Wes Anderson entre finanzas y teología
Zsa-Zsa Korda (Benicio del Toro) es un poderoso magnate centroeuropeo, odiado por todos los países libres por su éxito moralmente desaprensivo en los negocios, que tras sobrevivir a su enésimo intento de asesinato —acompañado de una experiencia mística— decide dos cosas. Llevar a cabo una importante obra de infraestructura que será su legado en el país de Fenicia. Y hacerlo con la anuencia y acompañamiento de su única hija mujer, Liesl (Mia Threapleton, hija de la actriz Kate Winslet), quien tras años alejada de su padre se dispone a tomar el hábito como monja. Y como puede saberse desde la imagen inicial, estamos ante la película 12 de Wes Anderson.

El director texano nunca hace una mala película, pero a veces deja qué desear. En sus primeras cintas transmitía verdades como puños a través de su estética artificial y de personajes de lo más raros, pero con gran fuerza emocional. Últimamente se ha vuelto rebuscado en sus estructuras narrativas —piénsese en los episodios de revista de los que constó The French Dispatch o el complicado juego intrateatral de Asteroid City— y en sus tramas, como en este caso. Situada a mediados del siglo XX como sus últimas dos películas, ésta podría contar la historia de reencuentro entre padre e hija; o la conversión de un hombre sin escrúpulos, un Ciudadano Kane que es llamado por Dios al final de sus días. Y aunque sí lo hace, cuenta también y sobre todo el complicado «esquema fenicio» con el que el protagonista pretende cubrir financieramente su proyecto industrial, donde se describen porcentajes (incluso en pantalla) y se hacen negociaciones con distintos personajes que van desde un dúo de empresarios basquetbolistas —Tom Hanks y Bryan Cranston en papeles marginales que sólo harían para Wes Anderson—, un francés con un club nocturno marroquí (Mathieu Amalric), un capitán de barco y jefe sindicalista (Jeffrey Wright), la prima del protagonista que administra una especie de kibutz en el desierto (Scarlett Johansson) y finalmente su hermano, némesis y villano, el tío Nubar (Benedict Cumberbatch).

Afortunadamente, quienes más aparecen en pantalla son el trío protagonista: la joven Liesl, con su cofia, velo y hábito de monja que rodean su rostro (maquillado eso sí) casi siempre inexpresivo, en la línea de las serias jóvenes bellas del cine de Wes Anderson, como Gwyneth Paltrow en The Royal Tenenbaums o Kara Hayward en Moonrise Kindgom. Su enamorado será el muy peculiar Bjorn (divertidísimo Michael Cera), un tutor noruego experto en insectos que termina enredado en el esquema fenicio con padre e hija. Y por supuesto el protagonista Zsa-Zsa, otro arquetipo del cine de Anderson, el padre de familia que ha fracasado como tal, el hombre maduro respetado en su medio pero odiado al interior de su casa, como Royal Tenenbaum o Steve Zissou, quien sostiene realmente la película y es interpretado soberbiamente por Benicio del Toro.

A la banda sonora de Alexandre Desplat, colaborador habitual del director, se suman varias piezas de Stravinsky que logran la atmósfera adecuada de la película, si bien no hay momentos tan logrados emocionalmente. El habitual director de fotografía Robert Yeoman esta vez es sustituido por el no menos experimentado Bruno Delbonnel, lo cual tampoco hace especial diferencia cuando el estilo de la imagen del director es tan marcado y colorido. Sin embargo, como hizo en sus últimas dos películas, aquí también incluye escenas en blanco y negro. A saber, las de las visiones celestiales del protagonista, que evocan el cine de Dreyer, y en las que personajes con los rostros de Willem Dafoe o de Bill Murray —que por supuesto interpreta a Dios— van a juzgar la vida del personaje.

Es en este sentido, entre otros, que figura y mucho el catolicismo en la película. Y, en efecto, Wes Anderson es católico, aunque claramente usa este elemento como algo ornamental e incluso cómico, sin llegar a ser irrespetuoso. Sin embargo, Liesl sí se muestra convencida de entrar al convento, y si acepta colaborar en el negocio de su padre es «para hacer el bien a muchos». La redención moral del protagonista va unida también a una conversión religiosa, a la par que se nos van mostrando sus interacciones con el más allá, en las que es encontrado en falta. Aunque quizá al final podría decir como Zaqueo en Lucas 19:18, «la mitad de mis bienes daré a los pobres, y si en algo he defraudado a alguien, se lo restituiré cuadruplicado».

(2025) EE.UU.
DIRECCIÓN Wes Anderson
GUION Wes Anderson & Roman Coppola
MÚSICA Alexandre Desplat
FOTOGRAFÍA Bruno Delbonnel
REPARTO Benicio del Toro, Mia Threapleton, Michael Cera, Benedict Cumberbatch, Steve Park, Tom Hanks, Bryan Cranston, Scarlett Johansson, Jeffrey Wright, Rupert Friend, Bill Murray, F. Murray Abraham, Willem Dafoe, Charlotte Gainsbourg, Riz Ahmed, Mathieu Amalric, Richard Ayoade, Hope Davis
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