Ad Astra

(2019) EE.UU.
DIRECCIÓN James Gray
GUION James Gray y Ethan Gross
FOTOGRAFÍA Hoyte Van Hoytema
MÚSICA Max Richter
REPARTO Brad Pitt, Tommy Lee Jones, Ruth Negga, Donald Sutherland, Liv Tyler

Per Aspera

Un futuro cercano. Al astronauta Roy McBride (Brad Pitt) se le asigna la misión de viajar a los confines del Sistema Solar para detener unas emisiones enviadas desde la nave de una misión fallida que están afectando a la Tierra. Él es el indicado no solo por ser el más capaz e impasible, sino porque quien lideró aquella misión hace 30 años fue su padre, Clifford McBride (Tommy Lee Jones) de quién se cree no solo que está vivo, sino que ha perdido la razón.

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Este cuento espacial de James Gray no es una aventura épica ni impactante ciencia ficción, sino una historia profunda centrada en la interioridad del personaje: la voz en off de Brad Pitt acompaña toda la narración, con pensamientos breves, que recuerdan a El árbol de la vida. Sigue así la estela de First Man, de Gravity, en cierto modo de Interstellar y por supuesto de 2001: Odisea del espacio. Es una vez más el viaje del héroe —aderezado por algunas peripecias que no contribuyen al conflicto principal, si bien lo hacen más entretenido sin estorbarle— y es también El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad. El título en latín anuncia algo de esto, y la elección del sugerente Max Richter para la banda sonora contribuye en ese sentido. La bella fotografía se suma a un diseño de producción que hace de lugares como la Luna y Marte creíbles como espacios burocráticos habitados por humanos grises. Todo al servicio de un relato de padre-hijo (excelentes Brad Pitt, quien lleva toda la película, y Tommy Lee Jones), de ambición y compasión, de comprensión y dolor, que puede suceder en la sala de estar de al lado o en el planeta más lejano conocido.

It: Capítulo dos

(2019) EE.UU.
DIRECCIÓN Andy Muschietti
GUION Gary Dauberman basado en la novela de Stephen King
FOTOGRAFÍA Checco Varese
MÚSICA Benjamin Wallfisch
REPARTO Bill Skarsgård, Jessica Chastain, James McAvoy, Bill Hader, Isaiah Mustafa, Jay Ryan, James Ransone, Andy Bean, Teach Grant, Jaeden Martell, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Jeremy Ray Taylor, Jack Dylan Grazer, Chosen Jacobs, Wyatt Oleff, Nicholas Hamilton

Regreso a Derry

Esperada segunda mitad de esta versión de It cuya primera parte se estrenó en 2017. Si la novela de Stephen King de 1986 —sobre un ser que atormenta a un grupo de niños adquiriendo la forma de sus miedos y que regresa veintisiete años después para volver a aterrorizarlos como adultos— es buena materia prima cinematográfica, el éxito de la película para televisión de 1990 (también dividida en dos partes) impidió que durante muchos años se hiciera una nueva versión. Veintisiete años, para ser exactos.

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Esta versión para cine decidió no contar en paralelo las historias de los personajes cuando son adultos y niños —como hace la novela y el telefilme— sino hacer un primer capítulo con los niños y este segundo con los adultos. La dirección de ambas partes se confió al argentino Andy Muschietti, que había demostrado talento en el género con el corto de terror Mamá y su correspondiente versión en largometraje auspiciada por Guillermo del Toro. El primer capítulo de 2017 fue un éxito, pues sentó muy bien con su onda nostálgica a lo Stranger Things e impresionó con la actuación del joven Bill Skarsgård como el payaso Pennywise, por lo que la segunda parte fue muy esperada y parte de su relevante reparto (actores de la talla de Jessica Chastain y James McAvoy, o el exitoso comediante Bill Hader) se sumó por esta emoción generada, incluso a petición de los jóvenes actores de la primera parte.

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Así pues, el segundo capítulo está a la altura de la primera parte en cuanto a calidad cinematográfica, si bien resulta menos dramático ver atemorizados a adultos de cuarenta años que a niños de trece (que también salen en flashbacks, afortunadamente). En este sentido, los actores no pueden lucirse mucho, también por ser un reparto coral donde cada uno tiene su experiencia atemorizante al volver a su pueblo natal (lo que contribuye también a las casi tres horas de duración de la película). Si bien se incluyen algunos aspectos de la novela que no estaban en la versión televisiva, no alcanza la fuerza de aquella en elementos como el personaje de Henry Bowers —esbirro del monstruo que escapa de la cárcel para asesinar a los protagonistas— o el temprano suicidio de uno de los amigos, que en esta versión es un pretexto para el sentimentalismo, mientras en aquella era la muestra del horror nihilista que para estos personajes implicaba volver a Derry y sobre todo un regreso de Eso a sus vidas. En fin, entretenida, cumple como cierre de la parte anterior —con cameo incluido del propio Stephen King y, por alguna extraña razón, del joven genio quebequés Xavier Dolan— aprovechando para actualizarse en algunas temáticas al son de los tiempos, como el empoderamiento femenino y la no discriminación. Eso sí, lo mejor, nuevamente, el espeluznante payaso.

Once Upon a Time… in Hollywood

(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN Y GUION Quentin Tarantino
FOTOGRAFÍA Robert Richardson
REPARTO Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino, Margaret Qualley, Emile Hirsh, Timothy Olyphant, Luke Perry, Austin Butler, Dakota Fanning, Bruce Dern, Mike Moh, Damon Herriman, Kurt Russell, Zoë Bell, Michael Madsen

Justicia poética

La madrugada del 9 de agosto de 1969, miembros de un culto liderado por el exconvicto y músico frustrado Charles Manson, que residían en un antiguo lote de filmaciones llamado Spahn Ranch, asesinaron en su casa de Cielo Drive (Los Ángeles) a Sharon Tate, esposa del ya entonces reconocido director Roman Polanski y embarazada de su hijo, y a tres amigos suyos. El horripilante crimen cimbró a todo Hollywood y marcó el final de una época para esa industria, sus gentes y la ciudad que los cobija. Esos son los hechos que es fundamental conocer para entender la autodenominada novena película de Quentin Tarantino, que es en sí un homenaje al Hollywood de los 60’s.

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Tarantino condensa y ajusta su estilo tan marcado en sus últimas películas, lleno de violencia satírica, situaciones exageradas y largas escenas de ingeniosos diálogos, para hacer una película más realista, valiéndose al mismo tiempo de los elementos de su mejor cine y de su amplísima cultura cinematográfica (es bien conocido que el director es experto en toda la amplia gama del cine de serie B, desde los spaguetti westerns hasta el cine de kung fu). Sus protagonistas son Rick Dalton (Leonardo DiCaprio), un actor de westerns televisivos que empieza a saborear el declive de su carrera, y su doble de acción, asistente y amigo Cliff Booth (Brad Pitt). Siguiendo a estos personajes y a los nuevos vecinos de Rick, Polanski y Sharon Tate (Margot Robbie), la película va recreando con todo detalle el ambiente del Hollywood de finales de la década de los 60, creando una atmósfera de nostalgia como hiciera Alfonso Cuarón en Roma, película con la que Tarantino ha comparado esta suya en ese sentido.

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A modo de cuento de hadas (el título no es baladí) que añora esa época gloriosa que fue, la película utiliza ese poder tan maravilloso que tiene la ficción de corregir la Historia (con mayúscula, como ya hiciera Tarantino en Inglourious Basterds y Django), empleando incluso la consabida violencia tarantinesca en el tercer acto. Con algunas escenas excelentes, que van desde la comedia (la pelea de Cliff/Pitt con Bruce Lee o la escena de Dalton/DiCaprio en el camerino) hasta el suspense puro (la visita de Cliff a Spahn Ranch), estamos ante una película deliciosa que se cimienta sobre una relación de amistad… en Hollywood.

El Rey León

(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN Jon Favreau
GUION Jeff Nathanson
FOTOGRAFÍA Caleb Deschanel
MÚSICA Hans Zimmer
REPARTO (voces) Donald Glover, Chiwetel Ejiofor, John Oliver, James Earl Jones, John Kani, Alfre Woodard, Seth Rogen, Billy Eichner, Florence Kasumba, Keegan-Michael Key, Eric André, Beyoncé

La sabana revisitada

El esperadísimo remake en live-action de El Rey León, la cinta que coronó el llamado renacimiento de los estudios Disney tras la crisis que vivió en los años ochenta, se antojaba algo tan retador como superfluo. El proyecto se confió a Jon Favreau que tiene talentos cinematográficos tan variados que van desde interpretar al Happy Hogan de Iron Man o al Foggy de Daredevil hasta dirigir desde la propia trilogía de Iron Man o estas nuevas cintas con animales computarizados de apariencia real como El libro de la selva y ahora El Rey León. Una impresionante tecnología y un presupuesto millonario consiguen unas imágenes asombrosas que, sin embargo, no añaden nada a la cinta animada original.

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Y es que El Rey León original es en sí una maravilla: una trama shakespiriana adaptada a una leyenda africana protagonizada por animales con personajes entrañables, acompañada de la música de Hans Zimmer y canciones de Elton John. El valor de esta versión sigue residiendo en esos elementos, por lo que no deja de sorprender que el crédito de la historia se atribuya al guionista Jeff Nathanson y no a las 29 personas acreditadas en ese rubro en la original. Favreau calca prácticamente cada plano y cada diálogo de la primera película, con algunas ligeras variaciones para dar más fuerza al personaje de Nala o hacer alguna broma adicional. Qué diferencia la propuesta, tan fiel a a la historia como innovadora, del ya mítico musical que hiciera Julie Taymor para Broadway.

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Parte del atractivo de esta nueva película es el reparto multiestelar que se convocó para las voces de los personajes que, todo sea dicho, cumplen de maravilla. Queda la pregunta de si valió la pena el enorme trabajo que el proyecto sin duda tiene detrás cuando no ofrece ningún aporte, antes bien su propio «realismo» —finalmente estamos viendo animales que hablan— la limitan en secuencias como las canciones de «I just can’t wait to be king» del pequeño Simba o «Be prepared» de Scar y las hienas, mucho más espectaculares con un pacto de lectura de animación y no de versión real. Sin duda la materia prima hace que no sea una mala película,  pero queda desear que el estudio más grande de todos los tiempos arriesgue un poco y no apueste solamente a remakes y secuelas, por más impresionante que sea su tecnología.

Chicuarotes

(2019) México
DIRECCIÓN Gael García Bernal
GUION Augusto Mendoza
FOTOGRAFÍA Juan Pablo Ramírez
MÚSICA Leonardo Heiblum y Jacobo Lieberman
REPARTO Benny Emmanuel, Gabriel Carbajal, Daniel Giménez Cacho, Dolores Heredia, Enoc Leaño, Pedro Joaquín, Leidi Gutiérrez, Ricardo Abarca, Manuel Ojeda

Confusión en la miseria

Quizá lo más llamativo para ver Chicuarotes es que fue dirigida por Gael García Bernal. El actor, figura icónica del último «nuevo cine mexicano» junto con su amigo Diego Luna (quien también es productor de esta cinta), pretende en este su segundo largometraje claramente evocar a la película que lo hiciera famoso delante de la cámara, Amores perros de Alejandro González Iñárritu. Sin embargo, a pesar de su concientización franca de la dura realidad de muchos mexicanos, y de algunos aciertos formales, la cinta tiene varias carencias principalmente en términos de guion que terminan por hacerla poco memorable.

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Cagalera (Benny Emmanuel) y Moloteco (Gabriel Carbajal) son dos adolescentes del pueblo de San Gregorio Atlapulco en Xochimilco, zona adyacente a la Ciudad de México conocida por sus canales donde se cultiva en chinampas y se navega en trajineras. El gentilicio popular de los de San Gregorio, pueblo mísero famoso por los daños que sufrió en un terremoto reciente, es «chicuarotes». Cagalera ansía escapar de su dura realidad social —la acertada secuencia de apertura son los dos amigos maquillados como payasos y haciendo un acto a bordo de un microbús para que les den una moneda, y que terminan por asaltar con pistola a los viajantes— y familiar: su madre (Dolores Heredia) golpeada por su padrastro (¿o padre?, no queda claro) borracho (Enoc Leaño), lo que soporta compartiendo una habitación con su hermano (Pedro Joaquín), al que molesta por su latente homosexualidad, y con su hermana también adolescente. El protagonista le propone fugarse a su novia Sugehili (Leidi Gutiérrez) para lo que intentará conseguir dinero implicándose en crímenes a cada cual más grave (y a cada cual más estúpidamente).

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El guion que firma Augusto Mendoza (proveniente de la época televisiva de Eugenio Derbez y guionista de algunas de las películas que ha dirigido Diego Luna) tiene un problema de tono, con secuencias de un drama social a lo Ciudad de Dios o Amores perros (donde debería haberse quedado quizá), pero otras más de la comedia mexicana facilona que hoy inunda nuestro cine —esa secuencia del robo a la lencería con «El Planchado» (Ricardo Abarca) y las policías gordas, totalmente inverosímil y que no aporta absolutamente a la trama ni a la construcción de los personajes; o la secuencia del protagonista escondiéndose del carnicero— o al humor macabro como la escena en que la madre pone fin al problema de su marido abusador, que parece sacada de la francesa Delicatessen. La fotografía funciona, con algunos planos experimentales bien logrados. La música casi constante se siente excesiva, subrayando innecesariamente el tono de cada escena, lo que contribuye al despiste general. Las secuencias costumbristas (ya mencioné la de apertura) y de crítica social son las más rescatables, así como las del linchamiento que tiene lugar en el clímax, cuya tensión recuerda pálidamente a la célebre Canoa (1976) de Felipe Cazals.

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Las motivaciones de los personajes no están suficientemente fundadas, lo que hace que el espectador empatice poco con ellos, a lo que se suma que (casi) todos, incluido el protagonista, terminan por mostrar un lado deleznable. Eso debilita el final, por no hablar del deus ex machina del desenlace. Una pena, considerando la buena interpretación del joven Benny Emmanuel (quien este año ganó el Ariel a actor revelación por De la infancia, una película que rodó hace nueve años y que apenas se estrenó) y de Gabriel Carbajal, cuyo personaje retraído y limitado es quizá el más convincente, o la disposición de actores como el gran Daniel Giménez Cacho a quien se dio un papel que va muy poco con él, como líder de los linchadores. En fin, además del interés social —lo duro es que situaciones así se dan y mucho en México— poco más se puede concluir de la cinta, y el problema es que lo social, por más loable, no basta para que una película funcione.

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(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN Josh Cooley
GUION John Lasseter, Andrew Stanton, Josh Cooley, Valeria LaPointe, Rashida Jones, Will McCormack, Martin Hynes y Stephany Folsom
MÚSICA Randy Newman
REPARTO (voces) Tom Hanks, Tim Allen, Annie Potts, Tony Hale, Jordan Peele, Keegan-Michael Key, Christina Hendricks, Keanu Reeves, Ally Maki, Joan Cusack, Bonnie Hunt, Wallace Shawn, John Ratzenberg, Blake Clark, Don Rickles

La última y nos vamos

Nueve años después de completar una excelente trilogía, Disney-Pixar decide retomar a los personajes de su primer largometraje para darnos una aventura más en compañía de Woody, Buzz Lightyear y los demás juguetes de Andy (ahora de Bonnie). Si en la entrega anterior se había cerrado el ciclo en lo que todos entendimos como el final, esta cuarta es una especie de epílogo, que retoma los elementos narrativos de las tres primeras: juguetes expuestos a los peligros del mundo exterior para rescatar a un compañero, y el dilema entre tener un niño que te ame pero que algún día te olvidará y vivir una vida independiente. Si bien se cumple la garantía de Pixar, y la película es divertidísima y, sí, estupenda, solo queda la duda de si este epílogo era necesario y qué quiere decirnos con su final tan emotivo como definitivo.

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Bonnie asiste al jardín de niños donde fabrica un juguete nuevo a partir de un cubierto de plástico. Forky, basura convertida en juguete, tiene una crisis de identidad de la que Woody lo ayudará a salir no sin antes evitar muchos intentos de escape del desequilibrado personaje. Un viaje de la familia a una feria de atracciones los lleva a una tienda de antigüedades donde Woody se reencontrará con su antigua amiga e interés amoroso Bo Peep, quien le hará descubrir las delicias de ser un juguete perdido y donde los juguetes enfrentarán nuevos peligros para rescatar a Forky.

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Al equipo de guionistas original de la franquicia (John Lasseter y Andrew Stanton principalmente) se unieron Rashida Jones y Will McCormack, provenientes de la comedia romántica y que dieron un toque de actualidad a esta historia de aventura. Lo más significativo es la evolución del personaje de Bo Peep: la película abre con un emotivo flashback en que se cuenta cómo la pastorcita es separada del resto del grupo. Años después es un juguete con experiencia, atrevida y audaz así como hábil e independiente, que ya no se presenta en función de Woody sino al contrario, podrá enseñarle al vaquero una cosa o dos o incluso cambiar su visión de la vida. Nada menos.

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Además de Forky —menos exasperante de lo que los avances de la película amenazaban— se presentan también un puñado de nuevos personajes excelentes: la pareja cómica de Bunny y Ducky, premios de feria con una imaginación desbordante; Duck Caboom, muñeco de acción canadiense (con la voz de Keanu Reeves); la pequeñísima pero aguerrida Giggle McDimples, amiga de Bo Peep; y la antagonista, una muñeca de antaño llamada Gabby Gabby que habita en la tienda de antigüedades con sus secuaces, cuatro muñecos de ventrílocuo terroríficos y geniales. Menos aprovechados están los personajes de siempre, algo esperable pero entendible; solo demerita Buzz Lightyear, pues si bien queda claro que aquí el protagonista es Woody, hubiera cabido mayor espacio para su mejor amigo que de ser solo ingenuo en las otras películas aquí roza en lo bobo.

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Merece una mención el aspecto técnico, que Pixar siempre ha cuidado con todo mimo. La luz y los espacios son un verdadero goce estético y la animación de elementos como el gato o los juegos de feria demuestran el avance constante en las técnicas de animación de las que Toy Story fue pionera. Nuevamente hay música de Randy Newman, incluyendo un par de canciones nuevas muy adecuadas. El eje, en fin, de esta película —y ahí radica su secreto— es la nostalgia. La de nosotros por estos personajes y la de Woody por Andy. Es enternecedor cómo el vaquero sigue apegado a su antiguo dueño, lo que no puede evitar a pesar de su nueva vida con Bonnie. El mensaje de que la existencia de un juguete solo es feliz cuando tiene un niño —y es lo que todos los personajes buscan obsesivamente—, que ha vertebrado toda la trilogía, madura aquí en una analogía de saber dejar ir a las personas y ser capaz de cambiar de etapa. Algo que deja con un sabor de boca agridulce y que habla ya no a los niños en la sala sino a los adultos que crecimos con Woody y Buzz.

Aladdín

(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN Guy Ritchie
GUION John August y Guy Ritchie. Basado en la película escrita por Ron Clements, John Musker, Ted Elliot y Terry Rossio
FOTOGRAFÍA Alan Stewart
MÚSICA Alan Menken
REPARTO Will Smith, Mena Massoud, Naomi Scott, Marwan Kenzari, Navid Negahban, Nasim Pedrad

Ajuste de época

Dentro de la estrategia de Disney de hacer en live-action sus grandes éxitos animados, tras las más tempranas 101 Dálmatas y Alicia en el País de las Maravillas, hemos visto en los últimos años desfilar a Maléfica, Cenicienta, El libro de la selva, La Bella y la Bestia, Christopher Robin y Dumbo. Le llegó el turno a Aladdín y detrás vienen ya anunciadas El Rey León, La dama y el vagabundo, Mulán y La Sirenita. Amén de la crisis de contenidos originales que esto presenta, siempre es la oportunidad de revivir un clásico e incluso darle un giro original aprovechando la familiaridad y buena disposición de la audiencia. Desafortunadamente, es una oportunidad que con Aladdín se dejó pasar.

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El reto partía de que la cinta original es un clásico muy querido, con el estupendo aporte del finado Robin Williams como el Genio, que obligara a los animadores a hacer ajustes de todo tipo como chistes adelantados a la época en que sucede la narración o transformaciones del personaje imitando a Jack Nicholson, entre otras. Ciertamente esta versión debía tomar otro derrotero, pero su opción de seguir casi plano a plano la cinta original solo hizo evidentes sus carencias frente a ella. Lo que parecía una acertadísima decisión al elegir como director a Guy Ritchie, quien se pensó aportaría acción y un toque realista a la historia, más bien resultó en un pastiche raro de efectos especiales y una ciudad colorida que se ve tan falsa que parece intencional.

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Si bien la apuesta por que Will Smith interpretara al Genio sonaba bien también —es evidente que, como en la original, en este personaje pivotan las posibilidades de lucirse de la película, y Smith ha demostrado varias veces que es buen actor, cantante y comediante—, de nuevo se falla al darle poca chispa pues sus mejores escenas son cuando hace comedia de situación en su forma humana y no con la magia que le permitirían los efectos especiales y el hecho de que sea un Genio gamberro (un mundo de posibilidades que la cinta animada sí aprovechó de sobra). En cambio, los jóvenes Mena Massoud y Naomi Scott, que interpretan a Aladdín y Jazmín, son lo mejor del reparto, dando frescura a los personajes y provocando una empatía con su relación. El Jafar de Marwan Kenzari, joven, de voz aguda y poca presencia, está a años luz del villano al que diera voz Jonathan Freeman, y se antojaba como un papel más adecuado para un Ben Kingsley o incluso Irrfan Khan.

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En lo que sí se esmera esta nueva versión es en ajustarla a los tiempos actuales. Especialmente notorio es en la evolución y centralidad del personaje de la princesa Jazmín, quien no solo se niega a ser desposada con los príncipes que se presentan a su puerta, sino que en este caso quiere cambiar una tradición milenaria y ser ella misma el sultán de su pueblo. Para ello ha estudiado y se ha preparado —es una mujer intelectual, inconforme y valiente— y para demostrarlo se introdujo una canción nueva (Speechless) que es el Let it go de esta nueva Jazmín que va en la línea de la Elsa de Frozen y de Moana. La película podría llamarse Jazmín perfectamente. En fin, esta versión hace que quienes apreciamos la original corramos a verla de nuevo y quizá sea esa su mejor aportación.

John Wick 3: Parabellum

(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN Chad Stahelski
GUION
 Derek Kolstad, Shay Hatten, Chris Collins y Marc Abrams
FOTOGRAFÍA Dan Laustsen
MÚSICA Tyler Bates y Joel J. Richard
REPARTO Keanu Reeves, Halle Berry, Laurence Fishburne, Ian McShane, Mark Dacascos, Asia Kate Dillon, Lance Reddick, Anjelica Houston

Las reglas de la violencia

Si vis pacem, para bellum.
(Si quieres paz, prepara la guerra).

En el 2014 se estrenó una película sugerente: la protagonizaba un Keanu Reeves que, a pesar de tener entonces 50 años, mantenía esa mística que ha aportado al cine de acción desde Point Break y, por supuesto, la trilogía de Matrix. La dirigía Chad Stahelski, quien precisamente fue el doble de escenas peligrosas (en castellano no tenemos un equivalente satisfactorio para stuntman) de Reeves en Matrix, y que se ponía tras la cámara por primera vez después de una larga carrera como doble de acción. El resultado —la primera John Wick— fue una película con una violencia emocionante y presentada de un modo innovador, que junto con Mad Max: Fury Road dio un giro refrescante al cine de acción, a la par que hacía sonreír con su premisa voluntariamente ridícula: un sicario retirado que monta un órdago cuando su mascota es asesinada.

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La segunda entrega fue en la misma línea, abundando un poco más en el universo narrativo —quizá lo más interesante de la trilogía— que creó el guionista Derek Kolstad, con todo un submundo que rige el crimen y la violencia, bajo las órdenes de la High Table, con hoteles «sacralizados» donde está prohibido «hacer negocios» (matar a otro), personajes arquetípicos que juegan papeles clave en ese mundo (el recepcionista impasible, el rey de los pordioseros, etc) y reglas ineludibles como la del marcador que obliga con una promesa de sangre y otros elementos parecidos, que contienen una ingeniosa mezcla de lo religioso con lo burocrático. A partir del éxito se han empeñado en hacer una nueva saga: la cuarta parte ya está anunciada y quién sabe hasta dónde llegará.

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Quizá la más floja de las tres —con unas dosis de violencia que le valió la clasificación de solo para adultos—, esta tercera parte comienza en el momento exacto en que terminó la anterior, y es un sin parar de escenas de pelea con la excusa narrativa de que el personaje ha quedado «excomunicado»: las reglas no valen para él, hay una recompensa por matarlo y nadie puede ayudarlo. Al tratarse de John Wick, como se dice en la película, las posibilidades de que sobreviva son a partes iguales… Además del regusto violento para quienes disfrutan ese tipo de cine, su ingrediente clave es apelar a una serie de reglas —tan propias de los juegos de niños y que, por tanto, nos devuelven a la infancia de alguna manera— que tienen consecuencias, como se dice continuamente en la película, y por encima de las cuales no puede haber nadie. Una bonita simplificación que nos distrae de una realidad actual que ya nos gustaría que respetara las reglas.

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(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN y GUION Jordan Peele
FOTOGRAFÍA Mike Gioulakis
MÚSICA Michael Abels
REPARTO Lupita Nyong’o, Winston Duke, Shahadi Wright Joseph, Evan Alex, Elisabeth Moss, Tim Heidecker

Atados

Voy a enviarles una calamidad de la que no podrán escapar.
Por más que griten pidiéndome auxilio, no los escucharé.
Yo, el Señor, lo afirmo.
Jeremías 11, 11

Tras pasar de ser un comediante inmortalizado en un meme al primer afroamericano ganador del Oscar a Mejor guion original (además de nominado a Mejor director y Mejor película) por su excelente ópera prima Get Out, Jordan Peele tenía encima los ojos del mundo en espera de un cine original. Ahora entrega un nuevo filme de suspenso-terror también escrito y dirigido por él, sobre una mujer afroamericana y su familia que son el centro de una persecución de doppelgängers: físicamente idénticos así como malvados y afásicos.

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A pesar del buen manejo del suspense y destacadas actuaciones —cada actor interpreta a su personaje y a su respectivo alter ego perverso— destacando la protagonista Lupita Nyong’o, así como una excelente e intrigante musicalización de Michael Abels, la original premisa se antoja demasiado simple para desarrollar todo un largometraje. Así, se enfanga un poco en el clímax con una dosis excesiva de información final que intenta explicar todo lo ocurrido, amén del efectivo plot twist final que resulta un cierre satisfactorio.

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No logra ser tan redonda como Get Out, y a pesar de la rica simbología como los atuendos rojos, la referencia al movimiento ochentero de Hands Across America o las tijeras con que atacan los sosias —alegoría de dos partes idénticas necesariamente unidas—, la pretendida metáfora de Nosotros es un poco forzada, en referencia a las diferencias sociales en Estados Unidos, donde unos gozan de muchos privilegios y otros viven a costa de ellos (de ahí que el título original Us pueda leerse también com US, es decir, United States, y que al ser cuestionados los dobles sobre quiénes son respondan: «we are Americans»). Un filme interesante en la línea de mezclar el suspense con cierta comedia en un fin de semana de un protagonista afroamericano, que busca así repetir la fórmula de Get Out sin alcanzarla del todo.

Avengers: Endgame

(2019) Estados Unidos
DIRECCIÓN Anthony Russo y Joe Russo
GUION Christopher Markus y Stephen McFeely
FOTOGRAFÍA Trent Opaloch
MÚSICA Alan Silvestri
REPARTO Josh Brolin, Robert Downey Jr., Chris Evans, Chris Hemsworth, Mark Ruffalo, Scarlett Johansson, Jeremy Renner, Paul Rudd, Brie Larson, Karen Gillan, Don Cheadle, Rene Russo, Tilda Swinton, Benedict Cumberbatch, Chris Pratt, Bradley Cooper, Vin Diesel, Zoe Saldana, Pom Klementieff, Dave Bautista, Tom Hiddleston, Tom Holland, Chadwick Boseman, Danai Gurira, Elizabeth Olsen, Sebastian Stan, Anthony Mackie, Jon Favreau

Punto y aparte

La esperadísima continuación de Avengers: Infinity War —que dejara a sus súperprotagonistas hundidos en el dolor de la pérdida de media humanidad tras un chasquido del villano Thanos— ha logrado no solo superar el récord de taquilla de primer fin de semana de su antecesora, superando los mil doscientos millones de dólares, sino lo que era más importante: cumplir con las expectativas de los innumerables espectadores, fans o no, que aguardaron un año para ver lo que parece ser un cierre de una narrativa que empezó hace once años con la primera película de Iron-Man.

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Ya se sabe que estas películas no pretenden una autonomía narrativa, sino que están vinculadas entre sí. Esta no es la excepción y hay que haber visto, naturalmente, Infinity War y poco se entenderá si no se conoce la historia general de sus protagonistas, que se ha vertido en 22 películas a lo largo de estos años. El filme logra emocionar por sus bien logradas dosis de acción, su tono épico, momentos puntuales de comedia (aunque menos que en Infinity War) y el desarrollo de cada uno de los personajes principales, así como la oportuna inclusión de los no tan principales.

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En ese sentido, el de Tony Stark/Iron-Man, auténtico protagonista de esta entrega, es un gran cierre; al Capitán América se le recupera con mucha fuerza (lo que no sucedía en Infinity War); Hawkeye reaparece con un conflicto interno demoledor (esa brutal secuencia de apertura) y Black Widow alcanza por primera vez una relevancia digna de un personaje fundador. Mucho menos afortunada es la presentación de Hulk, quien pierde su esencia de Dr. Jekyll/Mr. Hyde para brindar un personaje tan soso como funcional, y por supuesto de Thor, a quien Taika Waititi había recuperado en su divertida Thor: Ragnarok y que se robó el tercer acto de Infinity War y que aquí es convertido en un chiste que dura demasiado, con su barriga y su actitud derrotista, si bien es una evolución coherente del personaje y da pie a un encuentro madre-hijo que es de lo mejor de la película.

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La trama acude —como era de esperar— al viaje en el tiempo aunque esquivando el problema de las paradojas, y consta de un primer acto oscuro, más bien lento y algo desconcertante; un segundo acto entretenido que de paso revisita momentos clave de estas películas a modo de despedida; y un tercer acto épico y lleno de emoción. De esta forma, tiene un buen ritmo in crescendo que consigue su impactante final con todo y epílogo lacrimógeno. Naturalmente no es el punto final del llamado universo cinematográfico de Marvel, pero sí una justa despedida al puñado de personajes que empezaron con él: sus sucesores están ya lo suficientemente impulsados con la apuesta de que duren más que el gusto de la audiencia por el cine de superhéroes, lo que parece que aún será un rato más.