Los que se quedan (The Holdovers)

De amicitia

Navidad de 1970. En el exclusivo internado para varones Barton, en Nueva Inglaterra, cada año un profesor es designado para quedarse a cuidar durante las vacaciones navideñas a los estudiantes que se quedan —holdovers, de ahí el título— y este año le ha tocado a Paul Hunham (Paul Giamatti), un amargado profesor de antigüedad clásica odiado por alumnos y colegas por igual. Con él compartirá la Navidad un alumno rebelde con una situación familiar complicada, Angus Tully (Dominic Sessa) y la cocinera afroamericana que recién perdió a su hijo prometedor en Vietnam, Mary Lamb (Da’Vine Joy Randolph).

Desde luego, a esta película le ayuda ir bajo el nombre del director Alexander Payne (Entre copas, Los descendientes, Nebraska) que se ha ganado el privilegio de hacer cine independiente ya siempre premiado. En este caso, trabaja a partir de un guion de David Hemingson quien, con experiencia en televisión (guion y producción) se estrena con un largometraje. Payne quería que fuera una película de 1970 no sólo por la historia sino que se sintiera hecha en esa época, como se nota en los créditos iniciales, los efectos de celuloide (paradójicamente añadidos digitalmente) y hasta el tráiler, por lo que la nostalgia es una de sus cartas fuertes, incluida una acertada selección musical.

La película se la lleva el excelente actor que es Paul Giamatti. Conocido por su gran talento y no por su físico de protagonista de cine estándar, este hombre bajito, calvo y regordete es un excelente actor de comedia y de dramas vitalistas como éste. Aquí se refuerzan sus no atractivos añadiéndole un ojo vago y la constante referencia de que huele mal. Lejos del profesor inspirador a la Robin Williams, su personaje es de un maestro apasionado pero duro y exigente a grados exagerados cuya permanencia vitalicia en el campus parece esconder algo. A él se une el joven debutante Dominic Sessa, que sin experiencia previa convence como el otro protagonista de esta cinta de dos. Da’Vine Joy Randolph añade el toque de diversidad a un guion que sin su personaje hubiera sido demasiado masculino y demasiado blanco para los tiempos que corren. Sin durar mucho (apenas pasa las dos horas), exige paciencia, pues lo mejor viene al final en el tercer acto. Sorprende positivamente no sólo que casi no haya referencias sexuales, sino que el centro de la trama sea una creciente amistad entre dos varones de distinta edad que se muestra desinteresada en todos los sentidos. Una película sencilla, como ya se ven poco, pero que empieza a cosechar su éxito gracias a apelar a la nostalgia y a mostrar, con buenas actuaciones, una historia donde personas rotas aprenden a apoyarse entre sí.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Alexander Payne
GUION David Hemingson
FOTOGRAFÍA Eigil Bryld
MÚSICA Mark Orton
REPARTO Paul Giamatti, Dominic Sessa, Da’Vine Joy Randolph, Carrie Preston, Naheem Garcia, Brady Hepner, Andrew Garman, Stephen Thorne

Napoleón

Despacio que llevo prisa

La vida de Napoleón, el hombre más decisivo de la historia europea del siglo XIX, un genio militar, emperador y conquistador, de entrada es muy atractiva para ser llevada a la gran pantalla. Así lo demostró la obra maestra de Abel Gance en 1927, un prodigio del cine mudo que se proyectaba a tres pantallas para envolver al público en las impresionantes batallas campales. No por nada fue también uno de los grandes proyectos de otro genio del cine, Stanley Kubrick, quien no pudo llevarlo a cabo. Y fue precisamente el esquema de ese proyecto de Kubrick el que Ridley Scott retoma para esta versión de la vida de Napoleón. ¿Y quién mejor que el director de Gladiator (2000) dirigiendo a Joaquin Phoenix, uno de los mejores actores de su generación, para hacer una gran película sobre Napoleón? Esa fue la expectativa, la cual lamentablemente no se cumple en una película sí vistosa pero que deja mucho que desear.

Parte del problema es el propio material de partida, la rica vida de Napoleón. Las biopics tienen ese riesgo, de tener que abarcar una vida en menos de tres horas —está prometido el corte del director, de unas 4 horas, en Apple + próximamente— y hacerlo con una estructura narrativa coherente y atractiva. Había mucho que contar y el guion de David Scarpa no pudo más que dar saltos en el tiempo —es fácil perderse si uno no tiene frescas sus clases de historia— y optó por tomar como hilo conductor la historia de amor entre Napoleón y Josefina. 

Complicado fue el reto también para Joaquin Phoenix, quien finalmente con un Óscar bajo el brazo por su actuación en Joker parecería estar en el mejor momento de su carrera. Pues bien, su interpretación del ambicioso personaje, con afán de parecer cercana, termina por mostrarlo torpe, inútil, impotente, patético. Uno llega a preguntarse cómo alguien así podría haber logrado todo lo que Napoleón hizo. Y otro tanto le sucede a Vanessa Kirby, que interpreta a una Josefina tan poco leal a Napoleón que es imposible sentir empatía por ella y por los dos como pareja.

A partir de ahí todo lo demás es inconexo y deslavazado. La edición no ayuda y hay poca consistencia en todo. Algunos lugares se señalan con rótulos, otros no (este espectador se enteró de que la esperada famosa batalla en Waterloo era tal una vez que ya había terminado). Algunos personajes también tienen rótulo, otros no (hay que ir adivinando). La música a ratos son canciones populares francesas, que no ayudan al tono épico que parecía buscar la película, a ratos es una banda sonora orquestal y luego parece hasta volverse rock ochentero. Incluso la fotografía parece ser de películas distintas, con unos ocres acentuadísimos (por ejemplo, en las escenas en Egipto) que invitan a revisar la corrección de color.

Más allá de la paradoja de ser un inglés que cuenta la historia del militar cuyo mayor enemigo fue Gran Bretaña, no cabe duda de que Ridley Scott es un director que pasará a la historia del cine por películas como Blade RunnerAlien o la propia Gladiator. A sus 87 años, sacó dos películas el año pasado (The Last Duel y House of Gucci) y filmó y editó esta Napoléon a toda velocidad. ¿Tuvo eso su precio? Por supuesto. La película puede ser entretenida y las batallas son espectaculares, eso sí, pero el conjunto queda a deber. Los franceses se indignaron con esta película y con razón.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Ridley Scott
GUION David Scarpa
FOTOGRAFÍA Dariusz Wolski
MÚSICA Martin Phipps
REPARTO Joaquin Phoenix, Vanessa Kirby, Rupert Everett, Tahar Rahim, Edouard Philipponnat, Paul Rhys, Mark Bonnar