Contra la inteligencia artificial
La séptima película de la franquicia de Misión: Imposible es hasta ahora la más cara —sufrió las dificultades de la pandemia en su filmación— y la más larga, siendo además apenas la primera parte del gran final que, en teoría, dará fin a la franquicia y al personaje de Ethan Hunt, quizá el más conocido del ya sexagenario Tom Cruise. La película es una montaña rusa de adrenalina y esta vez el villano a vencer es, por supuesto, la inteligencia artificial que amenaza con dominar el mundo.

Así, la película busca ser muy actual presentando a este enemigo omnipresente, que con algoritmos puede predecir el futuro y que determinará “lo que es verdad y lo que es mentira, lo que es bueno y lo que es malo”. El guion astutamente hace concreta una amenaza tan inasible a través de una misteriosa llave que puede destruir o dominar a esa “entidad” —un clásico macguffin, que por algún motivo tiene la forma de un crucifijo: uno de varios elementos icónicos cristianos que tiene la película, por cierto— y a través de los maleantes de carne y hueso que trabajan para la entidad. Y vaya que eligió bien, pues esos maleantes son Gabriel (Esai Morales), responsable de la muerte de uno de los amores de Hunt en su oscuro pasado, y Paris (Pom Klementieff), habilidosa y un poco loca, dispuesta a destruir las calles de Roma con un coche-tanque.

Co-escribe y dirige Christopher McQuarrie, el legendario guionista oscarizado por The Usual Suspects (1995) y con quien el productor y protagonista Tom Cruise se entiende muy bien: McQuarrie ha co-escrito y dirigido las últimas tres entregas de la franquicia y está apuntado para la siguiente y última. Su sentido del ritmo y de la acción mantiene al espectador al borde del asiento, sin descuidar el toque de amor y de romance, a la James Bond, esta vez con el personaje interpretado por Hayley Atwell (la Peggy Carter del MCU), una ladrona a la que la trama termina poniendo del lado de Hunt y su equipo. Repiten también los otros personajes femeninos de las últimas películas, Ilsa (Rebecca Ferguson) y la “Viuda Blanca” (Vanessa Kirby), así como los incansables colegas de Hunt, el divertido y nervioso Benji (Simon Pegg) y el sabio y tranquilo Luther (Ving Rhames): el único que, junto con Tom Cruise, ha estado en todas las entregas de Misión: Imposible.

Con cierto sabor de cierre, la película está llena de referencias a la primera entrega, la del lejano 1996 (aunque Tom Cruise siga viéndose casi igual). Así, nuevamente hacerse pasar por otro con sofisticadas máscaras vuelve a ser un truco central en la trama, y reaparece el personaje de Kittridge (Henry Czerny), entre otras muchas referencias. Siendo solo una primera parte, la cinta tardar en empezar (el inicio es flojo, con los títulos de crédito entrando hasta casi transcurrida media hora) y se toma su tiempo, aunque no aburre en ningún momento. Entre las muchas secuencias de acción, famosamente grabadas por el propio Cruise, no podía faltar una proeza disparatada, en este caso saltar con una motocicleta por un precipicio. En general, toda la secuencia del tren en el tercer acto es de lo mejor que se ha visto en el cine de acción últimamente. Llena de clichés, pero usándolos conscientemente, Tom Cruise y su equipo cumplieron su misión —y una de las misiones fundamentales del cine— una vez más: entretener y emocionar a una audiencia.

(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Christopher McQuarrie
GUION Christopher McQuarrie y Erik Jendresen
FOTOGRAFÍA Fraser Taggart
MÚSICA Lorne Balfe
REPARTO Tom Cruise, Hayley Atwell, Esai Morales, Henry Czerny, Rebecca Ferguson, Vanessa Kirby, Pom Klementieff, Ving Rhames, Simon Pegg, Shea Whigham, Greg Tarzan Davis, Cary Elwes
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