I’m Thinking of Ending Things

(2020) EE.UU.
DIRECCIÓN Charlie Kaufman
GUION Charlie Kaufman basado en la novela de Iain Reid
FOTOGRAFÍA Lukasz Zal
MÚSICA Jay Wadley
REPARTO Jessie Buckley, Jesse Plemons, Toni Collette, David Thewlis, Guy Boyd, Abby Quinn, Hadley Robinson, Gus Birney, Colby Minifie

Nieve con sabor original

Quien busque algo distinto en el cine, sabe que siempre puede encontrarlo en el trabajo de Charlie Kaufman. Sin duda genio —para muchos incomprendido— el guionista y director (en ese orden) estadounidense ha tenido más o menos éxito, pero nunca deja indiferente. Ya sea en colaboración con los directores Spike Jonze (Being John Malkovich, Adaptation.) o Michel Gondry (Eternal Sunshine of the Spotless Mind, por la que ganó el Óscar), o dirigiendo él, como hizo en la genial Synecdoche, New York y —tras varios años de desaparición y bloqueo creativo— en la muy flojita Anomalisa, una incursión en la animación que dejó mucho que desear. Ahora retoma fuelle y auspiciado por Netflix adapta una compleja novela reciente creando un película muy fuera de lo común.

Nieva. Una mujer viaja con su novio al campo para conocer a los padres de él. Sin embargo, no está muy segura del futuro de esa relación. “I’m thinking of ending things”, repite su voz en off continuamente. “Pienso terminar con esto”. Esa es la premisa y poco más hay que decir de la historia. Solo que todo se va a desenvolver del modo menos pensado, no porque haya un giro inesperado de trama, sino porque Kaufman rompe todas las convenciones del audiovisual: de raccord, de estructura dramática, de desarrollo de los personajes, de lógica narrativa (de lógica en general). Y eso es lo que hace que esta película sea una gran experiencia, pero sí hay que ir advertido de ver algo muy extraño. Por supuesto que tiene un sentido; quien conozca la novela lo sabrá, o quien sea perspicaz con las escenas paralelas de un viejo conserje de un colegio que se van insertando.

Lo mejor es que el filme de Kaufman no se queda en un experimento pretencioso y aburrido, sino que está lleno de tensión dramática (reforzada musicalmente), con imágenes de mucha belleza —la fotografía está a cargo del polaco Lukasz Zal, director de fotografía nada menos que de Ida y de Cold War, esas maravillas de Pawel Pawilokski por las que fue nominado al Óscar (seguramente le debemos a él la relación de aspecto 4:3 de esta película)—, pero también mucho humor así como un rico despliegue de intertextualidades: el musical Oklahoma; la película A Woman Under the Influence de Cassavetes, y también A Beautiful Mind; un crédito loco de Robert Zemeckis; los ensayos de David Foster Wallace y de Guy Debord; la poesía de William Wordsworth o un demoledor poema de Eva H.D., amiga de Kaufman. Por decir solo algunas.

Y quienes más sostienen este juego con Kaufman —este baile, podríamos decir, y no solo por los preciosos cinco minutos de ballet clásico que incluye— son desde luego los actores. Este es el despegue definitivo de Jessie Buckley, a quien habíamos visto en un papel secundario en la mini-serie Chernobyl de HBO, y quien lleva al espectador de la mano a este absurdo viaje. Jesse Plemons es ideal para interpretar a su novio, gris, irritante, aburrido y a la vez enigmático. Pero los que se llevan las palmas son dos grandes: Toni Collette y David Thewlis como los papás del novio. Dan risa y miedo a un mismo tiempo. En fin, sin ser una obra maestra se trata de una película audaz, interesante, cautivante aunque para gustos específicos. Y desde luego, en estos tiempos se agradece mucho la originalidad.

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