Viva la revolución
No sé si en Estados Unidos haya muchos grupos de revolucionarios que busquen desestabilizar al gobierno. Ciertamente hubo algunos en los 60’s, en los que se basa la novela Vineland de Thomas Pynchon, en la que a su vez se inspira el director Paul Thomas Anderson para traerlos a nuestra época actual. Lo que ya es decir mucho pues el director a sus 55 años ha hecho siempre un cine perenne, que se siente atemporal, y no sólo porque sea un entusiasta defensor del celuloide frente al cine digital casi omniabarcante, sino porque los últimos cinco de sus largometrajes (There Will Be Blood, The Master, Inherent Vice, Phantom Thread, Licorice Pizza) ocurrían en en el siglo pasado. Hasta ahora. Me sonrío al leer mis críticas de anteriores películas del director, en que señalaba que no le importaba no ir con las agendas sociales del momento, o no hacer cine más «entretenido», pues es precisamente lo que logra en Una batalla tras otra, sin perder su maestría visual y narrativa, aunque esta obra parezca más un divertimento frente a otras suyas más monumentales. Pero vamos a la trama.

Ghetto Pat (Leonardo DiCaprio) y Perfidia Beverly Hills (Teyana Taylor) se conocen al formar parte del grupo revolucionario de Los French 75. Él no es brillante, pero es aguerrido y experto en explosivos. Ella es líder, pasional y arriesgada. La conocemos provocando —en todo el sentido de la palabra— al Sargento Steven Lockjaw (Sean Penn) quien pronto se obsesiona con ella —también en todo sentido. Perfidia y Pat se enamoran. Ella se embaraza y nace la pequeña Charlene, pero Perfidia tiene que huir de la autoridad y todo el grupo disgregarse. Pasan dieciséis años. Cual modernos Jean Valjean y Cosette, Pat y la ahora adolescente Charlene viven en la pequeña ciudad (ficticia) de Baktan Cross en California con identidades falsas: Bob y Willa (Chase Infiniti), quien conoce poco de su pasado. Bob es un padre preocupado, aunque no parece dedicarse a mucho más que drogarse, beber y ver la tele. Sin embargo, pronto se ve literalmente gaseado fuera de su madriguera cuando su pasado vuelve tras él, pues el ahora Coronel Lockjaw está decidido a borrar todo rastro de su relación con Perfidia para poder ingresar al grupo secreto elitista de supremacistas blancos antisemitas conocido como el Club de los Aventureros Navideños, que son todo lo que sus enemigos atribuirían a los republicanos MAGA pro Trump.

Pero eso es sólo el primer acto. Un confundido Bob guiado por su amor paterno será arrastrado por los acontecimientos, que incluyen redadas de migrantes ilegales por parte de la migra (el hoy tan sonado ICE) con las consecuentes manifestaciones y no poca ayuda del «sensei» Sergio: una especie de Oscar Schindler de los migrantes bajo la fachada de un profesor de karate que ejerce de sabio mentor, interpretado por un genial Benicio del Toro en su mejor momento. Todos estos personajes se entremezclan al ritmo del frenético piano de Jonny Greenwood incluidas aliadas monjas fumadoras, malvados fanáticos navideños y bondadosos mercenarios indígenas, para desembocar en una persecución en carretera filmada con cámaras VistaVision para ser vista en formato IMAX de lo más impactante y original.

Una vez más, el tremendo actor que es DiCaprio opta por interpretar a un perdedor, como ha hecho cómicamente en Once Upon a Time in Hollywood y trágicamente en Los asesinos de la luna. Su personaje ciertamente no es un héroe ni un protagonista típico que mueve la acción, pero sí un padre expuesto a todo por rescatar a su hija, interpretada por la debutante Chase Infiniti que es una estrella instantánea. Teyana Taylor, actriz que también es rapera y coreógrafa, prende la mecha al inicio de la trama mientras que la actuación de Sean Penn como el despreciable militar arribista es, por su parte, cómica y escalofriante al mismo tiempo.

Y si al igual que la reciente Eddington esta película es un reflejo de los tiempos complicados que vive Estados Unidos, y en cierto sentido el mundo occidental con su desestabilización social y polarización política, finalmente es un relato de esperanza que apuesta por la juventud y la paternidad que protege pero aprende a confiar. No por nada Paul Thomas Anderson lleva veinte años trabajando este guion a través de los cuales tuvo cuatro hijos. Una película fabulosa que tiene además la gracia de ser trepidante y sí, de polarizar (su división entre buenos y malos no tiene fisuras en su maniqueísmo) pero hacia el lado de la balanza que a Hollywood más le convence. Se vienen muchos premios.

(2025) EE.UU.
DIRECCIÓN Paul Thomas Anderson
GUION Paul Thomas Anderson basado en la novela de Thomas Pynchon
FOTOGRAFÍA Michael Bauman
MÚSICA Jonny Greenwood
REPARTO Leonardo DiCaprio, Sean Penn, Teyana Taylor, Chase Infiniti, Benicio del Toro, Regina Hall
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