Días perfectos

Una existencia contemplativa

La vida moderna va muy rápido. Hay demasiados estímulos. Pantallas, notificaciones, llamadas perdidas. Los días se llenan de reuniones, gestiones, compromisos. La semana transcurre frenética y nos arroja al fin de semana, en el que se buscan estímulos fuertes para justificar el agotamiento de la semana. No está claro a dónde se va, pero lo que sí es que se va a toda velocidad hacia allá. A veces dan ganas de desconectar de todo y llevar una vida simplemente más sencilla. Con una rutina clara. Sin sobresaltos. Eso es lo que parece haber decidido el protagonista de Días perfectos, a quien ya lo conocemos así, limpiando los sofisticados baños públicos de Tokio, con una actitud metódica, sonriente, mientras disfruta de lo cotidiano: la luz del sol pasando a través de las hojas de los árboles, o los casetes con éxitos del rock de los 60’s y los 70’s.

El sorprendente cineasta alemán Wim Wenders entrega una película preciosa, de producción japonesa. La carrera de Wenders salta con facilidad del documental a la ficción. Sus tres nominaciones al Oscar han sido por sus documentales, si bien es famoso por joyas cinematográficas de culto como Paris, Texas o Wings of Desire. Antes de esta película hizo un sincero y muy positivo documental sobre el Papa Francisco. Y ahora, por qué no, se lleva a su director de fotografía a Japón, a filmar esta historia co-escrita con un guionista japonés. Y firma una de las películas más hermosas, en su mismo estilo. Aquí no hay actos, ni un protagonista que busque un objetivo. Nada de fórmulas hollywoodescas. Lo que hay es un ritmo propio que va sumergiendo al espectador en la vida del protagonista. A algunos les parecerá lento. Y tendrán razón, afortunadamente.

Sin afán de simplificarla (si bien es simple, en el sentido más positivo del término) pero como guía, podemos decir que se sostiene en dos puntos principales: la música y la actuación. El soundtrack es una excelente selección atribuida a las cintas de casete del protagonista: Lou Reed, Nina Simone o los Rolling Stones acompañan al protagonista, y nos acompañan a nosotros. En cuanto a actuación, la película recae entera en la estrella japonesa Koji Yakusho (quizá conocido para el público occidental por su papel en Babel de Alejandro G. Iñárritu) quien hace una interpretación entrañable, de esas que se dicen que son «la mejor de su carrera». Prácticamente sin diálogos, como reclama la naturaleza de su personaje, pero con un rostro que transmite expresión en todo momento. Su plano final merece pasar a la Historia del cine.

(2023) Japón
DIRECCIÓN Wim Wenders
GUION Wim Wenders & Takuma Takasaki
FOTOGRAFÍA Franz Lustig
REPARTO Koji Yakusho, Tokio Emoto, Arisa Nakano, Sayuri Ishikawa

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