Hasta el último hombre

(2016) EE.UU.
DIRECCIÓN Mel Gibson
GUION Robert Schenkkan y Andrew Knight
FOTOGRAFÍA Simon Duggan
MÚSICA Rupert Gregson-Williams
REPARTO Andrew Garfield, Vince Vaughn, Hugo Weaving, Sam Worthington, Rachel Griffiths

No matarás

El regreso de Mel Gibson tras la cámara después de diez años no podía ser indiferente. Actor estrella de Hollywood, demostró tener oficio dirigiendo Braveheart en 1995 —lo que le mereciera un Oscar como director, además de mejor película—; conmovió y sacudió con La Pasión de Cristo (2004), a la par de ganarse varias enemistades en la industria que no lo han desetiquetado de antisemita; y presentó un relato crudo y naturalista con Apocalypto (2006). Fiel a sus temas y a su estilo, y recuperando el favor del público con un tema bélico-patriótico, nos trae ahora Hasta el último hombre (Hacksaw Ridge): la historia real de Desmond Doss, el primer soldado objetor de conciencia que recibió la Medalla de Honor por su participación en la batalla del risco Hacksaw de Okinawa en la Segunda Guerra Mundial… sin haber tocado un arma.

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Incapaz de quedarse de brazos cruzados mientras sus compañeros iban a la guerra, y amparado por la Constitución para poder alistarse como médico y no tener que disparar por coherencia con su fe cristiana adventista, Doss es ridiculizado, humillado, presionado y hasta juzgado por no ceder. Pero es su heroísmo el que terminará por imponerse. Para hacer querido a un personaje con valores tan poco contemporáneos, resulta clave la interpretación de Andrew Garfield, que recrea a un joven valiente pero humilde —no se cree mejor que sus compañeros—, algo ingenuo pero firme, ejemplo plástico de cómo un hombre de fe no pretende restar sino siempre sumar, siempre ayudar.

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Precisamente, el gran mérito de Gibson y los guionistas es hacer asequible al gran público una historia en la que unos valores tan radicales —absurdos para muchos personajes de la película, tan absurdos como ir “a la guerra sin fusil”— son mostrados en lo que tienen de positivo. Y es que la empatía con este joven soldado es total. Sus creencias como cristiano de la Iglesia Adventista del Séptimo Día no son mostradas como una fe arbitraria y absurda y mucho menos impuesta, sino algo coherente con lo que ha vivido desde su infancia —esa escena con su hermano de niños o la relación con su padre alcohólico— y con lo que él es: “No sabría vivir conmigo mismo si no fuera fiel a mis creencias”. Y su valor y carisma demostrarán que su fe no solo no es un estorbo en el campo de batalla, sino que se convierte en el motor de su heroísmo —Desmond Doss, a la voz de “por favor, Dios, ayúdame a salvar uno más”, salvó 75 vidas cuando el resto de la tropa se había ya retirado— y una esperanza para los demás: “Ellos no creen en lo mismo que tú, pero creen mucho en cómo tu crees”.

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A este modo tan acertado de plantear el conflicto, contribuye una realización excelente, con escenas bélicas de la calidad de Rescatando al Soldado Ryan, sin escatimar la violencia gráfica que Mel Gibson siempre ha presentado. Así, hoy que es tan frecuente pretender que la religión se limite al ámbito de lo privado, resulta muy valiente esta apología de la fe como algo valioso tanto para el hombre creyente como para los demás, creyentes o no. Y resulta, como fue la figura del propio Doss, atractiva en sus modos sin quitarle una palabra a su mensaje.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

2 comentarios sobre “Hasta el último hombre

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