Wake Up Dead Man

Asesinato en la iglesia

Tercera aventura cinematográfica del encantador detective Benoit Blanc (Daniel Craig) con el que el cineasta Rian Johnson une sus películas de misterios y asesinatos como Agatha Christie unía sus novelas con el detective Hercule Poirot. Al igual que en las anteriores, un grupo de sospechosos gira en torno a un hombre poderoso: un patriarca familiar en Knives Out y un genio de la tecnología en Glass Onion. Esta vez, de un modo interesante —también irreverente— el centro es un sacerdote radical y egomaniaco (Josh Brolin) al que se aferra una pequeña grey que mezcla algo de piedad con mucho culto a la personalidad, hasta que llega un joven y decidido sacerdote (Josh O’Connor) pero con él llega también el homicidio.

A pesar de la popularidad del personaje del detective de extraño acento (una interpretación cómica de Daniel Craig que hace años sería impensable del James Bond rubio), él no es el protagonista de la película y, salvo la toma inicial, no figura en ella hasta transcurrida más de media hora. El protagonista es Father Jud, un maravilloso Josh O’Connor, quien cae bien al espectador y se lleva le película, que es mucho decir de un sacerdote católico en pantalla. Como en la ya poco conocida pero excelente película francesa El renegado, o en algunas películas sobre exorcistas, la dinámica narrativa es de contraste entre el joven sacerdote novato y el sacerdote mayor heterodoxo. El resto del reparto es de nuevo una mezcla de personajes con secretos, algunos más logrados que otros, en los que destaca como la incondicional sacristana una magistral Glenn Close. La música, las locaciones, el ritmo y, por supuesto, el misterio y su investigación la hacen muy entretenida, y se agradece que se arriesgue sacando al detective Benoit Blanc de su zona de confort al llevarlo, como él reconoce, al terreno de la gracia.

Desde luego, Rian Johnson no está haciendo una película devota, ni sus personajes católicos son ejemplares, sobre todo el sacerdote mayor (el primer acto tiene algún momento incómodo, especialmente las confesiones del padre viejo con el joven en las que busca escandalizarlo y, aunque contado en clave de comedia, quizá lo logra con algún espectador). Sin embargo, en conjunto no es una burla ni un ataque. Al contrario, el sentido global de la película es muy positivo a ese respecto y se habla algo de cómo funciona la fe, el sentido de la oración, la verdadera misión del sacerdote y la importancia del perdón. Todo ello en torno al personaje de Father Jud, un boxeador convertido en sacerdote genuino —como el Father Stu de aquella película esa sí católica pero además buena—, un joven entregado a Dios con ganas de hacer las cosas bien y «no vencer a los enemigos sino a amarlos como Cristo». Hay un par de escenas especialmente bien logradas a este respecto, como cuando consuela a una mujer por teléfono, pero sobre todo cuando conoce al descreído detective y en un diálogo bastante modélico de apostolado moderno le explica, ante su increencia de «los cuentos» de la Iglesia, la importancia de la narrativa en la fe: «La pregunta es si estas historias nos convencen de una mentira, o si resuenan con algo dentro de nosotros que es profundamente verdadero y que no podemos expresar de otra forma que contando historias».

(2025) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION Rian Johnson
MÚSICA Nathan Johnson
FOTOGRAFÍA Steve Yedlin
REPARTO Josh O’Connor, Daniel Craig, Glenn Close, Josh Brolin, Jeremy Renner, Mila Kunis, Kerry Washington, Andrew Scott, Cailee Spaeny, Daryl McCormack, Thomas Haden Church, Jeffrey Wright

Bugonia

Cámara de eco

La premisa es sugerente: un hombre desequilibrado secuestra a una importante empresaria convencido de que es una alienígena. Una idea proveniente de una película coreana que el guionista Will Tracy (Succession, El menú) adaptó a la realidad estadounidense decadente actual, abrumada por la sobreinformación de internet y llena de teorías de la conspiración (no tan distinta de la reciente Eddington) donde cada uno vive en su propia cámara de eco: la realidad como la percibe desde sus sesgos cognitivos reforzados por los algoritmos. Cuando el griego Yorgos Lanthimos aceptó dirigirla, el proyecto pasó a estar bajo su sombra de director-autor, y sumó a las estrellas Emma Stone y Jesse Plemons, ya incondicionales del director. Una combinación de elementos que se acoplaron bastante bien en una trama sencilla que es sátira y comedia negra.

Al raparse la cabeza, Emma Stone demostró una vez que está dispuesta a todo lo que le pida este director

En mi reseña de la última película del director griego hice un pequeño recorrido por su trayectoria, sobre todo desde que empezó a hacer cine en Hollywood. Bugonia es coherente con su estilo y sus temáticas, una mirada divertida a lo más oscuro de la naturaleza humana. La película vale la pena por las excelentes actuaciones de Jesse Plemons y de Emma Stone, en ese orden. Un mano a mano actoral que sostiene el duelo, literal, entre quién tiene el poder en cada momento. Los acompaña un actor no profesional neurodivergente, Aidan Delbis, que hace las situaciones aún más creíbles. Y ese es el juego divertido de la película —para quien esté dispuesto a jugarlo—: saber qué es lo creíble. En la era de la postverdad donde lo único que manda es el capitalismo rampante, se trata de una trama muy adecuada.

Filmada en VistaVision (un formato antiguo que está siendo usado de nuevo, como en El Brutalista y en Una batalla tras otra), visualmente es deliciosa, si bien refleja un lugar sucio y desabrido del midwest americano. La música siempre original de Jerskin Frendix en momentos se torna solemne y sobrecogedora, compatible con un par de canciones de Green Day y Chappell Roan muy bien colocadas. La palabra Bugonia (similar a la flor begonia, pero empezando en «bug», bicho) escrita «bougonia» se refiere principalmente a un antiguo ritual griego para generar abejas a partir del cadáver de una vaca, basado en la creencia errónea de que las abejas se formaban a partir de cuerpos de animales recién muertos. Un título muy adecuado.

(2025) EE.UU.
DIRECCIÓN Yorgos Lanthimos
GUION Will Tracy a partir de la película de Jang Joon Hwan
MÚSICA Jerskin Fendrix
FOTOGRAFÍA Robbie Ryan
REPARTO Emma Stone, Jesse Plemons, Aidan Delbis, Stavros Halkias