Pobres criaturas

La buena salvaje

Para este siguiente truco, el sugerente director griego Yorgos Lanthimos (La langosta, La favorita) entrega una adaptación muy suya de la novela homónima. Situada en la Inglaterra victoriana, es la historia de Bella Baxter (Emma Stone), una mujer devuelta a la vida con un cerebro nuevo, como un experimento y creación del Dr Godwin Baxter (Willem Dafoe). Rápidamente Bella vivirá distintas etapas de su desarrollo, primero aprendiendo a hablar en un entorno seguro junto a su creador, para después tener un despertar sexual y una aventura con el vividor Duncan Wedderburn (Mark Ruffalo) que la llevará a viajar por el mundo y descubrir el dolor, la filosofía y su propia libertad.

Juego de intertextos y heredera del expresionismo alemán, la primera parte parece sacada directamente de El gabinete del Dr Caligari (1920). Por supuesto subyace en esta historia el mito de Frankenstein, si bien con una impronta feminista muy relevante hoy. Así, la esencia de la historia es la misma que la de su coetánea Barbie, la de la mujer creada artificialmente cuya inocencia radical chocará con el mundo machista que descubre. En el despertar de Bella, tiene gran protagonismo el aspecto sexual (tanto en la trama como en la pantalla), hasta el punto de que la cumbre de su liberación es su etapa en un prostíbulo parisino, que la película muestra con todo tipo de detalles grotescos.

Estéticamente es quizá la película más original del director y lo que la hace única. Envuelta en una ambientación onírica (fue toda grabada en sets creados especialmente), son una delicia tanto los ambientes en blanco y negro de la primera parte, filmados con lentes que generan un llamativo efecto de ojo de pez, como los coloridos ambientes externos de los viajes de Bella, que parecen sacados de cuadros de Salvador Dalí. De esta forma el pacto es casi como el de un cuento de hadas, con personajes caricaturescos (el rostro deforme de Godwin Baxter, con un ideal Willem Dafoe, o la patética excentricidad del vividor encarnado por un desinhibido Mark Ruffalo). Desde luego, el espectáculo es de Emma Stone, también productora de la cinta, que se salta todo límite para interpretar a una Bella absolutamente «libre». La extrañísimamente hermosa música de Jerskin Fendrix completa el esplendor estético de la película.

Caricatura de humor negro al fin, el planteamiento filosófico está muy presente. El creador de Bella es Godwin Baxter, llamado en la película simplemente God, Dios. Dios creador que dio la vida y «el libre albedrío» a su criatura. Bella primero se desposa con el inocente ayudante del doctor (Ramy Youssef), pero pronto sus deseos de aventura la llevan a los brazos del vividor de quien se volverá tormento con su autenticidad descarnada. Nuevos amigos la invitarán a leer filosofía, y a descubrir el planteamiento existencialista o la propuesta socialista. En fin, no puede renunciar a su origen que la sigue llamando y del que intentará apropiarse. Porque sí, es libre, pero finalmente es creada, criatura, pobre criatura.

Jerrod Carmichael and Emma Stone in POOR THINGS. Photo Courtesy of Searchlight Pictures. © 2023 Searchlight Pictures All Rights Reserved.

(2023) Irlanda
DIRECCIÓN Yorgos Lanthimos
GUION Tony McNamara a partir de la novela de Alasdair Gray
FOTOGRAFÍA Robbie Ryan
MÚSICA Jerskin Fendrix
REPARTO Emma Stone, Willem Dafoe, Mark Ruffalo, Ramy Youssef, Kathryn Hunter, Vicki Pepperdine, Christopher Abbott, Jerrod Carmichael, Suzy Bemba, Margaret Qualley

La sociedad de la nieve

Cuando lo heroico es vivir

«No hay amistad sino entre los hombres buenos»
Cicerón

Hay historias reales, hay historias que necesitamos, y hay algunas que son ambas. Ésta es bien conocida. El 13 de octubre de 1972, un vuelo chárter operado por la Fuerza Aérea Uruguaya llevaba de Montevideo a Santiago de Chile a un equipo de jóvenes jugadores de rugby y a algunos de sus familiares y amigos. Iban con idea de un viaje breve, de fin de semana para jugar un partido. El vuelo es corto también, de apenas 2 horas, pero hay que cruzar por encima de la cordillera de los Andes. Y fue ahí donde el aeroplano no consiguió sortear uno de los picos y se estrelló. De los 45 pasajeros, varios murieron en el impacto, y otros lo harían a lo largo de los más de dos meses (72 días) que transcurrieron hasta que fueron rescatados. 16 de ellos sobrevivieron, una noticia que dio la vuelta al mundo y que ha generado varias conferencias, libros y películas, como ésta.

La película es buena, sí, e inspiradora, pero también es durísima, brutal. Si bien el mensaje global es de compañerismo y la lucha por sobrevivir, los detalles son terribles y la película, sin ser grotesca ni explotarlos, tampoco los omite, al contrario, los recrea a detalle, como los efectos fisiológicos de vivir en esas circunstancias. Y en ese sentido, el dilema más fuerte es el del canibalismo respecto de los muertos: el único modo de sobrevivir. La secuencia del choque también es tremenda, no apta para públicos demasiado sensibles. Así, muchos detalles la separan de la versión más famosa hasta hoy, la producción estadounidense ¡Viven! (Frank Marshall, 1993), protagonizada por Ethan Hawke. Aquella película popularizó la historia y se convirtió en un clásico, hablada originalmente en inglés, con actores conocidos y un tratamiento del tema más enfocado en lo heroico que en muchos detalles reales más duros de ver. En ese sentido, esta versión se siente mucho más real: los actores son uruguayos, ninguno de ellos especialmente conocido hasta ahora.

Sin embargo, esta película no es menos universal, al contrario. No sólo porque es una historia de supervivencia a la que es imposible no reaccionar, sino por la producción en sí misma: dirige el director español afincado en Hollywood, J. A. Bayona (El orfanato, Lo imposible, Jurassic World) y la música es nada menos que de Michael Giacchino (Up, Coco, The Batman, etc). Se cuidó con todo detalle la recreación de la época y de los propios hechos. Es impresionante la comparación con algunas fotos reales, que la película reproduce explícitamente. Se nota la mucha investigación que hay detrás. Un detalle es que hay rótulos que van haciendo un recuento de todos los fallecidos (nombre y edad), de forma que estamos ante un documento de los hechos, si bien recreado en ficción. Hacen apariciones algunos de los supervivientes reales, el más notorio es el de Carlos Páez que interpreta a su propio padre en la película y que comunica por teléfono los nombres de los supervivientes encontrados.

Con todo, la decisión más acertada de la película es tomar el punto de vista del personaje de Numa Turcatti, interpretado por Enzo Vogrincic (cuyo parecido físico con Adam Driver las redes no han dejado pasar). Decisión arriesgada, por el desenlace de ese personaje (aparentemente tendría más sentido que el protagonista fuera Nando Parrado, como en ¡Viven!), pero que permite enfocar el relato desde la amistad, la fe y la serenidad de este joven, que ni siquiera era parte del equipo de rugby (era amigo de uno de ellos, y viajó con otro de sus amigos) y casi no conocía a ninguno de los otros pasajeros. La edad y entereza de los jóvenes, así como su valía humana —qué duda cabe— les permitió transformar una situación desesperante y que pudo terminar sólo en confrontación, en una convivencia real (una sociedad, como dice el título un poco pretencioso) y sobre todo en una historia de amistad y supervivencia. «Tu Dios me dice lo que tengo que hacer en mi casa —dice un desesperado y equivocado Arturo, uno de los personajes— pero no me dice lo que tengo que hacer en la montaña». Vaya que su Dios preparó a Numa en su casa —la primera aparición del personaje es asistiendo a Misa— para la montaña.

(2023) España, EUA
DIRECCIÓN J.A. Bayona
GUION J.A. Bayona, Bernat Vilaplana, Jaime Marques-Olarreaga y Nicolás Casariego a partir de la novela de Pablo Vierci
FOTOGRAFÍA Pedro Luque
MÚSICA Michael Giacchino
REPARTO Enzo Vogrincic, Agustín Pardella, Matías Recalt, Esteban Bigliardi, Diego Vegezzi, Fernando Contingiani, Esteban Kukuriczka

Anatomía de una caída

Sangre en la nieve

Un matrimonio de escritores —alemana y francés— viven en una cabaña rodeada de nieve en Francia. Su único hijo tiene una discapacidad visual casi total a raíz de un accidente años antes. A los pocos minutos de iniciada la película, el niño encuentra el cadáver del padre, frente a la casa y al pie de la ventana del ático. Nadie más que el fallecido y su mujer se encontraban en la casa en el momento de la caída, por lo que la policía empieza una investigación.

Brillante película ganadora de la Palma de Oro, el máximo premio en el Festival de Cannes. Fría como el entorno en que se ubica, cuenta objetivamente una investigación y un juicio. Nada más y nada menos. Hábilmente no se da al espectador más información que la del propio proceso, sin flashbacks adicionales que expliquen lo sucedido. De hecho, va jugando con el espectador, quien va sacando sus propias conclusiones y se ve forzado a cambiar de opinión continuamente. 

Se nota la experiencia y buena mano de la directora francesa Justine Triet, en un guion envolvente escrito en mancuerna con el también actor Arthur Harari, con quien ya había trabajado previamente. La película ha sido multipremiada, sobre todo en Europa, y ciertamente es un cine más “europeo”, lejos del efectismo hollywoodense. Así, por ejemplo, no hay música que acompañe las emociones —sólo una contrapuntística versión instrumental de P.I.M.P. de 50 Cent y Snoop Dog, extraña elección que tiene un papel dentro de la historia, y que es más una agresión que un acompañamiento.

Mucho recae en las actuaciones, sobre todo en la de la protagonista, la alemana Sandra Hüller, en su mejor año, pues está siendo muy premiada la otra película que protagoniza, la alemana Zona de Interés. El aplomo y la ambigüedad de su actuación es totalmente clave para que funcione el planteamiento de la película. Además, cada personaje se siente enteramente real, incluso los que intervienen poco en este drama al que no sabes cómo reaccionar. En fin, ésta es una película atrapante, con mucho que exprimir sobre los roles matrimoniales, la inmigración intraeuropea, el oficio del escritor, el trabajo forense o el sistema penal francés, por decir algo. Como el buen cine, no salta a conclusiones. Lástima que no vaya a optar al Óscar —se dice que Francia decidió enviar otra película por el papel crítico de la directora con el gobierno.

(2023) Francia
DIRECCIÓN Justine Triet
GUION Justine Triet & Arthur Harari
FOTOGRAFÍA Simon Beaufils
REPARTO Sandra Hüller, Swann Arlaud, Milo Machado Graner, Antoine Reinartz, Samuel Theis, Jehnny Beth, Saadia Bentaïeb, Camille Rutherford, Anne Rotger.

Vidas pasadas

El sueño milenial

La protagonista de esta historia nació en Corea del Sur y emigró a Estados Unidos siendo niña, junto con su familia, siguiendo el sueño americano (o la versión de este después del 11-S y con ciertos recursos). En Corea dejó a un amigo de la infancia, su amor platónico adolescente. Pasan unos 12 años y se encuentran por internet (la nostalgia del viejo Facebook y del Skype, antes de la era del Zoom) mientras ambos están en la universidad, imposibilitados a viajar para convivir de nuevo. Pasan otros tantos años y finalmente él viaja a Nueva York, donde ella ya hizo su vida y está casada…

Esto que podría ser una entrega de las películas de Before Sunrise de Richard Linklater, es la ópera prima de Celine Song, dramaturga que incursiona en el cine con una película de claros tintes autobiográficos, auspiciada por la productora A24, símbolo ya de calidad en el cine independiente. Se trata de una trama sencilla sin grandes giros, sostenida en los tres personajes principales. La protagonista Greta Lee interpreta un rol que le permite dar un paso gigante en su carrera, hasta ahora más vinculada a roles secundarios de comedia en la pantalla chica, y que le ha valido ya varios premios y nominaciones. Teo Yoo, también coreano (y que aparece en la cinta coreana estelar del año, Decision to Leave, un título que podría compartir con esta historia) es su excelente contraparte, el amigo de infancia que se convirtió en un ingeniero adulto. Finalmente John Magaro, con un rostro quizá más familiar al público occidental, es el esposo americano de ella: llamado a ser villano en este triángulo amoroso, como él reconoce, pero que afortunadamente no llega a tal sino que se evita el cliché y he ahí el principal atractivo de esta película.

Delicada y sutil en su modo de plantearlo, desde luego bella en su conematografía, la película muestra el modo de concebir las relaciones hoy entre los ya-no-tan-jóvenes que puede compartir el público snob, occidental —neoyorquino como el de la película— tan cercano a los premios y a la alta crítica fílmica, donde ha gustado mucho esta película. El sueño milenial, como en la celebrada película danesa La peor persona del mundo. Manda lo profesional por encima de un proyecto de familia. Como en La La Land, el final feliz ya no es el de la pareja aparentemente destinada a estar junta, sino el de las decisiones más individualistas, lo que tiene un sabor más real. Eso sí, quizá demasiado idealizado por películas celebradas (si bien merecidamente) como ésta. Menos mal que no es la realidad de la mayoría, aunque sí de muchos de los que hacen el cine hoy.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Celine Song
FOTOGRAFÍA Shabier Kirchner
MÚSICA Christopher Bear & Daniel Rossen
REPARTO Greta Lee, Teo Yoo, John Magaro,