Oppenheimer

El castigo de Prometeo

El parteaguas del siglo XX fue la invención de la bomba atómica, que puso término a la Segunda Guerra Mundial pero dio inicio a la Guerra fría, determinando hasta hoy el poder geopolítico. Se le conoce como el «padre de la bomba atómica» al científico estadounidense J. Robert Oppenheimer, un auténtico genio, pasional y de fuertes ideas políticas, así como una mente privilegiada que se codeaba con Einstein y cuya reputación cayó en desgracia en los años 50 por rencores políticos. Su interesante vida, tan ligada a los avatares del siglo pasado, es ahora llevada a la pantalla por el cineasta Christopher Nolan en una película narrativa ambiciosa y técnicamente prodigiosa que marcará época.

A partir de la biografía de Oppenheimer American Prometheus, ganadora del Premio Pulitzer, Nolan escribe un guion tan interesante como denso. Fiel a su estilo de juegos narrativos, marca desde el inicio un montaje paralelo (en color y blanco-y-negro respectivamente, como hiciera en Memento) que más que una cronología doble señala dos puntos de vista (el de Oppenheimer —incluso escrito en el guion en primera persona— y el del político y ex presidente de la Comisión de Energía Atómica de los Estados Unidos, Lewis Strauss, figura clave en la vida del científico después de la bomba) que se titulan significativamente «Fisión» y «Fusión». Finalmente es una biopic, y aunque bien contada, Nolan no quiso o no supo acotar la cantidad de personajes aludidos, por lo que exige al espectador buena atención y buena memoria.

Es meritorio que una película de esta temática, que transcurre en su mayor parte en oficinas de gobierno, aulas universitarias y laboratorios, y que está sostenida sobre todo por los diálogos (por cierto, muy buenos) sea técnicamente relevante. Pero lo es y mucho. Tanto así que ha sido el principal atractivo de la película. Nolan —un radical del celuloide que se niega a filmar en digital y que duda en llamar «cine» a lo que no se proyecte en una sala, hasta el punto de estrenar Tenet en salas y no en streaming en plena pandemia— filmó esta película en celuloide y con cámaras IMAX. Se precia de no haber recurrido a imágenes digitales (CGI) por lo que, para filmar la explosión de Trinity (la bomba atómica de prueba que estallaron en el desierto de Nuevo México), generó una bomba real (aunque no atómica como llegó a especularse ingenuamente). El sonido hace otro tanto, y Nolan asocia los estallidos y vibraciones no sólo a la bomba sino a las trepidaciones internas de su protagonista. La poderosa música del oscarizado sueco Ludwig Göransson —a quien Nolan acudió para Tenet y Oppenheimer puesto que Hans Zimmer está embarcado en las películas de Dune— completa el efecto.

El reparto está lleno de estrellas, algunos de ellos con apariciones muy breves pero significativas. Si bien Cillian Murphy es uno de los actores recurrentes de Nolan, su cima es esta interpretación de Oppenheimer que bien valdría un Oscar, aunque el personaje está dentro del espectro del tipo de personajes que Murphy ha interpretado. Más notoria es la transformación de Robert Downey Jr. en el político Lewis Strauss. El colérico General Groves que interpreta Matt Damon ofrece contrapeso al flemático Oppenheimer. Por la trama es un reparto principalmente masculino, con las excepciones de Florence Pugh y Emily Blunt que interpretan a las dos sucesivas esposas del protagonista. Esta última va tomando fuerza en la película hasta convertirse en uno de sus puntos más fuertes.

Eso sí, ni esperar algo de humor, ni momentos de acción como Nolan ha sabido hacer en otras de sus películas, puesto que aquí la trama no los incluye. Lo que sí incluyó ahora y que no había antes en su cine son escenas sexuales, hasta el punto de que el personaje de Florence Pugh tiene más tiempo desnuda que vestida en pantalla. Aunque consigue una sorpresa en la trama hacia el final, quizá Nolan se apegó demasiado al libro, con un guion poco reposado en tiempo —la biografía llegó a sus manos apenas en el rodaje de Tenet— y se enreda demasiado en las intrigas políticas de sus personajes, cuando bastaba el gran drama de su protagonista: ser el inventor de un prodigio científico que se convierte en un instrumento de muerte. En ese sentido, los remordimientos del protagonista presentados en espeluznantes metáforas cinematográficas son de lo más potente. Una historia real en cuyas consecuencias aún vivimos, pero de profunda raíz, hasta el punto de ser comparable al mito: fue Prometeo quien llevó el fuego a los hombres, dándoles también con ello el poder de destruirse.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Christopher Nolan
GUION Christopher Nolan basado en el libro de Kai Bird y Martin Sherwin
FOTOGRAFÍA Hoyte Van Hoytema
MÚSICA Ludwig Göransson
REPARTO Cillian Murphy, Robert Downey Jr., Emily Blunt, Matt Damon, Florence Pugh, Josh Hartnett, Kenneth Branagh, Jason Clarke, Alden Ehrenreich, Tom Conti, Benny Safdie, David Krumholtz, Cassey Affleck, Rami Malek, Alex Wolff, Gary Oldman

Barbie

Manifiesto rosa

En 1994, Disney pidió a Mattel incluir a la icónica muñeca Barbie (inventada en 1959) en su próxima película Toy Story. La empresa se negó argumentando que su estrella no participaría en un dudoso proyecto de animación experimental. Naturalmente, después del éxito de la película se arrepintieron, y Barbie fue incluida en Toy Story 2, seguida por su novio Ken en Toy Story 3. Ahora es la propia empresa Mattel la que financia una película sobre su muñeca, en live action y dirigida por Greta Gerwig, una de las directoras indie más exitosas en los últimos años por Lady Bird y la nueva versión de Mujercitas. Así, claramente no se venía una película infantil, pero tampoco podía ser una crítica ácida de lo que esta muñeca ha representado porque, después de todo, son sus fabricantes quienes la financian. El resultado, sin llegar a ser una obra maestra de la postmodernidad como algunos esperaban, es narrativamente inteligente, algo propagandístico, pero sobre todo divertido.

En Barbieland, las Barbies viven felices y «realizadas»: ellas gobiernan, son las figuras de referencia y son perfectamente felices sin los Ken, los hombres, todos superficiales y dependientes emocionalmente de ellas. Hay Barbies de todos los aspectos y colores de piel, y desempeñan distintas funciones: presidente, médicos, escritoras, periodistas, etc. Viven convencidas de que el mundo real funciona así igualmente, gracias al buen influjo que ellas han tenido como las muñecas de referencia en él. Cuando la Barbie protagonista empieza a tener una crisis existencial, deberá viajar al mundo real donde descubrirá que las cosas no son precisamente como en Barbieland.

Gerwig escribió el guion junto con su esposo Noah Baumbach (alguna vez co-guionista de Wes Anderson y a su vez guionista y director de joyas como Historia de un matrimonio o Ruido de fondo). Claramente es una película donde el mensaje va por delante, y eso siempre es riesgoso. Y el mensaje no es otro que el del empoderamiento femenino, entendido en clave contemporánea, con una clara guerra entre los sexos. En su tono recuerda a Promising Young Woman de Emmerald Fennell —quien por cierto sale también en Barbie, como Midge, la muñeca embarazada descontinuada, ojo a ese dato— en cuanto que es una comedia oscura, que desde un personaje femenino busca una reivindicación contra los hombres. Su trama, en cambio, la emparenta más con The Lego Movie, por aquello del juguete que llega al mundo real —algo bien resuelto en la película, medio explicado y medio obviado por el tono satírico que maneja— y por su tipo de humor, con Will Ferrell incluido. Sin embargo, mientras aquella película triunfaba al dar prioridad a los problemas del mundo real y no al de los juguetes, en Barbie se apuesta por la protagonista (que finalmente es una muñeca, no lo olvidemos) y no por el personaje de la madre que interpreta America Ferrera, a pesar de que el guion le da un discurso muy elocuente sobre el papel de la mujer en nuestra sociedad.

Una vez entendido su juego, la película se disfruta pues es una genialidad estética —la fotografía del mexicano Rodrigo Prieto y el diseño de producción de Sarah Greenwood, seguramente oscarizado, y sus respectivos equipos han marcado una tendencia que el marketing de la película aprovechó de un modo que será la envidia de la industria cinematográfica por años—, con música energizante y pegajosa, y momentos divertidos. El mensaje, en cambio, es poco sutil aunque no por eso menos cierto, con críticas acertadas en cuanto a las relaciones entre hombre y mujer y la estructura del «patriarcado».

Menos logrado es el arco de la propia Barbie —incierta de lo que está llamada a ser, pues finalmente es la «Barbie estereotípica»— y así curiosamente termina teniendo mayor dimensión Ken, confundido entre su potencial recién descubierto y su necesidad de identidad propia, además de que el guion le entrega el tercer acto en bandeja, con batallas campales y números musicales incluidos. Por cierto, que se da por sentado, pero la pareja de Margot Robbie y Ryan Gosling están «que ni mandados a hacer» para interpretar a estos muñecos, construidos desde los arquetipos de belleza en Occidente por lo que, gracias a la película de Barbie, siguen ahí.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Greta Gerwig
GUION Greta Gerwig & Noah Baumbach
FOTOGRAFÍA Rodrigo Prieto
MÚSICA Mark Ronson y Andrew Wyatt
REPARTO Margot Robbie, Ryan Gosling, America Ferrera, Kate McKinnon, Issa Rae, Alexandra Shipp, Emma Mackey, Hari Nef, Emmerald Fennell, Sharon Rooney, Simu Liu, Michael Cera, Will Ferrell

Misión: Imposible – Sentencia Mortal Parte 1

Contra la inteligencia artificial

La séptima película de la franquicia de Misión: Imposible es hasta ahora la más cara —sufrió las dificultades de la pandemia en su filmación— y la más larga, siendo además apenas la primera parte del gran final que, en teoría, dará fin a la franquicia y al personaje de Ethan Hunt, quizá el más conocido del ya sexagenario Tom Cruise. La película es una montaña rusa de adrenalina y esta vez el villano a vencer es, por supuesto, la inteligencia artificial que amenaza con dominar el mundo.

Así, la película busca ser muy actual presentando a este enemigo omnipresente, que con algoritmos puede predecir el futuro y que determinará “lo que es verdad y lo que es mentira, lo que es bueno y lo que es malo”. El guion astutamente hace concreta una amenaza tan inasible a través de una misteriosa llave que puede destruir o dominar a esa “entidad” —un clásico macguffin, que por algún motivo tiene la forma de un crucifijo: uno de varios elementos icónicos cristianos que tiene la película, por cierto— y a través de los maleantes de carne y hueso que trabajan para la entidad. Y vaya que eligió bien, pues esos maleantes son Gabriel (Esai Morales), responsable de la muerte de uno de los amores de Hunt en su oscuro pasado, y Paris (Pom Klementieff), habilidosa y un poco loca, dispuesta a destruir las calles de Roma con un coche-tanque.

Co-escribe y dirige Christopher McQuarrie, el legendario guionista oscarizado por The Usual Suspects (1995) y con quien el productor y protagonista Tom Cruise se entiende muy bien: McQuarrie ha co-escrito y dirigido las últimas tres entregas de la franquicia y está apuntado para la siguiente y última. Su sentido del ritmo y de la acción mantiene al espectador al borde del asiento, sin descuidar el toque de amor y de romance, a la James Bond, esta vez con el personaje interpretado por Hayley Atwell (la Peggy Carter del MCU), una ladrona a la que la trama termina poniendo del lado de Hunt y su equipo. Repiten también los otros personajes femeninos de las últimas películas, Ilsa (Rebecca Ferguson) y la “Viuda Blanca” (Vanessa Kirby), así como los incansables colegas de Hunt, el divertido y nervioso Benji (Simon Pegg) y el sabio y tranquilo Luther (Ving Rhames): el único que, junto con Tom Cruise, ha estado en todas las entregas de Misión: Imposible.

Con cierto sabor de cierre, la película está llena de referencias a la primera entrega, la del lejano 1996 (aunque Tom Cruise siga viéndose casi igual). Así, nuevamente hacerse pasar por otro con sofisticadas máscaras vuelve a ser un truco central en la trama, y reaparece el personaje de Kittridge (Henry Czerny), entre otras muchas referencias. Siendo solo una primera parte, la cinta tardar en empezar (el inicio es flojo, con los títulos de crédito entrando hasta casi transcurrida media hora) y se toma su tiempo, aunque no aburre en ningún momento. Entre las muchas secuencias de acción, famosamente grabadas por el propio Cruise, no podía faltar una proeza disparatada, en este caso saltar con una motocicleta por un precipicio. En general, toda la secuencia del tren en el tercer acto es de lo mejor que se ha visto en el cine de acción últimamente. Llena de clichés, pero usándolos conscientemente, Tom Cruise y su equipo cumplieron su misión —y una de las misiones fundamentales del cine— una vez más: entretener y emocionar a una audiencia.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Christopher McQuarrie
GUION Christopher McQuarrie y Erik Jendresen
FOTOGRAFÍA Fraser Taggart
MÚSICA Lorne Balfe
REPARTO Tom Cruise, Hayley Atwell, Esai Morales, Henry Czerny, Rebecca Ferguson, Vanessa Kirby, Pom Klementieff, Ving Rhames, Simon Pegg, Shea Whigham, Greg Tarzan Davis, Cary Elwes