Joker

(2019) EE.UU.
DIRECCIÓN Todd Phillips
GUION Todd Phillips y Scott Silver
FOTOGRAFÍA Lawrence Sher
MÚSICA Hildur Guðnadóttir
REPARTO Joaquin Phoenix, Robert DeNiro, Zazie Beetz, Frances Conroy, Brett Cullen

Sonrisa patológica

En un momento cultural en el que los cómics son un referente —como una mitología actual que representa un lugar común a partir del cual se puede experimentar partiendo de la familiaridad de la audiencia con los personajes— es lógico y de agradecer que surjan distintas visiones y versiones sobre las tramas de los superhéroes y supervillanos, con distintos enfoques y tonos. En ese sentido, la aclamada Joker, resulta original al abordar el origen del fascinante archienemigo de Batman desde el pacto de lectura de un estudio de personaje: humana y realista, al presentar a un personaje tan dañado no puede más que ser oscura y muy triste.

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Todd Phillips (director de la trilogía de The Hangover) tuvo completa libertad creativa por parte de DC para hacer esta película. Decidió ubicar a principios de los 80’s y sin ninguna relación con el resto del universo de DC Comics la trama de cómo Arthur Fleck —un hombre enfermo con aspiraciones de comediante y duramente tratado por la sociedad— pasa a convertirse en el famoso Joker. Los referentes no son tanto los propios cómics sino el cine violento y urbano de los 70’s, especialmente Taxi Driver (Scorsese, 1976) y The King of Comedy (Scorsese, 1982), pero también One Flew Over the Cuckoo’s Nest (Milos Forman, 1975) o Dog Day Afternoon (Sidney Lumet, 1975). La ausencia de efectos especiales, la cuidada fotografía y la envolvente musicalización donde predominan las cuerdas de la islandesa Hildur Guðnadóttir —a la que se suman canciones de Frank Sinatra o Fred Astaire— contribuyen a esta estética.

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Si bien todos esos elementos están cuidados, las virtudes de la película reposan sobre todo en la impresionante actuación de Joaquin Phoenix, quien parece esta vez sí asegurar el Oscar al que ya ha sido nominado tres veces. Una interpretación antológica, incluyendo transformación física (el actor adelgazó más de 20 kilos para el papel) y una explotación de registros desde la risa incontrolable y dolorosa hasta el baile liberador. La focalización interna fija en el protagonista permite varios juegos interpretativos aunque la narrativa, por lo demás, es más bien expositiva sin mayores apuestas que la hacen, si bien una película notable, no una obra maestra que no resaltaría tanto si no fuera por ser un giro al cine de superhéroes.

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Dura, desesperanzada y desoladora, la violencia que presenta —objetivamente menor a la de otras películas de corte similar— afecta especialmente al no ser expresión de justicia, ni venganza, ni ascenso, ni nada. Joker es terrible porque puede ser real —de ahí la controversia que ha suscitado, sobre todo en Estados Unidos— y el significado del que la ficción es capaz de dotar a los actos más violentos aquí parece ausente ante las acciones de un ser humano muy dañado y, aunque quizá no del todo culpable, profundamente equivocado. Una advertencia, sí, sobre los seres que crea la cultura del descarte y el contagio mimético en el que puede caer parte de una sociedad cuando se ve envalentonada por la anarquía de un loco.

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