Los Miserables

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Tom Hooper
GUION William Nicholson, Alain Boublil, Claude-Michel Schönberg
MÚSICA Claude-Michel Schönberg, Herbert Kretzmer
FOTOGRAFÍA Danny Cohen
REPARTO Hugh Jackman, Russell Crowe, Anne Hathaway, Amanda Seyfried, Eddie Redmayne, Samantha Barks, Sacha Baron Cohen, Helena Bonham Carter

Cantando emociones

Un clásico de la literatura universal (la novela de Víctor Hugo), un referente del entretenimiento contemporáneo (el musical), y ahora una bella adaptación cinematográfica. Les Misèrables. Francia, principios del siglo XIX. Jean Valjean, preso por haber robado un pedazo de pan, recibe su libertad condicional de manos del policía Javert. Al romperla en busca de una vida mejor, Valjean llegará a ser alcalde. Apiadado del infortunio de Fantine, una ex empleada suya que se ha visto obligada a prostituirse en la miseria, promete cuidar de la hija de ésta con quien huye mientras Javert le pisa los talones. Años después, en pleno París revolucionario, Cosette –la hija de Fantine– se ha enamorado de Marius, un joven estudiante, mientras el destino toca a la puerta de su padre adoptivo en forma del incansable Javert.

Decía San Agustín que el que canta reza dos veces (el que reza cantando, se entiende). Algo así podría decirse de esta esperada adaptación. No porque recen –que también– sino porque esta película tiene el gran don de potenciar las emociones al doble –o más– a través de sus canciones. Y no se trata de canciones ordinarias, sino de las que forman parte de uno de los musicales más conocidos y queridos. Es por eso que el público puede fácilmente dividirse en los que lo conocían y los que no, y es por eso que no se deja de cantar un solo momento: porque no había una sola canción descartable para los familiarizados con el musical (bueno, sí, una, y de hecho la descartaron solo conservando una línea: al que lo adivine, un punto extra). Y súmese la nueva canción (requisito de todo musical llevado al cine), la preciosa “Suddenly” interpretada por Hugh Jackman.

Fueron los propios productores del musical los que tuvieron la iniciativa de llevarlo a la gran pantalla. Y se nota. Estamos ante una fiel adaptación del espectáculo, con homenajes incluidos como la postura de Enjolras al morir o la aparición de Colm Wilkinson –quien interpretara a Jean Valjean en la versión más popular del musical– en el papel del obispo que ayuda al protagonista a rehacer su vida. Sin embargo, esto no es teatro filmado ni mucho menos. Tom Hooper (ganador del Oscar por El discurso del rey [2010], no lo olvidemos) sabe aportar cinematográficamente a la historia y la música con toques como una inestable cámara al hombro, los constantes primeros planos –quizá demasiado constantes– y las espectaculares secuencias del arranque y de los saltos en el tiempo.

El reparto tenía la gran responsabilidad de cristalizar las canciones que muchos han interpretado en el escenario. Y cumplen a su manera, guiados por un director que decidió subrayar el sentimiento en cada canción (de ahí también los planos tan cerrados). Hugh Jackman, proveniente del teatro musical, consigue dejar de lado a Wolverine para entregar un Valjean bastante sentido. El Javert de Russell Crowe, más bien contenido, deja muy claro su rol con un tono grave. No hay palabras para Anne Hathaway que con un plano –y qué plano– se hizo acreedora al Oscar. Cosette, Marius y Eponine son interpretados por actores menos conocidos y que cantan mejor (claramente elegidos por eso). Menos acertados resultan los papeles cómicos de los Thénardier, pues Sacha Baron Cohen –más eficaz en otro tipo de humor– y Helena Bonham Carter no explotan el carácter festivo de sus personajes, quedándose más en el lado mezquino (sin que sean tampoco grandes cantantes).

El resultado, en fin, es una adaptación que se sostiene por sí misma. Demasiado cantada y larga para algunos, poco profunda para otros –ciertamente los personajes son de una pieza, único modo de sostenerlos canción tras canción con un ritmo intenso de acontecimientos en pantalla–, pero, desde luego, más que disfrutable. Al parecer, las canciones y el cine no han depurado a esta bella historia de esos elementos –la esperanza, la Providencia, la oración, el perdón, la caridad, el amor y la libertad­– que le han dado un atractivo dramático universal y atemporal.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Django Unchained

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN y GUION Quentin Tarantino
FOTOGRAFÍA Robert Richardson
REPARTO Jamie Foxx, Christoph Waltz, Leonardo DiCaprio, Samuel L. Jackson, Kerry Washington

Sigfrido negro y con mucho estilo

Un spaghetti-western de Quentin Tarantino sonaba como una idea más que atractiva (y prometida). El icónico director había tomado distintos elementos de este subgénero y, como dice él, ya era hora de que hiciera el suyo propio. Para ello toma prestado el título y el espíritu de un clásico del género (Django, Sergio Corbucci, 1966) con cameo del prota incluido, convirtiendo al protagonista en un esclavo negro liberado que busca venganza, en una revisión de la historia como la que hiciera con los nazis en Inglourious Basterds (2009).

Django (la “D” es silenciosa) es un esclavo en el Estados Unidos pre-guerra civil. Es liberado por un cazarrecompensas alemán con unas ideas sobre la esclavitud bastante novedosas para la época (el sorprendente Christoph Waltz una vez más con Tarantino) para que le ayude a identificar a un trío de prófugos. La buena mancuerna que hacen los llevará a aliarse en ese oficio mientras avanzan hacia el sur para liberar –como hiciera Sigfrido– a  la esposa de Django (Kerry Washington) del malvado esclavista Calvin Candie (Leonardo DiCaprio).

Tarantino ha marcado todo un estilo por muchas cosas, y todas ellas están presentes en Django Unchained: un estilo cool –a pesar de que la película sea de época–, un humor mordaz, arteros saltos en el tiempo, una banda sonora atrevida y alucinante (que incluye atractivos temas del spaghetti, como los de Luis Bacalov y Ennio Morricone, y un tarantiniano etcétera, como el mix de los ya fallecidos James Brown y el rapero 2Pac que musicaliza una secuencia antológica). Y, por supuesto, la particular violencia de Tarantino, que en este caso tiene mucho de dónde explotar: los abusos de la esclavitud, el oficio de cazarrecompensas y las “mandingo fights”, peleas a muerte entre esclavos para entretener a los blancos cual gallos de pelea.

Todo esto dicho, Tarantino no revoluciona el cine (como ya hizo con Pulp Fiction, todo sea dicho), ni siquiera alcanza la altura de anteriores trabajos (las nominaciones del Oscar a Mejor Película y Mejor Guion Original quizá son demasiado entusiastas). A Django Unchained le sobra casi una hora y tiene un desenlace bastante flojo. Jamie Foxx hace un Django bastante contenido y serio, más realista, pero realismo no es la palabra que define el cine de Tarantino; así, queda un poco gris y opacado por el resto, especialmente por Christoph Waltz para quien Tarantino ha escrito el papel del dicharachero Dr. King Shultz y sus monólogos son tan geniales como constantes. A DiCaprio le sienta muy bien el papel de cruel esclavista sin fisuras, tanto como a su brazo derecho, un odioso y divertido Samuel L. Jackson en la piel del esclavo a cargo de otros esclavos.

Por último, Tarantino clava su ensangrentado ojo en un tema tan terrible como fueron –son- los horrores de la esclavitud. Y ahí explota su habitual violencia irreal y exagerada. Solo que ahora sabemos que eso fue muy real, o peor. Entre la denuncia y la irreverencia, sí termina por quedarnos claro quién es nuestro héroe: ese que defiende el amor (pocos personajes en el cine de hoy tienen tan claro el concepto “matrimonio” como este Django de Tarantino) y, por supuesto, la libertad. Aunque para comprarla tenga que matar sangrientamente hasta al apuntador.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Jagten (La caza)

(2012) Dinamarca
DIRECCIÓN Thomas Vinterberg
GUION Thomas Vinterberg, Tobias Lindholm
MÚSICA Nicolaj Egelund
FOTOGRAFÍA Charlotte Bruus Christensen
REPARTO Mads Mikkelsen, Thomas Bo Larsen, Annika Wedderkopp

Linchamiento de nuestro tiempo

Thomas Vinterberg y Lars Von Trier son los cineastas daneses que en 1995 firmaron el manifiesto de un movimiento que llamaron “Dogma 95”, en el cual se proponían hacer un cine “más directo”, sin luz artificial ni efectos, con la cámara al hombro, en locaciones reales y sin la firma del director. Pocas fueron las películas que se hicieron siguiendo sus estrictas reglas –de las que quizá La celebración (1998) de Vinterberg fue la mejor, mucho mejor que la descerebrada Los idiotas (1998) de Lars Von Trier, desde luego–, pero sin duda anunciaban gran talento, como después ha demostrado varias veces Von Trier (Bailando en la oscuridad, Dogville, Melancolía) y, a veces también, Vinterberg. Con Jagten (La caza), este último cineasta ha llegado muy alto.

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Lucas es un profesor divorciado que trabaja en el jardín de niños de un pequeño pueblo danés. Vive tranquilamente entre su trabajo, su afición a cazar con los amigos y la espera por obtener la custodia de su hijo adolescente. Una pequeña mentira de una niña de cinco años, que cae en el terreno de un tema sensibilísimo hoy –el abuso sexual de menores–, desencadena una serie de acontecimientos que van a cambiar la vida de Lucas. Pues ya se sabe, pueblo chico, infierno grande.

Ya lejos estéticamente de su época del manifiesto, Vinterberg –quien también es coautor del guion– dirige con sobria maestría esta historia. Pues todo (la música, el montaje, la bella fotografía) está al servicio, como debe ser, de la atrapante historia. Nos convertimos en silenciosos testigos de una terrible injusticia, sin que sepamos cómo reaccionaríamos nosotros, a la vez que nos hacemos conscientes del grado de sensibilidad al que hemos llegado con este tema, y los riesgos que eso implica.

THE HUNT. Mads Mikkelsen and Lasse Fogelstrøm

Siguiendo la absorbente cadena de acontecimientos, sin una pizca de melodrama, simplemente los hechos, vemos cómo la rueda gira como en una tragedia griega aplastando lentamente al protagonista, interpretado por Mads Mikkelsen (quien merecidamente se llevó el premio a mejor actor en el Festival de Cannes por esta película). El guion explota de maravilla ese contraste entre la visión de los niños –con una muy pequeña actriz que hace su papel  escalofriantemente bien–, su inocencia, buena voluntad y gran ingenuidad, lógicamente, ante lo que pueden ocasionar; y la visión de los adultos, constreñida –lógicamente, también- por una serie de resortes que, ante ciertos temas, pueden saltar desproporcionadamente. Una inofensiva chispa que puede incendiar todo un bosque, destruir una vida, marcar a toda una sociedad, como vemos en los distintos personajes, tan bien construidos, como el hijo del protagonista, o sus mejores amigos, uno de ellos padre de la niña en cuestión…

A pesar de lo que uno esperaría, Vinterberg no se recrea en la fatalidad de su historia, aunque a veces se acerque a hacerlo. Incluso podría quedarse corto, tomando en cuenta el desenlace. El acertado título, con todo el simbolismo que incluye en la misma afición del protagonista, es la mejor descripción de lo que aquí vemos. La caza de un hombre por una serie de acontecimientos y suposiciones, terribles para todos, pero en los que quien menos culpa tiene, como el venado que huye, es él mismo.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Los Muppets

(2011) EE.UU.
DIRECCIÓN James Bobin
GUION Jason Segel, Nicholas Stoller
MÚSICA Christophe Beck
FOTOGRAFÍA Don Burgess
REPARTO Jason Segel, Amy Adams, Chris Cooper

Un último show

Los Muppets (esos divertidos títeres creados por Jim Henson, en España conocidos como “Teleñecos”) se volvieron parte de la vida de muchos niños estadounidenses y de todo el mundo gracias a su famoso programa de televisión y sus varias películas, por no mencionar todo el merchandising de muñecos, parques de atracciones, etc. Aprovechando esa fama, y el hecho de que los Muppets ya pertenecen a otra generación, esta última película se basa en la nostalgia de aquellos que admiraron a los Muppets en su día, a la vez que resulta muy atractiva y entretenida para el público actual, conozca o no a los simpáticos títeres.

Walter y Gary son dos hermanos que se llevan de maravilla, a pesar de que Walter es un muñeco de fieltro. Ambos son fanáticos de los Muppets y viajan a Los Ángeles para conocer los “Muppet Studios”, acompañados por la novia de Gary, Mary. Ahí se enteran de que un malvado empresario de sugerente nombre, Tex Richman, va a destruir el mítico estudio de los Muppets para extraer petróleo de ahí. La única manera de detenerlo es que los Muppets consigan diez millones de dólares, por lo que Walter y Gary deberán convencer a Kermit The Frog (la Rana René en Latinoamérica, la Rana Gustavo en España) y al resto de los Muppets a unirse de nuevo para hacer un último show.

Al carisma de los Muppets se une Jason Segel (Marshall en How I Met Your Mother), quien también escribe el guion junto con Nicholas Stoller, responsable de las últimas comedias de Jim Carrey. Esto da una idea de por dónde va el humor, muy acorde con el tono juguetón de los Muppets, que resulta en una película muy divertida, con un humor muy actual sin caer nunca en la zafiedad. Lo mismo por los demás actores de carne y hueso: la simpática Amy Adams como la novia de Gary y Chris Cooper en el papel del villano, que incluso canta rap y baila sobre la mesa. Además de los cameos de Jack Black, Alan Arkin, Emily Blunt, Whoopi Goldberg y rostros “frescos” como Selena Gomez, Rico Rodriguez (Modern Family), Jim Parsons (The Big Bang Theory) y actores de How I Met Your Mother, de las películas de Hangover, etc.

Destaca, pues, el agradable humor –con varias bromas sobre la propia película, como menciones al presupuesto o cuando sugieren reunir al resto de Muppets usando una secuencia de montaje para ahorrar tiempo– y las bien llevadas dos tramas: los Muppets que intentan salvar su estudio y el conflicto de Walter y Gary que tienen que decidir qué vida llevar, plasmado en la maravillosa canción (ganadora del Oscar, por cierto) Man or Muppet? Las canciones, ya que estamos, son de lo mejor, desde las originales hasta las ochenteras (por aquello de la nostalgia que decíamos) incluyendo el clásico Muppet “Rainbow Connection” (que Kermit The Frog cantara en un pantano en su primera película, allá por 1979) y su autoparodia, hasta una versión de “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana interpretada a capella por un cuarteto de barbería (de Muppets, por supuesto).

En fin, una más que entretenida película, que también llega al corazón e incluye muchos mensajes como la autoconfianza y el creer en uno mismo o la importancia de la amistad. Más de uno podrá llorar al ver a sus queridos Muppets reunidos de nuevo y otros podrán asombrarse de cuánta vida les queda aún a estos títeres (y de la gran expresividad que puede tener un muñeco de fieltro).

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Los juegos del hambre

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Gary Ross
GUION Gary Ross, Suzanne Collins, Billy Ray basado en la novela de Suzanne Collins
MÚSICA James Newton Howard
FOTOGRAFÍA Tom Stern
REPARTO Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Donald Sutherland, Wes Bentley, Stanley Tucci

Épico signo de los tiempos

En el futuro, tras una apocalíptica guerra, la civilización ha quedado organizada en doce distritos sometidos a una Ciudad Capital que los avasalla tiránicamente. Cada año, como un símbolo de la sumisión de los distritos a la capital, se organizan los “Juegos del Hambre”: una competición televisada en la que dos jóvenes de cada distrito (un chico y una chica) compiten por sobrevivir. El juego termina cuando solo uno de los veinticuatro quede vivo. Katniss Everdeen, una aguerrida joven del proletario Distrito 12, se ha ofrecido voluntaria para ir en lugar de su hermana, seleccionada por sorteo para participar en los juegos.

Fiel adaptación de la novela homónima de Suzanne Collins, primera de una trilogía que ha cautivado al público juvenil y cuya adaptación, como ahora sucede con las sagas juveniles, no se hizo esperar. Gracias a los valores universales que la historia maneja -como la valentía, la solidaridad, la piedad y el amor-, y a la interesante crítica que hace de los excesos de la telerrealidad que hoy vemos en la pantalla chica, la historia es atractiva para un público mucho más amplio que los fans de los libros. La misma Collins participó en la escritura del guion, que consigue condensar el conflicto y transmitirlo.

Aunque correcta, la dirección de Gary Ross tiene poca personalidad. Sobre todo porque la línea estética, tan variante, está poco unificada: entre el estilo de campo de concentración nazi para el Distrito 12 –con un vestuario y una fotografía que podrían pertenecer a El pianista de Polanski o a tantas otras–, el look burtoniano (de Alicia en el País de las Maravillas, en concreto) de los habitantes de la capital, los edificios tipo Star Wars de la misma y el look de los mismos “Juegos del Hambre” más propio de una serie de televisión que de una historia épica como la que aquí se cuenta.

Acertadamente enfocada a un público familiar, se matiza bastante toda la violencia que implica el planteamiento mismo: jóvenes matándose unos a otros. Pero esto no hace que la película sea ñoña ni mucho menos; el temple de la ascendentísima Jennifer Lawrence, en el papel de la protagonista, le da bastante credibilidad y profundidad a la historia, aunque el forzado giro romántico del guion (¿o del libro?) la ate de manos en cierto punto.

La atención es captada y la emoción suscitada; sin embargo, quizá lo mejor de la película sea el conflicto de fondo que plantea, por un lado, en su crítica a una sociedad enferma y degenerada que disfruta frívolamente del brutal concurso televisivo, actitud que hoy nos puede resultar más que familiar; y por otro, el anhelo de la libertad (esa secuencia de la rebelión en el Distrito 11) que marca la línea de fondo de la saga y que profetiza el tiránico Presidente Snow (atinado Donald Sutherland): “La esperanza es lo único más poderoso que el miedo”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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True Grit

(2010) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Ethan Coen & Joel Coen
MÚSICA Carter Burwell
FOTOGRAFÍA Roger Deakins
REPARTO Jeff Bridges, Matt Damon, Hailee Steinfeld, Josh Brolin, Barry Pepper

Con un par

Los hermanos Joel y Ethan Coen han conseguido hacerse todo un nombre en Hollywood. Con cuatro Oscars bajo el brazo, buenas dosis de ironía y de humor negro y un bien manejado estilo cinematográfico, prácticamente año tras año esperamos la joyita de los Coen, a veces una obra de culto, a veces un mero divertimento. Su última entrega no es ni lo uno ni lo otro. True Grit (Temple de acero en Latinoamérica, traducción bastante cercana al título original y Valor de ley en España, en alusión a otro tema clave de la película) es un western con todas las letras, remake de su homónimo de 1969, que le diera su único Oscar a John Wayne, o más bien una nueva adaptación de la novela en la que ambos se basan.

Después de que su padre muriera a manos del bandido Tom Chaney, una avispada niña de catorce años, Mattie Ross, contrata para dar alcance a Chaney y someterlo a la ley a Rooster Cogburn, un alguacil tuerto, entrado en años y en kilos y algo borrachín, pero al que su fama lo precede porque tiene “true grit” (temple de acero, agallas, o lo del título de esta crítica). Se les une un Texas ranger que también persigue al mismo bandido por el asesinato de un senador de Texas.

La realización de los Coen es correctísima, pero es la interpretación de los tres personajes principales la que le da su fuerza a True Grit: la revelación es la joven Hailee Steinfeld, pues su personaje es el eje de la historia, un reto nada fácil pues se trata de una niña determinada, testaruda, algo fría y muy audaz para su joven edad; Steinfeld cumple a la perfección realizando a sus catorce añitos un personaje fuerte que Kim Darby hiciera con veintidós en 1969. El alguacil Cogburn –quizá el más Coen de los personajes- está muy conseguido por Jeff Bridges, valiente y despreocupado al estilo de John Wayne en la primera True Grit o en The Searchers; a veces simpático e incluso patético. Y revelación también, a su manera, resulta Matt Damon en un papel que, para variar, le permite interpretar a alguien que no sea el propio Matt Damon como suele (Bourne, Hereafter, Good Will Hunting y un largo etcétera): esta vez es el Texas ranger LaBoeuf, en continua pugna con sus compañeros de expedición.

Estamos, pues, ante el mejor western del momento, que no deja por eso de ser un western: un género ya algo manido (los Estudios Edison hicieron ya en 1903 El gran robo del tren y el argumento no ha cambiado mucho desde entonces) y que a nivel de trama tiene ya poco que ofrecer. Porque lo que hacen estos personajes es eso, cabalgar y buscar gente en el oeste, como lo hicieran John Wayne y Jeffrey Hunter en la ya mencionada The Searchers, o tantas otras. No por nada muchos de los westerns actuales son remakes, que quizá apelen más a la nostalgia de los clásicos que al salvaje oeste en sí mismo. Los Coen insisten y sí, añaden un poco de sal con su visión de los personajes y algo de su irónico humor y, sobre todo, logran plasmar como siempre su buen saber hacer.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Hot Fuzz

(2007) Reino Unido
DIRECCIÓN Edgar Wright
GUION Edgar Wright, Simon Pegg
MÚSICA David Arnold
FOTOGRAFÍA Jess Hall
REPARTO Simon Pegg, Nick Frost, Jim Broadbent, Timothy Dalton, Bill Nighy, Martin Freeman

Poli bueno, poli malo

En esta disparatada comedia británica, Nicholas Angel, el mejor policía de Londres, es trasladado a Sandford, un apacible pueblo con el índice más bajo de criminalidad, donde lo que menos necesitan es a un súper policía como él. Sin embargo, Sandford también tiene uno de los índices más altos de accidentes, que quizá no sean tales…

El comediante Simon Pegg protagoniza y co-escribe esta película, dirigida por su compañero Edgar Wright y en la que predomina el humor absurdo, un poco en la tradición británica de los Monty Python. A la fiesta se sumó una importante cantidad de estrellas británicas: desde el antiguo James Bond, Timothy Dalton, hasta Martin Freeman quien interpreta a Bilbo en la trilogía de El Hobbit que ha arrancado Peter Jackson, pasando por Jim Broadbent y Bill Nighy, y (aunque no aparecen en los créditos) Cate Blanchett (que solo muestra sus ojos) y hasta el propio Peter Jackson.

Aunque el absurdo predomine, la forma es más que loable, sobre todo por una edición ágil, de un ritmo tremendo y muy cuidada, y un guion aún más cuidado que (dejando los temas que maneja aparte) es una maquinaria “perfecta” en la que cada alusión es recogida más adelante y no hay un solo chiste o comentario que no tenga un propósito en la disparatada trama, amén del tercer acto completamente desquiciado.

El humor no falta y la acción tampoco. Incluso el arranque parece sugerir algunos temas profundos como la soledad del protagonista, o la importancia de los cambios… que luego se pierden en la tontería. El propio Pegg está algo desaprovechado pues deja sus dotes cómicas (las que vimos en la tercera y cuarta entrega de Misión Imposible) para ser “el serio” de la película, en contraparte a su compañero Danny Butterman (Nick Frost, habitual compañero de Pegg, que sí da rienda a su vis cómica). Hay que decir que la violencia exagerada alcanza el mal gusto en momentos. Y eso, que nadie espere más que unas risas, aunque no estén diseñadas para todo tipo de humores.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Brave

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Brenda Chapman, Mark Andrews, Steve Puncell
GUION Brenda Chapman, Mark Andrews, Steve Puncell, Irene Mecchi
MÚSICA Patrick Doyle
REPARTO (VOZ) Kelly Macdonald, Billy Connolly, Emma Thompson, Julie Walters

Princesa Pixar

Crea fama y échate a dormir, reza el dicho. Lo que no dice es que crearse buena fama genera unas expectativas que luego no siempre es fácil cumplir. Mucho de esto pasa con Brave, la última película de Pixar. Estos señores nos tienen acostumbrados a unas geniales historias contadas con una animación fabulosa. Por su excelente modo de contar historias con imágenes parecería que cada película suya marcara un hito en la historia de la animación (siendo más discutibles Cars y Cars 2, todo sea dicho).

Pues bien, con Brave no sucede esto. No se está marcando un hito. Sin embargo, la única apuesta original de los estudios del flexo en medio de una época de secuelas (lo cual no es necesariamente malo, véase las Toy Story) es una hermosa fábula, divertida, muy actual a pesar de ser de época y con una animación impecable.

Merida es una princesa medieval escocesa que disfruta de la naturaleza, de sentirse libre y tirar con su arco, pasatiempos que chocan con la idea de princesa que tiene su madre: formalidad, finura, delicadeza… Esta tensión llega a su culmen cuando se organizan unos juegos entre los príncipes de los reinos vecinos en el que el trofeo será la mano de la rebelde princesa. Ante semejante panorama, Merida no duda en echar mano de una misteriosa bruja y un hechizo para “hacer cambiar” a su madre.

El proyecto, con un conflicto claramente femenino, lo arrancó Brenda Chapman, responsable de la historia de La Bella y la Bestia de Disney, colaboradora en el guion de El Rey León y directora de El Príncipe de Egipto para Dreamworks, nada menos. En su idea original, la película tendría un tono más sombrío y se llamaría The Bow and the Bear (El arco y el oso). Por diferencias creativas –lo que sea que eso signifique-, Chapman salió del proyecto y entraron en su lugar Mark Andrews (de la cantera de Pixar: codirector del corto El hombre orquesta) y Steve Puncell (hasta ahora más metido en el mundo de los videojuegos). Los tres figuran como codirectores.

A pesar de esas peripecias en la producción, Pixar cumple sobradamente. La increíble animación esta vez luce las maravillas de la naturaleza y el flamante cabello (abundante, rizado y pelirrojo) de la protagonista. El humor corre a cargo de los hermanos trillizos de la princesa y de la criada Maudie, más efectivos que los supuestamente graciosos pretendientes de la protagonista. La música de Patrick Doyle cumple también, aunque no sea tan destacable como las bandas sonoras que Michael Giacchino ha hecho para Pixar, y sobran esas canciones de Russian Red en la primera mitad, fallido intento de lo que hizo Phil Collins en Tarzán.

El resultado es una historia redonda. Guerreros escoceses, brujas, osos, hechizos y, en medio, el conflicto entre la madre y la hija. Aunque es claro que la protagonista es la princesa, prácticamente podría serlo su madre la reina: ella lleva buena parte del peso de la familia (y de la película) y sufre también una importante transformación (literalmente). Es este personaje el que da gran actualidad a la historia además de interés; mucho más, en mi opinión, que la rebeldía de Merida, un tópico a estas alturas, aunque vaya contra los cánones clásicos de la figura de “princesa Disney”.  En la versión original, junto a un conjunto de actores escoceses (que marcan más su acento para interpretar a sus personajes), la reina Elinor es interpretada por la versátil Emma Thompson, que traslada mucho de su personalidad a este personaje. Así, Brave habla de cómo buscar la propia vocación no está reñido con dar prioridad a la familia, así como de la importancia de reconocer los errores y rectificar. Un mensaje más que importante hoy en día, que Pixar nos cuenta con gran ritmo y mucha armonía visual, aunque por esta vez no nos haya tumbado del asiento.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Drive

(2011) EE.UU.
DIRECCIÓN Nicolas Winding Refn
GUIÓN Hossein Amini basado en la novela de James Sallis
MÚSICA Cliff Martínez
FOTOGRAFÍA Newton Thomas Sigel
REPARTO Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Oscar Isaac

Héroe

Contra la pared, en conflicto,
con la fuerza de la voluntad y una causa
tus intentos resultan excepcionales,
aunque emocionalmente complejos.

En contra de reclamaciones distópicas,
de los pensamientos que tus acciones entretienen.
Y has demostrado ser
un ser humano real, y un héroe real.

Es parte de la letra (traducida, claro) de “A Real Hero”, una canción que no solo ilumina con su estilo ochentero los mejores momentos de Drive, sino que sintetiza la idea de fondo de esta película. El protagonista –formidable Ryan Gosling– es un hombre de mirada triste y pocas palabras, que se dedica a conducir coches: desde escenas de persecuciones en películas –su trabajo legal, junto con el de mecánico de taller– hasta huidas de atracos. No sabemos ni su nombre ni su inquietante pasado que sus acciones solo nos permiten intuir. Su presentación: “I drive”.

La luz llega a la vida de este personaje con su vecina Irene (Carey Mulligan) y su encantador hijo Benicio. El protagonista descubre la alegría de sentirse parte de una familia, hasta el punto de que cuando el esposo de Irene vuelve de la cárcel, nuestro conductor estará dispuesto a ofrecer sus servicios para hacer un trabajo para los mafiosos que lo tienen amenazado. Y entonces se desencadenan los acontecimientos con que descubrimos de lo que ese hombre misterioso realmente es capaz.

Drive es la primera incursión americana del director danés Nicolas Winding Refn. Y es fascinante. La violentísima historia –espectadores muy sensibles abstenerse– está envuelta en un ritmo bellamente pausado, que contrasta con la intensidad de las situaciones. En las tomas hay velocidad y movimiento, hábilmente contrastados con el uso de la cámara lenta o la música contrapuntística. De ahí resultan escenas de gran fuerza como la del ascensor, o la cacería humana que nuestro hombre ejecuta al son de la de canción de cuna “Oh My Love”, interpretada por Riz Ortolani.

Como creo que ha quedado claro, la selección musical –completada por la música de Cliff Martínez, compositor habitual de Steven Soderbergh entre otros– da una gran personalidad al filme. Éste avanza apoyado en su trabajada edición de sonido –por cierto, una merecida pero, por desgracia, única nominación al Oscar– y la fotografía del veterano Newton Thomas Sigel. Sin embargo, todo esto sería poco sin la actuación de Gosling que hace de su lacónico personaje un imán que nos fascina mientras intentamos comprenderlo. Su desmedida violencia al servicio de una buena causa nos hace pensar hasta qué punto estamos ante un “héroe real”, como dice la canción. El desenlace parece querer subrayar algo de esto, aunque, qué duda cabe, si ante algo estamos es ante un ser humano real.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Moonrise Kingdom

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Wes Anderson
GUIÓN Wes Anderson, Roman Coppola
MÚSICA Alexandre Desplat
FOTOGRAFÍA Robert D. Yeoman
REPARTO Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Jason Schwartzman,  Jared Gilman, Kara Hayward

Romeo y Julieta inadaptados

El primer amor tiene una fuerza especial. Y cuando éste es prohibido, parece crecer con una intensidad mucho mayor. Tanta que -como en la obra de Shakespeare- puede llevar a los adolescentes enamorados a las más radicales decisiones. Este es el tema que aborda, con su especialísimo toque, Wes Anderson, uno de los cineastas activos con un estilo más marcado. Sus historias, sus ritmos, sus planos y hasta las actuaciones bajo su dirección, llevan su sello, para algunos incomprensible, para muchos atractivo y para otros insuperable.

Estamos en New Penzance (una isla inventada, que podría estar en Nueva Inglaterra, por ejemplo), en el año 1965, como nos cuenta un andersoniano narrador de cuerpo presente (Bob Balaban) que da un toque documental al inicio del filme. Sam, un inadaptado boy scout huérfano, huye con Suzy, una niña también inadaptada a su curiosa familia. El mundo de los niños, extrañamente maduros a pesar de que siguen siendo niños -“es posible que moje la cama”, le dice Sam a Suzy antes de dormir juntos- entra en contraste con el de los adultos, mucho más inestables y, sí, inmaduros.

Estos últimos, los adultos, son interpretados por un reparto de estrellas en papeles extravagantes, como viene siendo habitual en las películas de Anderson. Bruce Willis es el jefe de policía de la isla, un solterón “triste” pero de buen corazón. Edward Norton es el jefe scout, en una interpretación que confirman su versatilidad como no la habíamos visto desde la incomprendida Death to Smoochy. Frances McDormand y Bill Murray (actor habitual en Anderson) son los padres de Suzy, un matrimonio de abogados hundidos en el tedio como pareja -cuernos incluidos- y Harvey Keitel y Tilda Swinton tienen papeles breves pero contundentes. El que quizá sobra es otro incondicional de Anderson, Jason Schwartzman, como otro de los jefes scout que no termina de encajar con los ya citados. Sin embargo, la película la llevan claramente los niños, especialmente los dos raros y enamorados protagonistas, Jared Gilman y Kara Hayward, dos rostros nuevos en cine que imprimen gran fuerza a sus personajes asumiendo al cien por cien el particular estilo del director. (No puedo no decir algo de los hermanitos de Suzy: Wes Anderson en estado puro).

La historia es atractiva y avanza con ritmo, de la mano de las constantes de Anderson: su estética vintage y retro, por llamarla de alguna manera, con ese toque de teatro guiñol enfatizado por los constantes travellings horizontales; y la elocuente selección musical que va desde Mozart y Schubert hasta el pop francés de los 60’s (Françoise Hardy) y la música country norteamericana (Hank Williams), reforzados por -quién si no- Alexandre Desplat, responsable de la música de El árbol de la vida o El discurso del rey y otras obras de Anderson como la animada Fantastic Mr. Fox, muy presente en esta película, por cierto.

Podemos decir que Anderson “lo hace de nuevo”, a pesar de que no estemos ante una obra maestra, a pesar de que algún personaje sobre un poco, de que el tercer acto no tenga toda la fuerza que nos gustaría o de que la música se vuelva un poco repetitiva a ratos. Logra momentos geniales como el flashback en el que los enamorados se conocen y la secuencia de montaje en que se escriben cartas, la revisión matutina del jefe scout o el diálogo de alcoba de los padres de Suzy. En fin, en su peculiar estilo, Anderson viene a hablar del papel y la importancia de la familia, tantas veces descuidada por los problemas personales de los adultos  -“lo culpo a él, dice el policía a los padres de Suzy cuando ella y Sam huyen, pero también me culpo a mí mismo y a ustedes dos”-, pero con todo siempre necesaria -“te amo, dice Sam a Suzy cuando le dice que quisiera ser huérfana como él, pero no sabes de lo que hablas”-. Una lección, en definitiva, como la que dieron Romeo y Julieta a sus enemistadas familias, los infelices adultos, y aquí también suponemos que “de los que del rencor participaron / unos tendrán perdón y otros castigo”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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