Interstellar

(2014) EE.UU.
DIRECCIÓN Christopher Nolan
GUION Jonathan Nolan y Christopher Nolan
MÚSICA Hans Zimmer
FOTOGRAFÍA Hoyte Van Hoytema
REPARTO Matthew McConaughey, Jessica Chastain, Anne Hathaway, Michael Caine, Matt Damon, Casey Affleck, Ellen Burstyn, Mackenzie Foy

Cuando el amor desafía la física

Y tú, padre mío, allá en tu cima triste,
Maldíceme o bendíceme con tus fieras lágrimas, lo ruego.
No entres dócilmente en esa buena noche.
Enfurécete, enfurécete ante la muerte de la luz.

En el mundo del cine es muy difícil hacer una película que resulte intelectualmente retadora al mismo tiempo que profunda y emocional. Más difícil aún es que sea también taquillera y del gusto del gran público. Y Christopher Nolan, con mucho trabajo y mucho talento, casi siempre lo logra. Sucedió en la excelente Memento y en su atractiva trilogía sobre Batman, sucede en la rompedora Inception y, en una línea parecida, sucede ahora en Interstellar.

Un futuro no muy lejano. La Tierra cada vez es un lugar menos adecuado para que la raza humana sobreviva, por lo que un equipo secreto de la NASA organiza una expedición para buscar un planeta que reúna las condiciones para continuar la vida de la humanidad. Para hacerlo, ante la enormidad del universo, se valen de agujeros negros (hablando en general, que no se inquieten los puristas) lo cual generará una serie de anomalías de tiempo y espacio.

Nolan siempre ha mostrado una fijación con el tiempo y con dimensiones de la realidad que se empalman, como sucedía con los niveles de los sueños en Inception o en su sugerente cortometraje Doodlebug, en el que ya apuntaba maneras. Un gran mérito de Interstellar es que esta vez quiso apegarse a lo que la física moderna ha planteado, sobre todo la teoría de la relatividad de Einstein y diversos cálculos sobre los agujeros negros. Es decir, cuenta su historia valiéndose de unos postulados científicos bastante aceptados, que también utilizó para crear esas imágenes sobrecogedoras con las que consigue hacer visual lo científico.

Para contar su historia, digo, porque como toda joya cinematográfica, su alma es la historia en función de la cual se plantea toda esa amalgama científica. Y es que estamos ante una historia de amor entre un padre y su hija. Una vez más, el viaje del héroe (¡y qué viaje!) con un primer acto de gran carga emocional, un segundo acto asombroso y un delirante tercer acto, lleno de profundos descubrimientos.

Es forzoso mencionar los antecedentes que habían sugerido cosas similares en el cine. Desde luego 2001: Odisea del espacio del maestro Stanley Kubrick, tanto en el planteamiento como lo visual; el clásico El planeta de los simios, la de 1968, con su final sorprendente y, aunque con un tono distinto, la trilogía de Volver al futuro. Visualmente remite mucho a las escenas espaciales de El árbol de la vida, esa película preciosa de Terrence Malick. Y, por supuesto, a la genial Gravity de Alfonso Cuarón, a la que Interstellar es parecida y distinta. Ésta compleja, aquella sencilla; podrían haber tenido incluso el mismo título. Las dos pegan en el corazón desde el espacio.

Finalmente, la película no sería lo que es sin sus personajes y los talentosos actores que les dan vida. Sumen ya a la lista de los grandes héroes del cine a Cooper, piloto de la NASA, padre viudo, granjero e ingeniero (el diálogo sobre la educación con los directivos del colegio daría para escribir otro tanto). Y qué cercana suena toda esa ciencia y complejidad espacial dicha con el fuerte acento sureño de un hombre de acción. Por no alargarme con la interpretación de Jessica Chastain o de la jovencísima Mackenzie Foy, que está a la altura de sus oscarizados colegas.

Interstellar es, pues, muy grande, porque en medio de las teorías científicas más avanzadas, nos encontramos descubriéndonos a nosotros mismos, al alma humana cuyo único motor real es el amor y que, a diferencia de la naturaleza –como dice el personaje de Anne Hathaway–, también es capaz del mal. Y del bien. Un amor que trasciende el espacio y el tiempo pues estamos llamados a algo mucho más alto que lo que la materia puede condicionarnos, pues nuestro destino no está aquí abajo, entre el polvo, sino allá, en las estrellas.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Noé

(2014) EE.UU.
DIRECCIÓN Darren Aronofsky
GUION Darren Aronofsky, Ari Handel
MÚSICA Clint Mansell
FOTOGRAFÍA Matthew Libatique
REPARTO Russel Crowe, Jennifer Connelly, Anthony Hopkins, Emma Watson, Ray Winstone, Logan Lerman, Douglas Booth

El primer fin del mundo

Una buena recomendación siempre que se va a ver una película adaptada de un libro es olvidarse del libro y ver la película como una obra autónoma, distinta. Eso evita muchas decepciones. En el caso de Noé de Darren Aronofsky ni siquiera podemos hablar propiamente de una adaptación, pues el conocido relato bíblico de Noé, el arca y el diluvio, abarca muy pocas páginas del Génesis y aporta muy pocos datos. Sin embargo, la esencia de esa historia –el castigo divino a la persistente maldad humana– resulta tan universal (y tan visualmente atractivo) que hacía de esta película algo tan apetecible y de la mano de Aronofsky, en mi opinión, muy conseguido.

Por lo tanto no estamos ante una película religiosa. Es cierto que el Dios Creador es el motor de toda la historia, pero si cada película en que interviene Dios es “religiosa”, mal vamos. La película de Aronofsky busca decir más a través de ese mito. Porque, sí, el relato bíblico de Noé tiene mucho de mitológico: el carácter histórico de la Biblia no significa –especialmente en el Génesis– que aquello haya sucedido así “tal cual”; son relatos que, de la mano de otras tradiciones, vienen a decir verdades profundas de formas pedagógicas: en este caso el descontento de Dios ante el pecado humano, el consiguiente castigo y la alianza con el hombre justo.

Y así, la película Noé respeta bastante la tradición bíblica. Más de lo que parecería. Prácticamente todo está ahí: Noé, su esposa y tres hijos, Matusalén, el diluvio, el antagonista Tubal-Caín, forjador de herramientas de bronce y de hierro (Génesis, 4, 22), el episodio de la borrachera de Noé –y narrativamente bien justificado–, e incluso los “vigilantes”, esos gigantes de piedra que tanto desconciertan a los espectadores que esperan un relato históricamente fiable del diluvio. En aquellos días había gigantes en la tierra (Génesis, 6, 4), puntualiza la Biblia. Exégesis aparte, son modos acertados del guion de Aronofksky y Ari Handel de “ponerle patas” a esta historia: los extraños gigantes, además de estar mencionados de alguna forma en la fuente original y de ir de acuerdo con la narrativa bíblica judeo-cristiana (son ángeles, como se explica, seres no ajenos a esta tradición) son un modo eficaz de que en la historia Noé y los suyos puedan construir semejante arca sin más ayuda humana, o defenderse del resto de la humanidad atacante en el momento decisivo.

Algo parecido sucede con los personajes. Me explico. Un Noé plano, siempre bondadoso y de mentalidad preclara simplemente no funcionaría como protagonista en una historia contada en el siglo XXI. No resultaría verosímil. El Noé de Aronofsky –y aquí también tómese en cuenta la trayectoria del director– es en ocasiones oscuro, atormentado y en general poco comunicativo. Bien construido en su contexto: solitario descendiente de Seth, siempre perseguido y acechado por los descendientes de Caín. Tomándose alguna licencia creativa –como la problemática de las posible nueras y descendientes de Noé– la película es fiel a la esencia del personaje: él busca cumplir la Voluntad de Dios; aunque, humano al fin, llegue a ser muy negativa su percepción del hombre al experimentar la maldad humana. (Cosa tampoco desconcertante, de modo muy parecido han pensado otros hombres buenos cercanos a Dios como Michelangelo Buonarroti o Martín Lutero, por no ir más lejos).

Lo mismo explica la importancia que se da al personaje de la nuera de Noé, interpretada por Emma Watson. Esta historia contada en nuestro tiempo requería ese contraste de humanidad y dramatismo al personaje más bien oscuro de Noé, fiel a un Dios que se dispone nada menos que a destruir el mundo. Es ella quien dará cierta luz al protagonista, luz que también por otra vía viene del Creador.

Darren Aronosfky cuenta, pues, un relato mitológico y bíblico universal explotando la riqueza que tiene todo mito: el poder decirle algo de su mundo al espectador contemporáneo. Y su Noé es ciertamente actual: con su mensaje ecologista –un poco demasiado para mi gusto– y su crítica al hombre posesivo que busca poner su voluntad por encima de todo, así como la maldad de aquel capaz de matar a su hermano (la secuencia en que, con sombras, se narra el asesinato de Abel a manos de Caín, representado con distintos hombres de distintas épocas matándose entre sí es acertadísimo). Añádase a esto unos efectos fabulosos, secuencias épicas trepidantes y la música y demás talentos de los colaboradores habituales de Aronofsky y tenemos Noé, una película más verdadera que lo que muchos podrían esperar.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Cantinflas

(2014) México
DIRECCIÓN Sebastián del Amo
GUION Edui Tijerina, Sebastián del Amo
MÚSICA Aleks Syntek
FOTOGRAFÍA Carlos Hidalgo
REPARTO Óscar Jaenada, Michael Imperioli, Ilse Salas, Luis Gerardo Méndez, Juan Carlos Colombo

El detalle y los detalles

México y el mundo gozaron con las películas de Mario Moreno “Cantinflas” y su humor inconfundible (no por nada la RAE ya recoge el verbo “cantinflear”). Fallecido en 1993, el cine no había recuperado su figura como tema y es este el principal objetivo –rendir un homenaje a este ícono del cine– de la película de Sebastián del Amo. Así, los mejores momentos de Cantinflas, son aquellos en los que uno se olvida de estar viendo este biopic y disfruta los pasajes auténticamente cantinflescos del personaje.

Y es que el gran mérito de la película es la fabulosa actuación de Óscar Jaenada como Cantinflas. El actor –siendo de nacionalidad española– simplemente es este personaje (y mis compatriotas que se han indignado por tener a un actor español interpretando a un emblema mexicano deberían recordar al británico Daniel Day-Lewis ganando el Oscar por interpretar al presidente norteamericano más representativo o a la estadounidense Meryl Streep ganar el suyo por su papel de la inglesísima Dama de hierro). Jaenada, más allá del claro parecido físico, recrea el estilo cantinflesco de Moreno hasta el punto de que uno disfruta como con el auténtico Cantinflas: “ahí está el detalle, chato”.

Dicho esto, el ritmo de la película es irregular, con una estructura que intercala los orígenes del personaje con la historia del productor independiente Michael Todd intentando sacar el proyecto de La vuelta al mundo en 80 días: un claro intento de destacar la relevancia internacional que tuvo Cantinflas, que ganó un Globo de Oro por esa película, su única incursión en Hollywood. Eso y otros “detalles” como el homenaje a los principales actores de la época de oro del cine mexicano, en el que vemos a Julio Bracho como Jorge Negrete, a Adal Ramones como Fernando Soto “Mantequilla” y hasta a Bárbara Mori como Elizabeth Taylor, lo cual a veces roza involuntariamente la parodia, en un estilo parecido a lo que ya había hecho Del Amo en El fantástico mundo de Juan Orol. Por no hablar de Luis Gerardo Méndez en el papel del ruso Shilinsky, concuño de Cantinflas: se entiende que “Javi Noble” sea un actor de moda, pero aquí estamos ante un casting fallido para ese personaje.

Con una producción más que decente para su presupuesto enteramente de inversión privada y su rodaje de solo 38 días, la película muestra la vida del actor con sus luces y sombras, sin caer en el error de idealizar al personaje demasiado (como hicieran con Walt Disney en Saving Mr Banks o en la ya mencionada Lincoln). Vemos también la faceta política de Mario Moreno en el sindicato de actores y su actitud ante la fama. Por eso Cantinflas cumple su objetivo, y el público mexicano –o cualquier otro familizarizado con Cantinflas– saldrá contento de ver en pantalla la vida de alguien a quien sentimos como parte de nuestras familias.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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X-Men: Días del futuro pasado

(2014) EE.UU.
DIRECCIÓN Bryan Singer
GUION Simon Kinberg, Jane Goldman y Matthew Vaughn
MÚSICA John Ottman
FOTOGRAFÍA Newton Thomas Sigel
REPARTO Hugh Jackman, James McAvoy, Michael Fassbender, Jennifer Lawrence, Patrick Stewart, Ian McKellen, Peter Dinklage, Nicholas Hoult, Halle Berry

Los mutantes siguen en forma

Las películas de superhéroes son hoy en día garantía de éxito en taquilla: el reto está en aportar algo más en estas historias de personajes salidos de los cómics y conseguir que no sean meras secuencias de efectos especiales y grandes peleas. Días del futuro pasado es la quinta película de los X-Men (sin contar aquellas centradas únicamente en Wolverine, que tienen su propia historia y se sienten a un nivel más bajo que las otras). Ha tenido muy buena recepción y hay quien ha dicho que es “la mejor película de superhéroes junto con The Dark Knight”. No exageremos: el listón de Christopher Nolan en su redefinición del héroe postmoderno está muy alto, y Días del futuro pasado no deja de ser otra adaptación de uno de los muchos cómics de los X-Men. Eso sí, una bastante buena.

Un mundo apocalíptico en el año 2023. Mutantes y humanos por igual están siendo eliminados por unas máquinas inteligentes llamadas Centinelas. La única solución es, con los poderes de la mutante Kitty Pryde, enviar a alguien cincuenta años al pasado cuando estas máquinas fueron diseñadas y evitarlo. Wolverine es el único que físicamente puede resistir el viaje por lo que es enviado al pasado para convencer a los enemistados Charles Xavier y Magneto de evitar la terrible guerra.

Así, aunque aparecen los X-Men de la trilogía original (Proffesor X, Storm, Iceman, etc), la historia se va a centrar en 1973 a modo de continuación de X-Men: Primera generación en la que vimos cómo se conocen Charles Xavier y Erik Lehnsherr, el futuro Magneto. Como fuerte nexo con la primera trilogía está la dirección de Bryan Singer, quien dirigiera las dos primeras películas de los mutantes y que ha estado siempre involucrado en las otras. La alteridad de futuro y pasado es también el pretexto ideal para reunir a todo el elenco: desde los veteranos Patrick Stewart (Profesor X) y Ian McKellen (Magneto) y sus versiones jóvenes interpretados por actores de no menos nivel (James McAvoy y el recientemente nominado al Oscar, el ascendente Michael Fassbender) hasta Halle Berry de nuevo como Storm. El Wolverine de Hugh Jackman es de nuevo el eje de la película (la empatía de la audiencia con los tipos duros, cínicos pero nobles, está garantizada: véase el Tony Stark de Robert Downey Jr.), la Mystique de Jennifer Lawrence no es todavía la que tan bien hizo Rebecca Romijn-Stamos y es un acierto que el villano fuera Peter Dinklage, aunque lógicamente exigiera encoger la estatura de su personaje.

El entretenimiento fluye con secuencias como el escape de Magneto del Pentágono –alucinante introducción del personaje de Quicksilver– o la pelea inicial con los Centinelas. Un poco más forzada se siente la ambientación en la historia reciente: si Primera Generación supo acoplarse bien a la crisis de los misiles de 1962, aquí suena casi cómica la referencia al asesinato de JFK, por no hablar de un Nixon demasiado presente y que se parece más bien al actual Rey de España. Licencias artísticas como que desde el arranque el Profesor X esté vivo porque sí –murió al final de la trilogía– son parte de una película que tampoco busca ir más allá del cómic y entretener.

Con todo, los temas clásicos de las películas de los mutantes están presentes –el mal de la discriminación, principalmente– aunque aquí destaca acertadamente la concepción de los propios dones como servicio a los demás, aunque eso implique sufrimiento o la importancia de nuestros actos libres para determinar el futuro. En fin, una disfrutable entrega más de una saga que si algo hay que reconocerle es que, Wolverines aparte, no ha perdido fuerza desde su primera entrega allá en 1999 cuando Ian McKellen aún no era Gandalf y Hugh Jackman era un perfecto desconocido.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Capitán Phillips

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Paul Greengrass
GUION Billy Ray, basado en el libro de Richard Phillips y Stephan Talty
MÚSICA Henry Jackman
FOTOGRAFÍA Barry Ackroyd
REPARTO Tom Hanks, Barkhad Abdi, Faysal Ahmed, Mahat M. Ali, Barkhad Abdirahman, Michael Chernus, Catherine Keener

Un héroe normal

De la buena mano del director Paul Greengrass nos llega la historia real del Capitán Phillips, cuyo barco fue asaltado por piratas somalís en el 2009. Greengrass es autor de paradigmáticas películas de acción como The Bourne Supremacy o The Bourne Ultimatum, y otras de tintes documentales como Bloody Sunday, sobre el conflicto de Irlanda del Norte, o United 93, sobre el vuelo secuestrado el 9-11 que no llegó a su destino. Y hay que decir que Capitán Phillips tiene lo bueno de ambos géneros, apoyado en la correcta adaptación de Billy Ray, un experto en adaptar hechos reales a la narrativa de la pantalla grande.

La cara de la historia la pone Tom Hanks, llevando el proyecto a las ligas mayores. Hanks, siendo uno de los iconos actuales más famosos de Hollywood, tiene esa capacidad de conseguir que a los cinco minutos uno olvide que está viendo a Tom Hanks y sea consciente de estar ante, en este caso, el Capitán Phillips. Su actuación es más bien contenida, lo cual es un acierto, pues un capitán de un buque mercante en el siglo XXI probablemente es más un técnico y líder discreto –un hombre normal– y no un aspirante a héroe, aunque la situación límite lo lleve a situarse como tal. Con todo, los últimos minutos le permiten mostrar ese gran talento que lo ha llevado hasta donde está.

Sus compañeros en pantalla, principalmente los secuestradores somalís interpretados todos por actores debutantes, cumplen con su papel de maravilla. Muse, su capitán, sabe mostrar a un hombre orgulloso, un capitán dispuesto a imponerse al otro capitán. Con todo, la nominación al Oscar de Barkhad Abdi parece demasiado –y más tomando en cuenta que Hanks esta vez no fue nominado–. La película acierta mostrando también algo del punto de vista de estos piratas, víctimas de unos jefes peores a quienes sirven.

La música acompaña bien el ritmo de esta historia de tensión, a pesar de que la segunda mitad sea más monótona. Y como es habitual en este tipo de historias, el héroe carece casi de defectos –el verdadero Capitán Phillips, al parecer, fue imprudente al surcar esas aguas a pesar de las advertencias– y su patria norteamericana otro tanto. No obstante, siempre se disfruta ver al ciudadano medio puesto contra las cuerdas. Y más cuando sale del problema convertido en héroe.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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12 años de esclavitud

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Steve McQueen
GUION John Ridley basado en el libro de Solomon Thurp
MÚSICA Hans Zimmer
FOTOGRAFÍA Sean Bobbitt
REPARTO Chiwetel Ejiofor, Lupita Nyong’o, Michael Fassbender, Brad Pitt, Benedict Cumberbatch, Paul Giamatti, Paul Dano

Gráfica opresión

Basada en una historia real, 12 años de esclavitud cuenta la historia real de Salomon, un afroamericano libre, ciudadano de New York que es tomado preso y vendido como un esclavo para trabajar los campos de New Orleans en los mil ochocientos. Advierto que no es una película fácil de ver, la violencia y la tiranía del ser humano quedan expresadas de una manera tan explícita que hay pocas películas que se les pueda comparar. Seguramente se han visto un sinfín de films sobre el racismo, pero creo que pocos tan duros como este.

Es un tema fuerte y tal vez por eso el director se toma la libertad de dejarle ver todo al espectador, muy poco se deja a la imaginación. Lo que aún cuesta definir es cuál propuesta –si optar por lo explícito o por la violencia sugerida– funciona mejor con el público, cuál lo hace pensar más e incluso lo hace levantarse y tomar otra actitud al salir del cine. Quizás cuando ya se es tan gráfico cuesta identificarse con los personajes. Un espectador que la vea, si no siente al menos dolor es que no es muy humano; pero es una constante desaventura, faltan esos momentos más íntimos de cada personaje que hace que los conozcas un poco mejor y los llegues a querer realmente.

Ahora bien, algo intachable durante todo el filme son las actuaciones, realmente por más mínimas que sean son simplemente impresionantes. La nueva estrella Lupita Nyong’o roza la perfección, realmente tiene un futuro prometedor. Otro grande es Michael Fassbender, quien produce un odio feroz y a la vez tan bien hecho, genial. Y, por supuesto, el protagonista, Chiwetel Ejiofor. No por nada los tres están nominados al Oscar.

Sí se extraña un poco la compañía musical. Es cierto que están los tradicionales cantos gospel, pero faltó más, se la deja en un plano muy secundario a la música. En parte esas alabanzas eran de las pocas «armas» que se tenían en ese momento para seguir con cierta esperanza, pensar una vida más justa en el más allá.

El camino es pesado, largo, puede gustar más o menos, pero definitivamente 12 años de esclavitud consigue sacarte del momento en que estás, olvidarte de tu alrededor y recorrer todo el camino y, sobre todo, agradecer por lo que tienes.

Juan Manuel Meneses

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Los juegos del hambre: en llamas

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Francis Lawrence
GUION Simon Beaufoy, Michael Arndt basado en la novela de Suzanne Collins
MÚSICA James Newton Howard
FOTOGRAFÍA Jo Willems
REPARTO Jennifer Lawrence, Josh Hutcherson, Donald Sutherland, Philip Seymour Hoffman, Stanley Tucci

Mantiene su llama encendida

Estamos ante la esperada segunda parte de “Los juegos del hambre”, que a los fans de la saga de libros sumó a los fans de la primera película. Después de la victoria de la 74 edición de The Hunger Games, Katniss Everdeen (Jennifer Lawrence) debe realizar el tour por cada uno de los distritos junto a su supuesto novio Peeta. No solamente debe demostrar que lo ama sino que debe convencer a todos, incluyendo al tirano Presidente Snow, de lo contario amenazan con matar a su familia. Y es que en esta ocasión nuestra heroína es atacada físicamente y mentalmente. Pero no revelaré más de la historia, solo diré que hay muchas sorpresas y no deja indiferente a nadie.

Pienso que pocas veces se puede ver en el cine una crítica social tan bien lograda. Y lo hace a través de una ficción pura y dura. Está de más decir que no vivimos en los doce distritos de Panem, pero sí se equipara a nuestra sociedad actual: hay mucho clasismo, quien más tiene es mejor, la ridiculez en la moda y lo estrafalario cada vez es mejor vista. Se ve claro en la escena en que se le ofrece a Peeta una bebida para que vomite y le dicen que es la única forma de vaciarse y probar todos los distintos platos.

A pesar que la historia es entretenida de principio a fin –no se nota que dura dos horas y media– la película no tendría el efecto que tiene con otro elenco. No se me ocurre una persona que pueda llevar mejor la película que Jennifer Lawrence, es impecable en todo momento, además de que ahora, con un Oscar bajo el brazo, se ha situado a otro nivel. Por no hablar de Stanley Tucci, el recientemente fallecido Phillip Seymour Hoffman, incluso la multifacética Elizabeth Banks destaca.

Otra de las cosas que brilla durante toda la película es el vestuario: la diseñadora Trish Summerville no deja que en ningún momento pase desapercibido. Por suerte durante la película se le hace referencia a través de Cinna (Lenny Kravitz) diseñador famoso de ropa, de lo contrario tendría un papel demasiado protagónico y no de acompañante del relato como debe ser.

Esta segunda parte ha tenido gran éxito de taquilla a nivel mundial, rompió records de taquilla ganándole a Twilight. Y seguramente para la tercera entrega recaudará aún más (no solo por el incremento de las entradas al cine) pues deja con ganas de más.

Juan Manuel Meneses

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Thor: The Dark World

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Alan Taylor
GUION Don Payne, Robert Rodat, Christopher Yost, Christopher Markus y Stephen McFeely
MÚSICA Bryan Tyler
FOTOGRAFÍA Kramer Morgenthau
REPARTO Chris Hemsworth, Natalie Portman, Tom Hiddleston, Anthony Hopkins, Rene Russo, Kat Dennings

Dioses hermanos en acción

Normalmente las secuelas no están a la altura de las primeras partes. Pues ésta es una excepción. Es cierto que tiene muchos puntos débiles, pero es una película que entretiene de principio a fin y así cumple su objetivo, por lo que se le perdonan los huecos en la historia. No quiero sonar fácil, pero es que nuestros ojos sobreexpuestos a tanta historia audiovisual han hecho que pocas veces se salga del cine emocionado, con ganas de más. Si no sienten esa sensación desde hace mucho tiempo, recomiendo que tengan un break y vayan al cine a disfrutar de esta historia de «amor».

Es fácil que se la compare con otras películas de superhéroes de este año, como Man of Steel: ambos extraterrestres, ambos casi invencibles y ambos enamorados de una humana. Pero, sorprendentemente, Thor resulta mucho más «humano» que el Hombre de Acero, la audiencia se identifica con sus emociones, lo que vive. Además se manejan muy bien las dosis de acción y de humor; obviamente, el peso de la acción lo tienen Thor (Chris Hemsworth) y sus amigos, mientras que la comedia es insuperablemente manejada por su malvado hermano Loki (Tom Hiddleston) y  la humana Darcy Lewis (Kat Dennings). Y es que llenan tan bien la pantalla que cuando no aparecen simplemente parece que algo falta.

A estas alturas resulta realmente meritorio que las escenas de acción sigan sorprendiendo. Estamos llenos de ellas y, sin embargo, en este tema se vuelve a superar a la primera entrega de esta película: vemos muchos más efectos especiales, peleas con una mejor coreografía y brillantemente ejecutadas. Incluso gracias a esto por fin vemos a una Rene Russo más protagónica (que interpreta a la madre de Thor y Loki) que seguro no dejará indiferente a nadie.

Ahora bien, a pesar del subidón no todo son alabanzas, y es que hay una infinitud de coincidencias que parecen casi esas soluciones divinas –deus ex machina– tan aborrecidas en el mundo del guion desde Aristóteles, y que en este caso, como en la tragedia griega, también son dioses. Está claro que la segunda entrega de Thor no peleará por una estatuilla dorada en las categorías más importantes, y lo más probable es que en ninguna (ni técnicas), pero seguro dejará ese «no sé qué» de querer ver más o hasta de verla en más de una ocasión y con eso, en los tiempos que corren, ya se ha ganado muchísimo.

Juan Manuel Meneses

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The Reluctant Fundamentalist

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Mira Nair
GUION Ami Boghani y William Wheeler, basado en la novela de Mohsin Hamid
MÚSICA Michael Andrews
FOTOGRAFÍA Declan Quinn
REPARTO Riz Ahmed, Kate Hudson, Liev Schreiber, Kiefer Sutherland

Ni aquí ni allá

No tengo nada en contra de las películas políticas y menos aún contra las que dejan que sea el espectador quien deba analizar la historia y sacar sus conclusiones. Ahora bien, a pesar que la trama de The Reluctant Fundamentalist parece muy interesante –un joven pakistaní muy inteligente es aceptado en Princeton, consigue un prestigioso trabajo y en la cresta de la ola ocurre el atentado del 11 de septiembre y queda de cierta forma atrapado entre los dos mundos–, no es suficiente. Hay que saber desarrollar la historia y ser coherente en todo momento, hasta el final, porque de lo contario queda una historia vacía, coja…

La película empieza en el 2011 en un café de Lahore (Pakistán), se presenta a dos personajes: Bobby, un periodista Norteamericano (Liev Schreiber)  y  Changez (Riz Ahmed). Ambos mantienen una conversación y a través de flashbacks se conoce la historia de  Changez, y el giro que ésta dio ante un acontecimiento con el que no tuvo que ver, pero que le afectó de manera colateral en un grado insospechado.

El verdadero juego de este filme son los prejuicios que se tienen ante las personas y que depende del punto de vista que se mire una situación puede parecer una cosa o la otra. Se busca que se cuente a las personas por individual y no como una masa que piensa igual. Como espectador resulta muy sencillo identificarse con los dos puntos de vista, y «sufrir» por las injusticias con las que se llega a tratar a Changez pero a la vez se entiende, hasta cierto punto, el temor que se respiraba en esas fechas en Estados Unidos. Resulta sorprendente que esta película se haya lanzado hace apenas un año cuando se cree que el tema ya ha sido superado, quizás en la apariencia pero la discriminación se sigue respirando en el ambiente.

No pretendo levantar polémica, pero sinceramente creo que todas las personas tienen prejuicios hacia ciertos estereotipos tanto positivos como negativos, y quizás esto sea lo que la directora pretende destruir y de cierta forma enseñar las consecuencias que pueden llegar a tener esta actitud en las personas. Pero el mensaje queda un poco en el aire, y la historia inconclusa: no hay que darle todo masticado y súper procesado al espectador, pero sí al menos resolver la conversación entre estos dos antihéroes que no termina de calar en la audiencia. Lo vemos todo, pero no conseguimos observar.

Juan Manuel Meneses

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Gravity

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Alfonso Cuarón
GUION Alfonso Cuarón, Jonás Cuarón
MÚSICA Steven Price
FOTOGRAFÍA Emmanuel Lubezki
REPARTO Sandra Bullock, George Clooney

Houston…

Nunca antes nadie había hecho algo así. Tantas, tantas cosas se han hecho desde que se inventó el cine hace más de cien años, y ahora Alfonso Cuarón nos regala una película que, en un adjetivo, simplemente es audaz. Y es que Gravity ocurre enteramente en el espacio y eso implica muchas, muchas cosas.

La premisa es conocida y viene sintetizada en el trailer: algo sale mal en una misión espacial y un par de astronautas quedan a la deriva. No diré más de la trama, pero es fascinante esa sensación de pensar, cuando se presenta ese detonante: ¿y ahora qué? Y la historia cumple. El guion efectivísimo –fruto de la colaboración de Alfonso Cuarón con su hijo Jonás–avanza con un gran ritmo sin dejar de profundizar en sus personajes y en sus temas. Y es que Gravity es una película que provoca fuertes catarsis muy adentro. Gravity te mantiene, como se dice, al borde del asiento. Gravity  es una película de superación. Y Gravity es también una película de horror. Porque ese vacío de estar en el espacio es horror puramente cinematográfico.

Mucho habría que decir de cómo esta película está grabada. Baste ahora con apuntar que, al filmar la realidad (en la Tierra, como suele ocurrir en el cine) partimos de un eje clarísimo y obvio: el suelo está abajo y el cielo arriba. Justamente, la gravedad. En el espacio, sobra decirlo, no es así, y eso tiene fascinantes consecuencias. Lo entendemos en ese genial plano secuencia con que arranca Gravity: la cámara, también sin gravedad, va y viene, y gira; los personajes aparecen, por arriba, por un lado, por otro. Estamos en el espacio. Y es de agradecer que Cuarón nos haya llevado de la mano de su compatriota, el talentoso director de fotografía Emmanuel Lubezki (responsable de la fotografía de El árbol de la vida, de Terrence Malick, entre muchos otros títulos).

Y Gravity, con ser genial, no es una película rara. El guion nos presenta con gran naturalidad a los personajes y ellos nos guían. Si dudé de Sandra Bullock y George Clooney para un planteamiento como éste, fue para luego darme cuenta de que en realidad es un casting muy adecuado: actores que nos sitúan inmediatamente con qué personajes estamos tratando. Y Gravity toca el corazón. Su mensaje poderoso es también la trascendencia del hombre, aún en medio de la inmensidad del cosmos. Mucha poesía entre las líneas de una realización alucinante.

Nunca antes nadie había hecho algo así. Y me da gusto decir que es un mexicano. En el mundo globalizado del cine tampoco es mucho decir, pero es algo. Quizá mi opinión no valga mucho, pero creo que un paisano mío dio un pequeño paso en su carrera y un gran salto para la historia del cine. En el espacio.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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