Ilusiones S.A.

(2015) México
DIRECCIÓN Roberto Girault
GUION Roberto Girault, Olivia Núñez y Juan Ignacio Peña, basado en una obra de Alejandro Casona
MÚSICA Juan Manuel Langarica
FOTOGRAFÍA Serguei Saldívar Tanaka
REPARTO Jaime Camil, Adriana Louvier, Silvia Mariscal, Roberto D’Amico, José Carlos Ruiz, Marina de Tavira

Sueños para llevar

Es de agradecer que en los últimos años haya una mayor variedad en el cine mexicano de calidad. El llamado nuevo cine mexicano, de finales del siglo pasado y principios de este, puso en auge un tipo de películas que con un afán neorrealista fijaron un cine nacional muchas veces sórdido y casi siempre violento y explícito. Sin discutirles su calidad –de ahí salió nuestro icarezco Iñárritu, entre otros– eran pocos los cineastas que se atrevían a salir de ese modelo y los productores que los apoyaran. Hoy el panorama ha cambiado y ya podemos hablar de éxitos como la comedia Nosotros los Nobles (2013), el biopic tragicómico Cantinflas (2014) y la poderosamente enternecedora El estudiante (2009).

El director de esta última, Roberto Girault, estrena ahora Ilusiones S.A., de un género distinto tras el pequeño descalabro de crítica y taquilla de Ella y el candidato (2011). Esta vez estamos ante una adaptación bastante fiel de la obra de teatro Los árboles mueren de pie del dramaturgo español Alejandro Casona. La película recuerda a la mencionada Cantinflas, al ser una cinta mexicana de época situada en la década de 1940, que mezcla el humor con el drama. También recuerda a El estudiante por su tono positivo y esperanzador, ese que hizo que la ópera prima de Girault tuviera el curioso efecto de permanecer varias semanas en los cines a pesar de haberse estrenado con pocas copias: un fenómeno de la industria que solo ocurre con películas modestas pero buenas, que el público se recomienda en el boca-oreja.

El planteamiento de Casona engancha. Un grupo de individuos han consagrado su talento artístico a hacer felices a los demás, cumpliendo sueños y arrancando sonrisas por los medios más diversos (de ahí el título de la película, más comercial que el de la obra original). A ellos acude el Sr. Balboa, quien durante años escribió cartas falsas a su mujer fingiendo que eran de su nieto, para que ella no descubriera la vida de vicio que el muchacho llevaba desde que se fue de casa. Cuando el nieto anuncia su regreso, estos ilusionistas deberán encargarse de representar al nieto ficticio de las cartas y su joven esposa, para dar a la abuela la alegría del reencuentro. Una misión más para el talentoso director del equipo (Jaime Camil) a quien se unirá como su fingida esposa una joven aprendiz recién “rescatada” por los ilusionistas (Adriana Louvier), que quizá tenga más que enseñar sobre la felicidad al experimentado director.

La adaptación de la famosa obra de Casona es bastante buena, pues se plantea el argumento con agilidad y se añaden buenas dosis de humor. Resulta acertado situar la acción en Campeche, México, que con su centro colonial y su bella costa contribuye a la atmósfera de cuento que tiene la trama, de paso que el director aprovecha para mostrar esta bella ciudad como hiciera con Guanajuato en El estudiante. Esta versión da un poco más de peso al personaje de la chica co-protagonista y con ella al tema de la película, en torno a la verdad y el amor, cosa que creo que Casona aprobaría ampliamente. Quizá el desenlace era más contundente en la obra de teatro, sin que la película deje de serle fiel en esencia.

En fin, una película entretenida y agradable, de buena factura (de especial mención la fotografía y la música, que opta por remarcar la emoción en todo momento), donde el mayor pero es la actuación de Jaime Camil. Un arma de dos filos, pues el actor también es uno de los productores y quizá sea el principal gancho mediático para la distribución y taquilla de la película ante ciertos públicos. En todo caso, peccata minuta si tomamos en cuenta que la empatía de la historia va más con el personaje de Adriana Louvier, mientras que los “abuelos” Roberto D’Amico y Silvia Mariscal marcan el tono. Así, que nadie espere una película extraordinaria, pero sí pasar un rato muy agradable, especialmente para los que van al cine a cargarse de ilusión.

Juan Carlos Carrillo Cal y Mayor

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