Trap

Shyamalan y yo

Pido perdón por ponerme personal, pero siempre que sale una película de M. Night Shyamalan no puedo evitar aludir a mi propio seguimiento de sus películas. Hace no mucho me hicieron pensar sobre el origen de mi gusto por el cine, y terminé concluyendo que se debe a todas esas películas excelentes y originales, pero también exitosas, que salieron a finales del siglo pasado e inicios de este: Memento, Gladiator, Amores perros, Bailando en la oscuridad… Por supuesto, El sexto sentido, la estupenda ópera prima de Shyamalan, está entre ellas. Ya he contado a detalle en un texto anterior el lamentable descenso de la carrera del cineasta, quien sin embargo es capaz de seguir haciendo películas (no es poco: las paga él) y se distribuyen gracias a su nombre aún reconocido. Una y otra vez vuelvo a ir al cine con la esperanza de verlo resurgir, y una y otra vez sólo encuentro sus ya conocidos trucos. De quien se dijo que podría ser un nuevo Hitchcock, esta vez al menos consigue sí mantener el suspense. Más o menos.

Cooper, el protagonista, es un padre ejemplar que lleva a su hija adolescente al concierto de la estrella pop femenina de moda. Sin embargo, ese concierto es una trampa para atrapar a un peligroso asesino en serie que, como nos cuenta el trailer —por lo que no es un spoiler sino la premisa de la historia—, es el propio Cooper. La trama gira en torno a esa trampa y si el astuto asesino/amoroso padre logrará escapar de ella, mientras juega de modo interesante con nuestra empatía: ¿queremos que se salga con la suya el protagonista, con quien la película nos encariñó desde el inicio, también por su rol de buen papá?, ¿o queremos que lo atrapen y le den su merecido como al asesino serial que es? También es un buen experimento de guion de hasta dónde se pueden forzar las coincidencias a favor del protagonista, que va saliéndose con la suya de modos cada vez más inverosímiles.

Por lo demás, las constantes de Shyamalan están ahí: el «sorprendente» giro de trama final y el cameo del director, que en este caso se extiende también a su hija a quien le da el papel nada menos que de la estrella pop «Lady Raven», el mejor regalo que un padre cineasta puede hacerle a su hija aspirante a cantante (con su música original y todo). Como ya se sabía por su película El protegido, lo de los estadios como lugares para atrapar a los malos le gusta al director. El papel protagónico acompaña un cierto regreso de Josh Hartnett unido a su aparición en Oppenheimer, pero Hartnett —quien desde Pearl Harbor al lado de Ben Affleck prometía para ser uno de los rostros importantes de Hollywood para esta generación y no lo fue— deja pasar esta oportunidad de encarnar a un psicópata como sí hiciera James McAvoy en Split, también de Shyamalan (aunque el guion poco verosímil no se lo puso fácil, todo sea dicho). Conclusión: si financias tus propias películas, puedes hacer lo que quieras (hasta darle un iPhone a tu personaje asesino psicópata, cuando es sabido que la marca no permite que sea representada usada por villanos).

(2024) EE.UU.
DIRECCIÓN Y GUION M. Night Shyamalan
MÚSICA Herdís Stefánsdóttir
FOTOGRAFÍA Sayombhu Mukdeeprom
REPARTO Josh Hartnett, Ariel Donoghue, Saleka Night Shyamalan, Alison Pill, Hayley Mills

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