Los juegos del hambre

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Gary Ross
GUION Gary Ross, Suzanne Collins, Billy Ray basado en la novela de Suzanne Collins
MÚSICA James Newton Howard
FOTOGRAFÍA Tom Stern
REPARTO Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Donald Sutherland, Wes Bentley, Stanley Tucci

Épico signo de los tiempos

En el futuro, tras una apocalíptica guerra, la civilización ha quedado organizada en doce distritos sometidos a una Ciudad Capital que los avasalla tiránicamente. Cada año, como un símbolo de la sumisión de los distritos a la capital, se organizan los “Juegos del Hambre”: una competición televisada en la que dos jóvenes de cada distrito (un chico y una chica) compiten por sobrevivir. El juego termina cuando solo uno de los veinticuatro quede vivo. Katniss Everdeen, una aguerrida joven del proletario Distrito 12, se ha ofrecido voluntaria para ir en lugar de su hermana, seleccionada por sorteo para participar en los juegos.

Fiel adaptación de la novela homónima de Suzanne Collins, primera de una trilogía que ha cautivado al público juvenil y cuya adaptación, como ahora sucede con las sagas juveniles, no se hizo esperar. Gracias a los valores universales que la historia maneja -como la valentía, la solidaridad, la piedad y el amor-, y a la interesante crítica que hace de los excesos de la telerrealidad que hoy vemos en la pantalla chica, la historia es atractiva para un público mucho más amplio que los fans de los libros. La misma Collins participó en la escritura del guion, que consigue condensar el conflicto y transmitirlo.

Aunque correcta, la dirección de Gary Ross tiene poca personalidad. Sobre todo porque la línea estética, tan variante, está poco unificada: entre el estilo de campo de concentración nazi para el Distrito 12 –con un vestuario y una fotografía que podrían pertenecer a El pianista de Polanski o a tantas otras–, el look burtoniano (de Alicia en el País de las Maravillas, en concreto) de los habitantes de la capital, los edificios tipo Star Wars de la misma y el look de los mismos “Juegos del Hambre” más propio de una serie de televisión que de una historia épica como la que aquí se cuenta.

Acertadamente enfocada a un público familiar, se matiza bastante toda la violencia que implica el planteamiento mismo: jóvenes matándose unos a otros. Pero esto no hace que la película sea ñoña ni mucho menos; el temple de la ascendentísima Jennifer Lawrence, en el papel de la protagonista, le da bastante credibilidad y profundidad a la historia, aunque el forzado giro romántico del guion (¿o del libro?) la ate de manos en cierto punto.

La atención es captada y la emoción suscitada; sin embargo, quizá lo mejor de la película sea el conflicto de fondo que plantea, por un lado, en su crítica a una sociedad enferma y degenerada que disfruta frívolamente del brutal concurso televisivo, actitud que hoy nos puede resultar más que familiar; y por otro, el anhelo de la libertad (esa secuencia de la rebelión en el Distrito 11) que marca la línea de fondo de la saga y que profetiza el tiránico Presidente Snow (atinado Donald Sutherland): “La esperanza es lo único más poderoso que el miedo”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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True Grit

(2010) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Ethan Coen & Joel Coen
MÚSICA Carter Burwell
FOTOGRAFÍA Roger Deakins
REPARTO Jeff Bridges, Matt Damon, Hailee Steinfeld, Josh Brolin, Barry Pepper

Con un par

Los hermanos Joel y Ethan Coen han conseguido hacerse todo un nombre en Hollywood. Con cuatro Oscars bajo el brazo, buenas dosis de ironía y de humor negro y un bien manejado estilo cinematográfico, prácticamente año tras año esperamos la joyita de los Coen, a veces una obra de culto, a veces un mero divertimento. Su última entrega no es ni lo uno ni lo otro. True Grit (Temple de acero en Latinoamérica, traducción bastante cercana al título original y Valor de ley en España, en alusión a otro tema clave de la película) es un western con todas las letras, remake de su homónimo de 1969, que le diera su único Oscar a John Wayne, o más bien una nueva adaptación de la novela en la que ambos se basan.

Después de que su padre muriera a manos del bandido Tom Chaney, una avispada niña de catorce años, Mattie Ross, contrata para dar alcance a Chaney y someterlo a la ley a Rooster Cogburn, un alguacil tuerto, entrado en años y en kilos y algo borrachín, pero al que su fama lo precede porque tiene “true grit” (temple de acero, agallas, o lo del título de esta crítica). Se les une un Texas ranger que también persigue al mismo bandido por el asesinato de un senador de Texas.

La realización de los Coen es correctísima, pero es la interpretación de los tres personajes principales la que le da su fuerza a True Grit: la revelación es la joven Hailee Steinfeld, pues su personaje es el eje de la historia, un reto nada fácil pues se trata de una niña determinada, testaruda, algo fría y muy audaz para su joven edad; Steinfeld cumple a la perfección realizando a sus catorce añitos un personaje fuerte que Kim Darby hiciera con veintidós en 1969. El alguacil Cogburn –quizá el más Coen de los personajes- está muy conseguido por Jeff Bridges, valiente y despreocupado al estilo de John Wayne en la primera True Grit o en The Searchers; a veces simpático e incluso patético. Y revelación también, a su manera, resulta Matt Damon en un papel que, para variar, le permite interpretar a alguien que no sea el propio Matt Damon como suele (Bourne, Hereafter, Good Will Hunting y un largo etcétera): esta vez es el Texas ranger LaBoeuf, en continua pugna con sus compañeros de expedición.

Estamos, pues, ante el mejor western del momento, que no deja por eso de ser un western: un género ya algo manido (los Estudios Edison hicieron ya en 1903 El gran robo del tren y el argumento no ha cambiado mucho desde entonces) y que a nivel de trama tiene ya poco que ofrecer. Porque lo que hacen estos personajes es eso, cabalgar y buscar gente en el oeste, como lo hicieran John Wayne y Jeffrey Hunter en la ya mencionada The Searchers, o tantas otras. No por nada muchos de los westerns actuales son remakes, que quizá apelen más a la nostalgia de los clásicos que al salvaje oeste en sí mismo. Los Coen insisten y sí, añaden un poco de sal con su visión de los personajes y algo de su irónico humor y, sobre todo, logran plasmar como siempre su buen saber hacer.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Hot Fuzz

(2007) Reino Unido
DIRECCIÓN Edgar Wright
GUION Edgar Wright, Simon Pegg
MÚSICA David Arnold
FOTOGRAFÍA Jess Hall
REPARTO Simon Pegg, Nick Frost, Jim Broadbent, Timothy Dalton, Bill Nighy, Martin Freeman

Poli bueno, poli malo

En esta disparatada comedia británica, Nicholas Angel, el mejor policía de Londres, es trasladado a Sandford, un apacible pueblo con el índice más bajo de criminalidad, donde lo que menos necesitan es a un súper policía como él. Sin embargo, Sandford también tiene uno de los índices más altos de accidentes, que quizá no sean tales…

El comediante Simon Pegg protagoniza y co-escribe esta película, dirigida por su compañero Edgar Wright y en la que predomina el humor absurdo, un poco en la tradición británica de los Monty Python. A la fiesta se sumó una importante cantidad de estrellas británicas: desde el antiguo James Bond, Timothy Dalton, hasta Martin Freeman quien interpreta a Bilbo en la trilogía de El Hobbit que ha arrancado Peter Jackson, pasando por Jim Broadbent y Bill Nighy, y (aunque no aparecen en los créditos) Cate Blanchett (que solo muestra sus ojos) y hasta el propio Peter Jackson.

Aunque el absurdo predomine, la forma es más que loable, sobre todo por una edición ágil, de un ritmo tremendo y muy cuidada, y un guion aún más cuidado que (dejando los temas que maneja aparte) es una maquinaria “perfecta” en la que cada alusión es recogida más adelante y no hay un solo chiste o comentario que no tenga un propósito en la disparatada trama, amén del tercer acto completamente desquiciado.

El humor no falta y la acción tampoco. Incluso el arranque parece sugerir algunos temas profundos como la soledad del protagonista, o la importancia de los cambios… que luego se pierden en la tontería. El propio Pegg está algo desaprovechado pues deja sus dotes cómicas (las que vimos en la tercera y cuarta entrega de Misión Imposible) para ser “el serio” de la película, en contraparte a su compañero Danny Butterman (Nick Frost, habitual compañero de Pegg, que sí da rienda a su vis cómica). Hay que decir que la violencia exagerada alcanza el mal gusto en momentos. Y eso, que nadie espere más que unas risas, aunque no estén diseñadas para todo tipo de humores.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Brave

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Brenda Chapman, Mark Andrews, Steve Puncell
GUION Brenda Chapman, Mark Andrews, Steve Puncell, Irene Mecchi
MÚSICA Patrick Doyle
REPARTO (VOZ) Kelly Macdonald, Billy Connolly, Emma Thompson, Julie Walters

Princesa Pixar

Crea fama y échate a dormir, reza el dicho. Lo que no dice es que crearse buena fama genera unas expectativas que luego no siempre es fácil cumplir. Mucho de esto pasa con Brave, la última película de Pixar. Estos señores nos tienen acostumbrados a unas geniales historias contadas con una animación fabulosa. Por su excelente modo de contar historias con imágenes parecería que cada película suya marcara un hito en la historia de la animación (siendo más discutibles Cars y Cars 2, todo sea dicho).

Pues bien, con Brave no sucede esto. No se está marcando un hito. Sin embargo, la única apuesta original de los estudios del flexo en medio de una época de secuelas (lo cual no es necesariamente malo, véase las Toy Story) es una hermosa fábula, divertida, muy actual a pesar de ser de época y con una animación impecable.

Merida es una princesa medieval escocesa que disfruta de la naturaleza, de sentirse libre y tirar con su arco, pasatiempos que chocan con la idea de princesa que tiene su madre: formalidad, finura, delicadeza… Esta tensión llega a su culmen cuando se organizan unos juegos entre los príncipes de los reinos vecinos en el que el trofeo será la mano de la rebelde princesa. Ante semejante panorama, Merida no duda en echar mano de una misteriosa bruja y un hechizo para “hacer cambiar” a su madre.

El proyecto, con un conflicto claramente femenino, lo arrancó Brenda Chapman, responsable de la historia de La Bella y la Bestia de Disney, colaboradora en el guion de El Rey León y directora de El Príncipe de Egipto para Dreamworks, nada menos. En su idea original, la película tendría un tono más sombrío y se llamaría The Bow and the Bear (El arco y el oso). Por diferencias creativas –lo que sea que eso signifique-, Chapman salió del proyecto y entraron en su lugar Mark Andrews (de la cantera de Pixar: codirector del corto El hombre orquesta) y Steve Puncell (hasta ahora más metido en el mundo de los videojuegos). Los tres figuran como codirectores.

A pesar de esas peripecias en la producción, Pixar cumple sobradamente. La increíble animación esta vez luce las maravillas de la naturaleza y el flamante cabello (abundante, rizado y pelirrojo) de la protagonista. El humor corre a cargo de los hermanos trillizos de la princesa y de la criada Maudie, más efectivos que los supuestamente graciosos pretendientes de la protagonista. La música de Patrick Doyle cumple también, aunque no sea tan destacable como las bandas sonoras que Michael Giacchino ha hecho para Pixar, y sobran esas canciones de Russian Red en la primera mitad, fallido intento de lo que hizo Phil Collins en Tarzán.

El resultado es una historia redonda. Guerreros escoceses, brujas, osos, hechizos y, en medio, el conflicto entre la madre y la hija. Aunque es claro que la protagonista es la princesa, prácticamente podría serlo su madre la reina: ella lleva buena parte del peso de la familia (y de la película) y sufre también una importante transformación (literalmente). Es este personaje el que da gran actualidad a la historia además de interés; mucho más, en mi opinión, que la rebeldía de Merida, un tópico a estas alturas, aunque vaya contra los cánones clásicos de la figura de “princesa Disney”.  En la versión original, junto a un conjunto de actores escoceses (que marcan más su acento para interpretar a sus personajes), la reina Elinor es interpretada por la versátil Emma Thompson, que traslada mucho de su personalidad a este personaje. Así, Brave habla de cómo buscar la propia vocación no está reñido con dar prioridad a la familia, así como de la importancia de reconocer los errores y rectificar. Un mensaje más que importante hoy en día, que Pixar nos cuenta con gran ritmo y mucha armonía visual, aunque por esta vez no nos haya tumbado del asiento.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Arrow (TV)

(2012-) EE.UU.
CREADA POR Greg Berlanti, Marc Guggenheim, Andrew Kreisberg
REPARTO Stephen Amell, Katie Cassidy, Colin Donnell, Susanna Thompson

Un héroe para nuestros tiempos, tiempos de series

Tras el éxito que han tenido los superhéroes en la gran pantalla este año, con la tercera entrega del Batman de Nolan o la muy esperada Los Vengadores -por no hablar de los deseos que hay del estreno de Iron Man 3– me parece relevante destacar el estreno televisivo de la serie Arrow de la cadena CW.

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En la pantalla chica tampoco han estado ausentes los superhéroes, desde el éxito que fue Smallville con 10 temporadas, aunque al final el efecto de atracción por el Clark Kent adolescente descendiera y con él audiencia; o el desastre que fue The Cape, que generó expectativas pero que terminó defraudando y ni siquiera completó ni su primera temporada. A pesar de que el planteamiento de Arrow resulta similar en varios puntos al de Batman (joven adinerado sin ningún súper poder quiere convertirse en un justiciero por su ciudad), tiene elementos que la hacen original y resulta atractiva y entretenida para el espectador.

Como toda historia de superhéroes que se precie, Arrow está basada en un cómic, en este caso Green Arrow (Flecha Verde) de DC Comics. No se trata de uno de los personajes más populares de DC Comics, ni mucho menos, incluso puede ser confundido con Linterna Verde por los no expertos, a pesar de que llegó a formar parte de la “Liga de la Justica” de la DC. Aunque esa escasa fama de Green Arrow reduzca la expectativa, sin embargo tiene sus ventajas: la novedad que implica para el espectador (no existía hasta ahora ninguna película, ni mucho menos una serie del personaje) lo cual da una mayor independencia y libertad creativa respecto al cómic.

Oliver Queen sobrevivió a un naufragio y vuelve cinco años después completamente cambiado. De ser un joven adinerado, solo interesado en mujeres y fiestas, ahora quiere salvar a su ciudad del crimen tras una promesa realizada a su padre en su lecho de muerte. Para no ser descubierto como “el justiciero” intenta vivir esas dos vidas y hacerlas compatibles. El misterio en torno a lo que le ocurrió durante los años que vivió en una isla desierta es la fuente de intriga que mantiene parte del interés.

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Por otro lado, resulta muy entretenida por las escenas de acción, persecuciones, etc.; y no se queda solo en la espectacularidad requerida por una serie de acción, pues tanto el protagonista como los personajes secundarios están bien construidos y tienen profundidad. Incluso a veces las historias del resto de personajes ganan un protagonismo tal que la vida de Oliver queda un poco opacada; así, la historia de su madre o la de su mejor amigo resultan más interesantes o causan mayor interés en la audiencia.

En los tiempos que ya muchos califican como dorados para las series de televisión, estas han probado ser una genial opción para desarrollar un universo narrativo más rico y complejo que el de las películas, gracias su serialidad y, por tanto, larga duración. A la vez, todos sabemos que si un superhéroe no llegó a la gran pantalla y “se quedó” en la tele será porque algo le falta. En fin, quizá viendo Arrow la espera por Iron Man 3 o Los Vengadores 2 se nos haga aún más lenta, después de todo sabemos que la historia continúa semanalmente.

Juan Manuel Meneses

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Skyfall

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Sam Mendes
GUIÓN Neal Purvis, Robert Wade, John Logan
MÚSICA Thomas Newman
FOTOGRAFÍA Roger Deakins
REPARTO Daniel Craig, Judi Dench, Javier Bardem, Naomie Harris, Ralph Fiennes, Ben Whishaw

Vino nuevo en odres viejos

A pesar de que mucho se ha perdido, queda mucho;
y, a pesar de que no tenemos ahora el vigor
que antaño movía la tierra y los cielos,
lo que somos, somos:
un espíritu ecuánime de corazones heroicos,
debilitados por el tiempo y el destino, pero con una voluntad decidida
a combatir, buscar, encontrar
y no ceder.
Alfred Tennyson

Resulta sorprendente que un personaje pueda sobrevivir por cincuenta años y siga llenando salas de cine. Y es que 007, a pesar de que no todas sus películas han sido buenas, cautiva a todos, y no es precisamente por la historia o el contenido, sino porque representa algo que de cierta forma ha marcado a muchas generaciones. Muy grosso modo se puede decir que los hombres quieren tener algo de James Bond, y las mujeres quieren tener a un “James Bond” a su lado.

Pero lo que hace particular a esta última entrega es la historia. A diferencia de las otras, el eje no es salvar el mundo, sino los propios personajes, su pasado. Por fin gana protagonismo M (Judi Dench) y se conoce más sobre la vida de James Bond. Salvando las distancias, recuerda a The Dark Knight: un villano con tanta profundidad, y tan bien interpretado, en este caso por Javier Bardem, además de buenos diálogos, breves y claros, con momentos como en el que M recita el poema de Tennyson, sin ningún otro ruido, entrelazándose con otras imágenes. Además se habla del grupo de las Sombras, y cómo un héroe (Bond) debe hacer ciertas cosas erróneas y dejar de ser la persona que todos esperan para poder salvar a los que le rodean.

Con las películas de James Bond, los espectadores están acostumbrados a ver una película de acción y olvidarse de la trama; intenta impresionar y no busca más. Pocas veces se encuentra una película de este género tan bien cuidada, con una dirección de fotografía muy trabajada, y muy pensada, escenas como la pelea en Shanghai o el momento del incendio, todo cubierto de ese humo rojo.

Es claro que James Bond vive una época de transición con nuevos personajes. Quizás por eso algunos fanáticos  echen en falta un par de clásicos, como es el caso de que existen dos mujeres, que se peleen por el “amor” de Bond. Es más, Daniel Craig es el primer 007 que realmente se enamora (Casino Royale) y en esta película parece que no tuviese sentimientos hacia la pobre mujer que incluso parece que tuvo un pasado terrible en el mundo de la prostitución: se cae un poco el mito de “galán”.

En resumen, estamos ante una película de transición y adaptación. Así, el Q más joven hasta ahora (interpretado por Ben Whishaw) dice a Bond: “La edad no es garantía de eficacia”, a lo que el agente responde: “Y la juventud no es garantía de innovación”. Tradición y originalidad: hay que saber apreciar lo mejor de cada una y conseguir una buena unificación, y en general me parece que la última y peculiar entrega de 007 lo consigue con nota.

Juan Manuel Meneses

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Declaración de guerra

(2011) Francia
DIRECCIÓN Valérie Donzelli
GUIÓN Valérie Donzelli, Jérémie Elkaïm
FOTOGRAFÍA Sébastien Buchmann
REPARTO Valérie Donzelli, Jérémie Elkaïm, César Desseix

En el frente

Últimamente el cine francés está trayendo nuevas propuestas con las que impresiona a la audiencia, muchos recordaran Intocable, o la última ganadora del premio de la Academia a Mejor Película, The Artist. Comparar Declaración de Guerra con las antes mencionadas sería un tanto exagerado; sin embargo, sí muestra una nueva forma de contar una historia que ya hemos visto en otras ocasiones.

La joven pareja formada por Romeo (Jérémie Elkaïm)  y Julieta (Valérie Donzelli) –nombres bien conocidos por todos aunque en este caso no guarden ninguna relación con Shakespeare– se conocen en un bar. Llevan un romance apasionado: toda su historia se cuenta con una secuencia de montaje rápida. Esa es una de las características más relevantes de esta película, la historia es veloz y sin muchos preámbulos llegamos al tema principal de la película: los jóvenes enamorados tienen un hijo, Adam, y a muy corta edad descubren que tiene un tumor en el cerebro. Suena fuerte y podemos pensar que es un film para llorar. Pero no, he ahí lo original. Y es que estos montajes hacen más digerible la historia, ya que todo ocurre ágilmente, por decirlo de alguna manera “no te da tiempo a sufrir mucho”, y no tendrían tanta fuerza si no fuese por la música, en su mayoría instrumental. Ritmos que contrastan con las imágenes y te ayuda a meterte en la mente de los personajes.

Con Romeo y Julieta se puede identificar casi toda la audiencia, son jóvenes, con sueños, sin mucho dinero, “normales”, no tienen ningún tipo de súper poder, se cansan, tienen dudas, cometen errores… en resumen, son humanos. Pero deciden afrontar la enfermedad, luchar por la vida de su hijo. Hay escenas que reafirman su humanidad, cuando el pequeño ya se encuentra enfermo los padres van a una fiesta, se emborrachan, bailan, por un momento es como si se hubiesen olvidado de Adam, pero luego Romeo llora. Y es que cuando se pasa por mucha presión es difícil controlar las emociones. Julieta decide correr por los pasillos de la clínica, como si intentase escapar, pero vuelve, o en otro momento a pesar de no ser católica reza un Ave María, cree que no pierde nada, un “por si acaso”. A los seres humanos les cuesta abrir los ojos y ver el problema, aceptarlo, pero lo terminan haciendo. Y esto es lo increíble de esta película: retrata a las personas con mucha precisión, omitiendo el padre-héroe al que nos tiene tan acostumbrado el cine estadounidense. Quizás los personajes estén tan bien representados porque los guionistas son los propios actores, y la actriz, Valérie, es también la directora del film.

Lo más llamativo es que sabes que todo lo que estás viendo es un flashback: desde el primer minuto te presentan a Adam de unos 5 años, y sabemos que no va a morir hasta al menos cumplir esa edad. Pero igualmente la directora Valérie Donzelli consigue que el espectador se preocupe por cada una de las noticias que ofrecen los doctores a Romeo y Julieta. Es un largo flashback, en el que al final el público vuelve al presente, sin embargo esa parte no la contaré. Deben verla.

Juan Manuel Meneses

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Drive

(2011) EE.UU.
DIRECCIÓN Nicolas Winding Refn
GUIÓN Hossein Amini basado en la novela de James Sallis
MÚSICA Cliff Martínez
FOTOGRAFÍA Newton Thomas Sigel
REPARTO Ryan Gosling, Carey Mulligan, Bryan Cranston, Albert Brooks, Ron Perlman, Oscar Isaac

Héroe

Contra la pared, en conflicto,
con la fuerza de la voluntad y una causa
tus intentos resultan excepcionales,
aunque emocionalmente complejos.

En contra de reclamaciones distópicas,
de los pensamientos que tus acciones entretienen.
Y has demostrado ser
un ser humano real, y un héroe real.

Es parte de la letra (traducida, claro) de “A Real Hero”, una canción que no solo ilumina con su estilo ochentero los mejores momentos de Drive, sino que sintetiza la idea de fondo de esta película. El protagonista –formidable Ryan Gosling– es un hombre de mirada triste y pocas palabras, que se dedica a conducir coches: desde escenas de persecuciones en películas –su trabajo legal, junto con el de mecánico de taller– hasta huidas de atracos. No sabemos ni su nombre ni su inquietante pasado que sus acciones solo nos permiten intuir. Su presentación: “I drive”.

La luz llega a la vida de este personaje con su vecina Irene (Carey Mulligan) y su encantador hijo Benicio. El protagonista descubre la alegría de sentirse parte de una familia, hasta el punto de que cuando el esposo de Irene vuelve de la cárcel, nuestro conductor estará dispuesto a ofrecer sus servicios para hacer un trabajo para los mafiosos que lo tienen amenazado. Y entonces se desencadenan los acontecimientos con que descubrimos de lo que ese hombre misterioso realmente es capaz.

Drive es la primera incursión americana del director danés Nicolas Winding Refn. Y es fascinante. La violentísima historia –espectadores muy sensibles abstenerse– está envuelta en un ritmo bellamente pausado, que contrasta con la intensidad de las situaciones. En las tomas hay velocidad y movimiento, hábilmente contrastados con el uso de la cámara lenta o la música contrapuntística. De ahí resultan escenas de gran fuerza como la del ascensor, o la cacería humana que nuestro hombre ejecuta al son de la de canción de cuna “Oh My Love”, interpretada por Riz Ortolani.

Como creo que ha quedado claro, la selección musical –completada por la música de Cliff Martínez, compositor habitual de Steven Soderbergh entre otros– da una gran personalidad al filme. Éste avanza apoyado en su trabajada edición de sonido –por cierto, una merecida pero, por desgracia, única nominación al Oscar– y la fotografía del veterano Newton Thomas Sigel. Sin embargo, todo esto sería poco sin la actuación de Gosling que hace de su lacónico personaje un imán que nos fascina mientras intentamos comprenderlo. Su desmedida violencia al servicio de una buena causa nos hace pensar hasta qué punto estamos ante un “héroe real”, como dice la canción. El desenlace parece querer subrayar algo de esto, aunque, qué duda cabe, si ante algo estamos es ante un ser humano real.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Moonrise Kingdom

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Wes Anderson
GUIÓN Wes Anderson, Roman Coppola
MÚSICA Alexandre Desplat
FOTOGRAFÍA Robert D. Yeoman
REPARTO Bruce Willis, Edward Norton, Bill Murray, Frances McDormand, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Jason Schwartzman,  Jared Gilman, Kara Hayward

Romeo y Julieta inadaptados

El primer amor tiene una fuerza especial. Y cuando éste es prohibido, parece crecer con una intensidad mucho mayor. Tanta que -como en la obra de Shakespeare- puede llevar a los adolescentes enamorados a las más radicales decisiones. Este es el tema que aborda, con su especialísimo toque, Wes Anderson, uno de los cineastas activos con un estilo más marcado. Sus historias, sus ritmos, sus planos y hasta las actuaciones bajo su dirección, llevan su sello, para algunos incomprensible, para muchos atractivo y para otros insuperable.

Estamos en New Penzance (una isla inventada, que podría estar en Nueva Inglaterra, por ejemplo), en el año 1965, como nos cuenta un andersoniano narrador de cuerpo presente (Bob Balaban) que da un toque documental al inicio del filme. Sam, un inadaptado boy scout huérfano, huye con Suzy, una niña también inadaptada a su curiosa familia. El mundo de los niños, extrañamente maduros a pesar de que siguen siendo niños -“es posible que moje la cama”, le dice Sam a Suzy antes de dormir juntos- entra en contraste con el de los adultos, mucho más inestables y, sí, inmaduros.

Estos últimos, los adultos, son interpretados por un reparto de estrellas en papeles extravagantes, como viene siendo habitual en las películas de Anderson. Bruce Willis es el jefe de policía de la isla, un solterón “triste” pero de buen corazón. Edward Norton es el jefe scout, en una interpretación que confirman su versatilidad como no la habíamos visto desde la incomprendida Death to Smoochy. Frances McDormand y Bill Murray (actor habitual en Anderson) son los padres de Suzy, un matrimonio de abogados hundidos en el tedio como pareja -cuernos incluidos- y Harvey Keitel y Tilda Swinton tienen papeles breves pero contundentes. El que quizá sobra es otro incondicional de Anderson, Jason Schwartzman, como otro de los jefes scout que no termina de encajar con los ya citados. Sin embargo, la película la llevan claramente los niños, especialmente los dos raros y enamorados protagonistas, Jared Gilman y Kara Hayward, dos rostros nuevos en cine que imprimen gran fuerza a sus personajes asumiendo al cien por cien el particular estilo del director. (No puedo no decir algo de los hermanitos de Suzy: Wes Anderson en estado puro).

La historia es atractiva y avanza con ritmo, de la mano de las constantes de Anderson: su estética vintage y retro, por llamarla de alguna manera, con ese toque de teatro guiñol enfatizado por los constantes travellings horizontales; y la elocuente selección musical que va desde Mozart y Schubert hasta el pop francés de los 60’s (Françoise Hardy) y la música country norteamericana (Hank Williams), reforzados por -quién si no- Alexandre Desplat, responsable de la música de El árbol de la vida o El discurso del rey y otras obras de Anderson como la animada Fantastic Mr. Fox, muy presente en esta película, por cierto.

Podemos decir que Anderson “lo hace de nuevo”, a pesar de que no estemos ante una obra maestra, a pesar de que algún personaje sobre un poco, de que el tercer acto no tenga toda la fuerza que nos gustaría o de que la música se vuelva un poco repetitiva a ratos. Logra momentos geniales como el flashback en el que los enamorados se conocen y la secuencia de montaje en que se escriben cartas, la revisión matutina del jefe scout o el diálogo de alcoba de los padres de Suzy. En fin, en su peculiar estilo, Anderson viene a hablar del papel y la importancia de la familia, tantas veces descuidada por los problemas personales de los adultos  -“lo culpo a él, dice el policía a los padres de Suzy cuando ella y Sam huyen, pero también me culpo a mí mismo y a ustedes dos”-, pero con todo siempre necesaria -“te amo, dice Sam a Suzy cuando le dice que quisiera ser huérfana como él, pero no sabes de lo que hablas”-. Una lección, en definitiva, como la que dieron Romeo y Julieta a sus enemistadas familias, los infelices adultos, y aquí también suponemos que “de los que del rencor participaron / unos tendrán perdón y otros castigo”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todo sobre Moonrise Kingdom

Burn After Reading

(2008) EE.UU.
DIRECCIÓN Ethan Coen, Joel Coen
GUIÓN Ethan Coen, Joel Coen
MÚSICA Carter Burwell
FOTOGRAFÍA Emmanuel Lubezki
REPARTO John Malkovich, George Clooney, Brad Pitt, Tilda Swinton, Frances McDormand, Richard Jenkins

De espías y a lo loco

Osborne Cox (John Malkovich) es un colérico agente de la CIA al que acaban de despedir. Su mujer (agresiva Tilda Swinton con acento británico) le pone el cuerno con un mujeriego agente del tesoro (George Clooney cómicamente desequilibrado) quien también se acuesta con Linda (acertada Frances McDormand), una empleada de un gimnasio obsesionada con hacerse unas cuantas cirugías estéticas, las que intentará pagar chantajeando a Cox en complicidad con su compañero del gimnasio, el ingenuo Chad (divertidísimo Brad Pitt), gracias a unos archivos -sin importancia, por cierto- que llegaron a su poder.

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Los hermanos Coen se tomaron la libertad de hacer esta obra menor con su conocido toque de humor negro después del éxito de No es país para viejos. La parodia al thriller de espías es clara, subrayada por la intensa música de tensión y emoción de Carter Burwell (compositor de cabecera de los Coen) que pretende hacer que situaciones en torno a un mcguffin intencionalmente insignificante -las memorias de Cox- parezcan de vida o muerte. (Aunque un par de personajes sí que se la juegan).

La correcta fotografía del mexicano Emmanuel Lubezki y, sobre todo, las desternillantes actuaciones de las estrellas que se unieron a este divertimento de los Coen, hacen que sea una película entretenida y muy divertida. Eso sí, que nadie espere nada más porque todo lo que pasa aquí -como sucede con las mémoires del personaje de Malkovich- a nadie le importa.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

Todo sobre Burn After Reading