muy similar y, por tanto, previsible. En todo caso, es una estupenda película y divertidísima, que de paso contiene un mensaje familiar en absoluto forzado sino muy orgánico.

Isla de perros

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN Wes Anderson
GUION Wes Anderson, Roman Coppola, Jason Schwartzman y Kunichi Nomura
FOTOGRAFÍA Tristan Oliver
MÚSICA Alexandre Desplat
REPARTO (voces) Bryan Cranston, Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum, Bob Balaban, Liev Schreiber, Scarlett Johansson, Frances McDormand, F. Murray Abraham, Greta Gerwig, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Koyu Rankin

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El inconfundible estilo del cineasta texano Wes Anderson permite la interesante dicotomía de que realice películas de acción real así como animaciones en stop motion con una misma línea visual y estética. Son bien conocidos sus planos simétricos, tomas cerrados en ángulo cenital, largos travellings y una rica paleta de colores en lo estético, así como su humor irónico en las aventuras de sus excéntricos personajes. Isla de perros es su segunda incursión en esta técnica de animación después de la fabulosa Fantastic Mr. Fox a la que, digámoslo ya, no alcanza su más reciente película.

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El futuro. Ante la sospechosa proliferación de la gripe canina, el alcalde de la ciudad japonesa de Megasaki decide expulsar a todos los perros a una isla-basurero. El joven Atari logra llegar a la isla en busca de su mascota, aventura a la que se unirán cinco simpáticos canes, mientras que en Megasaki comienza la resistencia… Wes Anderson incide en una cultura ajena desde su mirada muy occidental como había hecho con la India en The Darjeeling Limited y la Centroeuropa de entreguerras en The Grand Budapest Hotel. (Esperemos no tarde en descubrir el colorido México, pues podría salir algo interesante).

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Es clave el reparto de voces, conformado por los habituales colaboradores de Wes Anderson, a los que se unen algunas estrellas como Bryan Cranston como Chief, el perro protagónico, un callejero rebelde; o Greta Gerwig como la estudiante de intercambio Tracy Walker, parte activa de la resistencia y enamorada de Atari. El grupo canino interpretado por Edward Norton, Bill Murray, Jeff Goldblum y Bob Balaban es de lo más divertido, así como las intervenciones puntuales de Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Harvey Keitel… todos perros. Por cierto, muy acertada la mezcla lingüística, que mantiene los diálogos japoneses —con sus necesarias traducciones dentro de la historia— mientras los perros hablan en inglés sin entenderse con los humanos. El guion contiene los elementos constantes de Anderson, también guionista de sus películas, como el amor adolescente, la rebelión contra la autoridad, o la inmadurez de los adultos frente a la sabiduría intuitiva de los niños (a los que se suman, en esta ocasión, los perros).

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En este su noveno largometraje, Wes Anderson no decepciona, pero tampoco se supera y no estamos ante una de sus mejores. Por varios motivos. Dentro de su cuidadísima estética visual, hay algunos momentos de saturación, cuando letras en inglés y kanjis en japonés se unen a los ya cargados planos haciendo que uno no sepa a dónde mirar. Como a veces le sucede, el ritmo afloja un poco a la mitad de la historia y la música de Alexandre Desplat, siendo genial, se vuelve algo repetitiva. El tercer acto no es tan intenso como los de otras tramas suyas y eso también se resiente.

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Con todo, hay momentos y elementos estupendos —la secuencia con la canción I Won’t Hurt You; el arco del personaje de Chief; los gatitos que acompañan siempre a los villanos; la asistente Yoko-Ono a quien da voz la misma Yoko Ono; y las múltiples referencias cinematográficas (el apellido del alcalde Kobayashi saca una sonrisa a quienes hemos visto y re-visto The Usual Suspects) especialmente al cineasta japonés Akira Kurosawa— y el resultado global es bastante bueno, destacando la elaborada producción que una animación con esta técnica exige. Finalmente, quizá no sea tan memorable puesto que el tema de la película —la opresión de quienes odian a los perros— no es actual sino todo lo contrario, pues vivimos en la época en la que más preocupación ha habido por los animales, y por estos animales, al menos en Occidente (el título original Isle of Dogsque se pronuncia igual que I love dogs, no es inocente).

 

Avengers: Infinity War

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN Anthony Russo y Joe Russo
GUION Christopher Markus y Stephen McFeely
FOTOGRAFÍA Trent Opaloch
MÚSICA Alan Silvestri
REPARTO Josh Brolin, Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Don Cheadle, Benedict Cumberbatch, Chris Pratt, Bradley Cooper, Vin Diesel, Zoe Saldana, Pom Klementieff, Dave Bautista, Tom Hiddleston, Tom Holland, Chadwick Boseman, Danai Gurira, Karen Gillan, Paul Bettany, Elizabeth Olsen, Sebastian Stan, Anthony Mackie, Peter Dinklage, Benicio del Toro

En busca del balance

Lo dicen los números. A pesar de la enorme variedad de películas que se hacen hoy en todo el mundo —nunca antes había habido tanto cine y, me atrevo a decirlo, tan bueno— esta década pasará a la historia del séptimo arte como la del cine de superhéroes. Heredero del cómic y sustituto pop de la mitología, este es sin duda el género cinematográfico que más gente está llevando a las salas y, por lo mismo, al que más se le invierte.  En esa tesitura aparece «el evento cinematográfico de la década»: cumpliendo 10 años —en 2008 se estrenó la primera Iron Man reviviendo la carrera de un rehabilitado Robert Downey Jr.— y con 18 películas de sus superhéroes encima, Marvel Studios —que en el ínterin fue comprada por Disney— junta a (casi) todos esos superhéroes en la primera parte de lo que pretende ser el final de un ciclo. El nombre, aunque tomado de un cómic, no puede ser más ambicioso: Avengers: Infinity War. Nada menos.

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El riesgo de incluir en una sola película a casi veinte personajes importantes —la mayoría tienen sus propias películas, incluso trilogías completas— era grande. Así, la apuesta de Marvel Studios fue asumir que el público ya conoce a estos personajes y sus backstories. Ciertamente no es una película que se sostenga narrativamente por sí misma. Y así está pensada: estamos ante un caso más —cada vez más frecuentes— de películas que, celosas de las narrativas amplias de las series, son un trozo de historia como dije en su momento, como la trilogía de El Hobbit o los finales de sagas como Harry Potter Los juegos del hambre, que constan de dos partes. De esta forma, sin perderse en recapitulaciones, consigue tocar adecuadamente los conflictos de cada uno de estos personajes: Tony Stark queriendo sentar cabeza, un Capitán América rebelde, un Bruce Banner sin Hulk, Wanda y Vision enamorados, un Groot adolescente, un Quill/Star Lord dolido, un Thor frustrado, un Loki leal…

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Así pues, esta entrega cumple y mucho, pues es sobre todo sumamente entretenida. Excelentes secuencias de acción. Guiños a los fans. Humor por todas partes, incluso con riesgo de exagerar. Sin embargo, el verdadero mérito de esta película es que, a pesar de lo cómica y entretenida que es, ha apostado por la tragedia. Y no solo por su trágico final (del que muchas razones, internas y externas a la trama, invitan a pensar que no es definitivo, por cierto). Los guionistas se centraron no en la historia de Tony Stark, ni del Capitán América, ni de Hulk, ni de Thor… el personaje central es el villano, Thanos. Este ser morado y colosal no es el típico megalómano ambicioso. Thanos ama. Thanos llora. Es un malo que se antoja shakesperiano, convencido de que su cruzada es buena: eliminar a la mitad de la población del universo para tener los recursos mejor repartidos; para encontrar el balance. Busca recolectar las seis gemas del infinito y con su poder hacer esta criba con un chasquido, al azar y sin dolor. En sus palabras: «lo llamo misericordia». Brutal. Un argumento contra la sobrepoblación que está hoy en los labios de muchos. Y no precisamente de los que consideramos villanos.

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Disney/Marvel no ha hecho más que empezar. Tiene aún varias historias de superhéroes en la chistera. El dinero se sigue moviendo y la gente va en tropel a los cines (Infinity War es la película más cara jamás hecha y es ya la película más taquillera de la historia en su primer fin de semana). Muchos amantes del buen cine pueden indignarse de que sea algo insulso, entretenimiento fácil, una red de películas que dependen unas de otras donde se espera la escena post-créditos que anunciará la siguiente aventura. Grandes actores siguen rindiéndose ante el dinero y a ser inmortalizados en una figura de acción. Por suerte, hoy hay suficiente oferta para todos los públicos, y el cine de superhéroes tiene mucho y parece insaciable. Esperemos que gente como los hermanos Russo (los directores) y buenos guionistas sigan ahí para asegurarse de que sepa bien.

 

 

Un lugar en silencio

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN John Krasinski
GUION Bryan Woods, Scott Beck y John Krasinski
FOTOGRAFÍA Charlotte Bruus Christensen
MÚSICA Marco Beltrami
REPARTO John Krasinski, Emily Blunt, Millicent Simmonds, Noah Jupe

Tensión sin ruido

Hacer una buena película a partir de una premisa insulsa no debe ser sencillo. Y, ciertamente, la premisa de la invasión de unas criaturas feroces —y ciegas— que destruyen a cualquier otro ser vivo en cuanto lo escuchan no parecería sostenerse con facilidad. Sin embargo, Un lugar en silencio (título original A Quiet Place; el título ibérico Un lugar tranquilo arruina la referencia al silencio… y de tranquilo no tiene nada) consigue exprimir esa tensión al máximo centrándose en una familia que ha conseguido sobrevivir a base de no hacer, literalmente, ningún ruido. Hasta ahora. image3-1520777936La película, protagonizada y bien dirigida por John Krasinski (mejor conocido por su personaje de Jim en la serie cómica The Office: ya se ve que a los cómicos les está funcionando pasarse al suspense; a Jordan Peele ya le valió un Oscar a mejor guion por Get Out) juega muy bien con la ausencia de diálogos de los personajes —salvo los breves mensajes en señas— y consigue crear una tensión que mantiene al espectador al borde del asiento: aunque es una película más bien breve, no hay un momento de respiro. image4-0Con un gancho inicial de manual, se limita durante el resto de la trama al juego de no hacer ruido, manteniéndolo en los límites narrativos donde semejante planteamiento puede sostenerse. Su estética de un mundo distópico gris y desolado, junto con el énfasis en el mensaje familiar —da gusto ver una familia feliz y unida en el cine, la esposa en la cinta es la actriz Emily Blunt, esposa de Krasinski en la vida real— recuerdan la ignorada The Road, mientras que la figura del padre protector y la ambientación remiten más bien a Señales de M. Night Shyamalan. Una eficaz película de suspense que de paso rompe una lanza en pro de la unidad familiar y la apertura a la vida aún en circunstancias complicadas.

Ready Player One

(2018) EE.UU.
DIRECCIÓN Steven Spielberg
GUION Zak Penn y Ernest Cline, basado en la novela de Ernest Cline
FOTOGRAFÍA Janusz Kaminski
MÚSICA Alan Silvestri
REPARTO Tye Sheridan, Olivia Cooke, Ben Mendelsohn, Mark Rylance, Simon Pegg

Spielberg en videojuego

Spielberg es Spielberg. Uno de los artífices del cine como hoy lo conocemos, que ha forjado el cine de aventuras (desde la saga de Indiana Jones hasta la adaptación digital de su querido Tin Tin), ensanchado la ciencia ficción (como olvidar a E.T. o sus Encuentros cercanos del tercer tipo), pero también explorado el drama histórico (con La lista de Schindler, Lincoln o la reciente The Post) o aportado a la técnica introduciendo por primera vez imágenes por computadora en Jurassic Park, entre otras muchas cosas. A sus 72 años —se dice fácil— este veterano muestra una vez más una de sus grandes virtudes: su apertura ante lo nuevo. Entrega así una versión del clásico viaje del héroe inserto esta vez en el universo de los videojuegos (es la adaptación de la popular novela homónima), en una película que tiene tres cuartas partes de animación digital.

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En un futuro distópico (2040’s), la humanidad se abstrae de su dura realidad pasando gran parte de su tiempo inmersa en el «Oasis»: un gran videojuego de realidad virtual creado por el recientemente fallecido James Halliday (Mark Rylance, el más reciente predilecto de Spielberg, interpreta a este Steve Jobs de los videojuegos). La muerte del creador desveló un concurso con distintas pruebas dentro del videojuego, cuyo premio será el control del Oasis. El héroe es Wade (Tye Sheridan), un joven huérfano que vive con su tía en las periferias de una gran ciudad, y que se aliará con otros jóvenes como él para obtener el premio antes que la macroempresa liderada por el ambicioso Sorrento (Ben Mendelsohn), gane el juego y, con él, el control de su querido Oasis.

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La trama va en la línea de varias películas de Spielberg, donde la camaradería de los niños se enfrenta a los malvados adultos, como hemos visto en E.T. o Los Goonies; modelo atractivo que se ha perpetuado en historias como Súper 8 de J.J. Abrams o la serie Stranger Things de los Hermanos Duffer. Aquí se suma el componente geek de los videojuegos pues Ready Player One, como la novela, está llena de referencias a ese universo y a la cultura pop en general. Por cierto, es novedad de la película el homenaje que se hace a El resplandor de Kubrick, un excelente guiño de Spielberg a uno de sus directores más admirados. Como era de esperar, visualmente es impresionante, aunque quizá llegue en momentos al empalago digital. Más allá de la trama de aventuras y el consabido viaje del héroe, asoma solo un poco la crítica a una sociedad que cada vez renuncia más a resolver sus muchos problemas optando por aislarse en mundos de ficción. Todo indica que para allá vamos.

 

El hilo invisible

(2017) EE.UU.
DIRECCIÓN, GUION Y FOTOGRAFÍA Paul Thomas Anderson
MÚSICA Jonny Greenwood
REPARTO Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Brian Gleeson, Harriet Sansom Harris

Obsesión y moda

El cine de Paul Thomas Anderson es único en la actualidad. Complejo, a ratos barroco, preciosista y siempre inmersivo. Su cuidada fotografía —es de los que se aferra a seguir filmando y exhibiendo en celuloide—, su ritmo elaborado y sus temáticas recuerdan al mejor cine de Martin Scorsese o de Francis Ford Coppola. En El hilo invisible cuenta la historia de un famoso modista en el Londres de los años cincuenta —al parecer inspirado en el español Balenciaga— y su relación con una mujer que se vuelve su modelo y su musa.

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Quién mejor que Daniel Day-Lewis para este papel. Este titán de la actuación, monstruo de la naturaleza —como decía Cervantes de Lope— con tres Oscares y otras tres nominaciones (suponiendo que la de este año quede solo en nominación), famoso por permanecer en personaje durante todo el periodo de filmación, encarna muy bien a nuestro diseñador, Reynolds Woodcock, solterón en un mundo femenino —trabaja rodeado de sus costureras y su hermana y socia Cyril: Lesley Manville, también nominada—, metódico y obsesivo. En su camino se cruza Alma (Vicky Krieps, que en mi opinión se lleva la película, incluso delante del monstruo, aunque la nominación a actriz de reparto haya sido para Manville), una pueblerina de la que Woodcock queda prendado. Trasladada al exigente entorno del diseñador y su hermana, irá aprendiendo a amar a este hombre hasta desarrollar su propia obsesión.

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El cine es un arte de detalles —suponiendo que alguno no lo sea— y este director lo sabe muy bien. Incluso el título de esta película es una mención de eso, un detalle que, sin embargo, da sentido a un modo de hacer las cosas con perfección, con alma. Como lo hace nuestro protagonista. Eso —se nos dice— lo hace el mejor y no cualquiera está a la altura de vestir una de sus prendas, por más que pueda pagarla. Woodstock borda pequeños mensajes ocultos en sus vestidos, solo conocidos por el artista y que le dan su verdadero significado. Y eso es exactamente lo que el director parece estar haciendo en esta película.

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Paul Thomas Anderson nos enseña aquí a apreciar un arte quizá no siempre tan valorado como es el diseño de moda, y lo hace incluso con una perspectiva de época. A través de sus ojos y de su cámara —en esta ocasión funge también como director de fotografía, aunque sin el crédito— nos envuelve en ese mundo y en el de sus personajes, siempre un poco atormentados. Al igual que en otras entregas suyas, no es este un cine de entretenimiento como tal —se puede hacer un poco lenta para quien no sepa a lo que se enfrenta— pero sí de gran nivel. Como los vestidos del personaje, no será apreciado por todos pero sí valorado por quien tenga ojos para el arte.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Lady Bird

(2017) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Greta Gerwig
FOTOGRAFÍA Sam Levy
MÚSICA Jon Brion
REPARTO Saoirse Ronan, Laurie Metcalf, Lucas Hedges, Timothée Chalamet, Tracy Letts

La mejor edad

La actriz Greta Gerwig escribe y dirige esta historia autobiográfica, con todos los elementos de una buena película independiente. Es el año 2002 en Sacramento, California, y Christine McPherson —que se dio a sí misma el nombre de «Lady Bird»— cursa su último año en un colegio católico para señoritas. Y ella es todo lo contrario a una señorita, casi tanto como es todo lo contrario a su madre, una médico trabajadora, responsable y agobiada.

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Como en el tercer acto de Boyhood (Richard Linkater, 2014), película con la que tiene muchos elementos en común, se nos cuenta la cotidianidad de un personaje adolescente, con todo lo que eso implica en el conflicto: prácticamente inexistente para el exterior pero fundamental para el protagonista. Lady Bird pretende salir de su «jaula» de la pequeña ciudad de Sacramento y estudiar la carrera en Nueva York; como le sucede a la mayoría de las personas, no tiene el dinero ni las calificaciones para lograrlo, aunque tiene su determinación.

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Además del óptimo look de película independiente —Gerwig le habrá aprendido mucho a su pareja, el escritor y director Noah Baumbach—, la película cuenta con excelentes actuaciones. En los roles de adolescentes protagonistas tenemos un trío que juntos acumulan 5 nominaciones al Oscar: Saoirse Ronan, siempre sorprendente y más en este que se siente curiosamente como su papel menos adulto, Lucas Hedges y Timothée Chalamet. A la altura está la interpretación de Lauire Metcalf como la madre, lo que le ha valido de momento la nominación al Oscar.

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Sin grandes dramatismos y con buenas dosis de humor (imposible no acordarse de Napoleon Dynamite, sobre todo con la simpática campaña electoral de Lady Bird), vemos elementos de la vida misma en la que todos podemos reconocernos. Las discusiones de una madre y una hija muy distintas que, con todo, se quieren mucho —y la importancia del rol del padre, que funciona como nexo y árbitro entre ambas. Las dudas legítimas ante los retos del futuro en una etapa clave. La ilusión —y la desilusión— del primer amor. Los falsos amigos populares y los amigos de verdad. Las lágrimas y las risas —a las que tampoco escapan los curas y las monjas del colegio— todos humanos, todos normales. Esas historias que, por suerte, no son pretenciosas y que esperemos el cine independiente nunca deje de brindarnos.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Tres anuncios en las afueras

(2017) EE.UU., Reino Unido
DIRECCIÓN Y GUION Martin McDonagh
FOTOGRAFÍA Ben Davis
MÚSICA Carter Burwell
REPARTO Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Abbie Cornish, Caleb Landry Jones, Lucas Hedges, John Hawkes, Peter Dinklage

«Todos somos grotescos»
Flannery O’Connor

Un hombre bueno es difícil de encontrar

Tras la violación y asesinato de su hija, y los meses que pasan sin que la policía esclarezca el caso, Mildred Hayes (Frances McDormand) decide alquilar tres grandes anuncios en la carretera del pueblo en los que manda poner: «Violada mientras moría», «¿Y aún no hay arrestos?», «¿Cómo es esto, Jefe Willoughby?» (en inglés suenan mejor), el último siendo una alusión directa al apreciado sheriff local Willoughby (Woody Harrelson). Siguiendo un principio básico de la comunicación pública —si es notorio, más pronto se atenderá— Mildred destapará la presión en su pequeño pueblo con consecuencias difíciles de prever.

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La tercera película del talentoso Martin McDonagh es estupenda. Una eficaz mezcla de géneros —en parte western, en parte drama, en parte thriller y en parte humor negro a lo hermanos Cohen— con una trama imprevisible a la vez que coherente, que es muy de agradecer ante el panorama de historias siempre tan predecibles que se nos ofrece actualmente. Situaciones fuertes en torno a personajes agresivos y resueltos, especialmente la madre coraje protagonista, una auténtica guerrera con pañoleta en la frente incluida, de quien Frances McDormand dijo que tuvo que inspirarse en los gestos de John Wayne pues no encontró un modelo femenino para lo que el personaje requería.

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El resto del reparto funciona otro tanto. No por nada fueron nominados al Oscar, junto con McDormand —favorita para llevarse la estatuilla de actriz principal—, Woody Harrelson y Sam Rockwell, este último encarnando a un policía primario, de pocas luces y bastante racista, en otra de sus grandes interpretaciones en las que resulta realmente repelente. También los papeles más pequeños están muy bien elegidos e interpretados con actores como John Hawkes, Peter Dinklage o Caleb Landry Jones, que este año aparece en tres de las grandes: Get Out, The Florida Proyect y esta que comentamos. Quizá el más flojo sea Lucas Hedges, que interpreta al hijo de Mildred; al menos en comparación a su actuación el año pasado en Manchester By The Sea.

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Amén de la pericia en aspectos como la música, el sonido o la fotografía —un logrado plano secuencia da gran fuerza a un momento clave de la trama, por ejemplo—, lo que más destaca de la película son las dimensiones que tienen los personajes. Ciertamente no estamos ante héroes y villanos, ninguno es puramente bueno o malo (de hecho, los momentos más artificiales son cuando la trama encumbra un poco al personaje del sheriff Willoughby). Como nos recordara el cine de la pequeña pantalla en, por ejemplo, Breaking Bad, los grandes personajes se forjan en esa indeterminación moral que en el fondo retrata a todo ser humano.

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La escritora estadounidense Flannery O’Connor contaba en el relato corto «Un hombre bueno es difícil de encontrar» —que da nombre a uno de sus libros más famosos— una historia de violencia con aparente escaso sentido. La tesis de esta autora, de firmes creencias católicas dentro de un entorno protestante, es que las buenas narraciones consiguen transmitir la esencia del ser humano justamente en ese claroscuro entre el bien y el mal. Un hombre bueno es difícil de encontrar no solo podría ser el título de esta película, es también el libro que el personaje de Red (Caleb Landry Jones) está leyendo en el arranque de la película cuando Mildred Hayes llega a alquilar los anuncios. ¿Coincidencia? Por supuesto que no.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

La forma del agua

(2017) EE.UU.
DIRECCIÓN Guillermo del Toro
GUION Guillermo del Toro y Vanessa Taylor
FOTOGRAFÍA Dan Laustsen
MÚSICA Alexandre Desplat
REPARTO Sally Hawkins, Octavia Spencer, Michael Shannon, Richard Jenkins, Doug Jones, Michael Stuhlbarg

Romance anfibio

Siguiendo la receta de sus películas más exitosas (El espinazo del diablo, El laberinto del fauno), Guillermo del Toro —uno de los tres mexicanos consentidos de Hollywood, junto con Alejandro G. Iñárritu y Alfonso Cuarón— presenta en La forma del agua una historia de fantasía dentro de un contexto de época, en este caso la guerra fría en Estados Unidos. En un búnker secreto del gobierno americano, una mujer muda que trabaja como empleada de limpieza se enamora de una criatura marina, una especie de hombre pez que es llevado ahí para experimentación.

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De gran calidad cinematográfica en lo técnico, con un diseño de producción extraordinario y una fotografía bien lograda, así como la excelente banda sonora de Alexandre Desplat, el desarrollo del guion es, sin embargo, bastante predecible y con una estructura desacompasada. Los personajes resultan planos y sin un arco de transformación; por un lado, los buenos sin sombra de maldad, con el denominador común de ser marginados: la protagonista (Sally Hawkins) por ser muda, su amiga y colega (siempre simpática Octavia Spencer) por ser afroamericana, su vecino y confidente (Richard Jenkins) por ser homosexual, y su enamorado por ser un anfibio con sentimientos humanos (Doug Jones, el monstruo habitual de Del Toro), cuya apariencia por cierto no lo hace especialmente empático. Por otro lado, los malos son también clichés, sobre todo el villano (Michael Shannon) que tortura a la criatura sin razón aparente y que es cínico, misógino y hasta fundamentalista religioso al parecer.

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Si bien la originalidad de los planteamientos de Del Toro siempre es de agradecer, así como las múltiples referencias cinematográficas que demuestran su amplio bagaje audiovisual, con todo tipo de homenajes al cine de monstruos y al cine en general (los protagonistas de esta historia viven encima de una sala de cine), La forma del agua no va más allá de algunos lugares comunes. Algunas escenas de desnudez completamente innecesarias y la escasez de explicaciones clave como el origen de la criatura o el cómo y por qué la protagonista se enamora de ella —algo que se antoja como el eje de la trama pero que simplemente sucede y al inicio— la hacen una película difícil de clasificar y, aunque entretenida, poco memorable. Algunas de sus 13 nominaciones (las técnicas, sobre todo) están más que justificadas, incluida la de Del Toro como director, pues ciertamente hace un trabajo impecable; las de interpretación son más discutibles, pues cuenta con un reparto excelente que tampoco puede crecerse mucho con esos personajes; en fin, la nominación  del guion así como la de mejor película harían esperar mucho de una cinta muy regular aunque original.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor