No se aceptan devoluciones

(2013) México
DIRECCIÓN Eugenio Derbez
GUION Guillermo Ríos, Leticia López Margalli, Eugenio Derbez
MÚSICA Carlo Siliotto
FOTOGRAFÍA Martín Boege, Andrés León Becker
REPARTO Eugenio Derbez, Loreto Peralta, Jessica Lindsey, Daniel Raymont

Papá soltero

A estas alturas ya es conocido que la película de Eugenio Derbez, No se aceptan devoluciones, ha roto récords en el mercado nacional y —más meritorio— en Estados Unidos. Quizá viene a la cabeza Nosotros los Nobles; en efecto, cine mexicano distinto del cliché que teníamos hasta ahora del cine mexicano. Derbez, el comediante vivo más famoso de México y hombre fuerte de Televisa, la televisora más poderosa del país, se atreve a saltar de su éxito televisivo a la pantalla grande y se anima incluso a co-escribir y dirigir esta cinta. Y acierta. Sobre todo porque es una película concebida para ser vendida. Cosa nada despreciable, después de todo el cine es una industria, y Derbez y sus asesores televisos saben lo que hacen.

Valentín Bravo (irónico nombre parlante) es un miedoso. Mujeriego e irresponsable, reside en Acapulco donde un día un antiguo amor toca a su puerta para dejarle a una bebé —su hija— de nacionalidad estadounidense como su madre. La paradoja es que Valentín tiene que dedicarse a ser stuntman, es decir, doble de acción en Hollywood, pues es el único trabajo que consigue al tener que quedarse en Estados Unidos a criar a su hija. Así, estamos ante una cinta padre e hija con rasgos que nos son familiares: el papá amoroso pero catastrófico y una hija encantadora (excelente actriz revelación la pequeña Loreto Peralta) que es mucho más lista que él. La reaparición de la madre seis años después reclamando sus “derechos” desata el conflicto.

El guion mezcla hábilmente la comedia simpática —el fuerte de Derbez— con la historia sentimental a partir de las relaciones familiares, incluido un toque dramático que se inserta con bastante acierto. No se descuidan los temas de fondo, especialmente el miedo de Valentín, eje de la historia, y su relación con su hija. Se muestran, de paso, las consecuencias de una actitud muy actual de libertad sin responsabilidad y egoísmo, en este caso presente en la mamá de la niña, que la abandona siendo una bebé y vuelve cuando se le antoja tener una hija, como Valentín le echa en cara. Queda subrayado el valor del sacrificio por amor y lo que significa la paternidad realmente. Eso sí, con el humor presente hasta en los momentos más impensados, como cuando Valentín se queja de los condones de oferta al tener a su bebé en brazos, cuando en el juicio defiende la custodia de su hija con la letra de “Cuando calienta el sol” o cuando Sammy le da la noticia del fallecimiento de su padre (quien conozca a Sammy, imagine).

La película la dirige Derbez con corrección, y está sostenida por la simpática actuación de su “hija” y sus ya conocidos dotes histriónicos. Está bien apoyado por un dinámico soundtrack (botón de muestra: “Ella es bonita”, de Natalia Lafourcade), una luminosa y colorida fotografía y una atinada dirección artística y de vestuario: la casa en que viven padre e hija y sus combinaciones de ropa siempre iguales (por no hablar de pijamas), dan el tono adecuado a la historia. Sobra algún efecto digital poco conseguido, sobre todo el que distrae en el emotivo clímax.

Derbez supo apostar a su fiel público mexicano (en México la gente acude a ver “la de Derbez” simplemente) y a un amplio público latino en Estados Unidos muchas veces olvidado y que en esta película se sentirá identificado (el propio Valentín cruza ilegalmente y no consigue aprender una palabra de inglés en seis años). Sin reinventar el cine ni ponerse “artístico”, a unos y otros ofrece una película amena, divertida, bien hecha y con su lagrimita, ¿hay mejor negocio?

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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The Conjuring

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN James Wan
GUION Chad Hayes, Carey Hayes
MÚSICA Joseph Bishara
FOTOGRAFÍA John R. Leonetti
REPARTO Vera Farmiga, Patrick Wilson, Lili Taylor, Ron Livingston

Por fin, terror, y bien contado

No creo que nadie se sorprenda si decimos que en los últimos años las películas del género terror están perdiendo interés entre los espectadores. Quizás se podría decir que la audiencia ya ha visto mucho y nada consigue verdaderamente asustarla; de los poco títulos que han destacado podrían ser Paranormal Activity e Insidious, y la más reciente The Purge. Cualquier “maldición” que se creía que existía con los films de este género ha quedado destruida con The Conjuring, que no solamente ha sido un éxito de taquilla, sino que realmente es una buena película más allá de su género.

La historia resulta familiar dentro del género: familia numerosa se muda a una casa antigua, descubren que había un sótano con artículos de antaño y luego comienzan a ocurrir actos sobrenaturales relacionados con el pasado de la casa. Sin olvidar el ya tan utilizado recurso de “basada en hechos reales”, en este caso los expedientes del matrimonio de demonólogos católicos Ed y Lorraine Warren. Ahora bien, creo que no habíamos visto una película como ésta en bastante tiempo, y es que juega con el misterio de una forma magistral. A diferencia de lo que estamos acostumbrados no se muestra casi nada, recuerda a Alien (1979), que guarda ese misterio ya que en gran parte de la película no vemos aquello a lo que los personajes se están enfrentando.

Se emplean muchos minutos del principio de la película en contarnos sobre los personajes, los detalles de su día cuando van al colegio, lo que cenan, y cómo y qué se jugaba en esa época (los setentas) sin tanta tecnología. Aunque precedidos de una prólogo inquietante –por no decir estremecedor–, esos minutos de cotidianeidad son necesarios para que lo demás funcione: no es ninguna novedad decir que se sufre más si sentimos que conocemos a los personajes de la historia. Es más, el que haya tantos personajes facilita que el espectador se identifique con alguno: el escéptico, el que cree, al que le da igual, el indefenso.

Los hechos reales están relacionados con personas católicas, que enfrentaron el caso como un exorcismo. En este sentido no pretende ser una película religiosa ni similar, pero sí hace pensar si realmente existe un más allá y la importancia de proteger a los que uno más quiere incluso de cosas en las que no se cree. Es interesante ver los puntos de vista de los demonólogos creyentes y la familia víctima, ni católicos ni practicantes, pero todos afectados por los mismos hechos.

No quiero dejar pasar la puesta en escena, el vestuario, la ambientación de la época en la que se basa, en general lo cuidado que ha sido la cinta. Incluso los zooms, algunos movimientos de cámara y montajes están muy bien encajados, escenas que de haber sido ejecutadas de otra forma no hubiesen tenido ese efecto de tensión que producen.

Los temerosos (como yo) la disfrutarán: la historia cobra tanta importancia que los saltos o momentos de tensión se pasan amenamente. Es más, hace algún tiempo ya que no sentía que toda una sala de cine estaba pasando las mismas emociones que uno, todos juntos aguantando la respiración, y eso siempre vale la pena experimentarlo.

Juan Manuel Meneses

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42

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Brian Helgeland
MÚSICA Mark Isham
FOTOGRAFÍA Don Burgess
REPARTO Chadwick Boseman, Harrison Ford, Nicole Beharie, Christopher Meloni

Cliché pero bueno, buena pero cliché

Casi todos los años se estrenan películas en contra del racismo. Me atrevería a decir incluso que este año los premios de la Academia van a estar llenos de estas historias con títulos como The Butler o 12 Years a Slave. Pienso sinceramente que es muy bueno ver estas películas, nos recuerdan mucho de la historia y usualmente al salir del cine tenemos esa sensación de “yo también puede ayudar en el cambio”.

Ahora bien, no todas son un éxito, es más, pocas nos dan una visión nueva sobre este tema como fue el caso del exitoso film The Help. Sin embargo, 42 se suma a esta lista de películas que cuentan con un nuevo punto de vista, en este caso la historia de Jackie Robinson, el primer jugador afroamericano de béisbol. No hace falta contar más para que imaginarse que se trata de una película llena de clichés, y así es, lo que no quiere decir que no se disfrute.

Desde el primer minuto en que vemos los primeros maltratos, o la forma en que los blancos pensaban, enseguida se genera una gran empatía hacia Robinson y desde ese momento no hay vuelta atrás, el espectador se va a quedar hasta el final porque tiene ese deseo de verlo triunfar.

Ahora bien, cinematográficamente hablando -y a pesar de contar con muchas caras conocidas- parecería que estamos ante una TV Movie y no una producción para una sala de cine: los planos, movimientos de cámara… Hay que destacar la actuación de Harrison Ford en el papel de Branco Rickley, simplemente genial, incluso me atrevería a decir que huele a Oscar.

Por suerte, el film no pretende resumir una vida entera en dos horas como muchas películas biográficas intentan; es más, solo cuenta los primeros años de carrera de Robinson y consigue mezclar drama, comedia y béisbol sin ser excesiva en ninguno de los casos, solo cuenta la historia como pasó. Si uno es amante del deporte seguro que disfrutará, la ventaja es que no debes serlo para que resulte entretenida.

Juan Manuel Meneses

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The Company You Keep

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Robert Redford
GUION Lem Dobbs basado en la novela de Neil Gordon
MÚSICA Cliff Martínez
FOTOGRAFÍA Adriano Goldman
REPARTO Robert Redford, Shia LaBeouf, Susan Sarandon, Julie Christie, Terrence Howard, Stanley Tucci, Nick Nolte, Chris Cooper, Richard Jenkins, Brendan Gleeson

La verdad os hará libres

Robert Redford dirige esta película en la línea de denuncia social y política que lo caracteriza. Redford interpreta a un integrante de un grupo revolucionario que ha estado llevando durante treinta años una vida tranquila de anonimato, un joven periodista (Shia LaBeouf) descubre su secreto y es ahí donde Redford recurre a sus «viejos amigos», ¿pero realmente podrá confiar en ellos?

La forma en la que se vende un producto debe estar muy bien cuidada, ya que el consumidor (que siempre tiene la razón) no espera menos de dicho producto, si una de las cualidades que decía cumplir no las provee no importa cuántos nuevos servicios posea, simplemente el consumidor de primeras ya le desagrada el producto. Esto es lo que ha ocurrido con The Company You Keep. En todos los trailers, entrevistas, se vende un thriller con toques de suspense. Lo que se ofrece es otra cosa, ¿mala? No lo creo, simplemente diferente.

Robert Redford vuelve a la dirección y esta vez acompañado con un elenco impresionante, nombres como Susan Sarandon, Nick Nolte, Julie Christie o Chris Cooper hasta el joven protagonista Shia LaBeouf, cada uno -menos el último mencionado- nos ofrecen momentos y escenas increíbles, con mucha fuerza, sin embargo son simplemente momentos, aparecen caras conocidas como en cápsulas, pero no se les saca el partido que se podría y no se termina de conseguir una buena armonía. En momentos no se presentan los suficientes giros para que los personajes piensen como lo hacen o cambien sus ideales y no es que resulte pobre, es que simplemente son demasiados personajes y no del todo bien guiados: después de treinta años es difícil creer que las personas cambien, si no es que es imposible.

A pesar de ser una película con una gran carga política el espectador consigue centrase en los personajes y sus historias, siempre es bueno observar y conocer casos particulares porque todo el mundo sabe lo que ocurrió con el Titanic, pero nadie lloraría si no fuese por Rose y Jack. Ahora bien en este caso Redford no va a conseguir que la gente salga a las calles y sean unos revolucionarios, pero al menos va a conseguir el disfrute del espectador  y las personas se sentirán identificadas,  quizás refuercen su forma de pensar.

Si se ofrece un thriller entiendo que resulte lenta, si se sabe que es un film donde lo importante es el diálogo resulta brillante. Estoy seguro que una vez que se le coge el ritmo resultará bastante placentera, y se la disfrutará. Como todo filme de Redford, la lección de vida va implícita y en este caso el mensaje de la importancia de la verdad -con periodista convencido, de esos que quedan pocos- entra de lleno.

Juan Manuel Meneses

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Now You See Me

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Louis Leterrier
GUION Boaz Yakin, Edward Ricourt, Ed Solomon
MÚSICA Bryan Tyler
FOTOGRAFÍA Mitchell Amundsen, Larry Fong
REPARTO Jesse Eisenberg, Mark Ruffalo, Woody Harrelson, Mélanie Laurent, Isla Fisher, Dave Franco, Michael Caine, Morgan Freeman

Nada por aquí

El planteamiento es apetecible: cuatro talentosos ilusionistas -el listillo arrogante Daniel Atlas (Jesse Eisenberg), el mentalista experimentado Merritt McKinney (Woody Harrelson), la escapista Henley Reeves (Isla Fisher) y el mago callejero Jack Wilder (Dave Franco)- son convocados para unir fuerzas y montar un espectáculo excepcional en el que roban un banco “por arte de magia” y reparten el dinero al público. Sin evidencias en su contra y con dos espectáculos más por delante, son seguidos de cerca por un impulsivo agente del FBI (Mark Ruffalo) y una francesa enviada por la Interpol (Mélanie Laurent).

Quizá el conjunto promete demasiado para luego no pasar de ser una película entretenida, aunque bien realizada. El director Louis Leterrier, experto en cine de acción, consigue bien las persecuciones y, sobre todo, la espectacularidad de los números de magia, al más puro estilo de Las Vegas. La historia no deja de desconcertar al enfocarse en los grises perseguidores más que en los atractivos perseguidos, aunque esto se justifique con un final que sorprende aunque resulta un poco forzado por no estar bien sembrado en la historia.

El atractivo reparto hace lo suyo, aunque la intensa trama de hechos no les da mucho espacio para lucirse. El personaje de Jesse Eisenberg es muy parecido a su Mark Zuckerberg de The Social Network y ver a los magníficos Michael Caine y Morgan Freeman como los malos de la película desconcierta tanto como el verlos juntos en pantalla sin Batman. En fin, no mucho queda tras las dos horas de película salvo la constante referencia al ego de los protagonistas, que es lo que mueve a todos en la historia, sin que eso tampoco tenga especiales consecuencias. Como un truco de magia, es agradable de ver, y ya: “nada por aquí, nada por allá”.

 Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Espacio interior

(2013) México
DIRECCIÓN Kai Parlange Tessmann
GUION Pierre Fraveau, Kai Parlange Tessmann, Vicente Leñero
MÚSICA Javier Umpiérrez
FOTOGRAFÍA Juan José Saravia
REPARTO Kuno Becker, Ana Serradilla, Juan Carlos Colombo, Roberto Sosa, Hernán Mendoza, Gerardo Taracena, Rocío Verdejo

La verdadera libertad

En agosto de 1990, en la Ciudad de México, un prestigioso arquitecto de 33 años, padre de siete hijos, fue secuestrado. Al contrario de lo que sucede con la mayoría de los secuestros, que acaban rápido, el suyo duró 257 días. Casi tan sorprendente como su desenlace fue el modo en que vivió su secuestro: como hiciera Viktor Frankl en el campo de concentración nazi, este arquitecto descubre que su libertad interior es lo único que sus captores no pueden quitarle y apoyado en su fe católica y en el amor a su familia hace de su secuestro una experiencia de vida: reza, escribe, dibuja, hace deporte, tiene un horario, se preocupa por sus secuestradores, prepara un escape…

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Esta historia real –hecha pública por su protagonista, quien da conferencias y autorizó un libro recientemente, aunque no ha querido aparecer ligado a esta película– pedía a gritos ser contada. Otra cosa es que fuera fácil hacerlo, pues finalmente es la historia de un hombre encerrado nueve meses en un cuarto de 3×1 metros. El reto lo asumió como ópera prima el director mexicano Kai Parlange Tessmann, quien centra su historia en la experiencia vital del secuestrado.

Para bien o para mal, esta no es una película de secuestro. No seguimos las negociaciones entre la familia y los secuestradores, ni el sufrimiento o los planes de unos y otros. Simplemente acompañamos a este hombre en su espacio interior, acertado título, tomado de una conferencia que dio el protagonista poco antes de su secuestro. Sin embargo, no es un experimento cinematográfico de cámara encerrada al estilo de Buried (Rodrigo Cortés, 2010). Los flashbacks y fantasías del protagonista enriquecen la historia y están bien manejados narrativamente los paralelismos con el maratón y con la profesión del arquitecto secuestrado. Cuando lleva poco más de una hora se vuelve un poquito repetitiva, pero vale la pena esperar al desenlace.

Como es lógico, en esta historia mucho caía en el actor protagonista, y Kuno Becker sorprende positivamente, pues hasta ahora su mejor trabajo había sido la correcta pero facilona Gol (2005) y su último trabajo como el General Ignacio Zaragoza en Cinco de Mayo: la batalla (2013) dejaba mucho, pero mucho, que desear. Kuno peleó por el papel y se implicó en el proyecto, y esa dedicación luce. Le acompaña un reparto que casi se siente desaprovechado: Ana Serradilla es su mujer, a quien vemos en recuerdos y sueños, Juan Carlos Colombo es el padre del protagonista y también participa Roberto Sosa con pocos minutos en pantalla; de los secuestradores –Hernán Mendoza (Después de Lucía), Gerardo Taracena (Apocalypto) y Rocío Verdejo (Matando cabos)– no vemos nunca el rostro descubierto ni oímos su voz.

Estamos pues ante una acertada plasmación de una historia que merecía ser contada, aunque quizá sería más interesante con la sal de la trama criminal –finalmente es un secuestro– que los realizadores no quisieron o no pudieron contar. Una película buena –¡otra más!– que demuestra que el buen cine mexicano no debe ser solo de historias sórdidas en mundos miserables, pues aún en una situación tan terrible como ésta, destaca la grandeza del ser humano. Y esta vez sin imaginaciones optimistas: es una historia, tal como se cuenta, real. Tan real como que sucedió.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Man of Steel

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Zack Snyder
GUION David S. Goyer (historia de Christopher Nolan y David S. Goyer)
MÚSICA Hans Zimmer
FOTOGRAFÍA Amir Mokri
REPARTO Henry Cavill, Amy Adams, Michael Shannon, Russell Crowe, Kevin Costner, Diane Lane, Laurence Fishburne

Publicamos dos críticas, pues los dos autores de este blog queríamos dar nuestra opinión. No nos repetimos, y ambas valen la pena. Lo garantizamos.

¿Triunfo de la publicidad o del cine?

En ocasiones creemos conocer una historia o saber mucho de un personaje, sin embargo cuando nos la vuelven a contar parece que lo que conocíamos no era tan cierto. Y esto es lo que ocurre con este querido superhéroe: quizás una parte de mí no terminaba de recordar que era un marginado en el colegio –quizás por recientes recuerdos de la serie Smallville se recuerda a un Clark Kent que se supo superar poco a poco y adaptarse– sin embargo, aquí vemos que su vida de anonimato fue lamentable, incluso en momentos los consejos de Jonathan Kent no parecen ser los mejores.

A pesar de esto y quizás gracias a su madre, Martha Kent, Clark consigue convertirse en el héroe que todos conocen y quieren. El problema es que es un ser poco humano, creo que es lo que más le falta a la historia, hay excesiva acción y le falta más lado humano. No me malinterpreten, sé que es Superman, pero no es una historia que te llega o te permite sentirte identificado como espectador.

Por otra parte, las actuaciones tampoco son las mejores, quizás los que cumplen mejor su papel son Diane Lane como Martha Kent, Russell Crowe en el papel de Jor-El y Michael Shannon como el gran villado General Zod. Shannon consigue que el espectador le sienta odio, y a la vez una cierta empatía, como que se podría identificar con su locura: tiene sentido lo que busca, nació para hacer exclusivamente eso, que su raza perdure. Diane Lane ha sabido “envejecer” con dignidad y hacer estos papeles que van muy de acuerdo a su edad, y es una madre increíblemente real y auténtica. Sin embargo, grandes nombres como el de Amy Adams no cumplen el papel, simplemente no es Lois Lane: le falta fuerza, es una Lane que actúa y se defiende, salvo que cuando conoce a nuestro héroe se vuelve débil y pierde cualquier credibilidad que tuvo al principio del filme.

Hasta ahora parece todo un tanto fatalista. Sin embargo, cuando se ven películas tan esperadas como ésta, de la que se han realizado muchas versiones anteriores, es complicado no ser detallista, y verle “peros” a todo. La música, por otro lado, es un tema muy cuidado a lo largo del filme que acompaña a las escenas de gran manera, y ayuda a que no se vuelvan tan pesadas las excesivas escenas de pelea y acción durante el filme. Hubiese sido excelente unos 10 minutos menos de la batalla final. Eso sí, los efectos en todo momento resultan impecables y todo un deleite para la audiencia.

Detalles como que la “S” realmente es un símbolo de esperanza en su planeta de origen añaden credibilidad a la historia. Más discutible resulta que “Superman” sea la palabra prohibida… En fin, no sé si se consigue romper la supuesta “maldición” de las películas de este superhéroe, si nos fijamos en el éxito de taquilla sí, a pesar de que ayude la excesiva publicidad que se hizo del filme. Si es por los críticos unos dirán que sí, otros no. ¿Henry Cavill superó a Christopher Reeve?, ¿quién ha sido el mejor Clark?  Mi mejor consejo es que la vean y si se entretienen y pasan un gran momento en el cine la “maldición” simplemente deja de importar.

Juan Manuel Meneses

Una «S» que significa esperanza

El estreno de El hombre de acero era una gran expectación, y no solo para los fans del superhéroe más celebre de la historia. Y es que ahora el intento –tras la mítica saga protagonizada por Christopher Reeve y la poco exitosa Superman Returns de Bryan Singer– venía por parte de Christopher Nolan, celebrísimo creador de la última trilogía de Batman. Nolan es el productor y el guion es de David S. Goyer (coautor de la historia de las películas de Batman de Nolan) así que, aunque el director sea Zack Snyder –y es de agradecer por los tremendos efectos y las grandes secuencias de acción– los autores de la historia de El hombre de acero son los mismos padres del Caballero Oscuro.

Así, si el film de Singer en 2006 se centró en lo que ha hecho de Superman un icono de la cultural popular (“es un pájaro, es un avión, no, es… ¡Superman!”), Nolan intenta responder de algún modo a las preguntas acerca del hombre de acero, hacerlo más cercano y humano como ya hizo con Batman. El problema es que de entrada hay mayor posible cercanía con un huérfano millonario que aprende a luchar que con un extraterrestre criado entre humanos.

Dicho esto, el resultado es más que decente. Más que en los humanos desconcertados a su alrededor, la historia se centra en Kal-El/Clark Kent (la palabra “Superman” se menciona solo en un diálogo): sus orígenes en Krypton, con gran relevancia de su padre, Jor-El –interpretado por un acertadísimo Russell Crowe– y su lucha por contener sus poderes mientras espera encontrar el sentido de su vida guiado por los consejos de su padre adoptivo Jonathan Kent (Kevin Costner) y el amor de su madre Martha Kent (Diane Lane). Este enfoque permite explorar temas como las políticas de natalidad (punto de inflexión en el derrumbe de la civilización en Krypton), el amor por encima de la superioridad de razas, los riesgos de una evolución que prescinda de la moral y, sobre todo, la libertad, el bien y la esperanza ligados a la vocación de un ser llamado a cambiar el mundo. Y esto, claro, mezclado con grandes secuencias de acción.

La interpretación de Henry Cavill, medianamente desconocido y que bastante hizo con disimular su acento inglés, cumple con los mínimos. Un poco más hace Amy Adams con su Lois Lane bastante aguerrida, ganadora de un Pullitzer y de armas tomar (literalmente). Michael Shannon sale airoso de tener que interpretar a un malo-malísimo y el peso lo ponen Russell Crowe (con escenas de acción incluidas) y todo tipo de secundarios famosos, incluido Laurence Fishburne.

Es cierto que la batalla final se alarga demasiado, y que contar la infancia de Clark en flashbacks resulta un poco desconcertante. Con todo, El hombre de acero, sin llegar a ser una gran película, tampoco es “una más de superhéroes”. Un acercamiento difícil pero bastante aceptable a un Superman más humano y dramático en los tiempos que corren. (Y la esperanza –con una “S” que eso significa en la película– de que con Batman la segunda superó, con creces, a la primera. A ver.)

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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El gran Gatsby

(2013) EE.UU.
DIRECCIÓN Baz Luhrmann
GUION Baz Luhrmann y Craig Pearce basado en la novela de F. Scott Fitzgerald
MÚSICA Craig Armstrong
FOTOGRAFÍA Simon Duggan
REPARTO Leonardo DiCaprio, Tobey Maguire, Carey Mulligan, Joel Edgerton, Elizabeth Debicki

Los años veinte están aquí

De la mano de Baz Luhrmann llega la sexta adaptación cinematográfica de El gran Gatsby, la famosa novela de Scott Fitzgerald que ha sido identificada como una advertencia al sueño americano y una de las más grandes novelas de la literatura de Estados Unidos. Un reto nada fácil y con resultados discutibles aunque vaya por delante que el director australiano, autor de películas como Romeo + Julieta o Moulin Rouge –muy presente en esta de Gatsby– consigue transmitir toda la esencia de la novela con su particular estilo.

La historia del misterioso y joven millonario que ha organizado su modo de vida y su fortuna para recuperar al amor de su vida es una trama que a Luhrmann claramente le atraía. De hecho, la película tiene muchas similitudes con la nominada al Oscar Moulin Rouge: un amor prohibido y apasionado, ambientes festivos llenos de excesos y ambientes de miseria y decadencia, y todo contado como los recuerdos de un joven escritor antes lleno de ilusiones y ahora desencantado por la vida. La realización es también bastante similar con su colorida fotografía y sus secuencias poco realistas como las fiestas de Gatsby, los acelerados viajes en coche, la miseria del “Valle de las cenizas” en que viven los pobres, o detalles como “los ojos que todo lo ven”: un viejo billboard que es un símbolo también en la novela de Fitzgerald.

Mención aparte merece la música, pues Luhrmann apuesta por un soundtrack de nuestra época con canciones del rapero Jay-Z, Beyoncé y Fergie, entre otros, con lo que busca –y consigue– crear un ambiente emocional más que ser fiel a la época, tal como hizo en Moulin Rouge en la que homenajeaba al cancán como aquí rinde honores al charleston. Si bien algunos hubieran preferido solo música al estilo de los años veinte, ese no hubiera sido Luhrmann, y aunque sí escuchamos a Cole Porter en algún momento, no tendríamos el efecto sublime que consigue Lana Del Rey cantando el tremendo single “Young and Beautiful”.

Todo esto dicho, quizá el mayor acierto del buen Baz fue su logrado casting. Desconcierta un poco ver el familiarísimo rostro de Leonardo DiCaprio cuando al fin nos presentan al famoso Gatsby, pero ese desconcierto dura poco y deja lugar a ese fabuloso personaje que permite a DiCaprio hacer, a mi gusto, la mejor interpretación de su carrera, con olor a Oscar. Contraparte perfecta es la maravillosa Carey Mulligan: aunque se dice que el papel era ya de Scarlett Johansson, no puedo imaginar mejor Daisy –esa mujer dudosa, enamorada y atormentada– que Mulligan. Más anecdótica es la actuación de Tobey Maguire, como el pasivo narrador vecino de Gatsby, aunque aquí le es natural esa ingenuidad que desesperaba en su Peter Parker/Spiderman. También acertados, finalmente, son la debutante Elizabeth Debicki y un Joel Edgerton que se pone en igualdad de condiciones con DiCaprio en la escena clave de la película.

Así, aunque en algún momento sea un poco lenta y no sea un plato que vaya a gustar a todos, pienso que Baz Luhrmann y sus actores pueden estar satisfechos, que quien no vaya con ánimos de comparar su novela favorita disfrutará mucho –y sufrirá un poquito–, y que el fiestero Scott Fitzgerald habrá sonreído un poco dondequiera que esté.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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Nosotros los Nobles

(2013) México
DIRECCIÓN Y GUION Gaz Alazraki
MÚSICA Benjamín Shwartz
FOTOGRAFÍA José Casillas
REPARTO Gonzalo Vega, Karla Souza, Luis Gerardo Méndez, Juan Pablo Gil, Ianis Guerrero, Carlos Gascón

Nobleza obliga

Hace poco le escuché a un cineasta mexicano que el cine de México a veces pecaba de ser demasiado local. Ponía como ejemplo el reciente éxito de Nosotros los Nobles de Gaz Alazraki. No coincido del todo, pues, aunque efectivamente los personajes —y el humor— estén basados en una realidad mexicana, la historia de fondo plantea una realidad universal: la diferencia entre ricos y pobres, aunque ésta en México sea más acentuada que en otros países.

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Germán Noble es un adineradísimo empresario viudo que, tras la muerte de su mujer, se ha preocupado de que sus hijos naden en la abundancia. Los tres jóvenes se han convertido así en unos malcriados que representan los estereotipos de niños ricos de la sociedad mexicana: Javi, el hijo de empresario que heredará la empresa de su padre sin tener ni idea de negocios —ni de nada—; Barbie (por Bárbara), la “princesa” increíblemente egoísta y superficial y Cha, que quiere vivir un estilo de vida hippie sin prescindir de las comodidades del dinero (un hipster). Ante las escandalosas vidas de sus hijos, Germán decide darles una lección y fingir un fraude fiscal que los lleva a vivir en la destartalada casa del abuelo y a tener que trabajar en “otros ambientes”.

Quizá el principal rasgo de esta película es que no es un ejemplo del cine mexicano que habitualmente trasciende fronteras (González Iñárritu, y más recientemente Michel Franco o Carlos Reygadas), que muestre situaciones sórdidas y trágicas, sino que es una comedia desenfadada sin llegar a ser “telenovelesca”. Va en la línea del cine de Luis Estrada (La ley de Herodes, Un mundo maravilloso, El infierno) pero sin la sátira política, aunque mucha sátira social. Finalmente es una comedia, y la comedia siempre tiende a ser más local: aunque sea un tema universal, el espectador mexicano se reirá el doble con esta película, qué duda cabe.

Nosotros los Nobles se ha convertido en la película mexicana más taquillera de la historia y quiero pensar que no solo es por sus chistes sobre la realidad mexicana (aunque también; como decía Lope, “el vulgo es necio y como las paga el vulgo, es justo hablarle en necio para darle gusto”). La película de Alazraki va más allá y plantea el drama tan actual de los problemas de la incomunicación familiar. Efectivamente, no toda la culpa es de los hijos. De paso se resalta también el valor del trabajo y su necesidad para ser una persona plena. Y todo con buenas dosis de entretenimiento —secuencias como la huida de la mansión o las aventuras de Javi al volante de un “microbús”—y con unos personajes que se vuelven entrañables al descubrir lo que es la verdadera nobleza.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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The Perks of Being a Wallflower

(2012) EE.UU.
DIRECCIÓN Stephen Chbosky
GUION Stephen Chbosky basado en su libro
MÚSICA Michael Brook
FOTOGRAFÍA Andrew Dunn
REPARTO Logan Lerman, Emma Watson, Ezra Miller, Kate Walsh

Amigos

A veces las grandes películas resultan ser las producciones épicas con gran presupuesto, o aquellas que tienen un guion complicadísimo. En cambio, hay películas que parecen ser muy sencillas y un tanto trilladas, por ejemplo: jóvenes que no encajan en la secundaria deben sobrevivir sin dejar de ser ellos mismos. Y aunque esa es la premisa de The Perks of Being a Wallflower, reducirla a eso sería muy pobre.

Pocas veces se puede ver tan claro que una película en su conjunto se parezca tanto a su personaje principal. Charlie es un adolescente callado, un tanto introvertido, se cree invisible (un “wallflower”), pero guarda un pasado intrigante, un presente que sorprende, y un futuro triunfante. Y así mismo es este filme. El trío que forman Charlie y los amigos que hace, Patrick y Sam, resulta fabuloso: Sam, la chica alocada que no se valora; Patrick, hermanastro de Sam, un chico extrovertido, seguro de sí mismo a pesar que su apodo sea “Nothing”; y Charlie, el joven que empieza a vivir una vez que los conoce.

El ambiente familiar de Charlie aporta mucho a la película, una familia católica con unos padres preocupados, que cenaban juntos y compartían las vivencias del día. Una hija guapa y popular con un novio imbécil, y un hermano mayor que ya está en la universidad y no vive en casa, pero todos se llevan bien y la relación entre hermanos es bastante unida. Se sabe también que existió una tía con una vida tormentosa que era la persona favorita de Charlie, un personaje pequeño pero fundamental en la historia. El tema de la religión es recurrente: una chica del grupo de “Misfits” es budista, por ejemplo, y la familia de Charlie católica pero sin estereotipos, muy humana. Resulta impactante la escena en la que están en misa y cuando Charlie va a comulgar hay un corte a Charlie en la fiesta de fin de año y tomando una pastilla alucinógena. Como si intentara decir que no se puede ser perfecto, pero se intenta.

La actuación de Ezra Miller como Patrick es insuperable: pasa de ser el gracioso a una persona dolida, que a pesar de todo lo que le ocurre intenta sonreír; Emma Watson enamora a cualquiera que vea la película, y es que el reparto completo hace grandes papeles que le añaden un gran realismo al largometraje. Es más resulta extraño que en The Perks… se cuentan cosas, o se muestran características de los personajes que no añaden o influyen la historia, simplemente te lo cuentan como algo extra, y funciona, ayuda a sentir empatía con los personajes. Es como la vida misma.

No es muy fácil darse cuenta que la historia no acontece en el tiempo actual, es más el espectador podría no notarlo, salvo que no existen redes sociales, no hay teléfonos celulares, y menos ipods… es más, los cassettes juegan un papel muy importante en la trama. No hay Shazam y tenían que buscar cómo se llamaban las canciones y eso podía tardar mucho tiempo… Quizás por eso es una película que superará la barrera del tiempo, pues no se encasilla en ninguna época. La gente conocía de las personas sólo lo que ellas permitían o compartían, se llamaban a la casa y le sacaban mucho más provecho al tiempo que pasaban juntos.

Estamos, pues, ante una película que ayuda a ver que sin importar lo complicado que ha sido el pasado, siempre se puede cambiar y mejorar, pues el pasado no te define. Y hay que tener un poco de confianza en las personas y en las ideas propias, el mejor caso con el que se explica esto es que Charlie al principio conoce las respuestas a las preguntas del profesor de inglés pero no contesta, luego a pesar de que quizás sus compañeros se burlen de él levanta la mano y es sincero, se acepta tal y como es. Lo único que uno necesita es tener amigos.

Juan Manuel Meneses

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