The Lobster

(2015) Reino Unido, Grecia, Francia, Irlanda, Holanda
DIRECCIÓN Yorgos Lanthimos
GUION Yorgos Lanthimos y Efthymis Filippou
FOTOGRAFÍA Thimios Bakatakis
REPARTO Colin Farrell, Rachel Weisz, Léa Seydoux, John C. Reilly, Ben Whishaw, Ariane Labed, Olivia Colman

Bizarra fábula amorosa

El cine del griego Yorgos Lanthimos es único en su originalidad: extravagante, irónico, metafórico al plantear críticas sociales a través de situaciones casi ridículas, y de ordinario bastante perturbador. Con The Lobster, de paso que disminuye el grado de depravación de anteriores obras, sale del panorama estrictamente griego, pues es su primer película hablada en inglés y con un reparto internacional de primera línea. Lo interesante del extraño planteamiento unido a una lograda fotografía y dirección de arte, una banda sonora excelentemente escogida —en su mayoría piezas de música clásica— y el estilo experimental de Lanthimos la convierten, a mi gusto, en una de las mejores películas del año.

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En un futuro no lejano, está prohibido no tener pareja. Quien esté soltero (o viudo), ingresa a un hotel en el que si no encuentra con quién casarse en 45 días es convertido en un animal. Los rebeldes “solitarios”, que se rehusan a tener pareja, viven en una acompañada soltería en medio del bosque y con sus propias reglas: no enamorarse. Y los huéspedes del hotel salen periódicamente de cacería al bosque para cazar solitarios y ganar así más días para encontrar cónyuge antes de ser convertido en bestia. Nuestro protagonista intentará encontrar el verdadero amor antes de ser convertido en el animal de su preferencia, a saber: una langosta.

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Como digo, es el estilo de Lanthimos lo que hace peculiar esta distopía que sonaría a Los juegos del hambre, pues todo lo viste con una seriedad que paradójicamente hace que no nos tomemos en serio el absurdo. Recuerda a Her (2013) de Spike Jonze, por ser un futuro que no parece muy lejano y por la actitud distraída y tristona del desamorado protagonista: Colin Farrell en un papel alejado de los que lo han hecho popular. Como en La montaña mágica de Thomas Mann, en el hotel se crea una curiosa comunidad, educada y llena de reglamentos y costumbres en medio de su drama (con tumbonas al sol incluidas); tiene algo de El resplandor (1980) de Stanley Kubrick, por el estilo del hotel y los momentos bizarros sin explicación y, por último, hace pensar también en el teatro épico de Bertolt Brecht, pues coincide con el Verfremdungseffekt (“efecto de distanciamiento”) de este al hacer que los actores no manifiesten los sentimientos que tienen sus personajes sino que adopten la actitud contraria, impidiendo la empatía y generando la extraña sensación que dificulta “meterse” emocionalmente en la historia.

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Premio del jurado en Cannes y, curiosamente, ganadora del Queer Prize —el premio “gay” del mismo festival— bajo el argumento de que es “una alegoría que se burla de las absurdas reglas sociales y regulaciones alrededor de las relaciones de pareja”. En el fondo, no es más —ni menos— que una radical fábula sobre el amor y cómo la sociedad tantas veces condiciona los sentimientos y pretende regular hasta la intimidad y la vida familiar de las personas. Cualquier parecido con la realidad, es mera coincidencia.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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