Cónclave

Fantasía de intrigas vaticanas

El centro de la Iglesia católica, con sus tradiciones multiseculares, ritos en latín y ropajes llamativos y uniformes, es una fuente atractiva para las narrativas audiovisuales. Más aún si va con elementos intrigantes de búsquedas de poder, como suele mostrarse desde Hollywood en las últimas décadas. Lo hemos visto, con distintos grados de fantasía, desde El Padrino III hasta El Código da Vinci. Cosa distinta hizo el director brasileño Fernando Meirelles en Los dos Papas, donde si bien con cierta caricaturización de los rasgos de Benedicto XVI y Francisco —inevitable al resumir dos perfiles humanos en un par de horas de película— logró un retrato muy humano de las máximas autoridades de la Iglesia, sin ser una película confesional ni mucho menos, más bien lo contrario. Pero era honesta. Cónclave, en cambio, cae de lleno en la ficción fantasiosa llena de todos los tópicos que uno podría esperar de una trama de intrigas vaticanas.

A partir de la muerte del Papa con que inicia la película, toda ella gira en torno al Cónclave que elegirá al siguiente Sumo Pontífice. La trama aprovecha el conocido procedimiento de que todos los cardenales quedan aislados del exterior durante los días de la elección, para desarrollar los acontecimientos que suceden dentro, donde se van desvelando todo tipo de secretos. Los implicados, sobra decirlo, son todos ambiciosos y hacen facciones y apoyos como en cualquier elección política. Poco a poco van saliendo sus trapos sucios, desde el que tuvo un amorío en el pasado ya siendo sacerdote y dejó un hijo por ahí, hasta el que transfirió ingentes cantidades de dinero a otros cardenales para que votaran por él, que por supuesto aceptaron.

El único de los cardenales que parece verdaderamente humilde y sensato es el protagonista, el Cardenal Lawrence, decano de los cardenales y como tal responsable máximo del Cónclave. Es interpretado por Ralph Fiennes cuyo rango actoral es de lo poco a salvar de la película. Por supuesto, se asume que el sentido común del espectador está con el ala liberal de cardenales que buscan que la Iglesia tenga esa postura, y el villano entre ellos es un italiano conservador que busca regresar a la Iglesia “a una época anterior” y a quien se muestra además intolerante con el Islam gracias a un atentado mal sembrado en la trama y que busca dotar de algo de acción a una película que se va volviendo aburrida entre cuchicheos de pasillos de mármol.

Con el pretexto del Cónclave a puerta cerrada, la cámara opta por permanecer en el interior, sin aprovechar en lo más mínimo las vistas romanas, ni siquiera la Capilla Sixtina donde ocurre buena parte de la trama, pero que se muestra muy poco. De paso se ahorran a los extras que esperan la elección del nuevo Papa, de forma que todo se reduce a un puñado de cardenales peleando por el poder y a las sumisas monjas que los atienden, encabezadas por una desaprovechada Isabella Rosellini. Poco importa, pero tampoco se molestaron en representar adecuadamente los elementos católicos de una película donde todo gira en torno a eso, y así, por ejemplo, la “homilía” clave del protagonista no sucede en una Misa sino en una conferencia (sin altar) para la que todos, eso sí, se revisten como para celebrar Misa porque qué vistosas se ven las tomas con todos los cardenales revestidos, y cuánto juego dan los montajes en que les ponen los ropajes litúrgicos. Y cuando uno piensa que se ha cubierto la lista de todos los tópicos liberales que se le critican a la Iglesia, llega el final que no contaré pero que es verdaderamente de risa. Y ahora vengan las nominaciones para darle visibilidad a una película que aplaude la ficción de que la Iglesia católica sea todo lo que los no católicos quieren que sea.

(2024) EE.UU.
DIRECCIÓN Edward Berger
GUION Peter Straughan basado en el libro de Robert Harris
MÚSICA Volker Bertelmann
FOTOGRAFÍA Stéphane Fontaine
REPARTO Ralph Fiennes, Stanley Tucci, John Lithgow, Sergio Castellitto, Isabella Rosellini, Lucian Msamati, Jacek Koman, Carlos Diehz

Wicked

Yo tan verde y tú tan rosa

Uno de los universos ficticios más populares del siglo XX (y XXI) es el mundo de Oz. En 1900, el estadounidense L. Frank Baum publicó la novela El Mago de Oz y publicaría hasta 14 libros que suceden en ese mundo (y a su muerte se continuaron hasta ser 40 libros, hoy que tanto se busca potencial de franquicias en las películas). Sin embargo, la primera historia del Mago de Oz marcaría la historia del cine al adaptarse en 1939 en la película homónima, dirigida por Victor Fleming y que impactó a los espectadores al estrenar la tecnología de Technicolor cuando Dorothy llega de su tierra de Kansas (en blanco y negro) al colorido mundo de Oz. Judy Garland (Dorothy) cantando Somewhere Over the Rainbow es un hito del cine y la película colocó a sus personajes en el imaginario colectivo. Entre ellos a la Malvada Bruja del Oeste, a la que Dorothy vence y que fue interpretada por Margaret Hamilton. El personaje se volvió uno de los villanos clásicos de la cultura, caracterizada con piel verde, nariz aguileña, vestido negro y puntiagudo sombrero que volaba en una escoba. Es a partir de este personaje que Gregory McGuire escribe en 1995 la novela Wicked, que cuenta el origen y la versión de esta bruja, a quien llama Elphaba Thropp, adelantándose a las hoy frecuentes revisiones de las historias desde la perspectiva de los villanos (desde Maléfica hasta Joker). Adaptando esta novela surge en 2003 el exitoso musical Wicked, con música de Stephen Schwartz y libreto de Winnie Holzman, que aún sigue presentándose de forma ininterrumpida en Broadway. Y es este musical con miles de fans el que ahora se adapta en dos películas (ésta es sólo la primera). Vaya expectativas, ¿no?

La historia (y canciones) de Wicked realmente se centran en la amistad de juventud entre la verde y rechazada Elphaba (futura Malvada Bruja del Oeste) y la rubia y popular Galinda (futura Glinda, la Bruja Buena del Norte). Quien esto escribe lamentablemente no ha visto el musical en teatro, por lo que no puede compartir la emoción de quienes acudieron a ver la película como un modo de revivir esa experiencia. Y la película como tal deja bastante que desear. Cynthia Erivo y Ariana Grande —Elphaba y Galinda respectivamente— destacan más bien por su increíble talento como cantantes y es en lo que se lucen (incluso cantaron en vivo al filmar, lo que no luce por el manejo de las tomas en edición y los necesarios efectos digitales), si bien Grande tiene buena vis cómica y su carácter de icono pop seguro atrajo más fans al cine. La protagónica Elphaba, en cambio, no ofrece elementos de simpatía —más por el guion que por la interpretación de Erivo— salvo el hecho de ser víctima por haber nacido verde… y estar muy orgullosa de ello, lo que se entiende por corrección política pero dificulta provocar empatía (y tampoco explica el flechazo que provoca en el Príncipe Fiyero, el galán de la historia).

El guion también desaprovecha los potenciales conflictos de fondo (la perversa estrategia política del Mago de Oz, por ejemplo, que es todo un manual de comunicación política maquiavélica, o el papel de la magia en este mundo) y se queda con las pinceladas básicas para centrarse en lo que interesa: el espectáculo. En esta línea va la elección del director, Jon M. Chu (Crazy Rich Asians, In The Heights), experto en tomas espectaculares de muchos bailarines coreografiados. Los números musicales son ciertamente buenos, pero hasta ahí. Quizá a eso responde también la elección de un reparto de personas en sus treintas que interpretan a jóvenes universitarios (es en Shiz, la universidad de Oz, donde se conocen los personajes y transcurren los primeros dos actos, si bien es de las peores representaciones de una universidad que he visto). La fotografía de Alice Brooks acompaña al estilo teatral de Chu pero no evade el tono grisáceo del cine contemporáneo que tanto opaca los colores que hicieron famoso al mundo de Oz en la era del Technicolor. Pero bueno, hoy Hollywood le apuesta a productos conocidos y seguros como éste y los 527 millones de dólares que ya recaudó le dan la razón. El verde en la piel puede ser repelente, pero en los dólares no tanto.

(2024) EE.UU.
DIRECCIÓN Jon M. Chu
GUION Winnie Holzman y Dana Fox a partir del libreto de Winnie Holzman a partir de la novela de Gregory Maguire a partir de los personajes de L. Frank Baum
MÚSICA Stephen Schwartz y John Powell
FOTOGRAFÍA Alice Brooks
REPARTO Cynthia Erivo, Ariana Grande, Michelle Yeoh, Jeff Goldblum, Jonathan Bailey, Peter Dinklage, Marissa Bode, Bowen Yang, Bronwyn James