¡Ave, César!

(2016) EE.UU.
DIRECCIÓN Ethan Coen & Joel Coen
GUION Joel Coen & Ethan Coen
MÚSICA Carter Burwell
FOTOGRAFÍA Roger Deakins
REPARTO Josh Brolin, George Clooney, Scarlett Johansson, Alden Ehrenreich, Channing Tatum, Tilda Swinton, Ralph Fiennes, Jonah Hill, Frances McDormand, Alison Pill, Christopher Lambert, Wayne Knight

Un homenaje

Lo último de los hermanos Coen es una entretenida comedia negra, muy al estilo de su Burn After Reading, y que en este caso resulta todo un homenaje a la época dorada del cine de los grandes estudios en el Hollywood de los 1950’s, a través de una de las profesiones más peculiares de entonces: el fixer, un apagafuegos que como hombre de confianza del estudio tenía que resolver los muchos problemas que surgían en torno a las producciones y a las caprichosas estrellas de cine.

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En la trama, “¡Ave, César!” es el nombre de la última producción de la Capitol Pictures, y se trata de un péplum religioso al más puro estilo Ben-Hur, protagonizado por Baird Whitlock (George Clooney). Cuando Whitlock es secuestrado por un grupo de guionistas comunistas, pasa a ser un pendiente más en la lista de nuestro protagonista, Eddie Mannix (Josh Brolin), quien intenta ser un buen hombre de familia a la vez que lidia con embarazos no deseados de actrices caprichosas (Scarlett Johansson), directores de culto (Ralph Fiennes) en conflicto con actores de western (Alden Ehrenreich), periodistas intrigantes (Tilda Swinton) y un largo etcétera que permite incluir hasta una divertidísima escena musical al más puro estilo Cantando bajo la lluvia interpretada y bailada por Channing Tatum.

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De paso es toda una clase de cómo funcionaba la industria cinematográfica entonces. Todos los talentos —actores, directores, etc— eran empleados del estudio, que decidía no solo en qué películas intervendrían, sino cuál sería su imagen pública, con quién saldrían o se casarían. Y por lo mismo era responsable de todos ellos como una gran y extraña familia… salvo de los extras: no por nada son de los primeros que sospechan cuando su estrella es secuestrada.

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Aparece también la referencia a lo poco que se valoraba a los guionistas, y se representa a los comunistas de Hollywood que serían luego perseguidos por el macartismo; y todo en la narrativa ágil de los Cohen, que se dan el lujo de desarrollar a su personaje principal, su vida familiar, posibles ofertas de trabajo y hasta su catolicismo. Este, por cierto, está muy presente en la película: las constantes confesiones del protagonista, la imagen de apertura es un crucifijo en contrapicado y la trama de “¡Ave, César!” (la película dentro de la película) es sobre la conversión de un tribuno romano de la época de Jesús de Nazareth. Por cierto, es brillante la escena en que Mannix se sienta con los representantes de los principales credos de Estados Unidos (católicos, protestantes, judíos y ortodoxos) para que la película no resulte ofensiva para nadie. Hollywood ha cambiado mucho. Supongo.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Desierto

(2015) México
DIRECCIÓN Jonás Cuarón
GUION Jonás Cuarón y Mateo García
MÚSICA Woodkid
FOTOGRAFÍA Damián García
REPARTO Gael García Bernal, Jeffrey Dean Morgan, Alondra Hidalgo

Cacería humana

La ópera prima de Jonás Cuarón —si no contamos su película hecha a base de fotos y diálogos, Año uña (2007)—, hijo de Alfonso Cuarón y coguionista de Gravity, resulta una interesante sorpresa. Eso superada la tentación de pensar que esta película ha tenido cierta difusión y ha sido protagonizada por Gael García Bernal solamente porque Jonás es hijo de Alfonso Cuarón (uno de los ya influyentísimos three amigos de Hollywood, junto con Alejandro G. Iñárritu y Del Guillermo Del Toro; y que es productor de esta película junto con su hermano el también cineasta Carlos Cuarón), cosa que ciertamente le ayuda pero no debe demeritarle.

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Y es que Desierto tiene ciertas similitudes con la maravillosa Gravity, lo que solo puede hablar bien de ella. En primer lugar, la simplicidad —que no simpleza— de su argumento. Un grupo de inmigrantes ilegales mexicanos se disponen a cruzar la frontera atravesando el desierto, hasta que se ven obstaculizados por un gringo caza inmigrantes. Pocos personajes, un entorno en sí mismo amenazador (en Gravity el espacio, aquí el desierto) y, con todo, cierta exploración del alma humana, puntual pero certera. Pues aunque la trama sea simple no deja de ser aterradora y socialmente impactante: un ser humano deliberadamente cazando a otros. Todavía más impactante al saber que esos terribles actos se dan realmente en la frontera, y un testimonio muy elocuente en esta disparatada época de Donald Trumps.

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La premisa es bien tomada por Cuarón que la explota no como una película de denuncia, sino como un experimento lleno de ritmo, que como Gravity es casi una película de terror, que deja al espectador en una tensión máxima y al borde del asiento durante toda la película. Ayuda que el héroe —con todas las letras— sea interpretado por Gael García Bernal, que si no cumple del todo con el perfil del inmigrante mexicano promedio (ni por su físico ni por su modo de hablar), rápidamente se gana el favor del público con su interpretación de un personaje hábil y generoso a la vez. Quedemos, pues, pendientes de Jonás Cuarón que va demostrando de sobra que lo suyo no lo roba, lo hereda.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Brooklyn

(2015) Irlanda, Reino Unido
DIRECCIÓN John Crowley
GUION Nick Hornby, basado en la novela de Colm Tóibín
MÚSICA Michael Brook
FOTOGRAFÍA Yves Bélanguer
REPARTO Saoirse Ronan, Emory Cohen, Domhnall Gleeson, Jim Broadbent, Julie Walters

Tener un hogar

Unir la emoción del trabajo, del esfuerzo, de la aventura
y del camino hacia lo nuevo con el gozo y el descanso;
ser libres y estar seguros; arriesgar y ganar;
aventurarse y estar en casa -tener un hogar-:
aquel que sea capaz de realizar esa síntesis,
se puede decir que, en verdad, vive.

Rafael Alvira, Filosofía de la vida cotidiana

En el panorama actual de tantas películas pretenciosas -aunque no por eso malas- en las que si la experiencia visual no te tiene al borde del asiento parece no ser lo suficientemente buena, es una muy agradable experiencia la que otorga Brooklyn, una película emotiva y sutil, tan clásica como que aborda la persecución del sueño americano por parte de una joven irlandesa en los años cincuenta del siglo pasado.

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El tema de la película es la homesickness: nostalgia, añoranza del hogar, que no tiene una traducción en una palabra al castellano (en inglés es una sickness, una enfermedad que, como dicen en la película, «crees que te matará pero luego se pasa a alguien más y desaparece»); ese sentimiento tan humano que incluso el lenguaje lo quiere cercano:  decimos ‘extrañar’ en Hispanoamérica, mientras que en España resulta más adecuado hablar de ‘tener morriña’, por no mencionar el ‘saudade’ portugués… Todo el que haya salido solo de su país, desde una estancia académica hasta un cambio de rumbo vital definitivo, se sentirá identificado y profundamente conmovido con la historia de Eilis.

La producción es irlandesa-inglesa (europea, por tanto, lo suficientemente distanciada de Hollywood sin dejar de ser accesible) y la correcta dirección de John Crowley toma como materia prima una adaptación de una novela reciente del irlandés Colm Tóibín, hecha por Nick Hornby (quien escribiera el guion de An Education,  así como la novela About a Boy, en la que se inspiró la maravillosa película homónima del 2002) que dio lugar a un guion nominado al Oscar. Aunque quien lleva el peso es la fabulosa Saoirse Ronan, que con Brooklyn cosechó su segunda nominación al Premio de la Academia. Realmente da vida a una Eilis apocada al principio y siempre coherente, que encuentra el amor en el hijo de italianos Tony: un Emory Cohen con el que tiene una química capaz de atraparnos a pesar de que la trama no tenga demasiadas peripecias.

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En fin, sin ser una película extraordinaria (en el sentido de «fuera de lo ordinario», todo lo contrario), Brooklyn provoca la lagrimita y deja con corazón cálido una historia inspirada en la de tantos inmigrantes. Ojalá nos haga comprender solo un poco más la de tantas personas desplazadas de su hogar no el siglo pasado sino hoy mismo que, quizá con mucho más drama, también viajan con la esperanza de encontrar un hogar.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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La habitación

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Lenny Abrahamson
GUION Emma Donoghue, basada en su novela
MÚSICA Stephen Rennicks
FOTOGRAFÍA Danny Cohen
REPARTO Brie Larson, Jacob Tremblay, Joan Allen, William H. Macy, Sean Bridgers, Tom McCamus

Psicología de un secuestro

Excelente película sobre una joven secuestrada por varios años que, durante su cautiverio, da a luz a su hijo (y del secuestrador) al que cría protegiéndolo de ese entorno tan adverso. La historia arranca cuando el pequeño Jack cumple 5 años. Todo el mundo que conoce es esa habitación y su única relación ha sido con su madre (quien lo obliga a esconderse cuando «El viejo Nick» -el secuestrador- viene de «visita»). Ante la posibilidad de valerse de su hijo para el escape de ambos, ella tiene que revelarle que existe todo un mundo por descubrir.

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Varios elementos hacen que la ya de por sí atractiva historia de La habitación resulte en una película excepcional. El primero es el guion escrito por la misma autora de la novela en que se basa, Emma Donoghue. Hábilmente, no se centra en la trama del secuestro y el escape -aunque la tensión y  el drama de semejante situación están presentes- sino en el proceso psicológico de un niño en pleno desarrollo (aún es «plástico», moldeable, como se dice en la película) que se ve sometido a asumir que su realidad no es la que pensaba y que el verdadero mundo está fuera. Ahí lo acertado es la focalización, pues se nos cuenta todo desde la perspectiva del niño. Su voz en off nos hace conscientes de su concepción del mundo y cómo esta va cambiando… Con riesgo de alargarme, no quiero dejar de poner un botón (diálogo) de muestra. Oímos la voz de Jack:

I’ve been in the world 37 hours. I’ve seen pancakes, and a stairs, and birds, and windows, and hundreds of cars. And clouds, and police, and doctors, and grandma and grandpa. (…) The world’s like all TV planets on at the same time, so I don’t know which way to look and listen. There’s doors and… more doors. And behind all the doors, there’s another inside, and another outside. And things happen, happen, HAPPENING. It never stops. Plus, the world’s always changing brightness, and hotness. (…) When I was small, I only knew small things. But now I’m five, I know EVERYTHING!

El reto de contar esta historia no hubiera sido posible sin grandes actuaciones. Lo es la de Brie Larson, cuya carrera nunca le había presentado una oportunidad como ésta, de la que sale airosa y con (al menos) una nominación al Oscar. Consigue transmitir todo lo que implica ver la propia vida cortada y luego recuperada a través de la misión de salvar otra vida (la de su hijo). Pero quien sin duda se lleva la película es el pequeño Jacob Tremblay, con una actuación espectacular, mérito compartido con el director Lenny Abrahamson (también nominado), pues si dirigir niños es complicado, conseguir que Jacob transmita todo lo que hace en pantalla es un auténtico arte.

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El planteamiento me recordó dos películas: la poco lograda Espacio interior (México, 2013), centrada también en la perspectiva subjetiva de un secuestro y su escape, y la aclamadísima La vida es bella (Italia, 1997), por aquello de disfrazar una realidad terrible para proteger a tu hijo. Quien no busque una trama de secuestro llena de altibajos sino una auténtica historia de vida, disfrutará enormemente esta inteligente película, que con una buena dosis de esperanza da una visión amplia y profunda de lo que implica uno de las actos humanos más heroicos: salvar una vida.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Spotlight

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Tom McCarthy
GUION Tom McCarthy y Josh Singer
MÚSICA Howard Shore
FOTOGRAFÍA Masanobu Takayanagi
REPARTO Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, John Slattery, Brian d’Arcy James, Stanley Tucci

La verdad os hará libres

En el año 2001, el grupo de investigación “Spotlight” del periódico Boston Globe sacó a la luz pública una serie de abusos sexuales por parte de varios sacerdotes católicos de la diócesis de Boston, con el agravante de que los responsables dentro de la Iglesia en esa ciudad conocían esos hechos y no los habían hecho públicos ni llevado ante la autoridad civil. Son los hechos reales que recrea Tom McCarthy (ese actor que saltó al otro lado de la cámara para ofrecer historias tan humanas como The Visitor, Win Win o Up) en una película medida, puntual, atrapante y poderosa.

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Co-escrita por Josh Singer (The West Wing, The Fifth Estate), Spotlight es un thriller periodístico, ensamblado a base de diálogos, escenas de escritorio y papeles. Acertadamente focalizado en los cuatro periodistas de Spotlight, deja los tremendos hechos en la frialdad del dato y la declaración. El tono que marca la dirección de McCarthy, ayudado de la música del experimentado Howard Shore, es tan contenido como eficaz, parecido a lo que vimos en Foxcatcher el año pasado. Algo hecho posible gracias al gran elenco de la película: Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams, Liev Schreiber, Stanley Tucci… quienes encarnan a una serie de personajes complejos que nos adentran en temas tan importantes como el derecho a la información, o más específicos –pero igualmente interesantes– como la jerarquía periodística o la competencia entre los medios de comunicación, de paso rompiendo una lanza a favor del periodismo de investigación, tan minusvalorado en la época actual del ciberperiodismo. Pero claramente no es ese el tema más importante de la película.

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Por el argumento que aborda –abusos sexuales a niños por parte de sacerdotes católicos– podría pensarse que estamos ante una película ideológica, que busca atacar concretamente a la Iglesia católica. No me lo parece. Desde luego no la defiende, pero pienso que se limita a recordar esos hechos reales y cómo fueron apareciendo a los ojos de unos periodistas, de una ciudad y del mundo. Más allá de algunas tomas simbólicas –por ejemplo, la iglesia frente al parque con juegos para niños, señalada explícitamente por uno de los personajes–, que hacen hincapié en el peso moral y político de la Iglesia católica en Boston en esos años, la película no se recrea morbosamente ni con saña en lo que denuncia.

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No puede pedírsele a esta película una visión más enriquecida del terrible problema que retrata. Hacerlo implicaría señalar que el abuso sexual a menores es un problema de toda la sociedad –donde más se da numéricamente es en las escuelas y en las propias familias, lo que no quita que en la Iglesia resulte especialmente grave y escandaloso– o que son acciones de unos pocos dentro de una institución que ha hecho y sigue haciendo tanto bien, tanto espiritual como material, en todo el mundo; cosas que la película, evidentemente, no presenta. Ciertamente, en ese sentido se da una visión bastante reducida de la Iglesia, e incluso se sugiere que estas conductas pueden ser un “fenómeno psiquiátrico” derivado del celibato sacerdotal (aunque quien lo sugiera sea un personaje ex sacerdote, al que solo oímos por teléfono, y del que uno de los periodistas cuestiona si es digno de tanta credibilidad como le da otro de ellos). Los protagonistas tampoco son presentados como héroes, aunque hayan emprendido semejante misión –“no vamos tras un sacerdote, vamos tras el sistema”, dice el editor jefe–; y se duelen al reconocer que en su día tuvieron indicios de los hechos y no los siguieron. Al final, simplemente tenemos el comportamiento valiente de aquellos que buscan la verdad. Y los buenos nunca deben temerle a la verdad, ni dentro ni fuera de la Iglesia.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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The Martian

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Riddley Scott
GUION Drew Goddard basado en la novela de Andy Weir
MÚSICA Harry Gregson-Williams
FOTOGRAFÍA Dariusz Wolski
REPARTO Matt Damon, Jessica Chastain, Jeff Daniels, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig, Sean Bean, Michael Peña, Kate Mara

I will survive

Dicen que en gustos se rompen géneros. La historia espacial de un Matt Damon astronauta que se queda en un planeta extraño y debe ser rescatado por un equipo que incluye a Jessica Chastain, puede resultar muy distinta según el género cinematográfico desde el que se haga. De un enfoque poético-científico-filosófico puede salir, por ejemplo, Interstellar, mientras que desde un enfoque social-comunicacional-simpático puede salir la agradable The Martian.

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Un equipo espacial abandona a uno de sus miembros –creyéndolo muerto– en medio de una tormenta en Marte. El sobreviviente consigue hacer contacto con la Tierra y el rescatarlo se vuelve un asunto político y de interés humano a nivel mundial. Mientras tanto, el astronauta debe enfrentarse a sobrevivir los años que tomará la misión de rescate, haciendo uso de su entrenamiento y de su buen humor. Y hablo del género que adopta porque podríamos estar ante una frustrante tragedia –el protagonista solo se viene abajo una vez, lo que resulta al menos poco verosímil– y, sin embargo, estamos ante una historia vitalista y bastante entretenida.

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La compleja trama –se trata de un auténtico reparto coral, que desde la NASA, California, China y la propia nave del equipo que huyó de Marte, gira en torno al protagonista abandonado en el planeta rojo– funciona ágilmente de la mano del guionista Drew Goddard (creador de la estupenda Daredevil de Netflix) y, cómo no, del curtidísimo Riddley Scott. El Globo de Oro a la mejor comedia y siete nominaciones al Oscar ratifican la calidad de una ficción espacial que también es toda una lección magistral de compañerismo, lealtad, manejo de personas, crisis de comunicación, dirección de instituciones, psicología y hasta física y bioquímica.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Puente de espías

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Steven Spielberg
GUION Matt Charman, Joel Coen, Ethan Coen
MÚSICA Thomas Newman
FOTOGRAFÍA Janusz Kaminski
REPARTO Tom Hanks, Mark Rylance, Alan Alda, Amy Ryan, Austin Stowell,

Un padre de familia en la Guerra Fría

No hay quien discuta la calidad de los filmes históricos de Steven Spielberg. Desde La lista de Schindler o Rescatando al Soldado Ryan hasta Munich o Lincoln más recientemente, su experimentada factura no decepciona. En Puente de espías (con guion de los hermanos Coen) se sitúa en la Guerra Fría para contar la historia de James B. Donovan (Tom Hanks), un prestigioso y noble abogado, padre de familia, al que se le encomienda defender en juicio a un espía ruso -con toda la polémica que eso implica- pues la Constitución de los Estados Unidos confiere el derecho a una defensa a cualquier persona juzgada. Cuando los rusos capturan a su vez a un piloto norteamericano, el abogado se verá siendo puente en uno de los conflictos más delicados de la historia reciente.

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La trama gira en torno a los valores universales por encima de los intereses políticos, una fórmula clásica que Spielberg sabe manejar de sobra, y que el mejor modo de que funcione es con el rostro de su viejo amigo Tom Hanks por delante. A eso se añaden detalles originales, principalmente el curioso personaje del espía ruso Rudolf Abel (Mark Rylance, que alcanzó la nominación al Oscar), bien conseguido por estar lejos del cliché: es extremadamente apacible, con dotes artísticas y a su vez un hombre de familia.

Dicho todo esto, es una película más bien lenta, que no termina de aportar nada a la fórmula del “buen ciudadano americano” que defiende los valores estadounidenses contra los propios políticos y al que hemos visto en pantalla una y otra vez desde el Mr. Smith de Frank Capra a finales de la década de 1930. Tampoco es novedosa en su versión histórica de la Guerra Fría. Una película de mucha calidad cinematográfica, pero que quizá no sería relevante en absoluto si no llevara los nombres de Spielberg y Hanks.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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The Revenant

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Alejandro González Iñárritu
GUION Alejandro González Iñárritu y Mark L. Smith, basada en parte en la novela de Michael Punke
MÚSICA Alva Noto y Ryûichi Sakamoto
FOTOGRAFÍA Emmanuel Lubezki
REPARTO Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Domhnall Gleeson, Forrest Goodluck, Will Poulter

Vivir para vengarla

Ya es esperado en el panorama cinematográfico actual que Alejandro G. Iñárritu desafíe los estándares visuales e innove de algún modo narrativamente. Tras su triunfo el año pasado en los Premios de la Academia con la pretenciosa Birdman, uniendo esfuerzos de nuevo con el indiscutible “Chivo” Lubezki –su compatriota y uno de los directores de fotografía más talentosos en activo– y con un Leonardo DiCaprio en la madurez de su carrera, la expectativa por The Revenant (12 nominaciones al Oscar) llegó al tope.

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Los hechos reales en que se basa –con una novela como vehículo intermedio– son material bastante jugoso. Se trata de la increíble historia de Hugh Glass, un trapero del siglo XIX que formaba parte de una expedición que recorría las montañas nevadas de Dakota del Sur. Tras ser atacado por un oso –una secuencia terriblemente realista dentro de la película–, Glass queda herido de gravedad y el jefe de la expedición solicita voluntarios para permanecer con él hasta su muerte para darle un entierro digno. Se ofrece John Fitzgerald, un hombre práctico y sin escrúpulos, quien termina siendo responsable de abandonar a Glass medio enterrado vivo y de paso asesinar a su hijo mestizo (personaje añadido a los hechos reales para acentuar el conflicto). Glass sobrevivió –renació– y gravemente herido consiguió recorrer en seis semanas los 320 kilómetros que lo separaban del campamento base. Y de su venganza.

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Es sabido que la filmación de la película fue muy sufrida, a la manera de la historia que cuenta. Iñárritu y Lubezki decidieron solamente utilizar luz natural, a la vez que sometieron a todo el equipo a largas esperas en un clima inhóspito, y a repetir las tomas una y otra vez con actores semidesnudos entre la nieve, por poner solo un ejemplo. El argumento que siempre esgrimieron es que todo ese sufrimiento valdría la pena, y ciertamente la película técnica y visualmente es fabulosa, pero no termina de estar a la altura de todo el revuelo y expectativa que generó.

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La historia real de Glass sin duda es admirable, pero el atractivo de un hombre sobreviviendo solo en medio de las inclemencias de la nieve tiene el arriesgado reto de conseguir una narración entretenida acerca de un hombre sobreviviendo solo en medio de las inclemencias de la nieve… Así, los casi 160 minutos de la película llegan a hacerse cansados, con muchos momentos al estilo del Náufrago (2000) de Robert Zemeckis. Quizá por lo mismo, y por ser fiel a su toque trascendente, Iñárritu subraya el conflicto interno de los personajes. El de Glass, que vive del recuerdo de su mujer nativa y de su hijo –y por tanto de vengarse del hombre que se lo quitó– y el de los personajes a su alrededor, con distintos cargos de conciencia según su responsabilidad al dejarlo por muerto. Estas pinceladas de Iñárritu, que se manifiestan en los recuerdos e imaginaciones de su protagonista (preciosa la escena en las ruinas de la iglesia), recuerdan un poco a El árbol de la vida de Terrence Malick; no por nada el responsable visual en esa película también era Lubezki. Con todo, el envoltorio narrativo no llega más allá de una clásica trama de venganza con su también clásica dosis de justicia poética en el desenlace.

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La interpretación de DiCaprio es efectiva, sin que represente a mi parecer el mejor trabajo del actor. No por falta de talento sino por la propia historia, que le ofrece un personaje parco de palabras –y con poca ocasión de pronunciarlas: la mayor parte de sus pocos diálogos son en lengua indígena– que más bien le exige gritar mucho, jadear otro tanto y arrastrarse también mucho. Sabemos que decidió experimentarlo todo –permanecer sin abrigo entre la nieve, comer un hígado crudo real, etc– pero al final lo que cuenta es lo que vemos en pantalla y nada más. Mayor relieve tiene Tom Hardy (punto de coincidencia con la otra gran nominada de este año) que hace un Fitzgerald parlanchín y desalmado, felizmente logrado a base de intensas miradas y un marcado acento.

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Total. Los preciosos amaneceres de Lubezki y las complejas secuencias de acción en toma continua, así como la música más bien minimalista, hacen de The Revenant una bella película que demuestra que Alejandro G. Iñárritu es capaz de muchas cosas siempre innovando. Pero sigo echando de menos una historia lo suficientemente poderosa, de esas que hacen que el gran público y los críticos se den la mano. Quizá sea mucho pedir, pero no dejo de desearlo para que un dúo tan talentoso y arriesgado tenga un merecido renacer.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Star Wars: El despertar de la Fuerza

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN J.J. Abrams
GUIÓN J.J. Abrams, Lawrence Kasdan y Michael Arndt
MÚSICA John Williams
FOTOGRAFÍA Daniel Mindel
REPARTO Harrison Ford, Mark Hamill, Carrie Fisher, Adam Driver, Daisy Ridley, John Boyega, Oscar Isaac, Lupita Nyong’o

30 años después (o gracias, J.J. Abrams)

En 1949, el antropólogo Joseph Campbell (1904-1987) publicaba un libro que sería decisivo para la cultura occidental. Se titula The Hero with a Thousand Faces y en él Campbell hace una comparación de los grandes mitos, las principales religiones y las narraciones más emblemáticas de civilizaciones muy distintas entre sí, encontrando los elementos que tienen en común. Dicho sin mucha precisión, dio con aquellas claves que toda historia requiere para que las personas conecten con ella. Años después, un joven cineasta llamado George Lucas leyó la obra de Campbell y diseñó una historia en un universo creado por él —hace mucho tiempo, en una galaxia muy lejana— que seguía fielmente el modelo de Campbell, también conocido como “el viaje del héroe”. Incluso llevó al antropólogo a su rancho a una proyección de la película, que el viejo profesor aprobó con agrado. Se llamaba Star Wars. Episode IV: A New Hope, y dio origen a una de las sagas que más han influido en la cultura popular en la historia del cine.

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Completados seis episodios en dos épocas distintas, George Lucas decidió dejarlo por la paz. Pero su universo narrativo —y con él sus pingües beneficios económicos— continuaba lleno de posibilidades. Es por eso que Disney adquirió los derechos y encomendó la continuación de la saga a un joven director que tenía cartas suficientes para aceptar el reto: J.J. Abrams (Lost, Super 8, Misión Imposible III, Star Trek). La presión era mucha, tanta como el número de fans —y no tan fans— dispuestos a juzgar si estaría al nivel de esta saga; un juicio del que el mismo Lucas no salió muy bien parado en la opinión de muchos con la segunda trilogía, los episodios I, II y III. Por suerte, Abrams y la gente de Disney, profesionales del cine donde los haya, no olvidaron que el guion es lo primero, la clave del éxito de cualquier película. Y así, Abrams se sentó a trabajar la historia con Lawrence Kasdan, conocedor del universo de Lucas (colaboró en el guion de los episodios V y VI) y —atención— con Michael Arndt: un talentoso guionista que saltó a la fama cuando ganó el Oscar por el guion de Little Miss Sunshine, salido entero de sus manos, y que después fue llamado a colaborar en películas como Toy Story 3 y Hunger Games: Catching Fire. El resultado, digámoslo ya, no solo alcanzó las expectativas. Es fabuloso.

[A partir de aquí, spoilers…]

Volvemos, pues, al universo de Star Wars y de qué manera. Han pasado 30 años —los mismos que han pasado fuera del relato— y las cosas han cambiado un poco. La Fuerza es un mito para muchos. Frustrado por la rebelión de su principal discípulo al intentar entrenar una nueva generación de jedis, Luke Skywalker ha desaparecido. Lo buscan buenos y malos por igual: su hermana Leia y sus amigos, por un lado; y por otro el Lado Oscuro, que esta vez ha tomado la forma de la Primera Orden, un núcleo de poder que de las cenizas del Imperio ha ido ganando fuerza —lucen las filas de stormtroopers alineados cual soldados nazis— y que como único obstáculo temen al desaparecido Skywalker.

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Hábilmente, toda la trama gira en torno de la búsqueda de Luke y, por tanto, de un mapa que revela su localización —un macguffin nada desdeñable— confiado, cómo no, a un simpático droide que se comunica con sonidos: BB-8, quizá el mejor personaje de la película, digno sustituto de R2-D2. En pos del mapa encontramos nuevos personajes y viejos conocidos. Los primeros, claros protagonistas de esta nueva saga —y a quienes se aplica nuevamente la estructura de “el viaje del héroe”—, son Ray (Daisy Rydley), una habilísima chatarrera de un sistema periférico en la que la Fuerza resulta excepcionalmente fuerte; y FN-2187 (John Boyega), rebautizado Finn, nada menos que un stormtrooper con una objeción de conciencia que lo lleva a pasarse al otro bando. Aunque con menos protagonismo, también se introduce a Poe Dameron (Oscar Isaacs), el mejor piloto de la Resistencia, la guerrilla fiel a la República que lucha contra el creciente ascenso de la Primera Orden. (Fuera de la historia, pero no hay que dejar de mencionarlo, se trata de una mujer, un afroamericano y un latino: un mensaje que, aunque venga de una galaxia muy lejana, por fortuna es muy claro).

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Ahora bien, al hablar de Star Wars siempre hay que partir de que estamos ante una historia de familia. De hecho, ahí radica gran parte de su éxito, pues toca fibras potentes y comunes a toda la raza humana. Lo ha sido desde el principio (pensemos en Luke, su padre “perdido” y después revelado, su hermana Leia, etc). Y el Episodio VII entra de lleno: Kylo Ren (Adam Driver), la joven promesa del Lado Oscuro, con todo y máscara negra y voz artificial al más puro estilo Darth Vader, al que idolatra, es nada menos que Ben Solo, el hijo de Han Solo y Leia, ese joven padawan que se rebeló ante el entrenamiento de Luke tentado por el Lado Oscuro como hiciera su abuelo Anakin en su día.

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Y es una historia de familia tanto como es una historia de libertad. La libertad que ha definido en los distintos miembros de la familia Skywalker el ser una gran arma para el bien o para el mal, un binomio muy explícito en la película, y en la que se debaten sus personajes —sobre todo Ben Solo/Kylo Ren— como se debatiera Anakin en los episodios II y III, o el propio Luke cuando es tentado en una de las anagnórisis más celebres de la historia del cine: cuando Darth Vader se revela como su padre (join me and together we will rule the galaxy!). Un dilema que en el clímax de esta nueva entrega toma proporciones de tragedia griega. O superiores incluso, pues Ben Solo mata a su padre como Edipo Rey (dolorosísimo spoiler), pero a diferencia de éste no lo hace llevado por el destino sino por su propia libertad.

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La envoltura de todo esto es muy buena. Hasta el punto de que no importa que sea básicamente otra vez el Episodio IV (un droide con un mensaje muy importante para la Resistencia termina en un planeta fronterizo donde lo encontrará un personaje de baja extracción pero destinado a grandes cosas que, ayudado por otros, se convertirá en pieza clave para dar un golpe decisivo al Lado Oscuro al destruir una terrible y poderosa arma que destruye planetas, para terminar con una victoria pírrica, pues el Lado Oscuro queda herido pero no destruido y en el camino se perdió al mentor: aquella vez, Obi Wan, esta vez, Han Solo). Tanto la historia como la estética es más cercana a la primera trilogía, cosa que se agradece, y por supuesto que emociona escuchar de nuevo los acordes de John Williams —quien añade también nuevas melodías— o volver a ver en pantalla al Halcón Milenario, a Han Solo y la ahora Generala Leia Organa, a Chewbaca, C-3PO, R2-D2 y a Luke Skywalker. Incluso Yoda tiene una especie de “sustituto” en el personaje de Maz Kanata (Lupita Nyong’o).

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Con todo, se le pueden criticar algunas pinceladas. Principalmente la evolución poco sutil de los personajes en la trama: el dilema de Kylo Ren, aunque efectivo, es muy de libro; tanto como el súbito cambio del stormtrooper Finn apenas comenzar la película o el repentino dominio de la Fuerza que adquiere Ray, hasta el punto de vencer a Kylo Ren quien supuestamente ha entrenado durante años (al propio Luke le costó meses de entrenamiento con Yoda en el sistema Dagobah, y el propio maestro le aclaró que aún no estaba listo). Chirría también un poco el nuevo maestro oscuro, el Supremo Líder Snoke (Andy Serkis), de quien aún no tenemos datos pero cuesta pensar cómo se explicará su origen sin que resulte forzado (y el que se parezca tanto al Voldemort de Harry Potter no ayuda).

En fin, no falta el humor y en buenas dosis, el toque perfecto para una película que es entretenimiento puro y del bueno, pues toca las teclas de muchas emociones y vuelve a confirmar que los grandes temas y las estructuras narrativas que los siglos han confirmado siguen igual de estables. El mérito está en haberlo detectado, construyendo en torno a eso un guion tan ágil como profundo. Desde luego que la Fuerza ha despertado y nos quedamos con ganas de más. Estoy seguro de que George Lucas desde su rancho y Joseph Campbell desde un poco más lejos, pueden decir con millones de fans y no tan fans: “gracias, J.J. Abrams”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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