Cóncavo y convexo
I don’t believe in an interventionist God
But I know, darling, that you do
But if I did, I would kneel down and ask him
Not to intervene when it came to you
Will not to touch a hair on your head
Leave you as you are
If he felt he had to direct you
Then direct you into my arms
Estas palabras —letra de «Into My Arms» de Nick Cave, parte de la banda sonora de Los domingos— perfectamente podrían ser dirigidas a Ainara, una joven de 17 años que esta pensando hacerse monja, por su tía atea, ambas protagonistas de esta película que ha dado mucho que hablar en España, donde ganó la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián. La directora y guionista Alauda Ruiz de Azúa plasma con curiosidad y respeto un asunto tan difícilmente cinematográfico como es el proceso vocacional desde la fe, centrándose en las distintas perspectivas de la chica en cuestión y los distintos miembros de su familia.

Lo llamativo es que no estamos ante una película de «cine católico», en cuanto que sea propagandístico, ni mucho menos. De hecho, la directora no es creyente ni busca eso. Pero tampoco es lo contrario, una crítica a la «captación de menores» desde instituciones católicas (lo que no hubiera sido nada raro en el cine español). Lo que es, y no es nada fácil, es una mirada honesta a un proceso que no deja de ser humano y, desde luego, conflictivo. Esto va en la línea del trabajo anterior de la directora, que consigue mirar con honestidad y sin tomar bandos necesariamente en situaciones complejas. Prueba de ello, en este caso, son las múltiples interpretaciones de los espectadores (desperdigadas por internet) que ven en la misma cinta, unos, una mirada positiva de la Iglesia y de un proceso vocacional, y otros, el natural rechazo ante una decisión tan disparatada hoy para una visión laicista como encerrarse en un convento. Dos miradas casi opuestas —una cóncava, otra convexa— a una misma realidad.

Ya llegar a esas reacciones implica una película muy creíble, sobre todo en las actuaciones. Destaca la primeriza Blanca Soroa que interpreta asombrosamente a Ainara, una chica normal, un poco callada quizá, que sale con amigos, se besa con un chico, etc, pero que se encuentra en plena crisis de sentir que Dios la llama a ser monja de clausura. Por supuesto, sucede dentro de un proceso que es normal en ese ámbito: va a un colegio religioso, participa en retiros, habla regularmente con un sacerdote y con la madre superiora de la comunidad que frecuenta. Por otro lado está su tía Maite, interpretada por Patricia López Arnaiz. Llevada por el cariño a su sobrina, a quien es muy cercana, y preocupada tanto por el perfil de la chica (su madre murió cuando ella era pequeña) como por sus propios prejuicios anticlericales, va tramando la forma de quitarle a su sobrina esa idea de la cabeza. En medio están otros: Iñaki (Miguel Garcés), el padre de Ainara, viudo con tres hijas y agobiado por una situación económica difícil y que quiere respetar el proceso de su hija aunque no lo entiende del todo; o Pablo (Juan Minujín), el marido de Maite, quien cuestiona y se asombra pero que es más abierto que Maite.

De nuevo, los personajes religiosos están matizados e incluso diría que son bastante positivos. La Madre Isabel (Nagore Aranburu) es firme pero cercana y comprensiva. El Padre Chema (Víctor Sainz) es joven y alegre. Las demás monjas se ven contentas y normales dentro de todo. Pienso que si en alguien carga las tintas la película sí es en el personaje de la tía Maite, pues se muestra también parte de su propia crisis matrimonial y un carácter difícil, aunque su reacción no deje de ser entendible desde como está construido su personaje. La historia puede ser universal al plantear un conflicto humano a partir de un hecho religioso, pero desde luego es muy local por cómo está ubicada en la sociedad española contemporánea, específicamente de un sector poblacional del País Vasco, con dinámicas familiares y sociales propias. Por lo mismo se siente muy real, aunque seguramente se distribuirá poco fuera de España. Visualmente es también muy normal para transmitir esta historia que ocurre con sencillez, sin dejar de tener algunos momentos especialmente bien logrados, como el montaje paralelo del final que acompaña momentos claves del desenlace con un ritmo y una elección musical muy poderosa.

(2025) España
DIRECCIÓN Y GUION Alauda Ruiz de Azúa
MÚSICA David Cerrejón
FOTOGRAFÍA Bet Rourich
REPARTO Blanca Soroa, Patricia López Arnaiz, Miguel Garcés, Juan Minujín, Nagore Aranburu, Víctor Sainz