El alien Wes
Como todos los directores consagrados, Wes Anderson tiene el riesgo de volverse autorreferencial y perder calidad en sus películas por tener absoluta libertad creativa y dinero ilimitado en un arte que necesariamente es colectivo, como le sucede a algunos directores a ese nivel. En parte le sucedió a Iñárritu con Bardo o a Luis Estrada con ¡Que viva México!, aunque otros como Scorsese o Tarantino aún no caen en esa trampa. En este caso, el genial cineasta texano ya mostraba mayor compromiso con su estilo que con el gran público en The French Dispatch —cosa que a los que somos fervientes suyos no nos importa, todo sea dicho— y sigue un poco esa línea con su reciente Asteroid City, la que podemos definir como una obra menor en su cinematografía, que pasó por Cannes sin pena ni gloria, aunque tiene la peculiaridad de ser la incursión del director en la ciencia ficción… a su manera.

1955. Asteorid City es un pueblo (ficticio como siempre) perdido en medio del desierto estadounidense que debe su nombre al asteroide que se estrelló ahí hace miles de años, y que aún conservan. En él se da lugar una convención de jóvenes genios que presentarán sus inventos espaciales para ganar una beca. Todos llegan acompañados por sus desdichados padres, entre ellos el recién enviudado fotógrafo de guerra Augie Steenbeck (Jason Schwartzman) y la estrella de cine Midge Campbell (Scarlett Johansson). Jóvenes y adultos deben superar sus propios traumas a la vez que se enfrentan a la evidencia de vida inteligente en otros planetas.

Quien esté familiarizado con las otras 10 películas previas del director habrá sonreído al leer esa sinopsis, pues ciertamente están todos los elementos del cineasta texano (que escribe y dirige, como siempre, con sus colaboradores habituales). Elementos como los niños maduros y los adultos desastrosos y rotos por dentro (aunque pasados los años Jason Schwartzman ya no interpreta al adolescente, como hizo en Rushmore, segundo largometraje de Anderson, sino aquí al adulto frustrado). Y, por supuesto, el reparto de estrellas, muchos de los habituales (con la llamativa ausencia de Bill Murray, que por covid no pudo participar y tomó su lugar un desaprovechado Steve Carell) y las inclusiones esta vez de Scarlett Johansson, Tom Hanks, Margot Robbie y Bryan Cranston, entre otros.

El marco narrativo riza el rizo pues, si en El Gran Hotel Budapest había un juego de narradores o en La Crónica Francesa una serie de artículos periodísticos, aquí la trama principal es a la vez una supuesta obra de teatro de la que se nos cuentan los pormenores de su producción. Aunque interesante, ese mecanismo será donde pierda a gran parte de su público, con largas escenas en blanco y negro llenas de diálogo que no son fáciles de seguir y donde otros personajes se unen a los mismos que vemos a color «dentro» de la obra de teatro. Eso y que el tercer acto, tan explosivo en la mayoría de películas del director, aquí queda un poco a deber.

Por supuesto, su fuerte principal es la esmerada estética de la película, con el lujo de ser todavía más artificial y teatral al tratarse de una obra de teatro, como se aclara desde el inicio. El naranja del desierto y el cielo azul marcan la pauta de una preciosa paleta de colores pasteles muy luminosa, a pesar de contar las historias trágicas de los adultos protagonistas, mostradas con una impasible ironía en el estilo del director. La variación en la relación de aspecto (si la pantalla es más rectangular o más cuadrada) aquí ya es del todo arbitraria, sólo buscando una composición de la imagen perfecta, cosa que logra casi siempre. La excelente selección musical, otra marca de la casa, sumada a la banda sonora del infalible Alexandre Desplat completan una obra bonita pero que no está a la altura de las mejores del director.

El otro riesgo que tiene Wes Anderson es el que le ocurrió un poco a Tim Burton, quien en su momento fue considerado uno de los grandes directores (a él le ofrecieron Jurassic Park antes que a Spielberg) pero que se ha convertido en una especie de diseñador de producción asociado a una marca. Es decir, que su estilo sea muy claro y muy marcado pero que sus historias vayan perdiendo fuerza. Algo de eso se intuye en esta undécima película del director y, aunque seguiremos incondicionales a él, de verdad esperemos que no le suceda.
(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Wes Anderson
GUION Wes Anderson y Roman Coppola
FOTOGRAFÍA Robert D. Yeoman
MÚSICA Alexandre Desplat
REPARTO Jason Schwartzman, Scarlett Johansson, Tom Hanks, Adrien Brody, Tilda Swinton, Jeffrey Wright, Liev Schreiber, Steve Park, Willem Dafoe, Edward Norton, Hope Davis, Tony Revolori, Bryan Cranston, Rupert Friend, Maya Hawke, Steve Carell, Matt Dillon, Hong Chau, Jake Ryan, Grace Edwards, Aristou Meehan, Margot Robbie, Jeff Goldblum



