Cenicienta

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Kenneth Branagh
GUION Chris Weitz
MÚSICA Patrick Doyle
FOTOGRAFÍA Haris Zambarloukos
REPARTO Lily James, Cate Blanchett, Richard Madden, Helena Bonham Carter

Creer en la magia

La Cenicienta es una prueba de que una buena historia (esas son las que son verdaderas) puede ser contada ilimitadas veces sin jamás perder su frescura: al final del día todos quieren encontrar a su princesa y ser considerado príncipe por ella. Y viceversa. La reciente adaptación de Chritz Weitz y que dirige Kenneth Branagh está pensada para un público actual, sin perder lo clásico de la versión más famosa versión animada; esto es lo que la convierte en un film para todas las edades. Con todo, muchos esperábamos que siguiera la línea de Frozen, y rompiera un poco con la tradicional figura de la princesa Disney.
La puesta en escena resulta casi perfecta, pocas veces se puede disfrutar de tal detalle en los colores, parecen tan real, e incluso da la impresión de que el famoso vestido azul de la noche del baile tuviera luz propia. Además de todos los vestidos que usa la malvada madrastra, interpretada de forma magistral por Cate Blanchett. En estos detalles es donde se encuentra parte de la magia de esta película: realmente todo es espectacular, y claramente donde mejor se aprecia este esplendor es en la escena del baile, pero es un punto que está presente a lo largo de todo el film.
Sorprendentemente, los actores hacen unas grandes interpretaciones. La sorpresa no es porque se trate de un elenco sin talento, realmente todo lo contrario. Sino que sí existía cierta reticencia en ver a Richard Madden -más conocido por su papel de Robb Stark en Game of Thrones- interpretar al príncipe azul, o a la misma Lily James (Cenicienta) en un papel mucho más bondadoso y tierno que el que tiene en Downton Abbey. Pero ninguno decepciona.
Hay una frase que se repite a lo largo de la película, resulta ser el motor y quizá resulta un tanto cansina. Quizá se pretendía que el público menor se la aprenda… De cualquier modo, no se ha perdido la magia de este clásico cuento, y resulta un buen consejo para la juventud actual: siempre hay que tener coraje, valor, y ser bondadoso.
Juan Manuel Meneses

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