Declaración de guerra

(2011) Francia
DIRECCIÓN Valérie Donzelli
GUIÓN Valérie Donzelli, Jérémie Elkaïm
FOTOGRAFÍA Sébastien Buchmann
REPARTO Valérie Donzelli, Jérémie Elkaïm, César Desseix

En el frente

Últimamente el cine francés está trayendo nuevas propuestas con las que impresiona a la audiencia, muchos recordaran Intocable, o la última ganadora del premio de la Academia a Mejor Película, The Artist. Comparar Declaración de Guerra con las antes mencionadas sería un tanto exagerado; sin embargo, sí muestra una nueva forma de contar una historia que ya hemos visto en otras ocasiones.

La joven pareja formada por Romeo (Jérémie Elkaïm)  y Julieta (Valérie Donzelli) –nombres bien conocidos por todos aunque en este caso no guarden ninguna relación con Shakespeare– se conocen en un bar. Llevan un romance apasionado: toda su historia se cuenta con una secuencia de montaje rápida. Esa es una de las características más relevantes de esta película, la historia es veloz y sin muchos preámbulos llegamos al tema principal de la película: los jóvenes enamorados tienen un hijo, Adam, y a muy corta edad descubren que tiene un tumor en el cerebro. Suena fuerte y podemos pensar que es un film para llorar. Pero no, he ahí lo original. Y es que estos montajes hacen más digerible la historia, ya que todo ocurre ágilmente, por decirlo de alguna manera “no te da tiempo a sufrir mucho”, y no tendrían tanta fuerza si no fuese por la música, en su mayoría instrumental. Ritmos que contrastan con las imágenes y te ayuda a meterte en la mente de los personajes.

Con Romeo y Julieta se puede identificar casi toda la audiencia, son jóvenes, con sueños, sin mucho dinero, “normales”, no tienen ningún tipo de súper poder, se cansan, tienen dudas, cometen errores… en resumen, son humanos. Pero deciden afrontar la enfermedad, luchar por la vida de su hijo. Hay escenas que reafirman su humanidad, cuando el pequeño ya se encuentra enfermo los padres van a una fiesta, se emborrachan, bailan, por un momento es como si se hubiesen olvidado de Adam, pero luego Romeo llora. Y es que cuando se pasa por mucha presión es difícil controlar las emociones. Julieta decide correr por los pasillos de la clínica, como si intentase escapar, pero vuelve, o en otro momento a pesar de no ser católica reza un Ave María, cree que no pierde nada, un “por si acaso”. A los seres humanos les cuesta abrir los ojos y ver el problema, aceptarlo, pero lo terminan haciendo. Y esto es lo increíble de esta película: retrata a las personas con mucha precisión, omitiendo el padre-héroe al que nos tiene tan acostumbrado el cine estadounidense. Quizás los personajes estén tan bien representados porque los guionistas son los propios actores, y la actriz, Valérie, es también la directora del film.

Lo más llamativo es que sabes que todo lo que estás viendo es un flashback: desde el primer minuto te presentan a Adam de unos 5 años, y sabemos que no va a morir hasta al menos cumplir esa edad. Pero igualmente la directora Valérie Donzelli consigue que el espectador se preocupe por cada una de las noticias que ofrecen los doctores a Romeo y Julieta. Es un largo flashback, en el que al final el público vuelve al presente, sin embargo esa parte no la contaré. Deben verla.

Juan Manuel Meneses

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