Savages

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Oliver Stone
GUIÓN Shane Salerno, Don Winslow y Oliver Stone
MÚSICA Adam Peters
FOTOGRAFÍA Dan Mindel
REPARTO Benicio del Toro, Salma Hayek, John Travolta, Blake Lively

Oliver got Stone

Oliver Stone. Al escuchar ese nombre el espectador suele pensar en buen cine, incluso original. Lo más probable es que le vengan a la mente esas grandes películas como Platoon o Wall Street. Pero, al parecer, esos años de Stone ya pasaron. Últimamente ha realizado películas más puramente comerciales, y esta útlima entrega, Savages, es el culmen de lo que se podría definir como cine de verano: un film fácil que, como mucho, ayuda a pasar el rato.

Dicho esto e intentando no parecer fatalista ni dármelas de conocedor cinematográfico criticando al que, a pesar de todo, es un grande del cine, intentaré empezar destacando lo mejor de esta última entrega. Lo mejor: las actuaciones de Benicio del Toro y Salma Hayek. Ambos son impecables y logran papeles memorables, en especial del Toro interpretando a un matón mexicano que trabaja para los narcotraficantes y que no pretende ser el más inteligente de todos, una inteligencia del montón, pero con un toque de suerte y de “buenos” amigos. Salma Hayek hace el papel de Elena, la “madrina” del narcotráfico con ese toque distintivo de la mujer latina, fuerte, de armas tomar –literalmente- pero que en el fondo es dulce, además de un toque temperamental que hace que su personaje no sea lineal. Me gustaría decir lo mismo de John Travolta, pero no me termino de creer su papel. Aparece en la pantalla y siento que estoy en una comedia, ha perdido seriedad. El resto de otros actores, incluida Blake Lively, pienso que están ahí solo por su físico y no por sus grandes dotes actorales.

La música está muy trabajada y pensada. Sin embargo, no es muy acorde a lo que vemos en pantalla; por ejemplo, las imágenes de O (Blake Lively) comprando en un mall, con primeros planos de la tarjeta de crédito pasando por la maquinita y bolsas de marcas conocidas con música instrumental inquietante. Y después de toda la tensión que ha mostrado, la película acaba con un cover de Here Comes the Sun de The Beatles, una gran canción, pero que simplemente no viene al caso.

Cuando se tiene una historia nada novedosa y sin grandes giros dramáticos se toman medidas desesperadas para llenar las salas de cine. Además de contratar a actores conocidos y atractivos físicamente, se les regala a los espectadores violencia y sexo de forma gratuita e innecesaria. Es mejor no enseñar todo, de lo contrario esas realidades pierden fuerza: las matanzas, las escenas de sexo que no aportan nada a la película, y esas sábanas que quedan justo en la zona calculada para que no se vea nada y a la vez se vea todo. Ya se sabe que el mundo de las drogas es duro y complicado, hay muertes, pero no está claro qué más quiere aportar esta película. Toca el tema de la droga, a la vez, de un modo muy ligero; al parecer, se puede vivir bien del narcotráfico siempre y cuando tengas un perfil bajo. Por otro lado, plantea que hay un grupo de la juventud actual de Estados Unidos que está sumamente afectado por la guerra, e incluso llega a parecer normal que tengan armas, granadas, y no tengan ningún problema en matar, es más, algunos ven matar como la única salida. Eso simplemente no es normal. Y la otra cara de los jóvenes es ser sumamente buenos, buscar la paz y salvar al mundo. Ni lo uno, ni lo otro. El mundo está lleno de matices, de grises y aquí cada uno es un estereotipo y cumple su papel “a la perfección”. La gente real no es así.

Y el culmen, siento adelantarlo, es presentar dos finales: primero uno, se da marcha atrás y se vuelve a repetir la escena. El primer final era raro pero al menos un tanto original, el segundo fue lo más Hollywood que hay, incluso hace reír, y no una buena risa. Vivieron felices para siempre, justo como sabes que va a acabar desde el principio, con ese voice over de Blake Lively que va relatando cada escena, y que te vuelve a contar lo ocurrido por si en algún momento no te quedó claro. También llega a causar gracia cómo intentaban encajar con calzador diálogos para que se diga la palabra “salvajes”.

Sé que al principio dije que intentaría destacar lo mejor de la película, y creo que no he conseguido decir muchas cosas positivas. Pero ésta es la última película de Oliver Stone: no hay más que mucha violencia, sexo, jóvenes atractivos y explosiones, con una historia contada un sinfín de veces antes y, claro, mucha droga. Si quieren no pensar, esta es su película.

Juan Manuel Meneses

Todo sobre Savages

Game Change

(TV 2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Jay Roach
GUIÓN Danny Strong basado en el libro de Mark Halperin y John Heilemann
MÚSICA Theodore Shapiro
FOTOGRAFÍA Jim Denault
REPARTO Julianne Moore, Ed Harris, Woody Harrelson

Sarah Palin

Los premios Emmys 2012, entregados la semana pasada, han traído muchas sorpresas. Creo que es la primera vez que la categoría de Mejor Miniserie o Película para TV cobra tanta relevancia. Entre las seis nominadas habían grandes actores, buenas historias y varios géneros, desde el terror, histórico, terminando por el político. De este último quiero hablar y la película para TV Game Change de la cadena HBO.

La película pretende retratar lo vivido en el verano de 2008, cuando el candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, John McCain, escoge a Sarah Palin como su binomio para competir contra Barack Obama. A pesar de que todo gira en torno a política, la película toca también el lado humano, el día a día de un político. Sorprende lo objetiva que puede llegar a ser por momentos, pues simplemente cuenta una historia. Es cierto que en ocasiones tanto McCain como Palin quedan mal, pero es más bien por su forma de ser y no pretendiendo hacerlos quedar mal por tramposos o intentando resaltar las maravillas del otro candidato (Obama). Quizás este sea uno de los puntos más fuertes de la película.

Otro de los pilares de este film son las actuaciones. Julianne Moore se convierte y transforma en Sarah Palin, no solo por el trabajo de maquillaje, que es muy bueno, sino también por su voz y sus gestos, resulta impresionante. Otra transformación fantástica es la de Ed Harris en John McCain. Su papel es mucho más secundario que el de Palin, sin embargo, sus intervenciones son muy importantes. Retratan que a pesar de ser del mismo partido transmitían diferentes  mensajes, la gente tenía otras percepciones de ellos. Es más, queda claro que “el pueblo” siente empatía por la candidata a vicepresidente y no mucha hacia McCain. Signo claro es la escena final en que todos corean el nombre de Palin.

De la realización poco hay que decir. Es HBO y se puede dar por sentado la calidad en la forma de sus producciones. Mezclar fragmentos reales de diferentes noticieros le da un toque aún más realista a lo que se presenta. La duda que permanece es por qué hacer esta película ahora. Cuatro años más tarde,  por qué el caso vuelve a cobrar relevancia. Quizás por la cercanía a las próximas elecciones y que sirva, hasta cierto punto, como ejemplo a los futuros candidatos. Pero no pretende dar respuestas a las decisiones de McCaine en su campaña, ni explicar los fallos,  solo presenta a los personajes y te cuenta sus vidas, su lado humano, lo que viven y sufren durante el periodo de elecciones. Es posible que hubiese sido mejor haberla realizado en el 2010, por los diferentes eventos ocurridos hace dos años, pero esa es solo mi opinión. El punto es contar lo ocurrido, que la gente sienta mayor cercanía hacia los políticos y la importancia de la familia en este periodo, y eso sí lo consigue.

Juan Manuel Meneses

Todo sobre Game Change

Martha Marcy May Marlene

(2011) EE.UU.
DIRECCIÓN Sean Durkin
GUIÓN Sean Durkin
MÚSICA Danny Bensi, Saunder Jurriaans
FOTOGRAFÍA Jody Lee Lipes
REPARTO Elizabeth Olsen, John Hawkes, Sarah Paulson

Marcada

Muchos dicen que es una de las mejores películas del año, otros incluso la consideran una obra maestra. De momento digamos que puede ser una película difícil de ver. Cuando la imagen se funde a negro y se encienden las luces del cine, la cara de los espectadores no es de especial satisfacción, más bien parecen un poco confundidos. Sin embargo, conforme uno sale de la sala va pensando, en la puerta de salida ya le va gustando más y uno cree que la ha entendido. Al día siguiente lo más probable es que uno la recuerde, y tenga un buen sabor de boca…

Martha es una chica que ha quedado traumatizada después de vivir en una extraña comunidad en el campo con desconocidos regida por Patrick, especie de “jefe de la tribu”. Con delirio de persecución y atormentada por los recuerdos, se va a vivir con su hermana y el esposo de ésta, sin saber qué vida era mejor. Sean Durkin (guion y dirección) consigue con este trabajo presentar las consecuencias y las marcas que dejan las violaciones y otras experiencias similares, como confusiones mentales. Muestra que lo que rodea a las personas les afecta en el exterior, pero sobre todo en el interior.

La actuación de Elizabeth Olsen en el papel de Martha es simplemente fantástica. Sorprende a cualquiera, y resulta extraño que apenas ahora esté tomando este tipo de papel protagónicos. (Y no, no vale la pena compararla con sus hermanas gemelas: sería un poco denigrante para la joven Elizabeth). En cuanto al líder de esa pequeña comunidad o secta, Patrick, interpretado por John Hawkes; sin querer parecer muy emocionado, me atrevo a decir que uno de los fines por los que nació Hawkes fue para hacer este papel. Consigue que por momento lo odies y te parezca repugnante, y en otros momentos, por ejemplo cuando le canta a Martha -gran canción por cierto, Marcy’s Song- llegas a pensar que ella le interesa, e incluso casi consigues comprenderlo y empatizar con él.

Respecto a las partes más técnicas de la película, la fotografía está muy bien cuidada en todo momento. Además tiene cierto protagonismo, ya que no se diferencia en ningún momento el tratado de la imagen en las dos partes que podemos dividir la historia: los flashbacks de cuando Martha estaba en el bosque y cuando se encuentra en casa con su hermana. Pienso que con eso se pretende contar algo, y uno como espectador decide cuál de las dos situaciones es más correcta. En ambos casos se pretendía controlar a Martha, imagen de una alienación del hombre que no resulta nueva en la historia de las ideas. Y es lo que ocurre, su hermana Lucy -interpretada por Sarah Paulson- le dice cómo vestir, peinarse y comportarse. Patrick, por otro lado, la domina, le dice que debe abrirse más, darse a conocer, qué hacer, etc. Aún así, en casi todos los momentos del bosque -salvo en la parte de la “iniciación”, que es más bien una violación- la gente parece feliz viviendo de ese modo. Presenta otra propuesta de vivir, en la que uno puede decidir.

La música, escasa, cuando interviene es perfecta, y la única vez que escuchamos la voz de los actores cantar -aunque tocan la guitarra en más de una ocasión- es cuando Patrick le canta a Martha, después de su primera vez. Ese momento que consigue hacer creer que Patrick la quiere de verdad, para luego descubrir que es un ritual que hace con todas las mujeres de esa comunidad.

A pesar de tratar temas fuertes, como pueden ser los del dominio, un existencialismo vital, violaciones, etc., Sean Durkin lo hace de forma sutil. En muchas películas la violencia se da casi de manera gratuita y habitualmente sin muchos motivos. Durkin hace todo lo contrario, muestra poco, así deja que el espectador piense, y quizás eso hace que sea fácil identificarse con Lucy, por ejemplo, porque no sabe a lo que se está enfrentando, sabe que su hermana ha desaparecido por dos años, y que ese tiempo la ha cambiado y afectado su forma de ver la realidad, y al inicio el espectador conoce lo mismo que Lucy. Hay escenas en que no queda claro hasta qué punto son reales o no, lo cual contribuye a la confusión que sufren los personajes.

Hay escenas y momentos de tensión muy bien tratados. Como cuando Martha está aprendiendo a disparar, o cuando asesinan a un señor que solo quería echarlos de su casa que estaban invadiendo. Sin mostrar mucho, pero lo suficiente, impactan. Se echa de menos algo de desarrollo: se presenta el caso de Martha, pero se quedan muchas incógnitas sin resolver. A partir de un momento la película ya no avanza, y uno desea que ocurra algo más. Es una sensación de resolución que quizás estamos muy acostumbrados a ver y aquí, tras tanto sufrimiento, se echa en falta un poco de “vivieron felices para siempre”.

Juan Manuel Meneses

Todo sobre Martha Marcy May Marlene

The Dark Knight Rises

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Christopher Nolan
GUIÓN Christopher Nolan, Jonathan Nolan, David S. Goyer
MÚSICA Hans Zimmer
FOTOGRAFÍA Wally Pfister
REPARTO Christian Bale, Gary Oldman, Anne Hathaway, Tom Hardy, Marion Cotillard, Joseph Gordon-Levitt, Michael Caine

Un final feliz

Y se acabó la esperada  trilogía de Batman del director Christopher Nolan. Pero, ¿cumplió las expectativas de los espectadores? Para responder a esa pregunta es imposible no compararla con las dos primeras entregas. ¿Qué es lo que hace fascinantes las películas de Nolan? Entre muchas cosas, destacan el enfoque que presenta de un tema y la trama que te mantiene sin parpadear. Es un director que hace pensar al espectador y no que pretende solo entretener y vender. Es por eso que la primera película de esta trilogía fue fascinante, sorprendió a todos, y ya la segunda deja con la boca abierta, principalmente porque rompía con los paradigmas establecidos de qué era un superhéroe y tenía un villano que era realmente inteligente, y que casi opacaba al héroe como todo buen villano.

Ahora bien, esta última entrega, The Dark Knight Rises, de entrada resulta espectacular. Es más, es difícil ser objetivo, ya que el elenco es fantástico, los efectos especiales increíbles, la música impecable, y el efecto aún mayor después de tantos años de conocer a los personajes. Sin embargo, no es una historia nueva, no tiene esos giros por los que se caracteriza Nolan. A partir del minuto 30 ya te puedes imaginar lo que va a ocurrir.

No quiero parecer fatalista ni negativo, porque a pesar de lo predecible uno se emociona: es la última… Y la película, sobra decirlo, es entretenida. Además la carga política que tiene el filme hace pensar, y es cercana a la situación que vivimos actualmente. El discurso de Bane fuera de la prisión da escalofríos, porque tiene un punto muy marcado, que  pienso que no es del todo incorrecto, aunque sí extremo. Además, hay una crítica a la situación en que solo una minoría tiene el poder, y la “masa” -término que no me gusta utilizar, por cierto- se debe rebelar contra el poder. Hay muchos símiles con los diferentes movimientos sociales que vive nuestra sociedad como los “indignados” o “Occupy”. En un principio se presenta a la banca (Wall Street) como la mayor enemiga, y luego como única salvadora. Debe existir un punto medio, no todo lo que ocurre en Wall Street es malo, ni tampoco bueno; al igual que cualquier movimiento social, tiene puntos positivos y negativos.

La música del maestro Hans Zimmer ayuda poderosamente a incrementar la tensión. Está de más decir que la película sin la música perdería mucho. Desde la escena en que Bruce Wayne (Christian Bale) escapa de la cárcel, hasta el momento en que un niño canta el himno de los Estados Unidos antes de iniciar el partido. La puesta en escena también está muy bien conseguida: la espectacularidad de los vehículos, así como los trajes y los distintos “juguetes” de Batman.

La transformación de Tom Hardy en Bane es fabulosa, al igual que la de Anne Hathaway en Selina Kyle/Catwoman. Se logra un rasgo de todo buen personaje -sobre todo si es un villano- que es que sea difícil no sentir empatía por estos personajes a pesar de que se oponen al héroe. Una actuación que no termina de convencer, sorprendentemente, es la de Marion Cotillard. Es una gran actriz, y eso se sabe, pero este papel no lo terminó de conseguir, y en un momento en particular -que no voy a revelar para los que no la hayan visto- se nota especialmente. Finalmente, Joseph Gordon-Levitt (John Blake) es un actor que no deja de sorprender: consigue aportar algo particular a la película, el espectador se queda con su personaje, es de esos actores que saben llenar la pantalla.

La idea de construir nuevamente al héroe suele funcionar, pero en esta ocasión no se ve muy claro. Alfred le da un par de consejos a Wayne, de los que algunos resultan hasta ñoños; o Batman hace un par de abdominales en la prisión y ya se vuelve a enfrentar a Bane, le falta más escenas de trabajo, pensando, sufriendo no solo físicamente sino también psicológicamente.

Es una trilogía que ha dejado huella, aunque quizá se apresuró un poco en su última parte y no alcanza esa perfección que algunos le auguraban, pues no logra que no se haga tan pesada, o que no tenga un final tan predecible.  Pero qué duda cabe que crea emociones, entretiene y, sí te hace pensar, ¿podemos pedirle mucho más al cine?

Juan Manuel Meneses

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Little Miss Sunshine

(2006) EE.UU.
DIRECCIÓN Jonathan Dayton, Valerie Faris
GUION Michael Arndt
MÚSICA Mychael Danna, DeVotchKa
FOTOGRAFÍA Tim Suhrstedt
REPARTO Greg Kinnear, Toni Collete, Steve Carell, Paul Dano, Alan Arkin, Abigail Breslin

Perdedores

El cine -como buen medio de ficción- tiene muchas cualidades. Entre ellas la de mostrarnos lo que reconocemos como la vida misma, pero con la suficiente peculiaridad para que veamos ahí una historia excepcional, que no deja de ser muy cercana. Mucho de esto pasa en Little Miss Sunshine, una película indie, comedia vitalista con forma de road-movie que, gracias a un estupendo guion -merecidamente oscarizado- de Michael Arndt y a un reparto atinadísimo, logra divertir y tocar al espectador.

Los magníficos primeros veinte minutos -profundos y melancólicos, donde nos cuesta identificar que estamos ante una comedia, y así es perfecto- nos presentan a los Hoover, una familia muy particular: Richard (Greg Kinnear), el cabeza de familia, autor de una teoría de liderazgo y autoayuda en la que cree firmemente y que aspira a publicar sin mucho éxito; Sheryl (Toni Collette), la madre con sentido común y un toque liberal que intenta poner orden; el abuelo (Alan Arkin), un anciano pervertido expulsado del asilo por esnifar heroína; el tío Frank (Steve Carell), homosexual convaleciente de su intento de suicidio; Dwayne (Paul Dano), adolescente frustrado que decidió no hablar hasta que consiga su sueño de ser piloto y, finalmente, Olive (Abigail Breslin), una encantadora niña -un poco gordita- que confía en ganar el concurso de belleza infantil de Little Miss Sunshine, para lo que tiene que viajar más de mil kilómetros hasta California, cómo no, acompañada por toda su bizarra familia.

Por si no fuera suficiente, el viaje lo realizan en una combi VW color amarillo chillón, destartalada y con el clutch roto. Un fabuloso símbolo de esa familia disfuncional pero con cierto encanto que necesita literalmente que todos la empujen para poder arrancar. Y así, Little Miss Sunshine se revela como una película que muestra sin empachos importantes valores. Sí, a pesar de la poca ejemplaridad de la vida de sus miembros, esta familia es eso, familia, y aprenderá a defender esa peculiaridad suya así como la importancia de estar unidos, como se refleja en el algo exagerado pero muy emotivo desenlace en el concurso de belleza infantil.

La dirección casi debutante del matrimonio Jonathan Dayton y Valerie Faris es correcta. Hace lo que tiene que hacer, que es no llamar la atención y conectarnos a la historia y a los personajes. Si ya se ha dicho que los actores son de lo mejor -con un Oscar para Alan Arkin, que me gusta ver como un reconocimiento al conjunto-, aún hay que subrayar lo acertado de la interpretación de la pequeña Abigail: con su sonrisa tierna, sus grandes ojos y sus lágrimas en el momento justo, realmente lleva la película y es la esperanza de esa familia y de su historia. También la música a cargo de Mychael Danna y el grupo DeVotchKa -que incluso versiona el popular son mexicano «La Llorona»- resulta ideal.

«Hay dos clases de personas en el mundo», dice Richard en el primer diálogo de la película, «ganadores y perdedores». Está claro en qué lado están los personajes de Little Miss Sunshine. Lo maravilloso es comprender que su viaje no es para dejar de ser «perdedores», sobre todo cuando chocan con ese mundo de ganadores, representado por el repelente universo del concurso de belleza. No. Difícilmente podemos ver que algo haya mejorado en sus vidas al final de la historia. Pero algo ocurrió en medio. Lo que muy postmodernamente nos dice esta película es que está bien ser quien uno es cuando se tiene una familia que, como a veces se ha definido, es el lugar donde se nos quiere por lo que somos.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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De hombres y de dioses

(2010) Francia
DIRECCIÓN Y GUION Xavier Beauvois
FOTOGRAFÍA Caroline Champetier
REPARTO Lambert Wilson, Michael Lonsdale, Olivier Rabourdin, Phlippe Laudenbach, Jacques Herlin

Un canto gregoriano a la libertad

El 21 de mayo de 1996, siete monjes franceses fueron asesinados en Argelia a manos de un grupo de terroristas fundamentalistas islámicos. Esta es la impactante historia real de la que parte Xavier Beauvois para escribir y dirigir De hombres y de dioses, una sobria, profunda y bella película. La contraposición ya nos viene en el título: hombres monjes católicos unos, yihadistas musulmanes otros y sus modos de actuar de acuerdo a sus dioses. Pero nada de falsos ecumenismos: Beauvois va a dejar muy claro que estos modos de vivir la religión no son lo mismo, ni mucho menos. Y lo hace de la mejor manera que el cine puede hacerlo: mostrando la vida misma.

Es así como nos unimos a la vida diaria de la comunidad del Monasterio del Atlas. Y vivimos la vida contemplativa de los monjes a través de un cine muy contemplativo. Al más puro estilo de El gran silencio ese documental sobre la vida de unos monjes cartujos, vemos a los monjes trabajar, estudiar y rezar, en silencio o con cantos gregorianos. El ritmo es dulcemente lento, y las tomas atractivamente largas. Sin música salvo los cantos de los propios monjes y sin efectismos sentimentales. Al parecer no pasa nada, pero mientras nos serenamos y nos mezclamos en la apacible y devota vida de los monjes, sabemos por qué estamos ahí, el peligro acecha y con él el dilema eje de la película: ¿deben irse los monjes ante la amenaza terrorista?

El filme de Beauvois es muy valiente. Pero avanza con la seguridad de quien dice la verdad. Nos presenta a unos monjes muy humanos. Con sus dudas, sus flaquezas, su pasado. Pero, por lo mismo, su conducta resulta más atractiva. Estos hombres normales que han dedicado su vida a una noble causa tanto si se ve con ojos de fe como de mera filantropía tienen el valor de decidir morir, o más bien, de seguir viviendo. “No me asustan los terroristas ni el ejército», dice el Hermano Luc, interpretado por el veterano actor francés Michael Lonsdale, «tampoco me asusta la muerte, soy un hombre libre”. Y es esa libertad quizá la bandera más grande del filme, una libertad que pocos esperarían encontrar en unos religiosos de vida contemplativa, pero ahí está, resplandeciendo con la fuerza de la vida real.

La evidente crítica al terrorismo se da por supuesta, mostrando de paso la realidad de quien realmente sufre las consecuencias, que es la misma gente del pueblo, musulmanes también, por cierto. Ellos no ven a los monjes como enemigos, al contrario, con una bella imagen les dicen que “los pájaros somos nosotros, y ustedes la rama. Si se van ya no sabremos dónde posarnos”. Así, la vida sigue. La amenaza está ahí y el conflicto late mientras seguimos la vida de los monjes. No hay casi un tiro o una gota de sangre, pero sabemos que su vida está en juego. Nos lo insinúan algunas escenas que, en su simplicidad, golpean con una fuerza increíble, como la oposición que los monjes hacen a un helicóptero con sus cantos desde la capilla del monasterio, o la poderosísima escena de la cena la última cena en toda regla en que los monjes, sin decir una palabra, beben vino mientras escuchan el tema de El lago de los cisnes de Tchaikovsky y les vemos, uno por uno, en un primer plano que lo dice todo de sus vidas plenas y su valiente normalidad.

Hablar de religión para el gran público es siempre espinoso, también en el cine, pero Beauvois se muestra natural. Los monjes no son estereotipos de creyentes cerrados y arrogantes. Al contrario, son pintados con un espíritu auténticamente cristiano: rezan por todos, ayudan a todos, sin distinción de raza o religión. Les vemos celebrando la circuncisión de un niño del pueblo y estudiando el Corán. Y en su conversación con un cabecilla terrorista, el abad Christian interpretado por la otra estrella de la película, Lambert Wilson logra encontrar puntos en común entre cristianos y musulmanes. La carta que escribe antes de morir de la que ni una coma es desperdiciable es un bellísimo resumen de todo esto, porque estos monjes no ven un mundo de hombres y de dioses, sino de hermanos que deberían convivir bajo la mirada amorosa del Creador.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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También la lluvia

(2010) España

DIRECCIÓN Icíar Bollaín
GUION Paul Laverty
MÚSICA Alberto Iglesias
FOTOGRAFÍA Alex Catalán
REPARTO Luis Tosar, Gael García Bernal, Karra Elejalde, Juan Carlos Aduviri, Raúl Arévalo, Carlos Santos, Cassandra Ciangherotti

La conquista se repite

Icíar Bollaín se va ganando cada vez más un sitio importante en el panorama del cine español. Y También la lluvia (2010) es un paso decisivo en esta línea. Eso sí, coherente con la trayectoria de la directora: cine social contado desde una perspectiva más íntima, en este caso también gracias al buen guion de su pareja Paul Laverty, colaborador habitual del primer espada del cine social inglés, Ken Loach.

Estamos ante una crítica a la colonización de América con la herramienta del cine dentro del cine. Un equipo rueda una película sobre Colón y el descubrimiento de América en Bolivia, y como espejo la realidad: la histórica Guerra del agua del año 2000 en la ciudad de Cochabamba, que habla de esa nueva conquista sobre los indígenas —se trata de una privatización del agua con el consiguiente aumento de su precio, por lo que el título no va descaminado— y que se da incluso en las actitudes del propio equipo de rodaje. Aunque habría que preguntarse si la entronización del personaje de Daniel —gran revelación del boliviano Juan Carlos Aduviri— como líder revolucionario no es también una occidentalización de la historia (es una especie de Ché Guevara; solo que el Ché no era un indio, provenía de la clase alta).

Sutil, crítica también con el propio cine —sobre todo a través del personaje que interpreta magníficamente Karra Elejalde: un actor cínico que está de vuelta, con frases como “esto no es arte, es propaganda” o “este oficio jode a las familias”— y objetiva: tenemos la visión del pueblo indígena, de sus gobernantes, del productor pragmático, del director idealista… y a todos los comprendemos. Nos regala además poderosas escenas en las que los actores ensayan en ropa de calle las situaciones de hace 500 años, con lo que consigue relacionar con habilidad los dos momentos históricos que presenta. Con una fotografía y una música muy acertadas, lo mejor es quizá el reparto, encabezado por Luis Tosar y Gael García Bernal, que clavan los ya bien delineados personajes. Sin ser una obra maestra —tiene sus peros, como el excesivo arco de transformación del personaje de Tosar, por decir alguno—, sin duda es un paso acertado de Icíar Bollaín y de un cine español que es cada vez menos el de siempre.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Más allá de la vida (Hereafter)

(2010) EE.UU.
DIRECCIÓN Clint Eastwood
GUION Peter Morgan
MÚSICA Clint Eastwood
FOTOGRAFÍA Tom Stern
REPARTO Matt Damon, Cécile de France, Frankie McLaren, George McLaren, Bryce Dallas Howard

Un tropiezo al final del túnel 

Solo si eres Clint Eastwood te puedes dar el lujo de presentar una película que hable nada más y nada menos que de la muerte, así, de sopetón. Un asunto del que hoy parece que no queremos escuchar mucho —más allá del “comamos y bebamos que mañana moriremos”— y en el que claramente no estamos de acuerdo sobre qué pasa después. Ahí empieza —y casi termina— el mérito de Eastwood con su Más allá de la vida (2010).

Para abordar el tema, Eastwood y el guionista Peter Morgan (The Queen, El desafío – Frost contra Nixon, nada menos…) apuestan por tres historias que se entrelazan: Marie Lelay, es una famosa periodista francesa —un paso bien dado en la ascendente carrera de la francesa Cécile De France— que tiene una experiencia cercana a la muerte en el tsunami que asoló el Sudeste asiático en el 2004: tremendo arranque del film, por cierto. Marcus es un niño que pierde a su hermano gemelo en un accidente y busca respuestas, y George —un Matt Damon correcto, como siempre, pero poco más, como casi siempre— es un obrero que tiene el don de hablar con los muertos. ¿Qué? Exactamente. Esta película, que hubiera podido tener la fuerza de los mejores dramas eastwoodianos, cuya virtud muchas veces está en su sutileza, se va al traste cuando lo posible se hace evidente, porque George habla con los muertos sin lugar a dudas, con unos efectos digitales que nos lo confirman constantemente.

Y es que en un tema tan opinado y misterioso, es difícil que el guionista y el director den su opinión claramente sin meter el dedo en el ojo del espectador. Y Eastwood en parte lo hace con los intentos de explicación científicos y filosóficos y la sonrisa burlona de ilustrado cuando ridiculiza por igual a los parapsicólogos —en una acertada secuencia— pero también a la religión: le basta con un par de videos en YouTube que ve el pequeño Marcus para decirnos que la religión no sabe de esto.

Con todo, el toque Eastwood está ahí: en la relación de los gemelos con su madre drogadicta o en el interesantísimo personaje que interpreta —y muy bien— Bryce Dallas Howard y que inexplicablemente desaparece de la trama. Y la película, que en su conjunto no es mala, deja mucho que desear viniendo de la mano de Morgan y Eastwood. Aunque hay que reconocer que eso de hacer la película que te dé la gana, y que aún así funcione medianamente, es un lujo que pocos se pueden dar.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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The Avengers

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Joss Whedon
GUIÓN Joss Whedon, Zac Penn,
MÚSICA Alan Silvestri
REPARTO Robert Downey JR. , Scarlett Johanson, Chris Evans, Mark Ruffalo

Yo quiero ser…

Al salir del cine todos querían tener un poder, o ser como alguno de esos personajes que conforman a los Vengadores (The Avengers). Y es que esta fantástica película no deja indiferente a nadie, consigue entretener al espectador en casi todo momento, y recordarle sus momentos de infancia cuando soñaba con ser Hulk y tener súper fuerza, o salvar a los más necesitados como El Capitán América.

El film del director Joss Whedon consigue mantener al espectador en tensión a pesar de tener que dirigir a tantos superhéroes. Seguro su trabajo se considera, por mucho, como una obra maestra. Ahora bien, esta claro que no va a ser la película ganadora del Premio Oscar, ni tiene el mejor guión y diálogos excepcionales, pero sí consigue entretener, y si el público tiene presente que es una película un tanto fantástica definitivamente la va a disfrutar y le resultará creíble. Y es que Whedon consigue humanizar a los héroes, se pelean, enamoran, molestan, se cansan, incluso por un momento casi pierden la fe. Esta es una de las cualidades que hace que las personas que la vean se consigan identificar con un hombre verde (Hulk) e incluso con un extraterrestre (Thor).

A pesar de que con la espectacularidad de la batalla final es con lo que te quedas, no hay que olvidar el lento inicio. La presentación inicial, hasta que por fin se reúnen todos se hace un tanto lenta y deseada, y no precisamente en el mejor sentido de la palabra. Te crean una expectativa que tarda mucho en cumplirse. Otro momento que quita horas injustificadamente a la película es la escena en la que intentan arreglar el motor de la nave, muy largo, y no avanza. Y ya el momento del despegue de dicha nave demasiado Hollywood.

Es complicado decidir cuál de todos los superhéroes es el mejor. Sin embargo destacan dos, y lo digo desde el punto de vista de su interpretación, más allá de su poder. Creo y espero coincidir con la mayoría que por fin se ha encontrado el actor que ha conseguido interpretar de manera excepcional a Hulk, después de los intentos fallidos de Eric Bana en el 2003 y de Edward Norton en el 2008, llega Mark Ruffalo. Con un toque de sencillo, nerd, e incluso en ocasiones inseguro consigue hacer creer a la audiencia que es el hombre verde. Y el segundo personaje que hace que todos quieran ser como él, y que todas lo deseen es el inigualable Tony Stark. Tercera vez que vemos a Robert Downey Jr. En este papel y cada vez lo mejora más, sabe unir ese toque de playboy con el de una persona admirable e inteligente, y es que en cada escena que interviene sabe decir lo correcto para opacar a los otros personajes.

No sé si es la mejor película de superhéroes, pero definitivamente es la más emocionante. Tiene toques de comedia, un poco de romance que nunca viene mal, mujeres guapas y fuertes que siempre juegan un papel fundamental en este tipo de películas de acción, y ver a todos Los Vengadores reunidos es simplemente fantástico.

Juan Manuel Meneses

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Blancanieves (Mirror, Mirror)

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Tarsem Singh
GUION Jason Keller, Melisa Wallack
MÚSICA Alan Menken
FOTOGRAFÍA Brendan Galvin
REPARTO Julia Roberts, Lily Collins, Armie Hammer, Nathan Lane

Espejito, espejito…

En ocasiones nos pasa que una película pensada más para un público infantil nos sorprende, nos gusta e incluso nos sentimos identificados. Pues bien, éste no es el caso… El film del director Tarsem Singh llama la atención del espectador negativamente porque parece que se ha quedado en el pasado, con decorados poco espectaculares, sobre todo las escenas del bosque o la casa de los enanos. Una historia conocida —la historia de la mismísima Blancanieves—, que no supo renovar del todo y la hace quedar un poco anticuada.

Es la primera vez que Julia Roberts hace el papel de villana y lo consigue bastante bien. Quizás este sea uno de los pilares de la película, y es que la gran mayoría de espectadores sigue queriendo y siente cariño hacia la “pretty woman”. Otro punto a favor de este filme son los vestuarios que utiliza Eiko Ishioka para dar vida a un mundo de fábula: grandes faldas, crinolinas, colores y estampados llamativos.

La cámara es muy estática, siempre planos fijos; incluso cuando la historia pide más movimientos, todo resulta muy recto. Los efectos especiales no se quedan atrás en este sentido, y es que no son los mejores, sobre todo cuando aparece el poco creíble monstruo, y que —aun peor— no da miedo. A pesar de todo lo dicho, al salir del cine los niños parecían haberlo pasado bien y haberse entretenido. Y es que ésa es la suerte: que a los más pequeños no les interesa mucho lo que he comentado, como los movimientos de cámara y los escenarios. Sin embargo, sus padres no daban la impresión de haberse entretenido tanto.

Una película, pues, que no ha sabido llegar a todos, ni ser de su época. Habrá que esperar a las siguientes entregas del cuento preparadas este año para juzgar cuál ha sabido adaptar mejor esta historia para los espectadores de la actualidad.

Juan Manuel Meneses

Todos los datos de Blancanieves (Mirror, Mirror)