Little Boy

(2015) EE.UU.
DIRECCIÓN Alejandro Monteverde
GUION Alejandro Monteverde y Pepe Portillo
MÚSICA Stephan Altman y Mark Foster
FOTOGRAFÍA Andrew Cadelago
REPARTO Jakob Salvati, Emily Watson, Tom Wilkinson, Ben Chaplin, David Henrie, Michael Rapaport, Kevin James, Cary-Hiroyuki Tagawa, Eduardo Verástegui

Lo más grande

Un pequeño niño de un pueblo de Estados Unidos ve con dolor que su padre se marche a pelear la Segunda Guerra Mundial, y decide emplear todos los recursos en su mano –y especialmente su fe– para terminar con la guerra y traerlo de regreso. Esa es la premisa del segundo largometraje de Alejandro Monteverde –socio creativo de Eduardo Verástegui en Metanoia Films– y el resultado no puede ser más conmovedor y poderoso.

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En su anterior proyecto (Bella, 2008), Monteverde y Verástegui dejaron clara la línea que definiría sus proyectos. Ambos católicos, de nacionalidad mexicana y establecidos en Estados Unidos, buscan hacer un cine que aporte algo valioso, sin descuidar una historia poderosa y una producción atractiva. Con Bella –un drama de redención con historias entrecruzadas en torno a un embarazo no deseado– la clave estuvo en su historia simple pero profunda (grabada con cámara al hombro a toda velocidad por Nueva York) que les alcanzó el Premio del Jurado en el Festival de Toronto.

Ahora han conseguido sacar adelante Little Boy, una película con mucho más valor de producción –no deja de ser una película de época y su diseño artístico, por mencionar algo, está basado en las icónicas pinturas de Norman Rockwell, con algún homenaje explícito– y con elementos temáticos que la hacen atractiva: la crítica al racismo (cicatriz siempre abierta de la identidad estadounidense, en este caso contra un ciudadano japonés tras Pearl Harbor), muchos toques de humor y un poco de fantasía muy bien manejada, siempre a través de los ojos de un niño.

Dicho todo esto, hay que decir que todos los esfuerzos de Monteverde y su equipo de producción hubieran sido infructuosos sin la actuación del pequeño Jakob Salvati en el rol protagónico. Por encima de los numerosos famosos que accedieron a viajar a Rosarito, Baja California (México) para filmar la película convencidos por el guion de Monteverde y Pepe Portillo (desde Tom Wilkinson hasta Emily Watson, desde Kevin James hasta David Henrie y Cary-Hiroyuki Tagawa), destaca este talentoso niño que sostiene todo el filme con su infantil inocencia.

Así, pasando de la anécdota luminosa al sentimiento desgarrador –que roza un poco sospechosamente en la manipulación emocional, todo sea dicho– se consigue transmitir la historia positiva de un niño cuya fe mueve montañas, en una película que no impone (el japonés agnóstico y el sacerdote sensato son mejores amigos) sino que inspira, contando de un modo nuevo aquello tan viejo de que “el grano de mostaza cuando se siembra en la tierra, es la semilla más pequeña que hay, pero una vez sembrada sube hasta convertirse en la más grande”.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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