Una oda visual
No hay que pasar demasiado deprisa delante de esta película que, si bien es la segunda parte de una trilogía y retoma a un superhéroe muy conocido danzando en el multiverso, por su técnica en realidad es una auténtica obra de arte y pienso que marcará un antes y un después en la animación cinematográfica. No por nada los involucrados (los tres directores y los tres guionistas) provienen de lo mejor del mundo de la animación actual, incluido Pixar. Y la trepidante historia de Miles Morales, el chico afroamericano de Brooklyn convertido en Spider-Man, junto con la de sus muchos equivalentes de otros universos, es el pretexto ideal para dar rienda suelta a un espectáculo visual frenético que es difícil procesar de un vistazo (epilépticos abstenerse, digo yo, y pienso que para públicos más afines a lo tradicional la película puede ser incluso desesperante).

La trama se retoma un año después de donde la dejó la primera entrega del Spider-Verse (que marcó la pauta de este estilo de animación y se llevó un Óscar por ello). Miles Morales debe seguir con su vida adolescente mientras combate el mal como Spider-Man. Lo mismo que Gwen Stacy, la Spider-Woman de su propia realidad, quien es reclutada para formar parte de la Spider-Society, conformada por los Spider-People de cada universo, liderados por el atormentado Mike O’Hara / Spider-Man 2099. El cariño que se tienen unirá de nuevo a Miles y Gwen, tanto como la amenaza de un nuevo villano con tintes existencialistas: La Mancha, cuyo rasgo distintivo es el no-ser (su cara es un agujero, cuando no un rostro sin rasgos) a pesar de su humor desenfadado, y que puede viajar entre dimensiones y amenazar así todo el multiverso.

Lo dicho, una trama que podría ser exasperante cuando no incomprensible, en este caso se aprovecha para explotar al máximo el ritmo y los valores visuales de la cinta. Cada universo —y su respectivo Spider-Man— tiene una técnica de animación distinta. Algunos son divertidísimos, como el Spider-Man de la India, y otros simplemente geniales como el personaje de Spider-Punk, animado incluso a una velocidad de cámara distinta, que armoniza su estilo estético rebelde con su personalidad también contradictoria aunque leal. Un Spider-Man de padre afroamericano y madre latina como es el protagonista es un excelente reclamo de diversidad y representación —hoy que mucho cine la hace más forzadamente— y que además tiene una familia unida y estable, algo excepcional en el mundo de los superhéroes. La narración, sin embargo, funciona porque en el fondo es muy clásica: el viaje del héroe, una y otra vez, donde el héroe aprende de sus fracasos y nunca pierde su noble corazón.
(2023) EE.UU.
DIRECCIÓN Joaquim Dos Santos, Kemp Powers, Justin K. Thompson
GUION Phil Lord, Christopher Miller, Dave Callaham
MÚSICA Daniel Pemberton
REPARTO (voces) Shameik Moore, Hailee Steinfeld, Oscar Isaac, Jason Schwartzman, Jake Johnson, Brian Tyree Henry, Luna Lauren Velez, Daniel Kaluuya, Issa Rae, J.K. Simmons